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Origen

Mito y Revolución o cuando la ficción supera a la realidad

En Pensamiento por
Tiempo de lectura: 8 minutos

Los mitos que se creen tienden a convertirse en realidad” nos enseñó Orwell. El mito (mythos) se crea para que se crea en él, publicitando a unos y denigrando a otros, y por ello, ha movido y moverá a las masas para un fin concreto. No es solo una simple narración maravillosa, sobrenatural o fantasiosa, de pueblos primitivos sujetos al destino divino o a la intemperie de la naturaleza, fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes heroicos (el “primitivismo religioso” apuntado por Frazer o Tylor). Es, ante todo, una Historia donde los hombres crean personajes arquetípicos o fenómenos deslumbrantes que encarnan aspectos universales de la condición humana a imitar o a superar, desde la extraordinaria admiración o desde la radical animadversión, atribuyéndoles cualidades o excelencias que nunca antes habían tenido. En este caso, la ficción supera, y transforma, la realidad. Para Carpentier, “el mito sólo es reflejo de una realidad” construida.

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Hackers contra la universidad zombie

En Asuntos sociales/Educación por

Tiempo de lectura: 3 minutosEstos días me viene a la cabeza con cierta frecuencia los años en que fui un estudiante universitario, sin más preocupación que aprender de lo que me gusta y conocer chicas guapas. Quizá sea por pura nostalgia, por echar de menos las cañas después de un lunes de clase, las conversaciones profundas hasta altas horas de la madrugada o el despertar de la curiosidad intelectual. Aunque tal vez sea simplemente por el tsunami informativo que ha provocado el TFM fake de Cristina Cifuentes.

La universidad española ha vivido unos últimos años de desprestigio y el número de facultades patrias que se cuelan en los rankings de las mejores es escasísimo. Por si fuera poco, la imagen de la universidad se ha visto salpicada por los tintes del chanchullo, la corrupción y la falta de excelencia con los casos de ‘masters regalados’ que comienzan a aflorar. Sigue leyendo

Razón de la Universidad: In Itinere Veritas

En Educación/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 11 minutosVivimos tiempos de profunda zozobra, esto ya nadie lo duda. La evidencia del desastre económico que padecemos es una muestra, pero no la única; la inestabilidad política al igual que la crisis artística, o la deshumanización del arte –que diría Ortega y Gasset–, la crisis educativa, el preocupante desequilibrio ecológico, “la insuficiencia de las doctrinas modernas –afirmaría Charles Péguy–, el vacío demasiado evidente, demasiado aparente, del intelectualismo moderno”, o la tristeza y el desencanto del hombre occidental –que tan genialmente refleja el poeta y novelista francés Michel Houellebecq en sus obras (Las partículas elementales, El mapa y el territorio y La posibilidad de una isla)–, son otras secuelas. Sigue leyendo

JMJ: Anunciar, celebrar, compartir la fe

En #RumboJMJ16 por

Tiempo de lectura: 2 minutos

Por José Gabriel Vera

Cuando a mediados de los años 80 del siglo pasado, el papa Juan Pablo II convocaba a la juventud del mundo entero para un encuentro en Roma pocos eran capaces de adivinar lo que iba a surgir de esa llamada. Desde entonces se han celebrado 35 Jornadas, la última de ellas acabó el pasado domingo en Cracovia. ¿Qué pretendió el papa Juan Pablo II y qué han pretendido sus sucesores convocando a la juventud mundial?

En primer lugar, sin duda, prolongar la misión de la Iglesia. Llamar a los jóvenes para anunciarles el Evangelio, celebrar con ellos el amor de Dios, hecho perdón y eucaristía y enviarles a la misión. La Jornada Mundial de la Juventud es una gran catequesis, un anuncio del misterio central de nuestra fe que es Cristo. Lo decía así Francisco, en la ceremonia de acogida en Cracovia: estamos aquí por la fe, estamos aquí por Jesucristo. Por tanto, ésta es la primera razón de ser de las Jornadas Mundiales de la Juventud: reunir a los jóvenes para enseñar, celebrar y enviar a la misión.

Pero además, con estos encuentros se satisface la necesidad de compartir la fe, de compartir la humanidad reconciliada en el amor. Son muchos los jóvenes que encuentran en estos días que no están solos, que miles, millones, de cristianos comparten con ellos la fe, las dificultades, las condiciones de vida, las ansias de la juventud. El ser humano crece en sociedad y necesita compartir con los que son semejantes sus ilusiones y esperanzas. No son pocos los que en estos días renuevan su fe al comprobar que, aunque pertenecen a una pequeña comunidad perdida, en un pueblo pequeño, son al mismo tiempo parte de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica. En estos días se sienten miembros del gran pueblo de Dios.

