Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Protagonistas de la Historia

En Diario compartido por

Estudio en París desde hace casi tres años. No es mi patria, pero con sus calles, sus músicos, sus cafés, -incluso su gente-, forma parte de mi casa y de quien soy ahora. Algunos dicen que “afortunadamente” el fin de semana pasado, no estaba en las calles de París, como hubiera sido perfectamente posible. Gracias a Dios, todos mis amigos están bien, aunque esto no elude parte del problema. Los atentados de Charlie Hebdo en enero los viví de cerca. Las calles de la ciudad vacías, silenciosas, y numerosas esquinas repletas de militares armados. Nos asustaba salir de casa y el frío se convertía en una excusa para tapar al miedo. Sigue leyendo

¿La distopía es la nueva épica?

En Democultura/Literatura por

En una encuesta reciente de cierto blog dedicado a la lectura, se preguntaba a los participantes cuál sería su género preferido para una lectura veraniega. Las opciones eran: una novela policiaca, un romance y una distopía. De buenas a primeras me llamó la atención que en un blog dedicado a la lectura se presentara la palabra “distopía”, no sólo como existente sino además como un género literario comparable, al menos, a la novela policiaca y al romance.

Pero mucho más importante que la posible incongruencia de la encuesta (a la que no hay que dar mayor importancia), resulta la presunción del problema subyacente. La literatura de los últimos años, tras el éxito explosivo del Señor de los Anillos y de la saga de Harry Potter, ha renqueado de un intento a otro por lograr un estilo divulgativo de novela que saciara la sed épica de los lectores de J.R.R. Tolkien, J. K. Rowling, C.S. Lewis o R. Jordan. Primero autores como R.R. Martin, J. Dashner y S. Collins, y, tras su estela, V. Roth, K. Class o L. Lowry (con lectores de todo tipo y edad, seamos sinceros) hicieron una propuesta que pareció dar en el clavo: La nueva épica es la distopía. Sigue leyendo

Banderolas, himnos y lemas: Todos somos Francia

En Asuntos sociales por

“Todos somos Francia”, “Todos somos París”, “#NotInMyName”, “#PrayForTheWorld” y ponte una bandera francesa en la foto de perfil de Facebook, lanza una proclama contra el terrorismo en Twitter, firma una campaña en Change.org y, a continuación, grábate cantando ‘La Marsellesa’.

Quienes pecamos de cínicos no podemos evitar la tentación de echar al carro de las habituales manifestaciones de cursilería generalizada la cantidad de banderolas de Francia que pueblan hoy los perfiles de Facebook. Es casi como si fuera parte de una obligación social, una muestra de buen gusto, demostrar lo muy unido que uno está a las víctimas de la masacre desde el sillón de casa.

Y, sin embargo, algo me dice que si el artículo terminara aquí estaría siendo injusto, me estaría equivocando. Bueno, hay algo cierto: las recogidas de firmas para pedirle al líder del DAESH que dejara de matar niños cristianos nunca le llegaron… Sigue leyendo

Historia de un bostezo

En Pensamiento por

Levanté los ojos del periódico al escuchar a dos en la mesa de al lado vociferar salivazos de mal gusto. Gesticulaban con violencia no sé qué de Cataluña, remarcando, con saña patria, la “ñ” de mi vida y de la suya, y arrojando con desdén un manto rojidualdo sobre tierras aragonesas. ¡Qué feas las caras, qué horrendas expresiones! Después, exigieron la cuenta en castellano y la trajeron tal cual fue pedida, sin “ejques” ni acentos malsonantes (así supe que la cafetería no se había proclamado madrileña), y se marcharon, a paso altivo y seguro.

Volví a la lectura de sandeces de un parlamento, molesto por la interrupción, y de nuevo abandoné el artículo por las imprecaciones de los del otro lado, en catalán. A saber; por las imágenes que dibujaban sus mejillas mientras señalaban en dirección a los anteriores, adiviné algún insulto y nada más. Cuando hubieron vomitado toda ira, rogaron de buenas maneras la cuenta del camarero, en castellano, que en castellano se la trajo (así supe que Madrid no estaba en Cataluña), dejaron algo de propina y se marcharon también. Sigue leyendo

Mitinea , que algo queda

En España por

El verbo intransitivo mitinear no está recogido por el diccionario de la Real Academia Española, pero sí aparece en el Diccionario de español en línea, que lo describe como “dar mítines o participar en ellos”.

