Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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España - page 3

Defensa de España (identidad, mundialización y desafío soberanista)

En España por

La Leyenda negra ha calado, mutatis mutandis, en una generación de españoles. Nuestros símbolos son oscurecidos, nuestra identidad parece problemática y nuestra convivencia resulta difícil. Una ficción perfectamente construida, donde el pasado nacional parece una losa comunitaria y no un legado del que aprender, el presente se convierte en conflicto permanente y no en el escenario para crear juntos, y el futuro se vislumbra lleno de amenazas y no de posibilidades. Y sobre ella se ha legitimado el proyecto contemporáneo de destrucción de la idea y de la realidad de la Nación española, desde la descalificación general de su significado identitario y desde la ruptura de su unidad territorial y democrática, siendo Cataluña y su doble proyecto rupturista-expansionista el escenario visible de ello. Sigue leyendo

Albert Boadella, Tabarnia y la religión laica del independentismo

En Cataluña/Entrevistas/España por

“Casi no he tenido que hacer fantasía, la realidad a mí alrededor ha sido mucho mejor”. Es difícil que un dramaturgo de la talla de Albert Boadella, con estudios internacionales de interpretación, fundador de la compañía Els Joglars, la friolera de ocho años como director artístico de los teatros del Canal y diferentes reconocimientos en el ámbito creativo pueda decir algo así con el aplomo con que lo dice. Pero ocurrió: el martes 22 de mayo, el presidente de Tabarnia en el exilio, fue el protagonista del II encuentro Alumni UFV by Democresía. Sigue leyendo

La enseñanza política de Spinoza o qué diantres pasa con Cataluña

En Cultura política por

 

No creo que esté de más, en estos momentos en que seguimos inmersos en el desafío de los independentistas catalanes, volver la vista atrás y recuperar los argumentos vertidos por Spinoza en el capítulo XX de su celebérrimo Tratado teológico-político (1670). Dicho capítulo se titula “Se demuestra que en un Estado libre está permitido que cada uno piense lo que quiera y diga lo que piensa” y puede considerarse una de las exposiciones más lúcidas, elegantes, persuasivas y sucintas de lo que es e implica un Estado de derecho. Sobre esta entidad política, tenemos actualmente una idea bastante confusa que, creo, está siendo utilizada con descarado oportunismo por los independentistas para arrimar el ascua a su sardina. Estos no se cansan de repetir que la acción judicial emprendida contra ellos es una persecución ideológica y atenta contra su libertad de expresión, contraviniendo la cláusula fundamental de una democracia que se pregona como pluralista y liberal. Es decir, que tal acción judicial, y la línea política y gubernamental que supuestamente la ampara y dirige, demostrarían que España no es un Estado de derecho porque los poderes no están efectivamente divididos, y las opiniones políticas de una parte de la población no se encuentran protegidas y son perseguidas.

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La última lección de Adolfo Suárez

En Cultura política/Dialogical Creativity por

«En 1980, Adolfo Suárez concedió una entrevista a Josefina Martínez del Álamo que se salía de lo habitual. Fue una conversación tan franca que sus consejeros decidieron vetarla. “Un presidente no puede ser tan sincero”, dijeron».

Los domingos de Abc publicó aquella entrevista con motivo de su 75 aniversario el 23 de septiembre de 2007. Hoy la ha rescatado ABC, por razones evidentes. La actualidad de los contenidos, más allá del personaje, es ahora más relevante que entonces. Los azares de su historia convierten esta entrevista en su última aparición pública, aunque aconteciera 27 años antes. Es su testamento político para nosotros.

Te recomiendo leer la entrevista entera: nos ayuda a recordar que en la vida pública siempre hay una persona detrás del personaje. Aquí reproduzco algunos párrafos directamente relacionados con la temática del blog, acompañados de una breve reflexión. Cierra esta nota su discurso electoral de 1977, con su famoso “puedo prometer y prometo”, que nos permite repasar con sus palabras lo que hizo, lo que dijo que haría y lo que efectivamente logró.

«—[los españoles] tienen derecho a conocerle. Si le votan, y si se ponen en sus manos, necesitan saber con quién se juegan el porvenir.

Sí. Ellos tienen derecho; y yo tengo la obligación de explicarme. Estoy de acuerdo. Y voy a procurar remediar ese desconocimiento; a darles una respuesta. Quiero utilizar más los medios de comunicación. La televisión sobre todo… porque en televisión soy responsable de lo que digo, pero no soy responsable de lo que dicen que he dicho… Tengo muchísimo miedo de cómo escriben después las cosas que he dicho […]

—Quizás el problema es también nuestro, de la prensa. Últimamente parece que algunos nos sentimos demasiado inclinados a ser protagonistas.

