Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Economía

‘Capitalismo Nice’, ¿dicta Instagram en qué nos gastamos el dinero?

En Distopía/Economía por
Tiempo de lectura: 4 minutos

Tiene mejor trabajo que tú, mejor gusto que tú, mejor cuerpo que  tú, más seguidores, ropa más cara, una vida social más amplia, una relación menos tóxica, una cara más linda, una elección sexual más ambigua, combina mejor los colores, es más culto, come más sano, disfruta más. Estoy hablando del usuario de Instagram que empieza por “@” y sigue con el nombre que tú prefieras. ¿Crees que tiene una vida mejor que la tuya? No lo sé, pero es una vida tan irreal, tan irresistible, que te mueres por conseguirla a cualquier precio.

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Marty McFly, el primer neoliberal de la pantalla grande

En Cine por

Tiempo de lectura: 3 minutosEl cine de Hollywood ha tenido más o menos dos etapas a lo largo del siglo XX, si se entiende este tipo de cine como una especie de diario íntimo del capitalismo contemporáneo. Durante la primera mitad del siglo XX, uno de los géneros predilectos de Hollywood era el Western. Gran parte de nuestros padres o abuelos tienen como referente a Clint Eastwood o la idea del llanero solitario, aquel personaje que intenta conquistar y hacer justicia en un territorio aún salvaje. Es el objetivo central del capitalismo de esa época, es decir, insertar el espacio planetario a las lógicas de la economía mundial (colonialismo). Sigue leyendo

Duda razonable…

En Viñetas por
Tiempo de lectura: 1 minuto

“El hombre es un animal político”, decía Aristóteles. Lo que no está tan claro es que, con el panorama actual -próximos a las elecciones Andaluzas, resto de autonómicas y municipales y las europeas-, sea fácil saber confiar en alguien que busque el bien común por encima del particular en la política.

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Futuro mestizo con la inmigración

En España por
Tiempo de lectura: 3 minutos

España ya ha superado en los últimos meses a Italia en la llegada de inmigrantes irregulares por mar. Durante los nueve primeros meses de 2018, han sido más de 41.000. Cerrada la ruta de Libia y con la política de Salvini (con su negativa a dar puerto seguro a los barcos de rescate), las rutas de los que buscan un paraíso mejor tienen ahora como objetivo Andalucía.

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Todos los caminos conducen al Mediterráneo

En Asuntos sociales por

Tiempo de lectura: 3 minutosLos últimos acontecimientos en su entorno natural instan a Italia a hacer todo lo contrario al premeditado retraimiento de su flamante gobierno.

En 2011, coincidiendo con el inicio de la “Primavera Árabe”, las llegadas de inmigrantes y refugiados a las costas italianas se incrementan exponencialmente; la caída del régimen de Ben Ali en Túnez y la guerra civil en Libia serán la propulsión de un fenómeno que se reafirmará tras la muerte de Muamar el Gadafi. Libia se convierte en el principal país de tránsito hacia Italia, gracias a una inestabilidad que también ha generado el caldo de cultivo ideal para el brote de redes de traficantes de seres humanos. Sigue leyendo

II centenario de Marx: un fantasma que (aún) recorre Europa

En Cultura política/Historia por

Tiempo de lectura: 8 minutosPocas teorías en la historia occidental han sido tan analizadas, estudiadas, valoradas, criticadas o incluso condenadas, como la marxista. Este año, bicentenario del natalicio de Karl Marx, nos conduce a una reflexión en torno a una de las figuras intelectuales capitales del siglo XIX, uno de los pensadores elementales para entender la actualidad y un crítico del sistema económico cuyas aportaciones, algunas rebasadas por la Historia y otras aún vigentes, constituyeron la base de una de las grandes utopías del siglo XX. Sigue leyendo

Defender la propiedad privada y no destruirla en el intento

En Economía por

Tiempo de lectura: 5 minutosPareciere que, al hablar de propiedad privada, tuviésemos un falso dilema entre dos extremos. En el uno, el liberalismo económico (Vallet de Goytisolo, 1974, p. 54), que defiende de forma absoluta la propiedad privada, como si esta fuese intrínsecamente buena; en el otro, otra forma de liberalismo, que tiende a suponer que “la propiedad es un robo” que atenta contra la libertad de los hombres.

