Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Ricardo Morales

Los felices: la cita trágica con la realidad de la generación de los 90

En Pensamiento por

Si naciste al final de la década de los ochenta o al comienzo de los noventa, puede que experimentes el colapso de la civilización occidental tal y como la conocemos hoy.

Este es el augurio que hace el catedrático Jesús G. Maestro en algunas de sus exposiciones públicas, como en la serie de vídeos relativos al análisis de la obra hispanoamericana ‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez. Esta, también, es la premisa del primer capítulo de la serie Colapso.

Cine y literatura, una vez más, confluyen en un mismo punto: las consecuencias que pagarán “los felices”; los hijos de la abundancia, del milenarismo, la pandemia, la extirpación del hecho religioso y de las dos crisis económicas mundiales cuando el sistema democrático moderno acabe fagotizado por sus propias dinámicas e incercias.

Realidad o idealismo: las dos perspectivas desde las que encarar el presente

A través de la exposición de su pensamiento -marcadamente influenciado por el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno- Maestro no deja lugar a dudas en su interpretación sobre la situación general que está viviendo la generación milénica, también conocida como generación Y, que, literariamente, podría encontrar a su máximo representante en Meme Buendía y que en la realidad está referenciada en cada hogar que albergue a un tipo o tipa -aquí no hay distinción que valga-, que roce o supere por poco la treintena y que haya creído a pies puntillas los mandamientos del régimen democrático actual.

Hablamos de un bloque de gente que biológicamente llega a la edad adulta desvinculada de la cultura del esfuerzo. Adolescentes tardíos, afectivamente reventados, que todavía viven con sus padres. Que no tienen ni pueden acceder a puestos de trabajo acordes a la formación que el propio sistema, a través del clientelismo universitario importado del mundo anglosajón, les ha ofertado. Que están al calor del regüeldo que deja la élite del capitalismo cognitivo –término trabajado por Gregorio Luri-. Que prefieren las gratificaciones del mundo virtual que citarse con su realidad. Que diluyen su verdadero proyecto vital en excusas que intensifican su cobardía ante los hechos. Individuos, en definitiva, atiborrados de los estímulos y falsas profecías repetidas a bombo y platillo por vende humos “estartaperos” y sopla gaitas “de influencia efímera”, que sobreviven en su día a día a base de cafés descafeinados con leche desnatada en cuyas tazas serigrafiadas se pueden encontrar frases del tipo: “¡Ánimo! Tú puedes con todo. Que nadie se entrometa en tu búsqueda de la felicidad”.

Cuando en un Estado se alcanza el pico máximo de idiotización al que hemos llegado; donde hay que desilusionar a una masa de gente que cree que del cielo lo que cae es plástico blanco y no nieve; donde las instituciones boicotean diariamente y con impunidad manifiesta su propia credibilidad mediante la dialéctica de las siglas políticas, televisivas, culturales y genitales; donde la opinión pública se alimenta en el supermercado de las ocurrencias que son los nuevos tugurios digitales, donde se expresan en pobrísimo español “pensamientos” peregrinos sobre la comunidad, la amistad, el sexo, el amor, la vida, las drogas, el trabajo, el fútbol o la educación; y donde se dispensa en las farmacias Lexatin y Seroxat con vivo entusiasmo en plena simbiosis con el sistema sanitario; es en este estado general de las cosas cuando podemos decir, con la realidad de nuestro lado, que nos vamos al carajo.

Este es el perfil de persona y panorama general que quedará para enfrentar el día de mañana. Para estos sujetos se preparan las distopías culturales que arrasan en la nueva mutación online de las fórmulas televisivas de toda la vida. Este es el ocio que se consume hoy y se ensalza como obras elementales para entender el momento que nos está tocando vivir. Zombies que asolan a las comunidades organizadas, perros robots que persiguen a las personas hasta aniquilarlas o el circo tiránico de turno que se acerca a los gulags desideologizados para escoger al azar a los héroes de los juegos del hambre. “Granizo y fuego mezclados con sangre” en papel y en formato audiovisual.

