Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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El Quijote y los disciplinantes del centroderecha español

En España por
Tiempo de lectura: 3 minutos

Cuatro siglos antes de que Vicent J. Schaefer e Irving Langmur inventasen la lluvia artificial en una nevera, existía en España la figura de los disciplinantes.

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Los graciosos de la clase

En España por

Tiempo de lectura: 2 minutosEra uno de nuestros pasatiempos favoritos en primero de carrera. La hoja de asistencia, un folio en blanco que teníamos que ir completando con nuestros nombres, ofrecía un sinfín de posibilidades para el gamberrismo ingenuo. Junto a las identidades reales –no era cosa de ir a clase para nada- se iban añadiendo otras, que podían ir del juego de palabras de patio de guardería –Paco Mer- a cualquier celebridad evocada entre risas por el más absurdo motivo en el último descanso.

No me acuerdo de casi nada de sus lecciones, pero sí del momento en que, pasando lista con la citada hoja como toda fuente, un prestigioso profesor de Economía pronunció el nombre de Michelle McCainn (aquella oronda cantante de la Orquesta Mondragón, entonces en efímero revival por su condición de jurado en un “talent” de medio pelo) esperando obtener una respuesta. Sigue leyendo

Aguachirle popular

En El astigmatismo de Chesterton/España por

Tiempo de lectura: 2 minutosEl aguachirri o aguachirle es un coloquialismo muy propio de la temporada estival. Las malas terrazas, o sea, las que viven a base de braguetazos estacionales, suelen convivir con este calificativo despectivo año tras año. Los turistas regulares, confiando en el calado que durante todo el ejercicio ha tenido que causar el espíritu emprendedor anunciado a toda pastilla por televisión, ven desolados que otro verano más los hosteleros no han puesto ningún tipo de remedio a la mala calidad de sus productos. Sigue leyendo

Avales de papel para un partido Popular

En España por

Tiempo de lectura: 3 minutosEl sudor frío en los poros de militantes, simpatizantes, miembros y relacionados con el Partido Popular no tiene que ver sólo con la moción del ahora presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. De hecho, Rajoy, con su adiosh, descorchó un humeante debate dentro de su partido, que también se había ido mejorando, como los mejores vinos. ¿Quién coge el testigo del PP? Al PP le han entrado de sopetón los dolores: que encima Mariano se va a Santa Pola y no va a usar el dedo mágico como Aznar para ahorrar a los suyos un proceso largo de buscar y elegir un sucesor.

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Un país con mucha moral y sin ninguna ética

En Asuntos sociales/Educación por

Tiempo de lectura: 11 minutosYa lo decía, en frase genial, el gran sociólogo español Esteban Pinilla de las Heras refiriéndose a la atmósfera del Franquismo: “un país con mucha moral y sin ninguna ética”. Por ello, entendía una sociedad grandilocuente y exagerada, siempre dispuesta a escenificar su adhesión al bien y su aversión al mal, una sociedad, en el fondo, destrozada, deshecha, entregada a la hipocresía y profundamente cínica.

El Franquismo, según Pinilla, se relacionaría con la hegemonía de un lenguaje apodíctico, concluyente e incuestionable en sus máximas, eslóganes, fórmulas coloquiales y frases hechas. El lenguaje ominoso de una sociedad sin pensamiento propio, poseída por el miedo y el egoísmo más voraz, por la pereza y la cobardía, que se limitaba a repetir la retahíla de los tópicos ideológicos puestos en circulación por políticos, burócratas, periodistas e intelectuales, todos ellos expertos en el arte de saber decir lo que debe ser dicho. Tópicos convertidos en usos lingüísticos que establecían la frontera entre lo decible y lo indecible, lo legítimo y lo ilegítimo, el bien y el mal, con el aviso subliminal de que cualquier matización o leve impugnación de tales lugares comunes podía traerle a uno serios problemas con la autoridad.

