Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Escuchar con los ojos a los muertos

En Dialogical Creativity/Literatura por
Tiempo de lectura: 2 minutos

«Algunos años antes de su prisión última me envió este excelente soneto desde La Torre», nos cuenta el editor de Francisco de Quevedo. «La Torre» es La Torre de Juan Abad, pueblecito entre Ciudad Real y Jaén, al pie de la sierra de Segura. Quevedo «reescribe los tópicos de la selección frente a la abundancia, del coloquio y la enseñanza de los que ya murieron, de la experiencia adquirida con la historia, de la vida como sueño», apunta Pablo Jauralde García (Francisco de Quevedo, Antología poética, Austral, Madrid, 2005, 110). En última instancia, es el tema del beatus ille, oda a la vida retirada, sencilla, campestre… e intelectual.

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La escritura

En Viñetas por
Tiempo de lectura: 1 minuto

Decía Camilo José Cela que “la más noble función de un escritor es dar testimonio, como acta notarial y como fiel cronista, del tiempo que le ha tocado vivir”. La del periodista -con mayor rigurosidad-, va por estar línea. ¿Qué está pasando, entonces? ¿Por qué se lee menos?

Una invitación a leer… mejor

En Democultura/Dialogical Creativity/Literatura por
Tiempo de lectura: 3 minutos

«Si vale la pena leerlo, vale la pena leerlo dos veces» (p. 11). Los libros de invitación a la lectura son, por sí mismos, una paradoja. Como cuando el profesor recuerda en clase las bondades de asistir a clase; es decir, que se lo recuerda precisamente a los que asisten, y no a los que necesitan ese consejo. Sin embargo, en tiempos de crisis de asistencia y de lectores, el que alguien nos recuerde a los que asistimos y leemos el sentido de hacerlo resulta gratificante. Además, el título del libro pone la venda antes de hacerse la herida. No se trata ya sólo de leer… sino de leer… mejor.

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Para qué estamos leyendo

En Literatura por
pacto con el lector

Tiempo de lectura: 4 minutos

Estaba claro el propósito de Aldous Huxley, George Orwell, Ray Bradbury y el resto de autores de este tipo al escribir sus historias. La distopía es uno de los géneros narrativos más claro y ambicioso: escriben para que el lector cambie su parecer en cuanto al mundo, al desarrollo, al poder. Escriben para buscar trascendencia, luchar contra la artificialidad, para aceptar la realidad humana como cualidad y no como castigo del que huir o evadirse. Imagino a estos autores haciendo mapas conceptuales, estudiando la historia y cómo evocar elementos que apelaran de lleno a quien los lea.

No una apelación leve sino una apelación que hiciese tomar conciencia del peligro que corre el hombre al cegarse en el desarrollo, en la ignorancia o en la sumisión. ¿El lector acaso es consciente de por qué aborda unas obras y no otras?, ¿para qué lo hace? O simplemente la lectura es un pasatiempo que pasa por encima de estas cuestiones. Sigue leyendo

Por qué deberías tener un librero (o varios)

En Democultura/Literatura por
Tiempo de lectura: 4 minutos

“Que otros se jacten de las páginas que han escrito;/ a mí me enorgullecen las que he leído”. Jorge Luis Borges comenzaba así su famosísimo poema “Un lector”, que es el penúltimo del poemario “Elogio de la sombra”. Este argentino prodigioso, que tanto amaba la lectura, se quedó ciego y, en una “magnífica ironía” que atribuyó a Dios, ocupó el cargo de director de la Biblioteca Nacional de Argentina de forma que le fueron dados, a la vez, “los libros y la noche”. Uno puede imaginarlo tocando los volúmenes y esperando una voz amiga que se los leyese.