Sí. Yo noto ese afán de protagonismo. Algunos periodistas me preguntan sobre un tema político para tratar de convencerme de sus posturas. Entonces les digo: ¿Ustedes, qué quieren: saber mi opinión o convencerme de la suya?… Porque si vienen a hacerme una entrevista, les interesará conocer mi criterio, supongo. Y tendrían que escucharlo libre de prejuicios. Después, ustedes lo estudian, se informan y, si no les gusta, lo critican… Después, todo lo que ustedes quieran. Pero sólo se tienen presentes a ellos mismos. Escriben para ellos mismos… […]

Y noto, además, que algunos periodistas no intentan obtener los datos necesarios para hacer una información exacta. He hablado de Autonomías con un grupo de periodistas. Y les he dicho: ¿ustedes se dan cuenta de que han desprestigiado totalmente el estatuto gallego? Les pregunto: ¿lo ha leído alguno de ustedes? Y no… ¿Y han leído ustedes el título octavo de la Constitución?… Y no. […]

Así me va… Soy un hombre absolutamente desprestigiado. Sé que he llegado a unos niveles de desprestigio bastante notables… he sufrido una enorme erosión.

—¿Y por qué no intenta arreglarlo? Debe tener una solución.

Sí. Pero la tiene utilizando los mismos procedimientos; y no me gusta. No quiero convertirme en un hombre que busca sectores que lo cuiden, que lo mimen… ¡En absoluto, no va conmigo! Yo sólo digo que me juzguen por mis obras. […]

El 80 por ciento de lo que se escribe de mí no responde a la realidad… ¿Y qué voy a hacer? ¿Usted sabe lo que supone pasarse el día rectificando?[…]

Al final, he llegado a la conclusión de que los políticos son hombres como los demás. En el fondo, las cualidades que verdaderamente cuentan son las humanas.

Un político no puede ser un hombre frío. Su primera obligación es no convertirse en un autómata. Tiene que recordar que cada una de sus decisiones afecta a seres humanos. A unos beneficia y a otros perjudica. Y debe recordar siempre a los perjudicados… Gracias a Dios, yo no lo he olvidado nunca. Pero se sufre porque no puedes tomar decisiones satisfactorias a corto plazo para todos los españoles. Aunque esperas que sean positivas en el futuro y asumes el riesgo… Hay personas que no ven a los gobernados uno a uno… Yo los sigo viendo. ¡Les veo hasta las caras! Otro requisito indispensable en un político es la capacidad para aceptar los hechos tal y como vienen, y saber seguir hacia delante. Nunca puede sentirse deprimido. Tiene que continuar luchando. Confiar en lo que siempre ha defendido y en los objetivos programados a largo plazo… Pasar por encima de las coyunturas. Porque, a veces, las circunstancias pueden desvirtuar el destino histórico de un país. Y es preferible decir sí a la Historia que a la coyuntura. Yo lucho, intento luchar, contra esas coyunturas. […]

Hay que estar dispuesto a aceptar un grado enorme de impopularidad —como en una confesión hecha a sí mismo, arrastra las palabras—. Pero yo estoy dispuesto a eso. Lo estuve desde el primer día en que fui presidente. […]

Cuando en el año 77 se consolida la democracia y las leyes reconocen libertades nuevas, pero también traen aparejadas responsabilidades individuales y colectivas, empieza lo que llaman el desencanto… ¡El desencanto! Yo no creo que el pueblo español haya estado encantado jamás. La Historia no le ha dado motivos casi nunca.

Tuvimos que aprender que los problemas reales de un país exigen que todos arrimemos el hombro; exigen un altísimo sentido de corresponsabilidad. Y sin embargo, los políticos no transmitimos esa imagen de esfuerzo común… La clase política le estamos dando un espectáculo terrible al pueblo español. […]

Pero le hemos hecho creer que la democracia iba a resolver todos los grandes males que pueden existir en España… Y no era cierto. La democracia es sólo un sistema de convivencia. El menos malo de los que existen.

