Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Existencialismo

Delibes y el fin del mundo

En Democultura/Literatura por
Tiempo de lectura: 8 minutos

Todo tiene un final. Los hombres mueren, aunque nieguen esa palabra; nadie se lleva la riqueza a la tumba, aunque se atesore con avaricia; la injusticia podría acabar si un pueblo se dedicaba a ello; e incluso la magia del progreso se agota cuando la contaminación ya no se puede esconder. Mueren los hombres, pero permanece el Hombre en sus dramas y sus esperanzas. La muerte era, para Miguel Delibes [1920-2010] el desenlace inevitable y no siempre justo de una vida no siempre vivida: “al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales”.

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Resacas de Mayo del 68: la preponderancia de la acción política

En Amor y sexualidad/Cultura política/Historia por

Tiempo de lectura: 3 minutosEste año las veleidades del calendario han hecho que coincidan el centenario y el quincuagésimo aniversario de acontecimientos históricos que implicaron sendos cambios radicales en el paradigma cultural y filosófico del mundo occidental. Nos estamos refiriendo al final de la Primera Mundial y a las protestas de mayo de 68, respectivamente.

La Gran Guerra supuso un trauma tan destructivo como inesperado, tan sorprendente como radical, que dejó la Europa material, pero sobre todo la espiritual, convertida en tierra baldía lista para la siembra nihilista de nuevas y aún más absurdas tragedias. Sigue leyendo

El Séptimo Sello: el silencio de Dios y la existencia en Ingmar Bergman

En Cine/Democultura/Religión por

Tiempo de lectura: 9 minutosA poca distancia de Estocolmo, en la misma región de Uppland, se encuentra una pequeña iglesia perteneciente a la comuna de Täby, edificada alrededor de mediados del siglo XIII. Esta iglesia es célebre porque en el techo se hallan las pinturas de Albertus Pictor (también conocido como Albert Målare o Albrekt Pärlstickare), realizadas durante la década de 1480, y entre las cuales se encuentra una muy particular, que muestra una partida de ajedrez entre un hombre y la muerte. Se dice que esta pintura, tan cargada de simbolismo, fue la inspiración de Ingmar Bergman para una de las cintas cinematográficas clave del siglo XX: El Séptimo Sello. Sigue leyendo

En el diván con Nietzsche

En Filosofía/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 6 minutosEl Anticristo (Der Antichrist, Fluch auf das Christenthum) de Nietzsche comienza así:

“Mirémonos a la cara, nosotros somos hiperbóreos,- sabemos cuán aparte vivimos” Sea esta frase el clavo más largo que clava el martillo. Digo más largo, por su profundidad y la extensión ideológico-creadora que supuso para el Tercer Reich. La hermana de Nietzsche hizo su labor censora y mediática consecuente a su declarado antisemitismo y al de su, entonces, difunto marido. Y es que cuando el filósofo alemán habla de hiperbóreos, nos traslada a esa región mitológica inaccesible de la antigua Tracia (hyper-boreas “más allá del norte”) que utiliza como imagen de la superación de la época en la que se encuentra (modernidad-laberinto). Sigue leyendo

Taxi Driver, hombre occidental en busca de sentido

En Cine por

Tiempo de lectura: 3 minutos“Por la noche salen bichos de todas clases: furcias, macarras, maleantes, maricas, lesbianas, drogadictos, traficantes de droga… Tipos raros. Algún día llegará una verdadera lluvia que limpiará las calles de esta escoria”. Este demoledor texto surgió de la alcoholizada mente de Paul Schrader en 1973.

‘Taxi Driver’ (1976), la obra maestra de Martin Scorsese, se gestó en la perturbada psique de un Schrader divorciado, desempleado, perdedor, alcohólico y “a punto de volverse un psicópata”, en sus propias palabras. Bien es cierto que las drogas han sido fuente de inspiración para exultantes autores, como Hemingway o Bukowski. Aunque también es verdad que a otros, como Edgar Allan Poe, les anulaba por completo. Sigue leyendo

Antropología existencial: la publicidad

En Pensamiento/Publicidad por

Tiempo de lectura: 4 minutosLos perros no ven publicidad. Y si por un imposible pudiéramos ofrecérsela, el catálogo de ofertas sería deprimentemente reducido. ¿Qué les podríamos ofrecer? ¿Más comida? Y, ¿de verdad les motivaría tanto si les dijéramos que va a ser más sabrosa, o que viene con Omega 3?