Colapso en directo

No es baladí, por tanto, los esfuerzos de algunos creadores a la hora de recordar, mediante la aplicación narrativa, las consecuencias trágicas que devienen del triunfo del idealismo en la organización política y cultural. Por eso se siguen produciendo a granel historias del salvajismo colonial de los hijos de la Reforma o de la exploración de los límites de la crueldad humana por parte de aquellos que tecnificaron la muerte en los campos de exterminio alemanes. El objetivo es claro: recordarnos a dónde nos llevan los ejercicios de ilusionismo cuando se escapan del contexto artístico y se busca aplicación en la realidad. Recordando a Jesús G. Maestro, hablamos, en definitiva, de una comunidad de psicópatas, muchas de las veces altamente cualificados por vía académica, “que buscan las pisadas de don Quijote por los caminos de La Mancha”.

Reseñable en este propósito de desmitificar a todos los hijos del idealismo es el primer capítulo de la serie francesa Colapso, en cuya presentación, los personajes comprendidos en el rango de edad presentado con anterioridad, se enfrentan absolutamente desprovistos de herramientas al final del sistema democrático en el que se amparaban.

Realizada por el colectivo Les Parasites, esta serie ha cosechado un éxito rotundo en tiempos de pandemia recogiendo con menos artificio y más sutileza la experiencia de otros productos como The Walking Dead, Black Mirror o The Handmaid´s Tale.

La serie, narrada en pequeños capítulos, viene a explicar qué ocurriría si las democracias modernas -y por ende todos sus sucedáneos- terminaran por derrumbarse en lo que los ingenuos denominarían “de la noche a la mañana”. A diferencia de otros artefactos distópicos, la presentación de dicho colapso no se da con tintes orwellianos en tiempos más o menos lejanos, al más puro estilo de Bradbury, Cuarón o Huxley, sino que tienen pie y medio apoyados en un presente narrativo con demasiados paralelismos con la realidad. No es de extrañar, por tanto, que al ver la serie nos sintamos, de alguna manera, como los romanos que asistieron a la destrucción de su propia civilización, con las hordas de bárbaros arramplando por el Foro, tal y como en las primeras páginas de su libro “La opción benedictina”, nos recuerda Rod Dreher.

La mirada crítica ante el mundo que nos espera

Los católicos que critican esta obra, publicada por Ediciones Encuentro en 2018, se han quedado con la visión ofuscada que el libro plantea hacia el final del mismo, que no es sino una pulsión de naturaleza religiosa que encuentra su sublimación en pequeñas comunidades que incurren en el feudalismo endogámico. En cualquier caso, aquellos que han “ridiculizado” la obra hacia el final de sus páginas, parecen haber obviado de sus análisis la densidad que proporciona Dreher a la hora de narrar la historia de aquellos que asistieron al final de su modo de vida y que lejos de sucumbir a la barbarie, decidieron alejarse a las montañas a fundar monasterios donde salvaguardarse y esperar, si es que así debía de ser, el apocalipsis. Una nueva forma de vida ante el colapso de otra.

Y lo que sobrevino no fue el fin del mundo, sino el comienzo de una nueva era.

El fin de la democracia posmoderna no significará el fin del Estado ni del comercio pero sí supondrá de una exigencia descomunal para quienes heredarán el mañana y tendrán que definir nuestro papel en el tapete de la nueva guerra cultural, que tendrá a la República Popular China y sus aliados como agentes decisivos a la hora de marcar el nuevo orden mundial. A esta cita con la historia podemos llegar fortalecidos o desinflados. Podemos llegar haciendo halago de nuestra memoria, defendida a fuego y sangre, o dejarnos sabotear por las actuales clases dirigentes, fascinadas por la ilusión de reinventar al hombre -empeñadas en la inclusión de los nacionalismos desvertebradores- sin atender a las amenazas reales que asolaran nuestras fronteras en las próximas décadas. El perpetuo duelo a garrotazos con el prójimo sin atender a lo que hay al otro lado de la estepa.