Pues bien, ahora que falta poco para que comience lo que oficialmente se denomina campaña electoral (lo anterior, lo que estamos viviendo día a día desde hace tiempo, se llama precampaña) conviene reflexionar un instante: dentro de unos días vamos a vivir rodeados, sobre todo por parte de la televisión, de mítines por todos los costados. Nos van a mitinear de lo lindo.

Y el mundo de la comunicación y del periodismo va a verse envuelto especialmente de las campañas electorales que desarrollarán los partidos políticos de cara a las importantes elecciones generales (para el Congreso y para el Senado) del 20 de diciembre. Son muchos los observadores que critican que las campañas electorales se han convertido en pura propaganda. Sigue leyendo

Albert Rivera y el viejo elefante muerto

En España por

Dijo un viejo compañero de facultad que de la España oficial, de sus instituciones y partidos, no queda más que”el inmenso esqueleto de un organismo evaporado, desvanecido, que queda en pie por el equilibrio material de su mole, como dicen que después de muertos continúan en pie los elefantes“.

Ese viejo compañero, feroz crítico del bipartidismo, decía estas y otras palabras de los herederos de quienes trajeron la monarquía y la democracia (una democracia débil, pero democracia a su modo) a España, en la Restauración Española de 1875.

Ciento un años después de que Ortega y Gasset pronunciara su discurso ‘Vieja y Nueva Política’ nos enfrentamos en 2015 a unos comicios que vienen marcados por el mismo espíritu de entonces: los odres caducos contra los odres nuevos, en una pugna feroz por embriagarse con nuestros votos. Sigue leyendo

¡Que baje Dios y lo vea!

En Democultura/Teatro por

Sería pretencioso por mi parte escribir estas líneas en pleno subidón, después del último salto con palma, del último estribillo entonando el pegadizo “step by step, bit by bit…” de Whitney Houston. Sería poco objetiva si, tras la exaltación experimentada en el patio de butacas del teatro Lara, quiero contar algo de lo que he visto; pero “La Llamada” es así. Te invita al aplauso enérgico y descompasado, a cantar desentonando ese himno del amor que es la banda sonora de “El Guardaespaldas”, te levanta de la silla, te arranca una carcajada y a la vez un hipo de decoro. Y al final, te pregunta.

Con guion y producción de los “Javieres”, Javier Ambrossi y Javier Calvo, “La llamada” abarrota cada fin de semana la corredera baja de San Pablo, en Malasaña, con su cola para entrar al campamento La Brújula. Se estrenó en mayo de 2013 en el hall del Teatro Lara: no les dieron nada más por sus atrevidos chascarrillos, ocurrencias desternillantes. Lo petaban y en su segunda temporada pasaron al escenario principal, donde vuelven cada fin de semana. Si esto no es un exitazo, ¡que baje Dios y lo vea! Sigue leyendo

‘Yo, él y Raquel’

En Cine/Democultura por

Ardilla voladora con gorro naranja traba amistad con mamut subhumano y cautiva a sundance

 

Me estoy haciendo amigo de ir al cine solo. Y el miércoles fui a ver ‘Yo, él y Raquel’.

Hablemos primero de los miércoles. Suelen ser un día duro, de esos con olor de pies y todo. Vienes cansado, con una pelota de los últimos torneos de Nadal en la cabeza y deseas que te cuenten una historia que te saque de ti cuando la buena nueva está demasiado lejos, al tenue calor de una bombilla roja.

A diferencia del bueno de Ignatius Reilly  en ‘La conjura de los necios’, huyo de la chiquería para no tener que lanzarles improperios frente a la pantalla y por eso trato de buscar las últimas sesiones del día del espectador. No soporto la luciérnaga permanentemente entre las manos que a duras penas se tranquiliza a lo largo de la película. Apuran hasta el final para sacar un último selfie, a oscuras, con el restaurante Casa Jorge de fondo… Sigue leyendo

Y Luis Tosar lo vuelve a hacer (‘El Desconocido’)

En Cine/Democultura por

Explosiva, sugerente, con  destacadas actuaciones y un pequeño tick pretencioso. Así dibujamos la ópera prima de Dani de la Torre con “El Desconocido”.