[…] Mi mayor preocupación actual es la convivencia. La democracia puede ser más o menos buena, pero lleva en sí unos altos niveles de perfeccionamiento. Y la perfección máxima consiste en la convivencia perfecta. Hay que crear las condiciones necesarias para que los españoles convivan por encima de sus ideas políticas; que las ideologías no dañen las relaciones de amistad, de vecindad.

Sé que es un objetivo posible; estoy convencido. Y si lo conseguimos, habremos hecho una labor histórica de primera magnitud. Por fin habríamos acabado con todas las previsiones de enfrentamientos históricos. La transición española dará un ejemplo al mundo.

El símbolo, para mí, es que sean amigos personas de partidos diferentes, pero amigos. Que por la mañana puedan ir a votar juntos, y después sigan charlando y discrepen, pero civilizadamente. Que no traslademos al país nuestro rencor personal. Que no ahondemos con diferencias políticas las diferencias regionales y económicas que ya existen. Diferencias que, además, tampoco son insalvables… ese es mi auténtico objetivo. Esa sería mi compensación.

[…] Cualquiera sabe lo que dirá la Historia dentro de 30 o 40 años… Por lo menos, pienso que no podrá decir que yo perseguí mis intereses.

Admitirá que luché, sobre todo, por lograr esa convivencia; que intenté conciliar los intereses y los principios…, y en caso de duda, me incliné siempre por los principios.

[…] Yo suelo decir que me he empeñado en un combate de boxeo, en el que no estoy dispuesto a pegar un solo golpe. Quiero ganar el combate en el quince round por agotamiento del contrario… ¡Así que debo tener una gran capacidad de aguante!…

Es una imagen que refleja bien mi postura. Si en mis decisiones públicas hubiera un pequeño ingrediente personal —el más mínimo— derivado de las ofensas que he recibido, en ese mismo instante me marcharía. Porque estaría cometiendo los mismos errores que se han cometido históricamente. Caería en las equivocaciones de esos políticos que, por razones personales, llevaron a España a enfrentamientos muy graves.

A veces cuesta un gran esfuerzo mantener esta actitud… A mí me han estado insultando de una forma tremenda… Y yo he seguido saludando con el mismo gesto, con la misma intención, hasta con el mismo afecto, a la persona que me insultaba.

[…] Eso es tener un cierto sentido de responsabilidad —de nuevo su voz se vuelve hacia sí mismo—… de responsabilidad histórica… que la da el cargo. Yo he sido siempre un hombre responsable.
Y también me influye la ilusión que conservo. La ilusión de que es posible conseguir lo que me había propuesto. Los políticos se rinden, a menudo, porque no ponen todo el esfuerzo necesario para alcanzar la meta; porque priman los objetivos a corto plazo. Pero yo todavía tengo una enorme ilusión. La misma que tuve toda mi vida».

Como habrás visto por las fechas, unos meses después de esta entrevista Adolfo Suárez dimitió. Sus palabras y testimonio fueron diluyéndose. González y Aznar no supieron aparcar con igual rotundidad los intereses particulares o ideológicos del bien común. A Zapatero y Rajoy expresiones como “bien común” o “Historia” les quedan grandes. Es como si les avergonzara pronunciarlas.

Suárez repasa en esta entrevista los males propios de la incomunicación, que incluso un hombre de su talla y éxito profesional sufre terriblemente en primera persona: la falta de veracidad y confianza, la difamación y la mancha del buen nombre, la imposibilidad de encontrar un terreno común para el debate cuando al otro le interesa más vencer que encontrar ese espacio común. Al tiempo, reconoce la necesidad de una comunicación más plena y sincera, más transparente, del político con los ciudadanos, aunque eso le lleve a encajar muchos golpes bajos y dolorosos. En esta entrevista denuncia ya las enfermedades más terribles del Periodismo y la Política en España: el espíritu partidario que vela por los propios intereses, siendo un mal ejemplo y alentando más a la división y al odio que al encuentro y la sana convivencia.

Suárez subraya con lucidez que la democracia es sólo una forma de regular la convivencia, la menos mala, pero también la más exigente. Lo es porque nos obliga a todos a vivir en diálogo, que es mucho más difícil que limitarse a mandar u obedecer. Vivir en diálogo nos exige escuchar y renunciar a los prejuicios, nos exige exponernos tal cuál somos, nos obliga a purificarnos de nuestros intereses y caprichos particulares, por legítimos que sean, en nombre del bien común. Nos exige trabajar juntos, codo con codo, abrazados al radicalmente distinto, pero hermano.