Sea como sea, a la hispanidad se nos exigirá afrontar con valentía los envites que puedan venir por parte de sus enemigos. Pero para ello es esencial, por un lado, la identificación de los mismos y, por otro lado, la aniquilación de la leyenda negra que nos tilda históricamente, como a ingleses o franceses, de ser un “imperio depredador”. España y sus provincias de ultramar -hasta la llegada de los borbones afrancesados- fue un imperio generador de cultura, de ciencia y de mestizaje, no excluido de episodios más o menos avergonzantes, pero que, haciendo balance, es indiscutible el valor que lega en sus casi tres siglos de dominio continental dejando para la posterioridad las más altas cotas de excelencia artística.

Es por ello que resulta absolutamente necesario que la generación de los 90, “los felices”, afilen y preparen una mirada crítica, desprovista de espejismos y fanatismos, capaz de mirar con arrojo y valentía a la realidad tal y como es: cruda y feroz cuando se despliega a través de la naturaleza pero absolutamente sobrecogedora y de una belleza palpable en la cotidianeidad de sus días.

Soy un cínico, ¿sirvo para este oficio?

En Periodismo por

A nivel semántico, cínico siempre me había sonado a cítrico. A algo que se le echaba a la tónica con un poco de ginebra y cicuta un martes por la noche. Es curioso -ahora lo veo de este modo-, cómo nuestra falta dominante muchas veces se esconde en un chiste, en una curiosidad, en un apunte aparentemente inocente en la solapa del diario.

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Elecciones municipales: encontrarán dragones

En España por

Basta con no padecer agorafobia -miedo a los espacios abiertos- para darse cuenta de que estamos en plena campaña electoral.

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Casa Anselma: una guía para salir del mundo

En Democultura por

Refrescaba en la madrugada de Triana. Lo suficiente como para considerar un error de bulto el haber dejado media botella de Pata Negra en el coche para un después que nunca llegaría.

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El pañal que cambió mi suerte

En El astigmatismo de Chesterton por

Cuando Borja Negrete sacó su libro “El cine que cambió mi suerte”, pensé al instante que algún día le fusilaría el título para un texto.

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Manifestación a favor del odio

En Tribuna por

Cuando era pequeño odiaba muchas cosas. Diría que casi todo. Desde la fideuá de mi padre hasta las croquetas frías del colegio; pasando por los besos con lengua seca, las manos mecánicas tornando la pubertad y esa estúpida sensación que se te quedaba  los domingos por la tarde cuando veías con perspectiva toda una semana de suplicios y peroratas de adultos hastiados, con halitósis rutilante, cuya principal misión era hacerte la vida imposible. 

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Pedro Sánchez, el hombre que todavía puede ser rey

En España por

De todas las anomalías políticas que ha habido en la historia reciente de España, mi favorita es la de Pedro Sánchez.

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Rolando y la humanidad doliente tras la JMJ de Panamá

En Religión por

Las próximas líneas no pretenden explicar lo que fue la pasada Jornada Mundial de la Juventud en Panamá. Tampoco es un análisis pormenorizado de lo que dijo o dejó de decir el Papa Francisco; para ello, animamos a la lectura de cualquier diario o digital especializado en información religiosa, donde seguro encontrarán lo que están buscando. Este texto es, sencilla y torpemente, un pequeño alegato que partió de una experiencia sobrecogedora ocurrida el pasado 24 de enero en el trayecto que unía el barrio de La Locería con el parque recreativo Omar Torrijos -denominado ‘Parque del Perdón’ durante la JMJ- en la capital istmeña.

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J.M. Cotelo: “Soy un documentalista al que nunca han gustado los documentales”

En Cine/Entrevistas por

Las próximas líneas no corresponden a una entrevista aunque la categoría de la página así lo indique.

No lo es porque el personaje evita que lo sea. Hay un número más que generoso de respuestas no acotadas con metáforas que caen con más o menos fortuna en el asunto en cuestión. No hay una línea temática prefijada y parece que el tiempo poco importa en este habitáculo de la calle Alfonso XII, en pleno centro de Madrid.