El darle a la propiedad privada un valor intrínsecamente bueno es atentar contra ella, y los defensores del liberalismo económico son confundidos erróneamente con defensores de la propiedad privada. De hecho, Chesterton, en su libro Esbozo de la cordura dedica una palabras inusualmente duras a quienes vivimos en lo que él reconoce como capitalismo: Sigue leyendo

Se alquila ciudad (solo por Airbnb)

En Asuntos sociales/Economía/España/Pobreza e inmigración por

Tiempo de lectura: 5 minutosHasta antes de que estallara la crisis económica en el año 2008, cuyo principal desencadenante en España fue la burbuja inmobiliaria, persistía la mentalidad de que alquilar era “tirar el dinero”. Tanto es así, que en nuestro país a día de hoy casi ocho de cada diez personas son propietarias de su domicilio habitual, concretamente un 78,8% de los españoles. Esta cifra, por encima de la media de la Unión Europea (70,1%), hace de España un país de propietarios.

De acuerdo con los datos del último Eurostat, junto a nuestro país se encuentran en la cima de la clasificación Rumanía (96,1%), Eslovaquia (90,3%), Lituania (89,9%), Croacia (89,7%) o Hungría (89,1%), países con tasas de población propietaria muy altas, pero que cuentan con una historia, en cuestiones de propiedad, bien diferente a la de España Sigue leyendo

El ‘Efecto Boromir’ o por qué el Estado debe ser limitado

En Economía por

Tiempo de lectura: 8 minutosUno de los signos, en mi modesta opinión, más preocupantes de los últimos tiempos es el notable incremento, al menos en el ámbito europeo, del clamor por más intervención del Estado en todos los ámbitos de la vida cotidiana.

Resulta cuanto menos complicado tratar de aportar un criterio normativo general sobre la utilidad y oportunidad de la presencia del Estado en la economía y en la sociedad. Dicho criterio, en todo caso, debería tener en cuenta las peculiaridades de cada intervención o regulación estatal, así como la gravedad e urgencia de los problemas que, en su caso, pretenda corregir. Pero sí que existen potentes argumentos, aportados por autores de muy diverso perfil, para advertirnos sobre los peligros de un Estado engrandecido “más allá de lo razonable” y omnipresente en la vida de las personas. Sigue leyendo

Estado y mercado: ¿antagonistas?

En Economía/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 5 minutosTodavía sobrevive en el imaginario colectivo la noción de antagonismo entre el Estado y el mercado. Mientras una facción sostiene airadamente que las fuerzas del mercado deben ser liberadas de las ataduras que el Estado le impone y que, por tanto, este último debe reducirse a su mínima expresión; la otra reacciona con no menos violencia observando que la riqueza tiene una función social, pero otorgándole al Estado la exclusividad en la interpretación de las aspiraciones sociales. El Estado y el mercado son entonces dos archienemigos que se enfrentan constantemente en esos campos de batalla que constituyen los parlamentos, los despachos gubernamentales y los medios de comunicación.

La realidad, como de costumbre, se nos presenta más compleja e infinitamente más interesante. Sigue leyendo

La economía intermedia: cuando Schumacher descubrió que lo pequeño es hermoso

En Economía/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 8 minutosVivir con menos, en una economía a escala verdaderamente humana, que muestre que lo pequeño, lo simple y lo sencillo puede ser bello, útil y suficiente. Producir y consumir conociendo lo que realmente necesita el ser humano, frente al uso y abuso insostenible del mundo agigantado que nos convierte en simples números. Utilizar una tecnología a la medida del hombre: accesible, útil y cercana. Organizar y distribuir los medios y recursos económicos desde un plan comunitario basado en valores morales y no solo en cálculos estadísticos. Alcanzar una alternativa sostenible y práctica entre aquellos que propugnan el ”retorno al hogar” y los que que preconizan la “huida hacia delante”.