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Tecnocracia o democracia: el poder de elegir o elegir el poder

En Cultura política por

Tiempo de lectura: 7 minutosEn democracia gobierna el que más votos ciudadanos obtiene, directamente o a través de pactos postelectorales; eso está claro. Otra cuestión es quién puede participar en la contienda y cómo se obtienen los votos; eso dicen.

En la sociedad civil esa ecuación demoelectoral es más bien diferente, con excepciones en votaciones corporativas internas: ¿quién gobierna en una familia o en una empresa?, ¿quién elige al médico, al trabajador, al entrenador?, ¿cómo se selecciona al policía, al juez, al maestro? La respuesta a cada una de estas preguntas atiende a diferentes dimensiones de elección y selección, objetivas y a veces subjetivas. Otra cuestión es si los sistemas oficiales son los adecuados, si el dinero lo puede todo, o sobre si el clientelismo influye en las decisiones. Sigue leyendo

El escándalo Facebook: ¿democracia directa o democracia dirigida?

En Asuntos sociales/Cultura política por

Tiempo de lectura: 3 minutosAunque en estos días el caso Cambridge Analytica haya hecho mucho ruido, en realidad el uso de nuestros datos para “personalizar” la información que llega a nuestros dispositivos es una praxis normal y corriente.

Amazon basa parte de su enorme éxito justamente en la capacidad de conocer a sus clientes y sus gustos, acercándose cada vez más al sueño de cada vendedor: poder predecir nuestras próximas compras. Sigue leyendo

J. Baldoví: “Si nos acostumbramos a vivir con la corrupción la democracia puede estar en peligro”

En Entrevistas/España/Vídeos por

Tiempo de lectura: 8 minutosJoan Baldoví ha crecido en un entorno rural y se nota.

Quizás haya quienes tras esta primera línea hayan hecho un aspaviento similar al chiste jocoso y de mal gusto, como si los que se ocuparon en entrevistarle en aquel entonces, buscasen alguna forma de descrédito gratuito del personaje antes de nada.

Pues no es así.

Baldoví es de campo y se agradece que sea de campo. Al menos para poder afrontar con sencillez y sin requisitos impostados, más propio de la historia que transpira el Congreso de los Diputados que de las personas que por ahí pululan, cuestiones como la infancia, la familia, las gallinas, la política, la izquierda, la derecha, las corruptelas y sus asuntos, vaya.

Después de un torpe peregrinaje para ver dónde va a tener lugar finalmente este encuentro, nos encerramos en el despacho del “diputado tranquilo” que añora una política “más tranquila” en las fuerzas del cambio, a las que tan pronto reprende como se suma a mociones de censura.

El habitáculo va con el mobiliario justo y el espacio justo. Nada de vistas esplendorosas, nada de mesas kilométricas desde donde planificar políticas y estriptis. Quien se haya configurado la idea de que el Congreso de los Diputados es un lugar esplendoroso, tapizado con los resto del oro de Moscú y con hilo de Holanda, que le eche un vistazo a los vídeos de la entrevista.

¿Quién es Joan Baldoví y de dónde sale?

Yo salgo de un pueblo donde se habla únicamente valenciano. Mis orígenes son una casa rural donde he conocido el caballo de labor, las gallinas, los conejos, las palomas, los aparejos de labranza de mi abuelo… Todo eso evidentemente marca mi vida. He salido, estudié dos años en la Universidad Laboral de Alcalá de Henares e hice la mili aquí en Madrid pero mis orígenes son estos. Por poner un título, soy un profesor de educación física de pueblo que circunstancialmente está haciendo política.

¿Qué momento humano hace que termines en el Congreso de los Diputados?

A mí me ha gustado la política desde siempre. Recuerdo que en el casino del pueblo me echaron más de una vez porque yo me sentaba allí, en la biblioteca, a leer todos los periódicos. Me los leía todos de cabo a rabo. Podía tirarme cuatro horas leyendo. Al final, algún socio se molestaba porque yo tenía el periódico que él quería leer y me mandaban al conserje para que me dijera “chaval. ¿Tú eres socio?” y claro, tenía que irme.