Y es que decía Santo Tomás, con esa biología primitiva pero no carente de sentido común, que los animales actúan motivados siempre y sólo por dos cosas: “cibum et coitum”. (Los poco duchos en latín quizá agradezcan el dato de que “cibum” quiere decir comida). Un manojo de instintos simples y primarios, que, una vez satisfechos, se adormecen hasta que el organismo vuelva a necesitarlos para servir a su supervivencia y al de la especie.

No sucede así con el hombre, y los anuncios de la tele de estos últimos días son la mejor muestra de ello. Porque la publicidad no nos vende comida, vestidos, coches, detergentes. Nunca lo ha hecho. Nuestra necesidad de todas esas cosas, es, en realidad, muy limitada. Las necesidades del cuerpo son muy limitadas. No así las del espíritu.

¿Espíritu?

La publicidad no te vende “cosas”. Ninguna necesidad física de vestido, refugio o comida puede explicar el furor de los hombres por un Rolex o por el último iPhone, y dudamos de que el olor sea tan determinante para decidir a una mujer a comprarse un perfume Chanel nº 5. Cuando compramos, muy a menudo no estamos comprando objetos materiales, sino los valores (“espirituales”, trans-materiales) que el publicista asocia a su producto. Estamos comprando un billete de entrada en el maravilloso mundo Disney que nos promete el anuncio.

Parece que el aburrimiento existencial de los hijos se cura con un huevo kinder

Así es. La publicidad no vende cosas: dibuja un Paraíso. Despliega un glamuroso mundo ficticio, lleno de empresarios triunfadores e individualistas con cochazos lujosos y mujeres despampanantes; repleto de jóvenes rebeldes con ropa cara que distribuyen su tiempo entre fiestas frenéticas rociadas de Heineken, amores apasionados y fugaces bendecidos por Axe y cruceros por el Caribe patrocinados por Malibú. Las mujeres encuentran en L’Oreal la seguridad personal que buscaban, y el aburrimiento existencial de los hijos se cura con un huevo kinder o con algún subproducto de Toys’r’us. Un mundo en el que no podemos (todavía) detener el tiempo o vencer a la muerte, pero en el que, para todo lo demás, puedes contar con Mastercard. El proceso de secularización de la esperanza, iniciado con la Ilustración y continuado con las grandes ideologías del siglo XX, ha concluido en un consumismo frenético que trata de saciar el espíritu a golpe de talonario. Todo lo cual viene a ser una interesante de la confirmación de la teoría de Jean Guitton, para el que el hombre es un ser que materializa, cosifica lo divino (idolatrías, visión de Dios como curandero y tapa-agujeros que arregla mis problemas) y diviniza lo material (así, la “idealización” de lo material que estamos analizando).

Y en ese mecanismo, la publicidad es siempre una mentira piadosa, que nos tragamos sin protestar por un pacto tácito con el “sistema”. La mentira piadosa de pegarle, a un conglomerado de plásticos, nylon, cartón, metal u otros materiales varios, una etiqueta espiritual, un valor.

Porque el publicista lo sabe. Sabe que buscas el coche que refleje tu status social, y la marca de whisky que combine con tu personalidad. Tu calzado y tu cazadora son el uniforme de tu tribu urbana, y las canciones de tu iPod narran tu entera biografía sentimental. Corres a comprar colonias que prometan convertirte en el macho alfa. Adoras el poder, la fuerza, la belleza y el prestigio, y seguirás a cualquier chamán que te asegure poseerlos.

Espíritu sí, por tanto, y espíritu insaciable

Todo eso deseas, y mucho más. No habría suficientes lámparas ni genios en el universo para saciar esa interminable lista de la compra, esa infinita carta a los Reyes Magos que es tu corazón. Ninguno de esos objetos realiza totalmente el valor buscado, y ninguno de esos valores acaba por ser del todo la llave de tu felicidad, ninguno es del todo “what I’m looking for”.  La pregunta es por qué. ¿Podríamos sentir la sed, si no existiera el agua? Decía Feuerbach, que no podríamos desear el agua si no fuera porque somos, por lo menos parcialmente, creaturas acuosas. ¿Podría existir el hambre, si no existiera el pan? ¿Podría existir la soledad, si no existiera el otro? ¿Qué abismo infinito, entonces, despierta esa pregunta enorme que es el hombre? ¿Qué es esa felicidad que nos duele como un miembro que debiéramos haber tenido?