Gracias a estos acontecimientos, la Iglesia hace presente en el mundo cuál es su verdadera identidad: la Iglesia existe para anunciar, celebrar y compartir la salvación de Jesucristo. No está para imponer leyes, para hacer negocios, para anular la libertad, sino para mostrar al ser humano el camino de la plenitud. Este camino se hace visible en los miles de jóvenes que participan en cada una de ellas. Cada uno de ellos, desde su lugar, desde su momento de fe, se compromete en alcanzar la santidad y arrastrar a los que tiene cerca hacia ella. Nada más y nada menos. El testimonio de alegre compromiso cristiano despierta en el mundo preguntas sobre el modo de ser y el sentido final de nuestra propia existencia. Estamos llamados a ser felices, a ser santos. Los jóvenes lo intentan y enseñan cómo realizarlo. En nuestras manos queda ponerlo en práctica. Comenzando desde ahora para encontrarnos, dentro de tres años, en Panamá, como ha dicho el papa Francisco, con el sucesor de Pedro.

 

José Gabriel Vera es el Director del secretariado de Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal Española

Un sueño llamado Europa

En Pensamiento por

Tiempo de lectura: 2 minutos

Hubo un sueño llamado Europa. Variaciones sobre “Gladiator” en Sol Mayor

– Dime Máximo, ¿por qué estamos aquí?

– Por Europa, mi señor

– ¿Y qué es Europa, Máximo?

(Pausa) 

– Conozco a nuestros enemigos. Son brutales, crueles, oscuros. Europa es la luz” 

Todo el que haya visto ese clásico del cine que es Gladiator, recordará sin duda ese diálogo entre Máximo y Marco Aurelio en el que cruzaban, si no las mismas, por lo menos parecidas palabras.

Europa, Roma, era la luz, sí. Pero también era y sobre todo, como señalaba Marco Aurelio, un sueño. Un sueño amenazado a cada paso por multitud de enemigos, enemigos que iban mucho más allá de las hordas bárbaras del norte. Sigue leyendo

Interstellar, digna película de Nolan

En Cine/Democultura por

Tiempo de lectura: 2 minutos

Interstellar
Momento de la película estrenada en noviembre de 2014.

El primer consejo que tengo que darte -a ti, ávido lector que si estás leyendo esto es porque probablemente no hayas visto el film y esté entre tus planes-, es que vayas al baño justo antes de entrar en la sala, porque te esperan tres horas de película en las que no querrás ni despegar los ojos de la pantalla ni moverte de tu asiento.

Se trata de un trabajo exquisito por parte de Christopher Nolan. Una composición bien elaborada, mezclada, no agitada, que reúne los elementos más apasionantes de las películas del espacio con los misterios y peculiaridades psicológicas y del espacio-tiempo con los que el director británico disfruta jugando. Puedes apreciar esto en películas como Origen o Memento.

Pero Interstellar no es solo una película del espacio con problemas cronológicos y dimensionales. La cinta está respaldada por una sólida investigación en la que Nolan buscó que nada de lo mostrado violase las leyes de la física ni de nuestro conocimiento actual del universo; así como que todo estuviera basado en especulaciones reales de la ciencia o en ideas consideradas por científicos respetables. Por lo que quizás, si pagas tu entrada de cine, te encuentres con un director humildemente avanzado a su tiempo que le da una vuelta de tuerca a los libros e hipótesis científicas sobre nuestra querida Vía Láctea.

No soy astrofísica, por lo que los errores que posiblemente tenga la película relativos a este aspecto, no me han molestado demasiado. Lo único que me incomodó fueron unos efectos especiales tan abundantes y luminosos –aunque bien realizados- que me costó conciliar el sueño al llegar a casa. Algo parecido a lo que sucede cuando estás hasta altas horas con el teléfono móvil, la tableta o el ordenador.

Si puedo afirmar que se trata de un trabajo exquisito no es por otra cosa que por el hecho de que Nolan logra su objetivo con esta película. Algo que pocos cineastas ni buscan ni consiguen: remover la conciencia del espectador.

Bien porque en la visión futurista que nos ofrece el británico, la Tierra está sumida en pobreza a causa de una plaga que ha arrasado todos los cultivos, quizás porque las generaciones venideras son granjeros sin formación porque la educación universitaria ya no interesa a los gobiernos. A lo mejor por la potencia del amor reflejado en una relación padre-hija o tal vez por el significado y la importancia de la redención humana. Todo ello aliñado con el dolor de la desconfianza y el escepticismo que hace poner en duda cuestiones como que las misiones lunares fueron auténticas o si se trató de una pantomima para engañar a los soviéticos.

Interstellar
Cooper y Murph

Interstellar es un espectáculo asombroso para el público, un festín para los astrofísicos, un banquete para los cinéfilos, una fiesta para los intelectuales y un regalo para los seguidores de Christopher Nolan. Se trata de una película a la que nunca se la puede dejar de sacar jugo. Redonda, pensada, trabajada –más allá del dinero empleado o de los equipos audiovisuales a los que se ha recurrido- con un argumento sólido y una buena investigación. Con metáforas constantes y diálogos brillantes.

Interstellar es de las pocas películas actuales que merece cada céntimo del carísimo precio de la entrada. Porque sí, Interstellar ha de verse en cines.

 

 

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