A los dieciséis años comencé a militar en las juventudes de un partido político y digamos que la política me ha acompañado toda la vida. Desde meterme en asociaciones de grupos de danza, bailes autóctonos valencianos, un grupo ecologista, en el AMPA del colegio de mis hijas… En fin, he sido una persona muy inquieta que ha ido haciendo política de abajo arriba. He sido concejal, he sido alcalde y cuando todo apuntaba a que me iba de vuelta a la escuela -me había comprado ya un par de chándales- me ofrecieron venir aquí a Madrid y finalmente salí diputado.

 

Y a estas alturas de la película, ¿qué te mueve?

Querer cambiar las cosas. Poder defender los intereses de mi tierra. Yo me siento profundamente valenciano: pienso, siento, escribo, vivo en valenciano. Creo que era importante que hubiera una opción que representara los intereses de allí, igual que tienen los canarios, los gallegos, los catalanes o los vascos.  Por esta razón siempre he estado en opciones políticas que defendieran estas posturas, de estricta obediencia valenciana.

 ¿Qué es la política para un nacionalista?

La política debería servir para cambiar a mejor la vida de las personas. Yo la entiendo así. Es como una palanca y eso se ve muy bien desde la política local, que es mucho más dura que la política aquí. Es mucho más duro ser alcalde o concejal de servicios sociales y más en estos años de crisis. Ha sido muy duro. Pero por el contrario, en la política local eres capaz de mejorar cosas concretas a gente concreta con cara, con ojos.

Desde aquí, desde el congreso, cada vez que aprieto el botón para aprobar o tumbar una ley, veo esos rostros. Cuando votamos la reforma laboral yo veía las caras de las personas a las que iba a afectar. Cuando se instauró el copago farmaceútico yo veía a los jubilados que había recibido antes como alcalde que tendrían ahora que pagar. O veía a la gente que utilizaba determinados servicios sociales, como por ejemplo un centro que tenemos en Sueca para personas con discapacidad.

Por eso creo que es importante saber que detrás del botón que apretamos cada martes o cada jueves aquí en el congreso hay caras e intento tener presente siempre esos rostros.

Pero esto incurre en un problema porque si la política solo es un conjunto de rostros locales parecería que la política a un nivel estatal, por decirlo de alguna manera, sería inexistente o, cuanto menos, quedaría descompensada, ¿no?, ¿qué piensa sobre esto?  

Yo hago un discurso ciudadano. Ciudadano quiere decir que puede servir para un señor de Cádiz, de Barakaldo, de A Coruña o de Sueca, mi pueblo. Pero entiendo que es importante hacer visibles determinados problemas que a veces desde el centro no se perciben. Por ejemplo, mucha gente dice simplemente “gracias por hacernos visibles en Madrid”.  Porque, aunque yo hago un discurso en global, al final hago una incursión en lo local, siendo perfectamente compatible lo uno con lo otro. Entiendo que hay unos intereses generales por los que yo también soy diputado, que defiendo igual por ti, entrevistador, que por mi vecino de al lado porque entiendo que nos afectan a todos.

Es curioso, porque ahí se ve un tipo de izquierda muy apegado a los barrios y los distritos que se parece mucho a un conservadurismo al estilo que promulgaba Josep Pla. ¿Cómo se da esa paradoja de los extremos?

No sé. Algunos nos sentimos identificados con ese tipo de izquierda que va de abajo a arriba. Es muy importante vivir los problemas de tu barrio y de tu gente. Pequeños universos que cuando aquí adoptas una decisión, sabes que les afecta. Pensar en lo pequeño para que cuando actuemos en lo grande sepamos qué y cómo va a afectar. Yo lo veo así: política de abajo a arriba. Porque haciendo política para los que conoces, lo estás haciendo para la inmensa mayoría.