Por último, nos revela parte de su secreto: la responsabilidad, la ilusión y encajar todos los golpes sin devolver ninguno. Quien quiera entender, sabrá quién fue su maestro en poner siempre la otra mejilla. Nos deja un gran testamento político que es a un tiempo un gran un testimonio personal.

Merece la pena repasar los vídeos del especial de RTVE “Muere Alfonso Suárez”. Aquí, un aperitivo: su “puedo prometer y prometo” en la campaña electoral de 1977, que nos ofrece un ángulo muy distinto que la citada entrevista, aunque reconocemos en ambas a una y la misma persona. Gracias, Presidente.

Este artículo fue publicado originalmente en el blog de su autor y es reproducido aquí con su permiso.

Se alquila ciudad (solo por Airbnb)

En Asuntos sociales/Economía/España/Pobreza e inmigración por

Hasta antes de que estallara la crisis económica en el año 2008, cuyo principal desencadenante en España fue la burbuja inmobiliaria, persistía la mentalidad de que alquilar era “tirar el dinero”. Tanto es así, que en nuestro país a día de hoy casi ocho de cada diez personas son propietarias de su domicilio habitual, concretamente un 78,8% de los españoles. Esta cifra, por encima de la media de la Unión Europea (70,1%), hace de España un país de propietarios.

De acuerdo con los datos del último Eurostat, junto a nuestro país se encuentran en la cima de la clasificación Rumanía (96,1%), Eslovaquia (90,3%), Lituania (89,9%), Croacia (89,7%) o Hungría (89,1%), países con tasas de población propietaria muy altas, pero que cuentan con una historia, en cuestiones de propiedad, bien diferente a la de España

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Campaña de muertos

En España por

Originariamente, el término “campaña” hacía referencia al espacio de tiempo en el que un ejército permanecía en el campo sin regresar a sus cuarteles. Más tarde, se entendió por “campaña” el conjunto de movimientos que llevaba a cabo un ejército hasta alcanzar el objetivo propuesto. Todo orquestado a través de operaciones que ocurrían en un mismo espacio geográfico y en un momento determinado de la historia. Por ejemplificar las definiciones dadas; ahí tendríamos la campaña contra los piratas cilicios en la Roma de Marco Antonio y Pompeyo. La campaña en África donde tras dos años de conflicto los aliados llegaron a empujar a las fuerzas del Eje hacia Túnez, logrando la retirada de Mussolini en 1941. Y, por ir al puchero regional, la Campaña de Extremadura donde los nacionales o el ejército sublevado consiguió  unir la península con el Marruecos español, conectando al Ejército de África con el Ejército del Norte. Hecho que tuvo como consecuencia legitimada por las armas casi cuarenta años de franquismo.

El origen de las campañas políticas, sin embargo, es un tanto incierto. Los historiadores hacen la consideración de que la primera gran campaña fue en favor de la ejecución de Sócrates.  El “perturbador de la juventud”, como llegó a ser tildado por el Ágora a ración única de cicuta, encontró el castigo propio de aquellos que trataban de corromper con su discurrir dialógico y su cipotudismo intelectual la estructura sofista donde la apariencia y la verborrea lo eran todo.

Francisco Madero, Churchill, Hitler, Gandhi, Adenauer, Vargas – Llosa, Obama, Rajoy o Trump. Todos ellos, para la consecución de sus fines políticos, han tenido que pasar por la criba de la campaña. Algunos lo lograron. A otros les mataron. Y los menos, se dedican a debatir sobre sus fracasos en los cursos de verano de la complutense y a escribir libros monumentales entre las brisas y las caricias de papel de oro Rocher.

Esta semana, la actualidad española ha puesto de relieve la siguiente verdad: la política en nuestro país está en campaña permanente. Y en las campañas hay muertos.

Como un jilguero en primavera, como un nuevo gol de Messi, como una nueva corruptela política, las redacciones de los mass media han pasado por alto esta obviedad. Porque no es noticiable el tener a los políticos entre los pelos de la sopa. Va en el juego del derecho a conocer los entresijos del Congreso. Es el hijo incestuoso de la actualidad y la irrupción de las redes sociales. De pronto, todo sugiere, que lo que digan nuestros portavoces parlamentarios ha de ser el eco de lo que digan nuestro gritos.

La política les pierde. La mediocridad de nuestro corazón les devora.

Pero, claro.  ¿Hasta dónde les tenemos que exigir que se manifiesten? ¿Hasta qué punto es imprescindible un Tweet o una declaración de un político sobre lo que no es ámbito de su competencia?