Un film ambientado en la siempre nublada y hermosa A Coruña donde Carlos, director de una sucursal bancaria y esposo en horas bajas, recibe varias llamadas de un “psicópata” que dice lo siguiente: “No te levantes del asiento. Tus hijos tampoco. Ingrésame 467.000 euros en la siguiente cuenta. Si no lo haces, hago volar el coche por los aires”. Sigue leyendo

Amama: silencio y clamor del pasado

En Cine/Democultura por

Una lección. Esa es la sensación que queda al terminar de ver la película “Amama”, del director vasco Asier Altuna. Nada más lejos de su intención, quizás, pero el tema, la localización y hasta la fecha de estreno se han conjugado para eso. Una cinta que habla del desarraigo, de la ruptura de las raíces y la transmisión de la cultura, del conflicto entre generaciones y la deslealtad a la tradición, en el entorno rural de un caserío.

Pero la lección nos la deja uno de sus personajes secundarios, hoy convertido en protagonista por la circunstancia que le rodea. Su nombre es Amparo, la primera moraleja. A sus 84 años ha interpretado su primer papel, y en la gran pantalla. Ha cumplido su sueño: siempre quiso ser actriz. ¿Cómo llego a sus manos este papel? —“¿No lo sabes ya?” —pregunta sorprendida, por teléfono — “Ya lo sabe todo el mundo…” Sigue leyendo

El Padre Jorge: buen material para catequistas

En Cine/Democultura por

Con menos revuelo del esperado para el público cinéfilo, llegó hace unas semanas a España la película “Francisco, el padre Jorge”.

Una co-producción hispano argentina (si me permiten la maldad incluiría algún vaticanista de más en la elaboración del guion) protagonizada por Darío Grandinetti  (Relatos Salvajes) y  Silvia Abascal (El Lobo).

Durante la película recorremos dos historias que se van entrelazando. La del Padre Jorge Bergoglio, actual Papa Francisco. De sus primeros escarceos amorosos, sus partidas de billar en el boliche, su vocación y su trayectoria iluminada a raíz del estudio y vivencia de San Francisco, San Ignacio de Loyola, y las alegrías y penurias de las villas de Buenos Aires. Por otro lado, una joven periodista agnóstica que en un momento complicado de su vida es mandada a Roma para cubrir el cónclave de 2005. Desde entonces, hasta su elección, ambos personajes van componiendo su vida conforme a la realidad de los hechos. Él, que no puede eludir la responsabilidad de ser el escogido por el “Espíritu Santo”, y la periodista cuyas entrañas le llaman a trascender. Sigue leyendo

La voz de quienes no tienen voz

En Periodismo por

Pero, disquisiciones aparte, quienes nos hemos movido, y aún nos movemos, en este mundo del periodismo debemos enorgullecernos de que el prestigioso premio haya sido concedido a una colega. La obra de Alexiévich se caracteriza por su estilo sobrio e indignado, como ha escrito un articulista, con el que ha denunciado y denuncia horrores y sufrimientos, con el que ha dado y da voz a quienes no la tienen: víctimas de grupos minoritarios, soldados que combaten en luchas que no comprenden, víctimas de los vaivenes de la historia.

Según la Academia sueca, el premio se concede a un autor que haya producido “en el campo literario la obra más destacada en pos de un ideal”. Algunos articulistas opinan que hay que tomarse estas palabras al pie de la letra, y por eso el premio le fue concedido a Churchill, por ejemplo, y no a Proust. Otros creen, sin embargo, que se debe juzgar la calidad literaria del escritor premiado. En el caso de Svetlana Alexiévich, el premio es justo en ambos casos, aunque sin duda prima la primera teoría, la de que su obra persigue un ideal, que ha sido y es la de dar voz a quienes no la tienen en los conflictos. Sigue leyendo

El Sínodo más polémico

En Asuntos sociales/Religión por

El Vaticano es tenido por mucha gente, dentro y fuera de la Iglesia, como círculo de estafadores, palestra de especuladores y pomposo escaparate, a la vez que fraudulento, de inacabables listas de pecados inimaginables; Sede Apostólica de intrigas de poder y ocultas diatribas más políticas que religiosas. O como refugio de mezquinos, relajados e indeseables de tez carmesí y cuernos de carnero, ardientes y fieros tridentes y lengua bífida. Al caso: hoy me trae sin cuidado la mucha gente y sus prejuicios, que no dejarán de serlo aun cuando estuvieren en muchos casos justificados.