Entiendo. Hay un tema que quisiera introducir. Hay algunas acciones que a determinadas personas les resulta molesto o sencillamente les entristece. Hemos visto a un candidato irse de escalada para mostrar su mundanidad, a una vicepresidenta de baile en un programa de prime time o a un diputado nacional desnudarse en el Congreso. ¿La política necesita del espectáculo? ¿es imposible llegar a la calle sin tener que recurrir a determinadas formas?  

Creo que es una pregunta que nos deberíamos hacer todos: políticos, periodistas y votantes. Yo he utilizado alguna vez elementos performance en el congres pero siempre he intentado que esos gestos tuvieran detrás un mensaje contundente. Cuando yo hice un amago de striptease torpe en el Congreso, llevaba debajo la camiseta de la plataforma de afectados por la hipoteca. Yo quería denunciar cómo se había tirado una iniciativa legislativa popular avalada por millón y medio de personas y cómo el Partido Popular la había descafeinado metiéndola en una comisión para que no se pudiera discutir en el pleno. Era una manera de llamar la atención con un contenido muy serio detrás.

Estamos en la era de la imagen, de los mensajes rápidos y cortos y a veces nosotros y vosotros nos tenemos que adaptar a eso que también pide la gente. En el grupo mixto tenemos dos minutos para hacer un discurso y al principio lo veía como un castigo, pero ahora lo veo como una bendición. Tenemos más capacidad de llegar.

Bueno. No sé si eso justifica o no la espectacularidad de la política. En cualquier caso. La corrupción. En la última moción de censura contra Mariano Rajoy, ustedes apoyaron a Unidos Podemos porque consideraban que había sacar “fuese del modo que fuese” al Partido Popular del gobierno. ¿Es la corrupción el fin de la política? Porque ocurre la paradoja de que se presentan a las elecciones y sacan cinco millones de votos.

No queda otra que seguir luchando. Cuando nosotros denunciábamos en mi tierra las trapacerías que hacía el Partido Popular y luego veíamos que sacaban mayorías absolutas la verdad es que nos daba un cierto desánimo. Pero contra ese desánimo solo queda: o bajas los brazos o sigues luchando. Con todo lo que ha caído y con todo lo que sigue cayendo todos los días, hay que seguir. Aunque desanime que aún mucha gente lo vea como un mal menor. Hay que denunciar la financiación ilegal y que hemos competido en situación de desventaja respecto al PP. Tenemos que hacer que esa gente pase a la historia porque si no, hay el peligro de que nos acostumbremos a vivir con esto. En el momento en el que eso pase, la democracia puede estar en serio peligro.

En cualquier caso, volviendo al Partido Popular, hay que reconocer que tienen una manera muy efectiva de colocar el mensaje que al final si ellos no gobiernan o gobiernan otros esto podría ser el caos y hay mucha gente que comulga con eso. “Prefiero la tranquilidad a cualquier aventura”. Eso sí, si vemos a la gente que en la actualidad vota al PP o al PSOE vemos que hay un envejecimiento del votante medio, que son las generaciones que más miedo pueden llegar a tener a perder un estatus, un nivel de vida, una seguridad. Vemos que son las generaciones más jóvenes que tienen un futuro incierto las que tienen mucho menos miedo de votar otras opciones, de apostar por otras formaciones.

Tenemos que hacer pedagogía de que estamos gobernando las nuevas generaciones junto con el Partido Socialista los principales ayuntamientos del Estado, muchas comunidades autónomas y todos los días se abren las persianas, se abren las escuelas… Que somos capaces de gobernar y yo lo digo: somos capaces de gobernar mejor que la derecha y además no robamos.

 

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  ¿Y cómo explica que en España haya gente que directamente le tenga miedo a que ustedes puedan gobernar?

Siempre hay un miedo intrínseco a los cambios. A veces las actuaciones de algunos ayudan a fomentar ese miedo.

 ¿Podría ser más concreto?