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La vida es para el verano (I)

En La angustia de vivir por

Tiempo de lectura: 2 minutos

Acabo de terminar de leer un libro. Fue hace un par de noches. El libro me ha gustado. Ha sido más que un buen compañero, mucho más de lo que fue Alfredo para Elisa De Santis. No sé en qué campaña publicitaria he escuchado que los libros son para el verano. Mi eterna pose de intelectual me impide suscribir al cien por cien un eslogan, pero he de decir que hay algo de real en ello. La verdad es que los libros son para cualquier momento. Pero en verano se tienen más momentos. Ay, el verano. El mensaje hace una clara referencia al título de la obra de Fernando Fernán-Gómez: Las bicicletas son para el verano. Con eso también estoy de acuerdo, pero no se puede entrar en todo.
Volvamos a esa noche. Pasé la última página. La siguiente estaba en blanco. Y la siguiente.  Las pasé con decisión. No sé muy bien la razón pero soy un verdadero escéptico con el final de las obras de ficción (bueno, con cualquier cosa). Siempre doy una oportunidad más. Igual hay otro capítulo corto esperándome, en todos los sentidos. Creo firmemente que es uno de los traumas propios de una generación que ha crecido con escenas después de los créditos de las películas de animación.
He de decir que me tomo esta clase de momentos muy en serio. El mundo para de girar. Respiré profundamente y me quedé un rato mirando por la ventana. Puede que en tu pueblo de veraneo no, pero en Madrid esta clase de cosas le dan a uno un cierto aire de nostálgico. Terminar un libro que te ha gustado es comparable a los grandes momentos de una vida posmoderna tipo: el final de temporada de tu serie favorita, la primera copa que te tomas, un cigarrillo a escondidas, el beso de una chica en una noche de verano o la primera vez que ves el césped del Bernabéu. Conforma una suerte de síndrome de Stendhal para un millennial como yo, los patos de mi Central Park particular.
Únicamente las noches de julio y agosto brindan la oportunidad de apreciar estos incorruptibles suspiros del tiempo y permiten hacer una irracional (aunque no por ello menos veraz) radiografía de la coyuntura. Porque en verano siempre se está al borde del precipicio. Y eso lo cambia todo. Como decía Cuartango en El club de los corazones solitarios: “Esa conciencia de la fugacidad hace más precioso cada instante, porque en él se condensa toda la eternidad”.  Ay, el verano. La vida es para el verano. 

Cinco grandes libros para las navidades

En Democultura/Literatura por

Tiempo de lectura: 4 minutosSiempre he dicho que recomendar libros en general, es una gran injusticia. Creo que recomendar un libro es, en gran medida, una labor de sastre. Hay que tomar las medidas adecuadas de la persona a la que se lo vas a recomendar: conocer sus gustos en estilo, saber lo que ya ha leído, qué es lo que busca (entretenimiento, formación, enriquecimiento personal, dominio de una época o de un autor, acercarse a los clásicos, etc.).

A continuación presentaré cinco grandes obras sobre la Navidad. Las recomiendo por ser muy navideñas, no sólo en el tema, sino también en el tono, en el ambiente y en el significado simbólico. Véase como una percha de pantalones de diversas tallas en unos grandes almacenes: a falta de sastre, el mismo modelo de pantalón -el mismo corte- en tallas distintas.

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Tres grandes motivos para desempolvar los clásicos

En Democultura/Literatura por

Tiempo de lectura: 3 minutosCuando se dice: “es un clásico del cine”, lo que se insinúa es: “es una película que debes ver”. Cuando se dice: “todo un clásico de la literatura”, se está refiriendo a un libro que se encuentra en casi todas las librerías, puede descargarse gratis en el proyecto Gutenberg y ninguno de los presentes lo ha leído. Ni lo va a leer. A fin de cuentas, casi todos estos clásicos literarios cuentan con una adaptación cinematográfica que, de estar bien realizada, puede convertirse perfectamente en un clásico.

Parece que con el paso del tiempo la literatura clásica se vuelve más y más remota. Entre el hombre del siglo XXI y el caballero de la Mancha o Lanzarote o Aquiles, se abre una brecha cada vez más amplia y más oscura. O, peor aún, hablamos de Aquiles y viene a nuestra mente el rostro de Brad Pitt con el pelo por los hombros y los músculos al aire. Sigue leyendo

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