Quizás sea llamativo que entre lo mucho que se ha escrito sobre Gabriel, sobre la prisión permanente revisable o sobre los disturbios en Lavapiés, nadie haya dicho que quizás los políticos estarían mejor callados en según qué momentos. Lejos de eso, abrimos telediarios con sus reacciones en redes, no salvamos tertulia de bar sin un hashtag o mención de por medio. Es curioso que nadie les haya apelado, respetando su dignidad parlamentaria,  a que sería valioso y deseable el que se pronunciaran exclusivamente para condenar los hechos y para acompañar a los afectados. Pero no. La política les pierde. La mediocridad de nuestro corazón les devora. Tiene que hablar porque no sabemos vivir sin el “tú más” del escaño digital. El sofista que se cuela entre los deberes no entregados a tiempo hace que en este mundo, que es muy afectado y vanidoso y que requiere de su pedagogía permanente por el mero hecho de ser político, hace, digo, que sea imprescindible para ellos el mostrar  los recovecos de su  trinchera ideológica, desde donde menean palabras y sentimientos de igual manera que el marrano se desparasita con el fango, compuesto, dicho sea de paso, de sus propias heces entre otras inmundicias.

Señora Villacís, señora Robles, señor Espinar, señor Hernando. Su opinión nos importa poco en materia de muertos.  Su fariseísmo sin ley, su recuento de cábalas demoscópicas solo son verdura de hastío.

Hacer política desde la morgue es viejo y es uso y costumbre de nuestro abecedario titular.  Pero porque esté arraigado en nuestro ADN político no quiere decir que sea cuanto menos despreciable.

Rajoy y Soraya no resuelven el puzzle de Cataluña

En Viñetas por

Todavía no se sabe quién ni cuándo será el nuevo presidente de la Generalidad de Cataluña. Puigdemont sigue de Erasmus en Bruselas y el presidente del Parlament, Roger Torrent, sigue apostando por él como candidato a la presidencia. Mientras tanto, el gobierno de Mariano Rajoy sigue acudiendo a la ley para evitar una investidura orwelliana y delegando en la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría.

Viñeta de Don Cástulo. Más en su blog personal.

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Los patrimonios perdidos de la Historia

En Historia por

¿Se pueden crear recuerdos de los hechos pasados para aquellos que no los vivieron? Indudablemente, sí. Mediante la politización de la memoria histórica, la cultura, la educación y los medios de comunicación. Orwell hizo una disección de los totalitarismos en su estancia en España, y es en este país en el que el Ministerio de la verdad está actualmente causando estragos. El presente artículo pretende acercar una reflexión sobre nuevos conceptos en materia de Filosofía de la Historia y la Memoria histórica.

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Cuñados

En La angustia de vivir por

Por fin ha llegado el frío. Su manera de entrar en escena ha sido devastadora, como un fuerte tortazo. Tras unos meses bastante acalorados, en todos los sentidos, nuestra querida España afronta un reto que este año se plantea más peliagudo que nunca: los cuñados.

Saben perfectamente de qué estoy hablando (y los que no, plantéenselo). Algunos fundamentalistas de la impostura encuentran en estas noches su razón de ser, el motor de su existencia. Son fáciles de reconocer, llevan el traje apretado, beben sin parar antes de la cena y siempre le esperan a uno en un rincón. Esto se debe a que ellos son más eficaces en las distancias cortas, alejados del bullicio propio de la conversación excesivamente compartida. El cuñadismo comienza a impartir su lección magistral en el refugio sagrado de la intimidad.

Expertos todólogos, doctorados en rumorología, los cuñados ilustrados (o ilustres cuñados, como se prefiera) son al mismo tiempo entrenadores del Real Madrid, Presidentes del Gobierno y Magistrados del Supremo, entre otros cargos de honor. Se nota en la gravedad de sus palabras, incluso en los gestos de su rostro (cada vez más apesadumbrado ante el vértigo que da el dominio absoluto del conocimiento humano).

Suelen mostrar una actitud amable, siempre ofrecen una copa o algún aperitivo navideño. De esta manera llega el momento en el que un valiente se atreve a aceptar la copa, y escucha su clásico ¿qué tal, a pesar de todo? El valiente, que simplemente estaba allí por el whisky, siempre se queda pensando en ese a pesar de todo. La curiosidad le puede, ha escudriñado rápidamente entre sus recuerdos más recientes y no encuentra nada demasiado deprimente para ser la causa de ese ya famoso a pesar de todo. Sin dudarlo un momento más, responde mientras se enciende un tímido cigarro (está alerta, puede que el cuñado también sea un monsergas anti tabaco): ¿por qué a pesar de todo? De repente, en toda la casa suena un chasquido muy característico a sus pies, es el cepo cerrándose.