Quizás,  nada, ninguno. Quizás sea el hombre, como dice Sartre, “una pasión inútil”, y el deseo sea, como dice Cernuda, “una pregunta cuya respuesta no existe”…y quizás sólo nos quede tratar de olvidar la pregunta y que la muerte nos pille distraídos.

….o quizás sí.  Quizás sí existe una respuesta. Y por eso, quizás, el verdadero regalo, el único Regalo, con mayúsculas, nació en Belén hace más de dos milenios, y que aseguró, en sus propias palabras ser el Camino, la Verdad y la Vida, el Agua viva que sacia para siempre y el Cordero que quita el pecado del mundo.

Esas son las dos opciones. Ese es el dilema. Sólo queda que hagan sus apuestas…o mejor dicho, que tomen nota de que ya están hechas. Tu vida ya está en la mesa. Sólo queda decidir, con tus acciones, de qué lado del portal de Belén quieres ponerla. Par o impar. Cero o infinito. Todo o Nada. La decisión es tuya. ¡Feliz 2017!

 

Una Navidad ganada a los nazis

En Literatura/Religión por

Tiempo de lectura: 6 minutosLa noche del 24 de diciembre de 1940, en el campo de prisioneros de Tréveries, el filósofo Jean-Paul Sartre se estrenaba como dramaturgo delante de 2000 presos con Barioná, el hijo del trueno.

El ateo beligerante y reconocido como uno de los “padres del existencialismo” elaboró durante 6 semanas el texto con el que Voz de Papel calificó, tal y como reza la portada de su segunda edición, a Sartre como “un ateo que presenta mejor que nadie el Misterio de la Navidad”.

Para dar con esta singularidad, hubo detrás un elaborado trabajo de investigación por parte del Dr. José Ángel Agejas, para recuperar una obra denostada y condenada al ostracismo por los estudiosos de Sartre y cuya edición fue vetada incialmente por el propio Sartre por temor, según John Ireland, a que “si autorizaba su representación, la fuerza de esta obra oscurecería el resto de su producción teatral”. Sigue leyendo

Filosofía de la comunicación: existencialismo, personalismo y pensamiento dialógico

En Dialogical Creativity/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 6 minutos

«Hasta hoy la historia se ha caracterizado por un ligamen entre los hombres, ya fuera en el seno de sociedades e instituciones o mediante un espíritu general. Incluso el solitario gozaba, por decirlo de alguna manera, de un sostén en su soledad. La actual disolución se manifiesta en el hecho de que crece la incomprensión, las personas se encuentran y se alejan unas de otras en la más absoluta indiferencia, y no queda comunidad ni lealtad digna de confianza» (Karl Jaspers, 1938). Sigue leyendo

Dime qué deseas y te diré quién eres

En Filosofía/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 4 minutosEn uno de sus Discursos cristianos, el filósofo –para muchos, padre del existencialismo– Søren Kierkegaard examina con sutileza y con la precisión de un cirujano el deseo humano. “La pureza de corazón es desear una sola cosa”. El filósofo describe allí cómo las diversas formas del deseo esconden las más de las veces una contradicción interior, sintomáticas de aquella desesperación más común a los mortales: aquella en la que el desesperado no sabe que lo está. Enredados en múltiples deseos vagamos sin rumbo por la vida, sin conocer la causa de nuestro dolor. Sigue leyendo

Ensayo sobre el hombre perdido

En Pensamiento por

Tiempo de lectura: 7 minutosEs un lugar común entre los historiadores de la Filosofía afirmar que estamos en una nueva era, la postmodernidad (al menos respecto al razonamiento discursivo), caracterizada si no por un encarnizado escepticismo, o más aún el fundamentalismo nihilista, sí por una profunda desconfianza frente a toda pretensión de verdad.

No en vano dijo el afamado filósofo y psiquiatra Viktor E. Frankl, desde el campo de concentración en que fue deportado por el régimen nazi de A. Hitler, que la barbarie del S. XX traía consecuencia de las mesas de los sabios: fueron los grandes pensadores de la edad moderna, sobre todo un Hegel en que el antisemitismo tuvo su epicentro, quienes teorizaron en ese sentido sobre la verdad del hombre y la inferioridad de la raza judía. Sigue leyendo

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