El legendario economista E.F. Schumacher [1911-1977], Fritz para los amigos, durante décadas uno de los pensadores más seguidos del mundo, nos hablaba y nos habla de una “economía intermedia” al servicio de hombres que tienen alma y de una naturaleza que tiene límites.

En plena globalización hiperconsumista, frente a pequeñas iniciativas aisladas del mundo y ante la gran etiqueta ecológica creada el marketing y aislada del medioambiente, la “economía intermedia” recupera plena vigencia como medio de reflexión o como instrumento de actuación. Ante las consecuencias del cambio climático, desde la revisión tecnológica, ante la emergencia de la lucha por los recursos, ante supuestas soluciones que o bien parecen meros parches técnicos o bien se desvelan como simples estrategias publicitarias. Algo parecido a decrecer en nuestro consumo y no morir en el intento, como sostenía Latouche; a disfrutar de lo que tenemos antes que frustrarnos por lo que no vendrá, como reflexionó Tolstoi; a volver a vivir con tres acres y una vaca y no perder el tren del mundo, como nos legó Chesterton.

Schumacher fue un alumno ejemplar. Tras una meteórica carrera académica en su Alemania natal, fue becado como economista de futuro con la prestigiosa Beca Rhodes en el New College de Oxford, y con solo veintidós años dio clases en la estadounidense Universidad de Columbia. Emigró a Gran Bretaña tras el triunfo nacionalsocialista, y sospechoso por su origen en plena conflagración mundial, durante años tuvo que trabajar como peón en una granja.

De la mano del economista de moda J.M. Keynes (quién leyó y utilizó el primer gran artículo de Schumacher, Multilateral Clearing) colaboró con él en su trabajo International Clearing Union (1944), trascendental para la elaboración del “Informe Beveridge” (base del actual Welfare State) y del “Plan Marshall” (clave en la reconstrucción de posguerra). Su enorme capacidad de trabajo y de análisis le abrió las puertas, primero de la British Control Commission como Chief Statistician, y después del National Coal Board, trabajando como Chief Economic Advisor durante dos décadas y siendo defensor acérrimo del lobby del carbón (deudor de las principales corrientes neomarxistas del momento, especialmente en clave socialdemócrata). Se había convertido en asesor técnico y estadístico de primer nivel.

Pero su visita a la subdesarrollada Birmania supuso un punto de inflexión. El prestigioso economista y asesor comprobó, in situ, los límites del progreso materialista y las injusticias sociales que conllevaba. Y comenzó plantear esa “economía intermedia” (y moralizada) entre el pequeño productor aislado y el “gigantismo” industrial que aislaba, entre el propietario artesanal y los colosales sistemas que inundaban el mundo de faraónicas infraestructuras y sueños nucleares; era el camino adecuado para un progreso justo y viable.

Así, en este periodo, recuperando las enseñanzas de las comunidades tradicionales y sus valores morales, empezó a escribir sobre una especie de “economía budista” alejada de los supuestos materialistas occidentales tras adoptar esta fe, profundamente influida por las tesis de M. Gandhi y J. C. Kumarappa (la llamada esencia de “la permanencia”). Tras diversos viajes por diferentes países del Tercer mundo (de Zambia a la India, pasando por Tanzania) amplió su nuevo enfoque “metaeconómico”; buscaba aquellos presupuestos morales y filosóficos alternativos capaces de reorientar dicha ciencia y actividad, para volver a considerar a las personas más importantes que los bienes y a la actividad creativa más relevante que el mero consumo. Propuesta que sintetizaba lo racional y lo espiritual (culminación de las “sus etapas  de desarrollo”) para superar la insuficiencia del liberalismo y las restricciones del comunismo. Así, en 1966 fundó el Intermediate Technology Development Group, convirtiéndose además en administrador de la cooperativa Scott Bader Commonwealth.

La vida, incluida la vida económica, precisamente porque resulta impredecible, todavía vale vivirla” proclamaba Schumacher.

