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Grecia

La familia de Odiseo

En Literatura por

Cuando nos sumergimos en la lectura de los clásicos, especialmente los grecolatinos, nos encontramos ante una bifurcación difícil. En un póster motivacional leí alguna vez que la diferencia entre lo ordinario y lo extraordinario está en ese “extra”. Yo creo que algo parecido ocurre en esta bifurcación: las obras se pueden leer sin más, o -con ese pequeño “extra”- pueden ser el núcleo de una rica reflexión. Tomemos la segunda vía y empecemos el viaje. Sigue leyendo

Si te gusta el flamenco, te encantará el rebétiko

En Democultura/Música por
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El lector debe prepararse para un viaje a tabernas atestadas de humo y antros sórdidos llenos de marineros y presidiarios. Unos y otros tienen su música. Aquéllos cantan los amores perdidos y la nostalgia de los puertos del Mediterráneo y el Mar Negro. Éstos lloran la prisión, la soledad y lo perdido. Unos y otros frecuentan los cafés llamados amán –una palabra árabe-persa que significa “pena”– y locales de mala fama. Allí se canta, se fuman pipas de agua y acuden personas de dudosa reputación por no decir francamente desacreditadas.

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La Grecia postelectoral: prioridades, pactos y seis escaños

En Mundo por

Desde finales del siglo XIX, con la progresiva democratización de los “Estados Modernos” han surgido diversas formas de ver, comprender y actuar en torno a la realidad presentada. Esta cosmovisión y manera de actuar es lo que conocemos como ideologías, ya que como su propio nombre indica –ideo: idea, forma y logía: razón – se trata del conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el comportamiento de una persona o colectivo.

Pues bien, parece que esta lógica ha llegado a su fin. Y el ejemplo no puede ser más reciente. Este domingo Syriza ganó las elecciones griegas con un 35,5% de votos, lo que equivale a 95 escaños del Parlamento griego. Al ser la fuerza más votada, la ley electoral griega estipula que se le concedan otros 50 escaños, lo que hace un total de 145. Como el Parlamento está compuesto por 300 asientos, Syriza sólo necesitaría seis puestos más para obtener mayoría en el hemiciclo. Hasta aquí todo muy sencillo y lógico. Sigue leyendo

Grecia busca héroe

En Mundo por

Por tercera vez en lo que va de año, los griegos acudirán a las urnas. Dos elecciones al parlamento y un referéndum son el claro síntoma de la inestabilidad que sacude un pueblo donde parece que ya nadie entiende de oráculos.

Está claro que no son buenos tiempos para el país heleno. Desbordado por una deuda que supone el 175% del PIB, que a su vez ha descendido un 25% desde 2009, con sus consecuente y escalofriante tasa de paro (25%) –es probable que si usted es español no se haya sorprendido lo más mínimo– con más del 34% de la población bajo el umbral de la pobreza, –según la oficina de estadística griega Elstat–, y además ahora se le suma la oleada de refugiados que cada día desembarca en las islas griegas huyendo de guerras vecinas. Las administraciones públicas deben doblegar sus esfuerzos por paliar las necesidades internas al mismo tiempo que procuran asilo y salida a los recién llegados.

Al lado de este huracán, que sacude sin descanso la Hélade y las islas colindantes con cifras, monedas, estrellas y refugiados, cualquiera de las criaturas mitológicas más aterradoras parecería un dulce regalo para que cualquier osado se convirtiera en héroe. Sin embargo, como en todos los retos que ha planteado la propia mitología, cuanto mayor el reto, mayor el héroe. Sigue leyendo

Grecia: bajo el techo de Europa

En Economía/Mundo por

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Podría pasarle a cualquier familia: En ocasiones el mayor de los retoños del hogar se desvía, y su corrupción acaba haciéndose tan grande que, para evitar el desequilibrio y la extensión de la podredumbre a los demás hijos, sus padres terminan por echarle de casa, por el bien de todos.