A mí me gustó mucho más el Pablo Iglesias de la moción de censura que el Pablo Iglesias anterior. Creo que ese día vimos un aspirante a presidente del gobierno mucho más tranquilo. Creo que es importante dar tranquilidad en la política.  Cuando he sido alcalde de mi pueblo, he visto cómo la gente quiere personas que sean capaces de hacer cambios y que al mismo tiempo sean moderadas, tranquilas, con cambios tranquilos. Decididos a hacer el cambio pero con tranquilidad.

Cambiando de tercio. Vimos el linchamiento a Espinar por tomar Coca-Cola y el foco absolutamente desquiciado que hay en la actualidad respecto a determinadas cuestiones sociales. No tanto con la cuestión de fondo, que es importante abordar y abordar bien, sino más bien con las formas. ¿Hay cierto puritanismo en la política? ¿cierta exigencia moral exacerbada?

Las dos cosas. Hay una cierta exigencia que yo, a veces, la vivo con cierta inquietud. No decir nada inconveniente, ser muy mesurado en tus palabras pero también es fundamental que uno predique con el ejemplo. A veces se vuelve demasiado duro el juicio hacia los políticos y otras tantas los políticos no cumplen con el ejemplo que han predicado.

¿No hay una quema de brujas y gente con las horcas esperando ver al próximo político caer?

Las redes sociales han hecho que cualquier gesto se magnifique mucho. Nada pasa desapercibido. Siempre hay un teléfono móvil grabando o haciendo esa foto. La información se consume muy rápido todo va aceleradamente y eso produce que los políticos y que toda la sociedad por otro lado esté muy expuesta.

Vamos terminando y como solemos hacer quisiéramos preguntarle ¿Qué está leyendo ahora mismo?

En mi forma de pensar Nosotres los Valencians, de Joan Fuster. Es el padre del valencianismo moderno con el cual nos sentimos identificados muchos de nosotros.

Y quisiera terminar Victus que cuenta la guerra de sucesión entre los borbones y los Austrias que es una época que me apasiona.

Un referente político tanto presente como pasado

Marcelino Camacho me pareció una persona sencilla. Mújica, el presidente de Uruguay, ha sido para mí un referente.

Entrevista realizada por Ricardo Morales e Ignacio Pou, codirectores de Democresía

 

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Common people: los ricos marxistas

En Asuntos sociales/Economía por

Tiempo de lectura: 3 minutosAhora que el pertinaz Varoufakis, el exministro griego que recomendó que su país saliera del euro, anda de turné presentando su libro Comportarse como adultos: Mi batalla contra el establishment europeo, le viene a uno a la cabeza, mira tú por donde, la extraña pero verosímil leyenda urbana sobre su mujer. Se dice (se comenta, se rumorea) que la muchacha griega cuyo padre estaba forrado que quería mudarse a Hackney para vivir entre los menos favorecidos y así parecer más cool, la que inspiró a Jarvis Cocker, líder de la banda Pulp, a componer una de las canciones más exitosa de los noventa, Common People, no es otra que la mujer del exministro griego. Sigue leyendo

De refugiados a aporofobia: esto cuenta la palabra del año

En Asuntos sociales/Pobreza e inmigración por

Tiempo de lectura: 3 minutosLa Fundación del Español Urgente (Fundéu) selecciona anualmente desde 2013 una ‘palabra del año’ entre todos los términos de la lengua española. No es una palabra nueva, o no tiene que serlo, sino que debe ser una que suscite un interés lingüístico “por su origen, formación o uso” y, enfatiza la organización, “haber tenido un papel protagonista en el año de su elección”. En este caso, la palabra que más ha cumplido estos requisitos ha sido aporofobia.

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Los dos círculos de la democracia

En Cataluña/Cultura política/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 5 minutosPerdonen que uno vuelva al manido tema catalán, pero si una virtud tiene tal turbamulta es permitirnos pensar qué es y qué no es una democracia, explorar y llegar a comprender mejor nuestro sistema político y, quizá lo más importante, sus límites. Aquel punto más allá del cual nos precipitamos al vacío.