Por ello, durante su conversión al catolicismo (que dejó perplejos a sus antiguos amigos budistas y marxistas), publicó la obra que le dio fama universal, su gran best seller Small is beautiful (1973), o Lo pequeño es hermoso; texto influido decisivamente por el chestertoniano Christopher Derrick (así como por el humanismo de Dorothy L. Sayers, las encíclicas sociales y el neotomismo de Jacques Maritain), y definido por The Times Literary Supplement como uno de los cien libros más influyentes de los publicados desde la Segunda Guerra Mundial.

La obra (en puridad una recopilación de artículos), pese a ciertas limitaciones propias del contexto en que se escribió y ciertas predicciones que no se cumplieron, anunciaba el nuevo tiempo histórico que vivimos en el siglo XXI: la tendencia hacia el gigantismo, el imparable crecimiento de las mega ciudades, el desempleo masivo crónico, los patrones insostenibles de uso de la energía, la degradación ambiental o la violencia en la lucha por los recursos.

Fue una de las primeras grandes y fundamentadas denuncias frente a la sociedad consumista (industrial o agrícola), que sobrevivía artificial e insosteniblemente sobre un entorno de fuentes limitadas y sobre la sistemática explotación de los recursos naturales no renovables de los países más pobres de la tierra. Por ello se preguntaba:

“¿Vamos a seguir aferrándonos a un estilo de vida que crecientemente vacía al mundo y desbasta a la naturaleza por medio de su excesivo énfasis en las satisfacciones materiales, o vamos a emplear los poderes creativos de la ciencia y de la tecnología, bajo el control de la sabiduría, en la elaboración de formas de vida que se encuadren dentro de las leyes inalterables del universo y que sean capaces de alentar las más altas aspiraciones de la naturaleza humana?”.

La “batalla occidental contra la naturaleza” debía acabar y los logros del modo de producción debían adaptarse a los límites del “capital natural” finito. Frente a la realidad petrolífera y el sueño nuclear, que desgranaba empíricamente, Schumacher propugnaba esa economía “como si le importarán las personas” (subtítulo de la obra citada), capaz de conseguir la sostenibilidad desde una nueva tecnología intermedia (recuperada de los modos de producción tradicionales) que conllevaba una restricción ética: la trascendencia de los valores morales que preservasen la igualdad y dignidad de todas las personas; la integridad del trabajo humano como el factor económico esencial; el uso de los instrumentos propios del entorno y de la comunidad (más baratos, más realistas y menos contaminantes); el papel central de la Familia como unidad básica de convivencia y formación; y el valor de las comunidades locales como entidades soberanas, si es posible, en una toma de decisiones descentralizada y desde una autosuficiencia creciente respecto a los alimentos y al combustible

Y, en medio de los optimistas que defendían que “todo tenía solución” y los pesimistas que anunciaban “la inminente catástrofe”, para Schumacher:

“Lo que necesitamos son optimistas que estén totalmente convencidos de que la catástrofe es ciertamente inevitable salvo que nos acordemos de nosotros mismos, que recordemos quiénes somos: una gente peculiar destinada a disfruta de salud, belleza y permanencia; dotada de enormes dones creativos y capaz de desarrollar un sistema económico tal que la «gente» esté en el primer lugar y la provisión de «mercancías» en el segundo”.

Obra donde Schumacher pretendía completar los problemas que detectaba en las tesis de su admirado Distributismo de Chesterton, Belloc y Gill. Este modelo acertaba a proponer, entre el Mercado divinizado y el Estado todopoderoso, un modelo basado en la promoción de la propiedad independiente (el llamado “retorno al hogar”); pero el mismo resultaba limitado para Schumacher ya que, a su juicio, solo alcanzaba a representar una “economía pequeña” de escaso impacto. Era necesario, además, un “economía intermedia” que atendiese a “cientos de miles de personas que no pueden tener esperanzas de ser auto-suficientes en la propiedad o en la artesanía“, que llegase a los desposeídos de la tierra y a los explotados por el sistema. Pero una vía media que no podía basarse, como había hecho durante años, en remedios dictados en exclusiva por los expertos especializados; debía fundarse en la previa transformación interna, moral, del hombre y su comunidad:

La gente continúa clamando por soluciones, y se enoja cuando se le dice que la restauración de la sociedad debe venir desde dentro y no puede venir desde fuera”.