No escribo para plegar mi razón sobre círculo alguno de preocupados o de iracundos, de izquierda o de derecha, ultraconservadores o ultraliberales; no es mi intención hacer apología de ideas ni sectarismos, alineándome sobre pensamiento alguno, sino llamar la atención sobre una realidad eclesial novedosa que amenaza para algunos y profetiza para otros. Realidad deprimente y alentadora simultáneamente para un único Cuerpo de Cristo que peregrina a la misma meta, dividido en una grave tensión dialéctica, en anárquico cáncer de cerebro, sobre una cuestión nuclear para la vida de los fieles y la integridad y coherencia de la Tradición recibida de Cristo: el matrimonio. Sigue leyendo

Artur Mas, estrategia política

En Cataluña/Elecciones 27S por

Las elecciones del 27S han dado, dan y darán mucho que hablar. Al menos hasta las próximas, que tal y como ha reconocido Durán i Lleida se prevén más pronto que tarde.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención siempre, y que bien reflejan estas elecciones, es la capacidad de los políticos para perpetuarse en el poder, siempre y cuando son elegidos. Creo, sin la menor duda, que es digno de elogio.

Pues bien, el señor Artur Mas, después de algo más de 12 meses de escándalos de corrupción que salpicaron a su partido – y a su persona -, de una ruptura de la formación con la que ganó las elecciones (CIU), de un Referéndum con una participación menor de lo esperado y del desgaste que tiene cualquier trono político, la formación de Artur se llevó 62 de los 135 escaños del Parlamento Catalán. Sigue leyendo

La Grecia postelectoral: prioridades, pactos y seis escaños

En Mundo por

Desde finales del siglo XIX, con la progresiva democratización de los “Estados Modernos” han surgido diversas formas de ver, comprender y actuar en torno a la realidad presentada. Esta cosmovisión y manera de actuar es lo que conocemos como ideologías, ya que como su propio nombre indica –ideo: idea, forma y logía: razón – se trata del conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el comportamiento de una persona o colectivo.

Pues bien, parece que esta lógica ha llegado a su fin. Y el ejemplo no puede ser más reciente. Este domingo Syriza ganó las elecciones griegas con un 35,5% de votos, lo que equivale a 95 escaños del Parlamento griego. Al ser la fuerza más votada, la ley electoral griega estipula que se le concedan otros 50 escaños, lo que hace un total de 145. Como el Parlamento está compuesto por 300 asientos, Syriza sólo necesitaría seis puestos más para obtener mayoría en el hemiciclo. Hasta aquí todo muy sencillo y lógico. Sigue leyendo

Cataluña: nacionalidad, independencia y Ley

En Cataluña/Elecciones 27S/España por

Parece que el presidente Rajoy no tiene nada claro qué pasaría con la nacionalidad de los catalanes si finalmente ocurriera una hipotética independencia, como ha quedado patente en su entrevista con el periodista Carlos Alsina en Onda Cero.

[pueden escucharla íntegra en Onda Cero ]

Pues bien, nosotros vamos a explicar qué pasaría con la nacionalidad de los catalanes en el muy improbable caso de que Cataluña consiguiera declararse y mantenerse independiente –muy improbable pues, recordemos, es inconstitucional y antidemocrático y solo podría llegar a ocurrir si una amplia mayoría los españoles respaldase una reforma agravada de la constitución (con su artículo 168) que lo permitiera (a día de hoy inconcebible) o si por cobardía se diera la combinación de que el gobierno se negase a aplicar el artículo 155 de la Constitución, nuestras fuerzas armadas se negasen a aplicar el 8.1 y el conjunto de los españoles se negasen a cumplir el deber recogido en el artículo 30.1, dejando por los suelos nuestro Estado de Derecho, y en papel mojado nuestra Constitución–.

Pero pongámonos en la ficticia situación de que esto llegara a ocurrir. ¿Perderían los catalanes la nacionalidad española o la ciudadanía europea en caso de independencia como planteaba Rajoy? La respuesta es un rotundo NO. Sigue leyendo

¿Por qué no estamos en Siria?

En Mundo por

Hace ya semanas que, bajo la indignación y la tristeza por las imágenes y noticias de refugiados que llegan a las fronteras de la UE, subyace una pregunta: ¿Por qué nadie interviene Siria?

Parece claro que la acogida de refugiados es un mal necesario, pero sigue siendo un mal. Lo justo, lo lógico, lo conveniente, sería que nadie tuviera que abandonar su hogar y dejarlo atrás todo, y que, por otra parte, el resto de países no tuvieran que cargar sobre sus hombros con las desgracias de quienes han huido a la desesperada de sus casas.