Sin saber bien las razones, descubre que, a medida que pasan las horas, la gente que ha decidido pasar la noche de una manera normal evitan su rincón íntimo de conversación.

El cuñado le explica que hombre, con la que está cayendo en España, es complicado sacar una sonrisa (son expertos en hacer de la situación nacional su estado de ánimo, su bandera ante la indiferencia generalizada del españolito que va a trabajar para volver a casa y soñar con sacar a alguna chica guapa a bailar). Pero nuestro amigo el valiente no se frena, quiere saber qué parte exactamente de la que está cayendo es la que aflige al cuñado. Error de principiante, no supo que a los todólogos les atormenta eso, todo. Un gesto, una calada tonta y un sorbo al whisky se convierten en los tres primeros clavos de su ataúd.

Sin saber bien las razones, descubre que, a medida que pasan las horas, la gente que ha decidido pasar la noche de una manera normal evitan su rincón íntimo de conversación. El cuñado se ha hecho con él, y ya tiene a su víctima perfecta para analizar (siempre desde un punto de vista objetivo, equilibrado y sesudo) los problemas de política nacional e internacional, conflictos bélicos, fichajes de invierno para el Madrid y la situación financiera de Venezuela. Incluso en una cena dicen que un cuñado llegó a salvar al mundo del cambio climático, pero no sé si será real. Ya saben, con los cuñados nunca se es consciente del punto final de la historia y el principio de la leyenda. Eso es precisamente lo que les convierte en unos personajes prácticamente míticos de la mesa española.

Sin embargo, para acrecentar el sufrimiento de los que queremos llevar una existencia razonable, la rumorología y la todología se extienden cada vez más. De esta manera, los cuñados se han multiplicado y han llegado a abarcar todas nuestras capas sociales. Están perfectamente integrados, incluso cuentan con una cuota de pantalla (que es como realmente hoy se mide la trascendencia del personal cuñado) nada desdeñable.  

El otro día encendí la televisión para ver las noticias, otra experiencia vital de altura estos días, por cierto. Justo se emitía una pieza de las reacciones a la decisión del Tribunal Supremo de mantener en prisión preventiva (casi nadie recuerda ya esta segunda palabreja) a algunos de los románticos más famosos de la actualidad española. Una de las que más me llamó la atención fue la de Miquel Iceta. Salía colocándose las gafas y decía muy serio a la cámara que era una mala noticia. Lo mejoró después: No es el resultado que yo hubiera deseado. Pero esperen, que hay más: Me alegro por los que salen, pero creo que se debería haber extendido al resto.

Pocos días después, el Supremo retiró la Orden Europea de Detención contra los nostálgicos de los mejillones. Yo estaba impaciente, no podía esperar a que llegara el momento de llegar a casa y encender la televisión. Una vez llegó el momento me preparé, me senté como es debido, puse las noticias y ahí estaba de nuevo. Apareció con sus gafas (en ese momento juraría que eran de un rojo incluso más chillón) y transmitió su análisis sobre la decisión del Alto Tribunal: Es una buena noticia. De repente, se oyó un chasquido a mis pies. Son días duros para la gente normal, ya ni siquiera esperan a Nochebuena.

 

Independentismo o hedonismo

En Cataluña/Cultura política/España por

¿Se puede ser independentista y hedonista? Separarse de España, ¿no obliga a romper con aquello que Benjamin Constant denominaba “la libertad de los modernos”, es decir, “la seguridad de los goces privados”, “el goce pacífico de la independencia privada”? Los modernos somos hedonistas y vivimos entregados al hiperconsumismo, descrito por Gilles Lipovetsky como la fuente de la identidad moral hoy en día hegemónica. Para nosotros, la única independencia objeto de adoración es la privada, la que fluye de ese mundo anodino y prosaico constituido por el trabajo, la familia, los amigos y las diversiones en que saciamos nuestra sed de espíritu… Sigue leyendo