Frente al individualismo sistémico construido, a la vez, desde la lealtad al capital y desde la dependencia de lo público, Schumacher oponía una comunidad soberana ligada tanto al minúsculo productor como al gran mundo interconectado.

“La cuestión no es la elección entre «crecimiento moderno» y «estancamiento tradicional». La cuestión más bien radica en encontrar el camino correcto de desarrollo, el Camino Medio entre la negligencia materialista y la inmovilidad tradicionalista. En pocas palabras, encontrar «Los Medios Correctos de Subsistencia»”

El occidental y el occidentalizado debían, por tanto, cambiar en sus valores para poder cambiar el sistema en sus instrumentos. Tenía que reconstruirse el arquetipo del homo viator o “el hombre con un  propósito” con su colectivo y desde la escuela, con una misión interna (atemperando la codicia y la envidia) y con un deber externo (buscando la paz y la cooperación), más allá del compulsivo comprador o del mecánico productor.

Marx, Freud y Einstein eran, a su juicio, “el trío diabólico” del que la modernidad había sacado las lecciones para erigir el rechazo a la asunción de responsabilidades individuales respecto a la comunidad de pertenencia o de referencia: del primero la interpretación revolucionaria del “odio a los demás” como motor de la historia; del segundo la sacralización individualista de la subjetiva “autorrealización interna” alejada de las necesidades de los demás; y del tercero la aplicación moral de su insistencia en la “relatividad de todo”.

Devolver la belleza a lo pequeño suponía recuperar la conciencia de que el hombre depende del mundo natural, de que el consumo no puede ser el único fin y propósito de la actividad económica, y de que el modo actual de producción destruye la naturaleza y genera una sociedad que mutila al ser humano. Un objetivo que debía demostrar, para Schumacher, el error de la que denominaba como dominante religión materialista (la única supuestamente racional), fundada en el culto al consumismo y la idolatría del gigantismo, y generalizada mediante la cultura de la salvación personal (e individualista) basada en el imparable desarrollo de la producción y la sistemática adquisición de riqueza personal.

Y la demostración de la viabilidad de su alternativa intermedia partía de la convicción de que “una onza de práctica vale más que una tonelada de teoría“: había comprobado en países olvidados por el progreso que la producción desde los recursos comunitarios inmediatos para cubrir las necesidades locales era la forma más racional de vida económica: adaptando la tecnología existente (y a descubrir) a las posibilidades intermedias, aumentando la variedad utilitaria de los sistemas instrumentales, generalizando mercados de proximidad al origen productivo, impulsando la educación moral y la comunicación solidaria, fomentando decididamente la vida rural (soñaba con “dos millones de aldeas”), y por ello, difundiendo para todos, libre y gratuitamente, mecanismos técnicos de bajo costo necesarios para el crecimiento autónomo responsable.

Un nuevo modelo de producción y consumo que devolviera la belleza a lo pequeño desde la tecnología intermedia que completaba, posteriormente, con dos principios más. Era necesario un segundo pilar, un nuevo paradigma filosófico y moral en la economía y en la vida; una Guía para perplejos (A guide for the perplexed, 1977) donde subrayaba esos “valores supremos” que permitían conciliar el autoconocimiento individual y la comprensión social en la elección de los métodos económicos. Y sobre ellos había que construir y difundir un “cambio de conciencia” en los hombres y sus comunidades, en las sociedades y en sus políticos, “en el corazón y el alma de cada uno de nosotros”; demostrando a esos “perplejos” que lo consideran imposible o utópico,  que toda reforma política o económica que respetara el medio ambiente pasaba por resolver los problemas vitales de la sociedad industrial, ya que

“el hombre de hoy es demasiado listo para ser capaz de sobrevivir sin sabiduría… Sin sabiduría el hombre se ve obligado a construir una economía monstruosa que destruye el mundo, y a buscar afanosamente satisfacciones fantásticas, como la de poner un hombre en la Luna” (Schumacher, 1981).