Este razonamiento, que no deja de ser cierto, ha incrementado el apoyo social a la posibilidad de que España y el resto de países occidentales accedan a participar en una guerra dirigida a estabilizar la región, terminar con el terrorismo de Daesh y deponer a Al-Assad para instaurar un gobierno democrático.

Al fin y al cabo, para quienes defienden la posibilidad de intervenir en Siria, parece que, puestos a gastar cientos de millones en acoger e integrar a quienes acuden a nuestro país en busca de auxilio, cuesta poco más solucionar el problema de una vez por todas. Sigue leyendo

Grecia busca héroe

En Mundo por

Por tercera vez en lo que va de año, los griegos acudirán a las urnas. Dos elecciones al parlamento y un referéndum son el claro síntoma de la inestabilidad que sacude un pueblo donde parece que ya nadie entiende de oráculos.

Está claro que no son buenos tiempos para el país heleno. Desbordado por una deuda que supone el 175% del PIB, que a su vez ha descendido un 25% desde 2009, con sus consecuente y escalofriante tasa de paro (25%) –es probable que si usted es español no se haya sorprendido lo más mínimo– con más del 34% de la población bajo el umbral de la pobreza, –según la oficina de estadística griega Elstat–, y además ahora se le suma la oleada de refugiados que cada día desembarca en las islas griegas huyendo de guerras vecinas. Las administraciones públicas deben doblegar sus esfuerzos por paliar las necesidades internas al mismo tiempo que procuran asilo y salida a los recién llegados.

Al lado de este huracán, que sacude sin descanso la Hélade y las islas colindantes con cifras, monedas, estrellas y refugiados, cualquiera de las criaturas mitológicas más aterradoras parecería un dulce regalo para que cualquier osado se convirtiera en héroe. Sin embargo, como en todos los retos que ha planteado la propia mitología, cuanto mayor el reto, mayor el héroe. Sigue leyendo

Refugiados: ¿Hasta dónde debemos ayudar?

En Asuntos sociales/Pobreza e inmigración por

Este no es otro artículo rasgándose las vestiduras sobre el hecho de que, tras cuatro años de guerra en Siria y 1.600 ahogados en el Mediterráneo solo en 2015, nos hayamos dado cuenta ahora –ahora que la foto de un niño ahogado ha abierto las portadas de todos los medios– de que algo hay que decir ante esto.

No se escandalicen, el hombre siempre ha sido así. Yo no he ido a Jordania a ayudar a los refugiados y usted tampoco lo ha hecho. Las cadenas de mensajes de Whatsapp y los vídeos e imágenes que ha compartido en su Facebook de poco le han servido a nadie, así que dejemos el tema por ahora.

Precisamente ayer me tocó cubrir la reunión entre los consejeros de las comunidades autónomas y la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, para “coordinar esfuerzos” y preparar lo que, a todas luces, va a ser una llegada masiva de refugiados sirios a España.

Es significativo el hecho de que si en julio se hablaba de acoger a 3.000 personas procedentes del holocausto sirio, hasta esta semana las cifras que se manejaban rondaban las 15.000. A día de hoy el ministerio ha dejado de emplear esa cifra, con toda probabilidad debido a que serán muchos más quienes acudan a nuestro país en busca de auxilio.

Ahora bien, volviendo a lo que nos interesa ¿por qué nos impresiona tanto el dolor ajeno? ¿Por qué la intuición general da por sentado el hecho de que nosotros (los países “ricos”) tenemos algo que decir ante la avalancha de gente buscando ayuda?

No me malinterpreten. Soy de la misma opinión. Pero son preguntas que es necesario hacerse, por lo menos con la misma urgencia que la siguiente: ¿Hasta dónde debemos ayudar?

Si traigo estas odiosas preguntas hoy aquí es precisamente por el deseo de ir un poco más allá de la indignación generalizada, de la pataleta del flipadillo que clama contra “Occidente” y el “comercio de armas” y de los aires de los representantes públicos que ayer callaban como muertos y hoy acaparan minutos de televisión sosteniendo que “todo es poco para nuestros queridos refugiados sirios” y haciendo ascos a cualquiera que no demuestre estar, por lo menos, tan “comprometido” como ellos.

Lo cierto es que la broma nos va a costar un pastón: en las próximas semanas y meses vamos a procurar alojamiento a miles de familias, escolarizar a miles de niños, procurar manutención y atención sanitaria, tramitar conforme a la legalidad los visados de refugiados, pagar transportes, invertir en clases de español para los recién llegados y poner en marcha programas de orientación laboral para que quienes puedan trabajar tengan alguna posibilidad de ganarse la vida en nuestro país.