El manido tema catalán me ha llevado a percibir que nuestras democracias representativas giran en torno a dos círculos. Uno sería lo que cabe denominar el círculo liberal. Este estaría vinculado con el imperio de la ley, la división de poderes y el pluralismo. Es un círculo yo diría que oscuro, que solemos pasar por alto, pero en el que reposa el significado más profundo de nuestra democracia. Es decir, aquellas ideas y procedimientos que, decantadas por siglos de luchas y conflictos, nos han permitido alumbrar un sistema de libertad en el que tenemos el derecho, como diría Odo Marquard, a ser diferentes sin sentir miedo. Sigue leyendo

Juan Pablo Colmenarejo: “El periodismo le sobra a todos los populistas”

En Entrevistas/Periodismo por

Tiempo de lectura: 10 minutosLas terrazas ya están puestas. El calor empieza a apretar. El aire acondicionado en el interior de los estudios de COPE atiende poco a las gargantas de locutores y visitantes, claramente marcados con la pegatina oportuna.

Cristina Platero, la productora de La Linterna, nos viene a buscar y nos lleva por esos pasillos de  un blanco un tanto mortecino; que tan pronto pueden hacer las veces de medio de comunicación como clínica de un dentista venido a más.

Vamos al estudio de “por si las cosas fallan en el principal”. Lugar repleto de micrófonos, logos y sillas para muchos tertulianos.

“Ahora baja Juan Pablo”, nos marca con una sonrisa Cristina. Sigue leyendo

Habrá que estar atentos

En Internacional/Mundo por

Tiempo de lectura: 5 minutosEmpezamos la semana con una congoja amarrada al cuello, la doblamos con un suspiro de alivio y la cerramos con la sensación de que lo peor está por llegar.

El lunes teníamos casi la certeza de que Geert Wilders iba a servirnos un poco de cicuta. Todo parecía indicar que Holanda trasplantaría a Europa la peor cara electoral que vivimos en noviembre en EEUU. En este caso no era imprescindible una victoria. Ni siquiera era necesario que su xenófobo Partido por la Libertad (PVV) lograse los resultados necesarios para formar gobierno. Sigue leyendo

Polonia: la contrarrevolución conservadora en el siglo XXI

En Mundo por

Tiempo de lectura: 8 minutos

  1. Europa y la identidad nacional

El 13 de septiembre de 2016 el Parlamento europeo, en sesión monográfica y extraordinaria, se reunió para debatir, y condenar, la considerada como “deriva autoritaria” del Gobierno de Polonia, dominado desde el año anterior por el partido conservador Ley y Justicia (Prawo i Sprawiedliwość, PiS). Se denunciaba, especialmente desde los grupos socialistas y liberales de la Eurocámara, el proceso de crecimiento de sus posturas eurofóbicas contrarias a los Derechos humanos. Así se cuestionaban públicamente, y en primer lugar, sus intentos de reforma unilateral del Tribunal constitucional; en segundo lugar, el control de los medios de comunicación, tanto  públicos como privados; en tercer lugar, su postura antiinmigración contraria a la acogida de refugiados; y en cuarto lugar, sus medidas de protección de la Familia natural y de limitación del aborto. Sigue leyendo

Las cuatro claves de la victoria de Trump, según Florentino Portero

En Elecciones EEUU 2016/Mundo por

Tiempo de lectura: 9 minutosYa han pasado dos semanas desde el acontecimiento mundial de la llegada de Trump a la presidencia de la primera potencia mundial. Empieza a ser momento de acallar al gallinero y extraer algunas claves que permitan, más allá de la consternación (poco amiga de la reflexión), comprender qué es lo que ocurre y poder, así, actuar y pensar en consecuencia.

Decía Valentín Carrera, en un artículo publicado en esta casa, que desde el mero análisis de los datos demográficos de las votaciones en EEUU, se advertía una importante fractura en la sociedad estadounidense, que habría permitido la llegada al poder de un líder populista como Donald Trump.