Y también era imprescindible un  tercer pilar: el trabajo; pero no uno cualquiera sino un “buen trabajo“. Así se publicó después de su fallecimiento, en septiembre de 1977, A good work, conjunto de conferencias dictadas en Estados Unidos en las que alude nuevamente a la necesidad de modificar las bases materialistas de la economía moderna desde el cooperativismo moralmente responsable; especialmente, porque, cualitativa y cuantitativamente, señalaba que “la fiesta ha terminado” para el progreso entendido en exclusiva de manera material (the party’s over).Una nueva forma de entender la economía necesitaba un nuevo de vivir el trabajo. Siguiendo a Santo Tomás señalaba que “no puede haber alegría de vivir sin alegría de trabajar, la pereza es tristeza del alma” (Schumacher, 1980: 113-115).

Fue admirado por comunistas y cristianos, seguido por líderes africanos y americanos, invitado por la Casa blanca y por el Vaticano, considerado mero conservacionista o valiente eco-guerrero, adulado a la vez por postcapitalistas y postcomunistas, considerado oportunista o elevado a la categoría de profeta. Pero quizás Schumacher, Fritz para los amigos, solo quiso que volviéramos a ver al ser humano en su belleza, por dentro y por fuera.

“No tengo dudas de que es posible dar una nueva dirección al desarrollo tecnológico, una dirección que habrá de conducirlo de vuelta a las necesidades reales del hombre, lo que también significa volver al tamaño correcto del hombre. El hombre es pequeño y, por lo tanto, lo pequeño es hermoso”.

Common people: los ricos marxistas

En Asuntos sociales/Economía por

Tiempo de lectura: 3 minutosAhora que el pertinaz Varoufakis, el exministro griego que recomendó que su país saliera del euro, anda de turné presentando su libro Comportarse como adultos: Mi batalla contra el establishment europeo, le viene a uno a la cabeza, mira tú por donde, la extraña pero verosímil leyenda urbana sobre su mujer. Se dice (se comenta, se rumorea) que la muchacha griega cuyo padre estaba forrado que quería mudarse a Hackney para vivir entre los menos favorecidos y así parecer más cool, la que inspiró a Jarvis Cocker, líder de la banda Pulp, a componer una de las canciones más exitosa de los noventa, Common People, no es otra que la mujer del exministro griego. Sigue leyendo

El regreso de la economía a la senda de las ciencias morales

En Economía/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 4 minutosEl economista David Anisi aprovechó la que sería una de sus últimas intervenciones públicas para denunciar la extendida -y errónea- tendencia de sus compañeros a creer que la Economía es ya una ciencia. Una posición tan apabullante que incluso se atreven ya a denominar a sus escuelas como facultades de Ciencias Económicas.

Como recoge Alvey (PDF, páginas 53-54), esta es una tendencia mayoritaria en la economía que ve la sociedad como si estuviera regida por leyes naturales(asimilables a las que rigen la química o la física), y que aspira a un desarrollo académico en ausencia de consideraciones éticas o juicios de valor. Sigue leyendo

El príncipe ubicuo

En Internacional por

Tiempo de lectura: 2 minutosLos nobles saudíes dificultan su individualización cuando se mezclan vistiendo la kufiyya, tradicional pañuelo con el que se cubren la cabeza, el cual es asegurado con un cordón negro llamado agal. Sin embargo, una silueta sobresale y hace añicos esa imagen fija que proyectaba la casa de Saud. Recientemente, el príncipe heredero, Mohámed bin Salmán, ordenó el arresto sin procedimientos jurídicos de influyentes personajes del reino; desde el inversionista más rico, el príncipe Alwaleed bin Talal, hasta el adversario más poderoso, el príncipe Mutaib bin Abdalá. Sigue leyendo

Manifiesto de París: Una Europa en la que podemos creer

En Cultura política/Mundo por

Tiempo de lectura: 18 minutosPublicamos a continuación el texto en español del Manifiesto de París redactado por una docena de intelectuales europeos de primera línea, entre los que destacan nombres como Robert Spaemann o Rémi Brague. Se trata de un análisis profundo y exhaustivo sobre la idea de Europa y las amenazas actuales para la identidad y la civilización europea, tanto desde el punto de vista de las ideologías como de los modos de gobierno, la deriva de la economía, la organización social, la inmigración y la educación.