No hace falta que me extienda en el hecho de que esta inversión va a salir de algún lado y que, tras años de carestía, la ayuda a los refugiados no saldrá de lo que “sobra” en las cuentas del Estado, esas que nutrimos entre todos.

¿Hasta qué punto estamos moralmente obligados a ello? Solamente hasta donde podamos, desde luego, y donde podamos es un límite que de forma responsable han de determinar nuestros representantes con el apoyo de la ciudadanía. Es necesario hacer una tarea conjunta, un examen de conciencia, para medir nuestro corazón frente a la tragedia y dar una respuesta que vayamos a ser capaces de mantener.

Con todo ello, lo único que pretendo decir es que si, como indica el CIS, hay un 77,8% de la población que aprueba que España se comprometa con quienes hoy sufren las atrocidades que –por fin– nos han conmovido, es necesario que el compromiso sea de todos, y que asumamos que la causa vale la pena, incluso si hemos de renunciar a algo nosotros.

En palabras de la nueva lideresa de Barcelona, es necesario que aceptemos y enfrentemos que la acogida se hará por encima de nuestro propio “miedo a vivir un poco peor”. Y sucederá.

Pero el miedo es sólo eso: miedo. Nuestro miedo a vivir un poco peor contra su miedo a no sobrevivir. Nuestro miedo a tener que compartir una pequeña parte del bienestar contra su miedo al hambre y a la muerte, tan profundo que les ha dado el valor de arriesgarlo todo, para venir sin otro equipaje que el propio miedo.

Miedo contra miedo. Y el suyo es más fuerte.Ada Colau, 28 de agosto.

 

¿Y qué pasará con aquellos a quienes no podamos atender? Solo Dios lo sabe. Ante las dimensiones de la tragedia, la tentación de creer que nosotros podemos con todo (y que solo es cuestión de “voluntad política”) es muy fuerte, pero no es justa. Si bien la ayuda no puede limitarse a compartir “lo que cae de la mesa” de los países ricos, tampoco sería razonable endeudarse para asumir más de lo que nuestra capacidad real permite.

Anteayer un amigo me dijo que se había ofrecido voluntario para acoger a una familia siria en su piso. Fue una provocación inmensa.

 

La pobreza intelectual de ser “anti”…

En Cultura política/Pensamiento por

Decía en la postguerra Castelao, ese intelectual gallego tan incomprendido, que hay muchos antifascistas fascistas. Ellos no lo saben. Son como esos hombres a quienes les apesta el aliento y nadie se atreve a decírselo. Viene esto a cuento de todos los «anti», sean ellos fascistas, comunistas, sionistas, nazis o de cualquier otra ideología, porque la característica de ser un fanático contrario de algo es que de alguna forma te ciega, aunque no es lo único malo que tiene.

 

Ser anti casi es ser nada…

 

Con frecuencia, en una sociedad que todavía valora la libertad de la democracia, se intenta vender ese antifascismo, anticomunismo o antisionismo, por poner tres ejemplos frecuentes, como garantía de ser demócrata y defensor de las libertades, como si no hubiera más que dos opciones posibles.

Esta es una de las memeces más generalizadas de las ideologías políticas, pero cualquiera puede, con no demasiado esfuerzo intelectual, darse cuenta del error que encierra: si eres contrario al pimentón no implica que te guste el azafrán, de la misma forma que si no te gusta el azul no estás obligado a que te entusiasme el rosa. Pero sí que es interesante, para aquellos que tratan de obligar a los ciudadanos a tomar partido entre dos únicas opciones políticas, mayormente por la suya, el hacer creer que solo siendo «anti» se tiene la garantía de ser «pro» de lo que ellos quieren aparentar.

Desgraciadamente la experiencia histórica nos muestra que los que presumen de antinazis o antifascistas muchas veces fueron y son contrarios a las libertades y a la democracia, al menos en el mismo grado que las ideologías que rechazaban y rechazan. El ser «anti» es una mera negación y por lo tanto no afirma nada por sí sola; niega una parte del universo, pero no todo lo demás.

Además, el ser «anti» tiene el inconveniente de ser una mera postura destructiva; no sirve para construir nada positivo. Es cómoda para aquellos que no quieren mostrar lo que realmente desean construir o para quienes no tienen más proyecto que su nihilismo.