Ahora bien, ¿qué características tiene esta fractura? Casi como una respuesta, el experto en relaciones internacionales Florentino Portero dio la semana pasada algunas pinceladas sobre la sociedad estadounidense que pueden ayudarnos a comprender de qué hablamos cuando hablamos de esta fractura. No basta con constatar los datos, sino que es necesario darles un contenido y un significado: Sigue leyendo

[RÉPLICA] Donald Trump, o el poder del pueblo

En Elecciones EEUU 2016/Mundo por

Tiempo de lectura: 3 minutosRespecto del artículo publicado esta mañana por  Francisco Delgado Iribarren me gustaría puntualizar algunos puntos que considero relevantes: Sigue leyendo

Donald Trump o el poder del pueblo

En Elecciones EEUU 2016/Mundo por

Tiempo de lectura: 3 minutosLo que a muchos parecía imposible se ha hecho realidad. Donald Trump ha sido elegido democráticamente -conviene subrayarlo-, presidente de los Estados Unidos. De este hecho impepinable podemos extraer muchas, ¡muchísimas!, lecciones (de humildad, como todas): Sigue leyendo

La elección de la identidad

En Cultura política/Mundo por

Tiempo de lectura: 6 minutos

Nacionalismo identitario vs. liberalismo progresista como dialéctica ideológica en el siglo XXI

Una convocatoria electoral, intrascendente tradicionalmente, señaló la esencia ideológica de la Identidad colectiva en el nuevo tiempo histórico de la Globalización (o Mundialización, en un sentido más completo).

La elección del nuevo Presidente de Austria en 2016, cargo más honorífico y representativo que ejecutivo, llenó las portadas de la prensa de medio mundo. Norbert Hofer, del nacionalista FPÖ, y Alexander Van der Bellen, del minoritario partido ecologista, se disputaban en una reñida segunda vuelta un cargo que durante medio siglo a casi nadie importó. Por primera vez en la Europa postbélica, un candidato más allá de la derecha tradicional podría convertirse en Jefe de Estado de un país occidental. Sigue leyendo

Cine, superhéroes y democracia (IV): los villanos, siempre antidemocráticos

En Democracia y Superhéroes por

Tiempo de lectura: 2 minutosbanner-especial-superheroes

En el anterior artículo hemos comprobado de qué manera la ciudad democrática es la condición de posibilidad para el surgimiento del superhéroe. La realidad urbana en el seno de la democracia nos da pie a hablar de los peligros que la amenazan: los supervillanos. Ellos son los representantes de las fuerzas que pretenden conducir una sociedad democrática a una sociedad sometida a alguna de las formas del totalitarismo. Sigue leyendo

Donald Trump: lo imposible es posible

En Elecciones EEUU 2016/Mundo por

Tiempo de lectura: 3 minutosHace sólo unos meses se decía que no había muchas posibilidades de que Donald Trump pudiera ser designado candidato del Partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos. Era impensable ver al magnate en la Casa Blanca y al frente de la gran potencia mundial. Pero lo que parecía imposible se ha convertido en posible.

¿Qué ha pasado para que Trump acaricie su sueño? ¿Por qué muchos ciudadanos estadounidenses están dispuestos a confiar en él? ¿Es un síntoma más de la decadencia de los principios y valores defendidos por Occidente desde hace tanto tiempo?

La alarma ha saltado en gran parte del mundo ante una posible victoria de Donald Trump. Los mensajes lanzados y las promesas a su electorado están en las antípodas de lo que hasta ahora ha significado Washington, tanto desde las posiciones republicanas como de las demócratas. Aunque se presente por una de las dos formaciones del clásico bipartidismo, en la práctica supone una tercera vía que intenta romper con políticas tradicionales que cada vez tienen más problemas para retener a su electorado con recetas convincentes.

 

Aunque Trump se presente por uno de los partidos clásicos, su propuesta es la de una tercera vía rupturista con las políticas tradicionales.