Contra la corrupción, ejemplaridad

En Dialogical Creativity/Periodismo por

“¿Cómo voy a comprender a Francisco Granados?”, me preguntaba hace tiempo Mayra Ambrosio después de leer una de mis Impresiones, donde llamaba a los periodistas a liderar la comprensión sobre el difícil momento que atraviesa la comunicación pública –la vida pública, que se expresa en esa comunicación– en nuestro país. Entre las diversas reacciones que recibió el artículo –de todo tipo– es la que más me ha ayudado hasta el momento para desarrollar mi idea, y no es casualidad que esa ayuda venga en forma de pregunta.
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Jorge Bustos: “Lo que está haciendo Puigdemont es una españolada”

En Entrevistas/Periodismo por

Llevo un par de días enfangándome de artículos, recortes y exabruptos varios en Twitter; donde mi próximo entrevistado se desfoga mejor al estilo clásico, con los 140 caracteres que le dieron hechuras de polemista relamido de pluma ligera.

Me he masticado su última publicación, “Crónicas biliares”. Una suerte de apéndice literario de la RAE impregnado de excreciones de vesícula. Un placer de lectura para los que tienen cuatrocientas cosas por delante que leer. Sigue leyendo

De trapos, fotografías y la madre que os parió

En Cataluña/Cultura política/España por
Radicales queman la bandera de España en Plaza Cataluña

Leía esta mañana los tuits de una actriz de teatro a la que venero, cuyo nombre no revelo por las voces que aquí siguen: que no era ella de ‘banderitas’, decía, afeando que a la repulsiva revuelta contra todo en Cataluña le siguiera el ondeo de rojigualdas en tropel. Y lo de repulsiva lo digo yo, que parece que en el mundo feliz de su cabeza la cosa era también idílica, rosada y celeste. Sigue leyendo

El mito y el pecado del revisionismo

En Asuntos sociales/Cultura política por
Una visión romántica de la Conquista de América.

Ayer volví a leer el excelente artículo de Santiago Huvelle, El Espejo de América. En él relata cómo el Western es algo más que un género en los Estados Unidos de Norteamérica: es su propio mito. Y presentaba también de forma a la vez rápida y clara, la devaluación del mito en la cultura cinematográfica que le dio esplendor. Hoy se vuelve a retomar, especialmente en las series. Lo que para el autor evidencia un interés renovado por arraigar la propia cosmovisión americana.

Porque, en el fondo eso es el mito. Todos los países tienen sus mitos, todas las profesiones, todos los hombres. Porque el mito dice algo de nosotros mismos, de nuestra cultura, que escapa de los sesudos libros de historia nacional. Estados Unidos necesita del Western –y hasta cierto punto de los superhéroes– para completar algo que la historia no dice: su vocación nacional, su forma de ver el mundo… el relato de fondo, más allá de la propia historia, que da sentido a su historia. Sigue leyendo

Autodeterminación: la verdadera y la falsa

En Cataluña/Cultura política/España por
derecho a la autodeterminación de los pueblos

El lamentable espectáculo público al que venimos asistiendo estos días (¡y lo que nos queda!) nos lleva a reflexionar sobre conceptos fundamentales, como la autodeterminación, cuyo significado nos parecía hasta hace poco inequívoco. Asistimos a fenómenos si no totalmente inexplicables al menos completamente inusuales. El pasado 8 de octubre, en Barcelona, casi un millón de pagadores de impuestos vino a reclamar a quienes los administran y viven de ellos no que renunciasen a sus privilegios, sino que, por favor, se quedara todo como está.

Éstos, como es bien sabido, se hallan embarcados en un proceso (el “prusés”) solo comparable en incógnitas al viaje de Colón (del que, como ahora, lo único que se sabía seguro al comenzar es que estaba financiado con fondos públicos), y sobre cuyas motivaciones (¿sentimentales?, ¿económicas?,…) posiblemente ya ni sus propios promotores están seguros. La clave del asunto está en la autodeterminación, concepto que, pensábamos, se refería a la capacidad de decidir por uno mismo. La RAE precisa que estas decisiones pueden darse en un plano personal o bien en referencia a una colectividad política. Sigue leyendo

El hogar catalán y el castillo español

En Cataluña/Cultura política/España por

El problema catalán ha puesto sobre la mesa una clásica cuestión política que tiene que ver con nuestro entendimiento de qué es una democracia. Montesquieu y Rousseau ilustrarían dicha cuestión de manera paradigmática. Permítanme reconstruir la polémica entre ambos mediante la metáfora del castillo y del hogar. Metáfora que remite a la vida castellana, serena y apacible, de Montesquieu en La Brède y a la vida errante, agitada y desgraciada, de Rousseau. Perseguidor infatigable de un hogar utópico que colmase su yo, fuese el de una república al modo de Esparta o el de un grupo familiar, autónomo y autosuficiente, como el de Clarens.