Estos días estamos viendo las posturas de los que presumen de ser antisionistas o de aquellos que tienen como honra intelectual ser anticapitalistas, pero, en el fondo, ambas negaciones no son más que la tinta de calamar que esconde sus verdaderas intenciones.

Artículo publicado originalmente en el blog de Pepe de Brantuas.

¿Qué pasa con el ATC nuclear?

En España por
Manifestación delante del Consejo de Seguridad Nuclear. FOTO: Ignacio Pou
Protesta delante del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). FOTO: Ignacio Pou

A lo largo de las últimas dos semanas, la pugna entre el Gobierno y organizaciones e instituciones de diverso tipo en torno al proyecto de construcción de un Almacén Temporal Centralizado (ATC) de residuos nucleares en la localidad de Villar de Cañas (Cuenca) ha copado buena parte de las portadas de los periódicos digitales.

La importancia de esta infraestructura, para que nos entendamos, consiste en que fue proyectada para acoger buena parte del combustible (uranio) empleado por las centrales nucleares españolas y que, pese a no resultar ya útil para la producción de energía con la actual tecnología de que disponemos (en realidad conserva un 90% de su capacidad), sigue manteniendo un alto nivel de radiactividad (vamos, que podrían causar una catástrofe).

Para quienes no hayáis ido siguiendo la cuestión, en los últimos días se ha enquistado el proyecto, después de que el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) emitiera un informe preliminar favorable a comenzar el proyecto y, antes de que el Gobierno diera luz verde, la Junta de Castilla-La Mancha (con el apoyo de los contrarios al proyecto y de organizaciones ecologistas) ha puesto en marcha un procedimiento para declarar la zona como espacio natural protegido.

Así pues, dado que la legislación establece que la declaración por parte de la Junta tiene legitimidad para paralizar cualquier proyecto sobre el terreno, la única salida que le queda al Gobierno si quiere que el proyecto se lleve a cabo es declarar la infraestructura como una cuestión de “interés público”. Únicamente con esta calificación sería posible “saltarse” las competencias autonómicas, según la Constitución. Llegado este punto, todo se reduce a una batalla legal.

Ahora bien, ¿Por qué se oponen quienes se oponen? ¿Por qué se ha de construir en Villar de las Cañas? Y, todavía más, ¿Por qué es necesario un ATC en España?

Empecemos por el principio:

Estado actual de la central de Vandellós I. FUENTE: CSN

Si hay que darle un comienzo a toda esta historia, este tendría lugar en 1989, cuando, debido a un incendio en el reactor I de la central nuclear de Vandellós (Tarragona), se desmantela la instalación y, al no tener un cementerio nuclear (lo que viene a ser un ATC), envía el combustible nuclear a Francia.

Entre otras condiciones, el acuerdo entre España y Francia establecía que, si en 2011 España no tenía un ATC construido donde albergar el combustible nuclear, pagaría 65.000 euros diarios de fianza.

De hecho, a la vista del vencimiento del plazo, España actualizó su (sexto) Plan General de Residuos Nucleares en 2006, en el cual (en su Anexo C) se establecía como “objetivo prioritario” tener finalizadas las instalaciones del ATC en 2010.

Sobra decir que dicho plan no solo no se cumplió, sino que, en lo peor de la crisis económica, España tuvo que renegociar el acuerdo con Francia para no tener que hacer frente a la penalización.

El caso es que, 20 años después del incencio de Vandellós y dos años antes del vencimiento del plazo, en 2009, –como siempre, tarde y mal– el ejecutivo de José Luiz Zapatero puso en marcha el proceso para elegir la ubicación del nuevo almacén. En un principio se presentaron 13 localidades candidatas, de entre las cuales se preseleccionaron ocho. En diciembre de 2011, tras los informes técnicos pertinentes, el recién estrenado ejecutivo de Mariano Rajoy anunció que la localidad elegida para albergar la instalación era Villar de Cañas (pese a que en el informe era la cuarta localidad por orden de idoneidad).

Representantes del Gobierno, la Junta y el Ayuntamiento en el emplazamiento elegido. FOTO Ayto. Villar de Cañas

Ahora bien, de 2011 a esta parte, lo que se ha venido hacer es idear el proyecto y realizar prospecciones y estudios sobre la adecuación del terreno a las condiciones geológicas necesarias para albergar unas instalaciones que, recordemos, deben ser de altísima seguridad (nada de maremotos, terremotos, corrimientos de tierras, inundaciones, etc.).