 

Trump ha utilizado, y lo sigue haciendo, un discurso populista, autoritario y extravagante que hasta ahora le ha dado resultado. Ha sabido cautivar a numerosos estadounidenses que confían en que él es la persona para recuperar, según dice, el poder perdido por la gran potencia en estos difíciles años. ¿Cómo y a qué precio? Trump apuesta por más orden y autoridad. El ciudadano tendrá que decidir si eso es lo que necesita Estados Unidos.

Donald Trump lleva meses insultando a líderes de todo el mundo. No se salva de sus exabruptos, por supuesto, su rival, la demócrata Hillary Clinton, de la que dice que es una mentirosa y una corrupta. Y hay quien desde sus filas afirma que debe ser fusilada por traidora. Son palabras inaceptables, impropias de cualquier servidor público de un régimen democrático.

Casi parece que estamos en lo más profundo de una pesadilla cuando escuchamos que piensa construir un muro en la frontera con México de tres mil kilómetros, que prohibirá la entrada de los musulmanes al país o que desea cambiar la relación histórica de Estados Unidos como defensor de sus aliados de la OTAN en caso de ataque. Quizá no recuerda o no sabe lo que ha ocurrido en el siglo XX y el papel que Washington ha desempeñado para la paz y la seguridad mundiales en las últimas siete décadas. Habrá que esperar que su equipo de consejeros y su candidato a la vicepresidencia, Mike Pence, sean capaces de poner orden, de analizar y difundir con seriedad sus propuestas. El anuncio de la convención de Cleveland de restaurar la ley y el orden no hace sino avanzar en una estrategia de miedo y de la necesidad de una trasnochada mano dura que está muy lejos de las soluciones que hoy necesita el mundo.

 

La democracia occidental tal y como la conocemos parece haber entrado en crisis.

 

La democracia occidental, tal y como la hemos conocido, parece haber entrado en crisis. A ambos lados del Atlántico están surgiendo movimientos políticos rupturistas con el enfoque de modernidad y crecimiento que posiciones conservadoras o socialdemócratas han llevado a cabo en las últimas décadas. Partidos de extrema izquierda o extrema derecha, populistas, xenófobos, antisistema o antieuropeos han logrado penetrar lentamente pero con cierta consistencia en los tejidos y estructuras políticas de Europa. Hasta han conseguido convencer a los ciudadanos, con mentiras de por medio, para dejar la Unión Europea, como ha sido el caso de los británicos en el referéndum del Brexit.

Con todas sus diferencias, esa necesidad de cambio también parece llegar a Estados Unidos. En esta ocasión no ha hecho falta un nuevo partido; simplemente la llegada de un rico hombre de negocios, sin experiencia política, con formas y mensajes impresentables, que ha conectado con gran parte de la sociedad. De manera especial, con sectores pobres y poco formados, descontentos con las fórmulas tradicionales, víctimas de los cambios económicos y que no ven ningún tipo de futuro. Y ahí es donde el populismo “trumpista” ha encontrado un caladero, hoy por hoy seguro de que en el republicano puede encontrar la solución a gran parte de sus males.

La preocupación aumenta cada día en parte de las filas republicanas, en sectores militares y en el mundo de la empresa estadounidense. La inquietud es notoria en una Europa que no gana para sustos en los últimos tiempos y que sigue atascada en su propio problema de identidad y de ausencia de respuesta colectiva a los grandes retos. El desmoronamiento de lo que ha representado Occidente empieza a preocupar. Y desde luego, el mundo puede ser muy distinto con Donald Trump en la Casa Blanca. No iba a ser candidato y lo es.

Hay quien dice que no ganará porque incluso votantes republicanos optarán por Hillary Clinton como mal menor. Pero algunas encuestas empiezan a deshacer el empate técnico y dan ventaja al primero sobre la segunda. Queda por delante una larga e intensa campaña. Es momento para pensar y reflexionar. Ni Estados Unidos ni el mundo necesitan a Trump. Hay tiempo para evitar que lo que hasta ahora es simplemente una pesadilla pueda convertirse en realidad.

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