Hay dos prismas desde los que no se debe mirar la cuestión griega: la primera, como si la pertenencia al euro y la legitimidad del proyecto europeo dependiera obligatoriamente de un proceso “irreversible”, sin estar sujeto a condiciones.

Salta la vista que, de ser así, la propia UE perdería toda capacidad de progreso y de corresponsabilidad entre los Estados que forman parte de ella. No sería justo.

La segunda, como si la decisión de mantener o echar al hijo de casa fuera únicamente una cuestión de análisis del equilibrio coste-beneficio,  no solamente desde el punto de vista económico (que ya se da prácticamente por perdido) sino también geoestratégico y político.

La corrupción griega es algo difícil de obviar. No, no ha sido cosa de unos pocos. Es un Estado que ha alcanzado el estatus de “políticamente fallido“. Ya no solamente por falsear sus cuentas macroeconómicas para acceder a la eurozona, sino por sus niveles de evasión fiscal (estimada en un 30% del PIB)  y por la desquiciante dinámica de amiguismos y el jolgorio que han llevado a las situaciones más absurdas en un país en el que ni el gobierno sabe cuántos funcionarios hay (se estima que podrían ser hasta el 20% de la fuerza laboral del país). Por dar solamente algunos datos…

A los datos se oponen dos argumentos: (1) la culpa no es de todos los griegos (probablemente no, aunque es difícil estimarlo) ni del nuevo Gobierno, sino de los anteriores; y (2) serán los “inocentes” quienes más sufran tanto un eventual “enderezamiento” como una eventual salida del euro.

Ahora bien, más allá de estas dos opciones (salir o quedarse), no existe, como pretenden algunos, la de un nuevo rescate sin la garantía de reforma. La podredumbre ha de quedar fuera de casa, con Grecia o sin ella, y la demanda de “ponerse al día” en los usos del hogar que exige Europa no es, ni mucho menos, una demanda antidemocrática, sino todo lo contrario.

No es planteable que los “acreedores” (esa palabra que suena tan mal y que, sin embargo, significa todos nosotros) tengan que asumir obligatoriamente continuar pagando el desorden griego, solamente porque estos han elegido “democráticamente” que ya decidirán ellos cómo y cuándo se ponen a ordenar.

Es inocente pensar que en realidad lo que falta es “voluntad política” por parte de Europa, y que bastaba con inyectar una y otra vez miles de millones de euros de los impuestos de los trabajadores del resto de la UE hasta que, por arte de magia, Grecia deje de estar podrida.

Lo cierto es que las familias griegas dependen a día de hoy para su sustento de un sistema perverso, en tanto que profundamente corrupto y profundamente deficitario, y que ha terminado por hundirse. Más que rescatar el sistema, que sin el dinero de otros países volverá a estar en poco tiempo muerto y enterrado, lo que hay que hacer es arrancar las zarzas y dejar –como mucho– la cizaña junto con el trigo.

Parece que la única solución posible pasa por inyectar un “chute” de dinero en la economía Griega, aún sabiendo que las probabilidades de recuperarlo en los plazos establecidos son escasas, con el objetivo de otorgar a Grecia un margen de maniobra suficiente como para ponerse al día. Lo que no es planteable es meter ese dinero en un país que, especialmente tras la llegada de Tsipras al poder, se niega a reconocer la perversidad que ha llevado al país a la ruina.

Grecia ha solicitado ya un tercer rescate por valor de 50.000 millones de euros, posibilidad que la UE no ha negado en ningún momento pese a que a nadie se le escapa que, sin esa cantidad, la deuda es y será inasumible por mucho tiempo. ¿En qué se diferencia eso, a efectos prácticos, de una quita de la deuda? En que no supone eludir la responsabilidad de responder ante el resto de los europeos y cumplir el compromiso de hacer las cosas bien.

Está claro que habrá que ver qué condiciones está dispuesto a aceptar Grecia y, sobre todo, si tiene credibilidad después de tanto engaño. Solidaridad no es ser tonto, solidaridad es ayudar a quien quiere ser ayudado, en lugar de persistir en el error. Y, si no: puerta. Dios no lo quiera.

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