Como resultado de estos informes, según denuncia el Colegio de Geólogos, y como también critican la Plataforma Contra el ATC en Villar de Cañas, Greenpeace y Ecologistas en Acción, resulta que el terreno del emplazamiento escogido está cercano a un humedal (el que origina la laguna de El Hito, a menos de 20 kilómetros), lo que puede dar lugar a inundaciones y erosión del terreno; y en un entorno cuyo terreno es de tipo yesífero (compuesto, en parte, de yeso), lo que puede originar la disolución de bolsas de tierra y posibles corrimientos o hundimientos. Ya es puntería, ya…

Según los expertos que llevan a cabo el proyecto, estos problemas se podrían solventar en buena medida volviendo a plantear una cimentación especial para el edificio del ATC, pese a que, según denuncian las mencionadas organizaciones, esto elevaría en mucho el presupuesto necesario para construirlo.

Pero, ¿Por qué es necesario un ATC?

Resulta evidente que, después de décadas con varias centrales nucleares en marcha (seis en la actualidad) algo hemos hecho con los residuos de forma que no era necesario construir un ATC.

Lo cierto es que, además de este formato de instalación, cada una de las centrales dispone de un espacio de almacenamiento provisional (las famosas piscinas) y, además, tres de ellas cuentan con un Almacén Temporal Individualizado (ATI) con mayor capacidad. Asimismo, existe un proyecto para construir un ATI en la central de Garoña (Burgos), que lleva inactiva un año.

En cualquier caso, quedan cuatro centrales activas que no disponen de un ATI propio, por lo que, una vez no quede espacio de almacenamiento en las piscinas, de no haberse construido un ATC o un almacén individualizado, habrá que encontrarles una solución.

En la actualidad, la capacidad de almacenamiento de residuos nucleares de las piscinas de las seis centrales se encuentran en un grado de ocupación de entre el 75,4% y el 97,1%, según los datos (a 31 de diciembre de 2014) de las propias centrales nucleares y de la asociación Foro Nuclear.

(Pincha sobre cada central para ver los datos de ocupación de combustible y ATI)

Así pues, una alternativa a la construcción de un ATC sería construir cuatro ATI que fueran capaces de atender a las necesidades de cada una de las centrales nucleares que no disponen de uno, aunque, a juicio de los responsables de política nuclear, esto supondría un coste excesivo (construir y gestionar varias instalaciones en lugar de una), además de plantear dudas de seguridad, debido a la dispersión de residuos nucleares por todo el territorio nacional.

¿Qué inconvenientes tiene el cementerio nuclear?

Ahora bien, la construcción de esta instalación también plantea inconvenientes, según los detractores de la construcción del ATC en Villar de Cañas.

Más allá de los problemas técnicos que, de acuerdo con estos, plantea el terreno sobre el que se pretende construir el cementerio nuclear, uno de los principales argumentos de quienes se oponen a él consiste en el peligro añadido que, a su juicio, supone trasladar los residuos nucleares de alta actividad a un punto centralizado.

De hecho, una de las plataformas que han liderado la campaña contra la construcción del ATC en la provincia de Cuenca, Greenpeace, asegura que la construcción de la instalación en esta provincia supondría que un total de 217 municipios españoles verían convertido en “habitual” (varias veces al mes) el tráfico de camiones de transporte de residuos nucleares de alta actividad. Municipios que, según esta organización, “no han sido consultados” sobre si esto les parece bien o no.

A juicio de la directora de Proyectos de esta organización ecologista, Carmen Montón, el transporte por carretera del combustible nuclear de forma regular supone un incremento de la peligrosidad (por la posibilidad de que se produzca un eventual accidente), además de someter a “estrés” a la población local.

No deja de ser cierto que la oposición de esta organización a la construcción del ATC podría interpretarse en clave de oposición a cualquier proyecto relacionado a la energía nuclear. Sin embargo, lo cierto es que la demanda de Greenpeace es la de paralizar el actual proyecto para realizar nuevos estudios técnicos y estudiar posibles alternativas al mismo.

La realidad es que, tanto si uno es favorable a la utilización de la energía nuclear como si es partidario de dejar de emplearla, los residuos radiactivos ya se han generado e, incluso en un hipotético marco de desmantelamiento de las centrales nucleares en activo, es necesario encontrar una solución que permita almacenar el combustible empleado en las mejores condiciones de seguridad.

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