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Pedro Sánchez ya es Pedro Sánchez

En España por

La nueva andanza de Pedro Sánchez al frente del Partido Socialista es una continuidad más liviana, en tanto que sus ideas y pretensiones están más depuradas de críticas en el seno del partido. No obstante, esta nueva etapa trae consigo para Pedro Sánchez dos herramientas que, combinadas, creo que ayudan a entender el “estado líquido” desde el que podemos mirar al PSOE hoy: el discurso y la coyuntura.

Se ha roto el maleficio de alianzas entre Pedro Sánchez y Podemos. A golpe de militancia. Como hiciera en diciembre de su primer mandato, se aseguró de contar con el apoyo de los socialistas de calle para que cualquier amago de disensión pusiera al intrépido osado frente a las masas. Sigue leyendo

Intrahistoria de una manifestación politizada

En España por

Las manifestaciones las carga el diablo. Lo sabe bien José María Aznar que montó una el 12 de marzo de 2004 para respaldar sus tesis sobre la matanza del 11-M en Madrid y cavó su tumba política. El por entonces todavía presidente del Gobierno de España se trajo a todos los líderes europeos que pudo, escogió un recorrido impecable y simbólico y quiso darle el tono propio del dramatismo y la austeridad castellana. No contó Aznar con dos imponderables. La lluvia que deslució el recorrido y la reacción de la gente, nada espontánea, bien conducida y dirigida para moverle la tierra bajo los pies al, hasta entonces, todo poderoso inquilino de La Moncloa, ya en retirada. No se dio cuenta Aznar de que las manifestaciones se componen de gente, de personas. Individuos que forman colectivos. Seres humanos con sus propias inquietudes y prioridades pero también manipulables, pastoreables, que pierden parte de su identidad individual cuando se agrupan con otros seres humanos como ellos. Sigue leyendo

Los dos círculos de la democracia

En Cataluña/Cultura política/Pensamiento por

Perdonen que uno vuelva al manido tema catalán, pero si una virtud tiene tal turbamulta es permitirnos pensar qué es y qué no es una democracia, explorar y llegar a comprender mejor nuestro sistema político y, quizá lo más importante, sus límites. Aquel punto más allá del cual nos precipitamos al vacío.

El manido tema catalán me ha llevado a percibir que nuestras democracias representativas giran en torno a dos círculos. Uno sería lo que cabe denominar el círculo liberal. Este estaría vinculado con el imperio de la ley, la división de poderes y el pluralismo. Es un círculo yo diría que oscuro, que solemos pasar por alto, pero en el que reposa el significado más profundo de nuestra democracia. Es decir, aquellas ideas y procedimientos que, decantadas por siglos de luchas y conflictos, nos han permitido alumbrar un sistema de libertad en el que tenemos el derecho, como diría Odo Marquard, a ser diferentes sin sentir miedo. Sigue leyendo

Unos matan, otros mueren

En España por

En las Facultades de comunicación creo que se sigue enseñando el llamado síndrome del foso de orquesta. Este concepto fue definido por el asesor de Ronald Reagan y se podría explicar de esta forma: en un debate un político sube a un escenario y explica de manera efectiva y sesuda su programa. Causa buena impresión. En el momento de la réplica, su rival sube al escenario y en el tramo de escaleras resbala cayendo al foso de la orquesta. En este caso, los titulares del día siguiente se centrarán en el resbalón y no en el debate ni las medidas propuestas.

Hay ejemplos diversos: desde la cuenta de twitter de Trump hasta la mosca de Obama o el hijo de Bescansa en el Congreso. En la actualidad española hay algunas figuras que saben de este fenómeno y juegan con él a su voluntad. Sin ese foso de orquesta no hubiera sido posible, por otra parte, el nacimiento de la posverdad, y la ideologización de cualquier concepto, incluso el de la vida humana. Sigue leyendo

Parecen ríos

En España/Viñetas por
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¿Has visto la imagen? Vuelve a mirarla. Parecen ríos, pero son grietas. Don Cástulo pone el lápiz en las heridas de una España cada vez más fragmentada.

 

Viñeta publicada originalmente en Don Castulo Daily Online y reproducida con permiso del autor.

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