Juan Manuel Cotelo no prepara guiones, se los encuentra. Dice sentirse incómodo en los preparativos, en el papeleo, en el ir agitando la hucha para producir sus películas. También con las preguntas, con lo excesivamente elaborado, pues esto ahoga, o así lo entiende su interlocutor, la maravilla de lo espontáneo.  No tiene ni la más mínima intención de salirse de la etiqueta de “ultracatólico” -signifique eso lo que signifique- y no pretende atraer a las salas donde se pasen sus películas a cinéfilos o entendidos del séptimo arte; pues lo suyo es entretener y tocar el corazón.

Su última película, “El mayor regalo”, nos posibilita un rato con él. En esta casi hora de conversación da la sensación de que pasa de todo estando con las piernas cruzadas.

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Anunciado en televisión

En Asuntos sociales por

Hace quince años la televisión era el medio “más completo” para promocionar tu negocio o empresa. Por aquel entonces ni gobierno ni entidades financieras habían tenido la necesidad de crear a los emprendedores; eufemismo para parados de larga duración o jóvenes sin recursos dispuestos a un 18% de interés anual con tal de justificar su inestable situación laboral en las comidas familiares y con los colegas de promoción.

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Runners, ¿de qué estáis huyendo?

En El astigmatismo de Chesterton por

Son las 19:03 de la tarde. Llueve y ha llovido durante todo el día, por lo que los caminos de tierra de El Retiro son una pista de patinaje arcilloso. Si uno se pasea con mal tiempo por la arboleda contigua al Paseo de Cuba, cerca del estanque, puede apreciar ese tono pestilente que destila el suelo, donde las hojas de los castaños de Indias se pudren entre los charcos.

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Titulitis: la gran mentira moderna

En España por

En los años más duros de la crisis estuve en uno de los restaurantes que Joaquín Sabina tiene por Madrid. Habíamos ido un grupito de culturetas a los cines Renoir de Princesa. Después de sacudir o rescatar a Wes Anderson, se nos antojaron unas enchiladas.

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Cinco claves para hundir la octava temporada de Juego de Tronos

En Democultura/Series por

Ahora que se nos ha echado encima el periodo vacacional, un buen número de seriéfilos se plantea un rebobinado completo de Juego de Tronos sabiendo que en los próximos meses llegará el desenlace definitivo, la batalla definitoria.

¿Quedarán sujetos los Siete Reinos al devenir de los vivos o de los muertos? A partir de ahora, spoilers a machete. Avisados quedáis.

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Érase una vez el BBK Live 2018

En Música por

Hace poco más de una semana las tiendas de campaña de Quechua empezaron a poblar el monte de Kobetamendi, en Bilbao.

Aquel mar de plástico pintoresco y de promoción marcaba el inicio de una nueva edición del festival de música BBK Live 2018.

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Puigdemont, Comín y “el cámara” de Ana Rosa: los más pillos de clase

En Cataluña/España/Periodismo por

Para los periodistas poner “Puigdemont” en un titular es garantía de movimiento. El SEO convulsiona, se pone a hacer cabriolas, cada vez que alguien menciona la palabra y la persona de moda en lo que va de año.

Cada vez que el Armin Tamzarian de Gerona, azuza la actualidad, sabemos sobre qué nos va a tocar escribir ese día. Y lo aceptamos con la mueca del cínico hastiado, del picamiserias perplejo, al que no le ha dado tiempo a digerir todavía lo del 1 de octubre y ya está en el 31 de enero.

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Crónica de una esperanza

En #RumboJMJ16/Asuntos sociales por

A comienzos de agosto de 1975, Ryszard Kapuscinski, asiste desde la ventana del Hotel Tívoli, junto al puerto de Luanda, en Angola,  al “éxodo blanco”.

Cientos de miles de colonos portugueses, ante la tensión permanente por la guerra civil que sitiaba la capital del país africano, decidieron huir en los últimos barcos que quedaban.

Kapuscinski describe esta situación en las primeras páginas de “Un día más con vida”. Cuenta como veía desde su habitación a su último salvoconducto difuminarse por la línea del horizonte, quedándose irremisiblemente solo en un país que desde ese momento le resultaría del todo hostil. Sigue leyendo

Francisco y el pabellón de los refugiados cristianos de Europa

En #RumboJMJ16/Asuntos sociales por

Son las 07 de la mañana en la hospedería de los carmelitas, en el Valle de Eliasówka.

