Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Repaso ideológico en el aula

En Cataluña/España/La angustia de vivir por
Tiempo de lectura: 2 minutos

Decía Cicerón que instruirse es el verdadero alimento del alma, instruirse siempre. Los niños van a clase estos días en medio de huelgas, padres gritando al televisor y cargas policiales. Repentinamente, el colegio se ha convertido en un santuario, un remanso de paz en el que encontrar conocimiento, amistad y tranquilidad entre tanto revuelo. El otro día escuché a un niño en el bus decirle a su madre: “Mamá, ¿por qué ahora siempre estás hablando de política?”. El chaval lo comentaba tranquilamente, como una mera observación mientras barajaba sus cromos de fútbol.

Los maestros son una de las figuras más relevantes de nuestra sociedad. Al fin y al cabo, se les deja a cargo de parte (sí, simplemente de parte) de la educación de los hijos. En ellos, los estudiantes han de encontrar a una persona capaz de inspirar, crear, fascinar, cultivar y demás infinitivos, cursis, pero muy reales. Los chavales no piden más, van allí a encontrar algo de conocimiento, reírse, comentar sobre el partido de liga del pasado fin de semana, quizás echarle una miradita a alguna chica y largarse. Sin embargo, los niños en Cataluña se encuentran con algo muy distinto (chicos, chicas, mayores y pequeños). Sigue leyendo

Lo que la risa del niño “dice”

En Educación/Pensamiento por
Tiempo de lectura: 2 minutos

Diógenes Laercio cuenta que Heráclito fue sorprendido un día por los efesios mientras jugaba con unos niños en el templo de Diana. Me pregunto si no iría allí el sabio a buscar el Logos en la risa de los niños. Una risa que es la prueba más irrefutable del milagro del ser. Sigue leyendo

Resolver la realidad de un plumazo

En Asuntos sociales/España por
Tiempo de lectura: 2 minutos

La realidad es compleja. Uno pone el ojo en cualquier cosa y a poco que se observe con el rigor y la diligencia que cada asunto merece, no es difícil sorprenderse por lo que cada cual encuentra en el camino, hallazgos de los que se desprende que casi nada con una cierta entidad puede resolverse de un plumazo sin una mínima consideración, un estudio, una meditación; en definitiva, un respeto –y un amor– hacia la cosa.

Esto viene probablemente por la mala costumbre que tenemos de tener pésimas referencias, como una clase político-mediática que no es que no haya sido sometida a los mínimos que se le exigen, por ejemplo, a los médicos, sino que carece del sentido común que sí tienen, por ejemplo, los pastores de mi pueblo, bien conocedores de su tierra y de sus necesidades. Sigue leyendo

Correr en pelotas por la piscina y vivir para contarlo

En Asuntos sociales por
Tiempo de lectura: 4 minutos

Me disponía a comerme un grasiento bocata de lomo y huevo frito, mientras soñaba con un nuevo capítulo de la Casa de la pradera, cuando sin quererlo ni buscarlo, mi trasero gordo presionó el control remoto de la televisión, oculto entre las rendijas del sofá –macabra suerte la mía – y en vez de encontrarme con mi amor platónico Laura Ingalls, me veo sumergido en la vorágine de un plató de informativos de Telemadrid, y una secuencia de entrevistas rápidas a transeúntes, capaces de borrar la sonrisa del mismísimo Gilbert K. Chesterton. El tema: día sin bañador en las piscinas públicas de Madrid.

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Tintín en el Atlas IV: Tierra y hambre (1)

En Diario compartido/Especial Tintín en el Atlas por

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MARTES 22 Y MIÉRCOLES 23 – ERFOUD

Llevamos cuatro días en Marruecos y no siento nada.

Sé que he vivido mucho desde que salí de casa. He cumplido, a un puñado de kilómetros de Tánger -casi a la primera de cambio- con el propósito originario de mi aventura y de este escrito. He tenido ocasión de asomarme a otra persona y encontrarme a mí mismo. Pero no siento nada.

He comido un Tajín, he regateado unos fósiles, he dormido en el desierto, casi atropello a una oveja y a una madre, me he planteado comprarme una alfombra bereber. He reído las gracias de españoles que no tienen gracia y he tomado el pelo un rato largo a unos cuántos marroquíes que en ese momento aborrecía con todo mi espíritu. He cantado, bailado y reído con mis compañeros de viaje. He registrado con mi cámara el pliegue del alma de este país, a medio camino entre la miseria absoluta y una suerte de Almería a lo basto, con desierto, plástico y autopistas de peaje. Sigue leyendo

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