Me asomo por la ventana que varios millonetis pagarían por tener instaladas en sus cuevas urbanas. Bosque, campo y rosales flanquean los accesos a la casa principal donde están las sostras del Carmelo Descalzo.  Hace fresco. Pero éste, por contrato con Polonia, no tardará en esfumarse en un par de horas, cuando enfilemos rumbo a los autobuses y al tren que nos lleve con el resto del grupo a la Universidad Económica de Cracovia. Sigue leyendo

Auschwitz es un sitio agradable

En #RumboJMJ16/Asuntos sociales por

Auschwitz es un sitio agradable.

Un pasto verde, acompañado de florecillas blancas y hojas grandes y frescas que transparentan la luz del sol, guía a los turistas con sus banderas el camino de lo que ahora se denomina museum.

El sonido de las pisadas por las piedras blancas, los chicos riendo recordando alguna historieta de la noche anterior mientras cruzan las vías del tren.

El color agradecido del ladrillo, no tan distinto de las zonas chic aledañas a Piccadilly Circus, que lleva algún nombre cincelado con las llaves de casa. Sigue leyendo

La familia de Piotrek

En #RumboJMJ16/Asuntos sociales por

Wroclaw

Martes 26. 1:17 de la mañana. En el pasillo de una casa de Carmelitas. En mitad de alguno de los muchos bosques que rodean Cracovia.

Me encuentro en chanclas, con un pijama de pelotillas de un morado insoportable (gracias abuela por el regalo), con una camiseta del siempre aséptico Primark y una sudadera de capucha marrón que me da un toque, o a mi yo de madrugada se lo parece, al Zuckerberg en su época de pringado total en Harvard.

Un sacerdote ronca de tal manera que parece que está catalizando las confesiones de la jornada. Eso o alguien le ha clavado una lanza en el costado y no nos ha querido decir nada. Sigue leyendo

Rumbo a la JMJ 16

En #RumboJMJ16/Asuntos sociales por

Madrid – Ámsterdam – Wroclaw

En julio de 1960, Ryszard Kapuscinski, el reconocido reportero polaco, volvía de Ghana tras haber cubierto el ascenso al poder de  Kwame Nkrumah, aquel que en fanti era apodado como Kasapreko (El Hombre cuyas Decisiones son Irrevocables). Mientras sobrevolaba la selva vernácula rumbo a su nuevo destino -cubrir reportajes locales después de haber pasado dos años en África– se enteró de la independencia del Congo -uno de los países más herméticos de la época-, del levantamiento del ejército, la expulsión y asesinato de los colonos belgas y la intervención de la brigada  de paracaidistas, que para los brujos y cuerpos de adobe de la zona no significaba otra cosa que “seres no-humanos que caen del cielo”.

Tan pronto como supo la noticia, se dirigió de inmediato a Varsovia con la esperanza de que su medio, el Polytikia, le enviara de nuevo a África, aprovechando que todavía llevaba encima los aromas del continente negro. Sigue leyendo

Los crisantemos picantes

En Diario compartido/Mundo/Periodismo por

Nada más poner los dos pies en la salida de Benito Juárez, a lo lejos, tras terminar la fila de taxis -ahora los hay rosa también- hay un puesto de tacos. Res, lengua, tamales, con suerte algo de carnitas con su cebollita y cilantro. Seguro que esa última combinación, con algo de chipotle, debe picar. Y mucho. Al lado de las salsas una caldereta vieja, humeante, suma sus vapores a la pelota climática del Distrito Federal; donde el ruido y las pestes de los casi diez millones de autos tapizan el atardecer con un color que trae nostalgia de costumbres muertas.

Tras una cola sempiterna, a ritmo de banda, cuero negro y perfume de gasolinera, avanzamos bajo la atenta mirada de diputados federales de todas las siglas. Perredistas, Panistas, Priistas y de La MORENA de López Obrador. En México, como en los pueblos castellanos de España, las paredes y la carcoma amarillenta del tiempo parecen indicar que siempre se está votando o repitiendo una misma votación. Sigue leyendo

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