La lista completa de autores, así como los intelectuales españoles que se han sumado al manifiesto, pueden consultarse al final de esta página. El documento original, en este enlace. Sigue leyendo

Vargas Llosa: “Creer que el mercado resuelve todos los problemas es ser dogmático”

En Cultura política/Economía/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 15 minutosPor una cabriola de mi agenda laboral, a este plumilla le ordenaron pasar la mañana con un Premio Nobel de Literatura, el peruano Mario Vargas Llosa; un tan reputado como polémico filósofo, Antonio Escohotado; y un columnista y tertuliano de esos que, no sin mérito, están ahora tan de moda, Jorge Bustos. El tema: ¿Qué es el liberalismo? El lugar: la inauguración de la Escuela de Verano de Ciudadanos 2017, que lleva por título #LiberalismoEsProgreso.

Habida cuenta de que España, como casi todos los países occidentales, forma parte de esto que llamamos la “democracia liberal“, y que este es el sistema contra el que se han articulado los nuevos movimientos populistas y nacionalistas a lo largo y ancho de Europa y América durante los últimos años, el tema es más que pertinente.

¿Qué es lo que tenemos? ¿Qué es lo que pretenden disolver los nuevos “antisistema”? ¿Hacia dónde avanzan los movimientos políticos que abogan por más liberalismo, como es el caso de Ciudadanos en España o Macron en Francia? ¿Es esta una vía eficaz para frenar a los populismos? ¿Cuáles son sus valores, su propuesta? Sigue leyendo

Pasolini: la educación y un sinceramiento necesario

En Asuntos sociales/Educación por

Tiempo de lectura: 4 minutosSe podría decir que había perdido la fe en Democresía. Tanto artículo rimbombante sobre política exterior me había desinflado hasta el suelo y cuando ya sólo esperaba morir y que recojan mis pedazos llega Luis Gonzalo Díez y arroja una bomba de sentido común sobre los alegres suicidas de la educación actual, pomposos adolescentes que con sus cátedras e informes pretenden adelantar el fin del mundo.

Espoleado por su valentía, me gustaría arremeter a mí también contra los PISA y los OCDE, los Bolonia y los profetas de las habilidades y competencias. La “memorística” y la “educación tradicional” son según los expertos estrategas de la educación, los más repugnantes enemigos de la innovación, la creatividad, el trabajo en equipo, la felicidad garantizada, la posibilidad de trabajar en Amazon, etc. Sigue leyendo

El señor de los bolsillos: El pensamiento económico de J.R.R. Tolkien

En Economía/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 4 minutosEl señor de los Anillos, como bien es sabido, es uno de esos libros imprescindibles que han influido y siguen influyendo decisivamente en el pensamiento y la vida de sus millones de lectores. Se han destacado en numerosas ocasiones sus connotaciones filosóficas, religiosas y hasta políticas. Pero, ¿podemos extraer de esa obra magna de la literatura fantástica alguna lección aplicable al ámbito de la economía?

Conviene aclarar el sentido y alcance de la pregunta antes de que la noble mente del amable lector comience a verse invadida por imágenes de tornillos sueltos y codos empinados. No encontraremos (afortunadamente) ecuaciones diferenciales ni modelos econométricos en la obra de J.R.R. Tolkien, pero sí reflexiones y ejemplos sobre comportamientos económicos que nos pueden resultar familiares y sus consecuencias. Sigue leyendo

¿Dragones o mantequilla? La economía en Juego de Tronos

En Democultura/Economía/Literatura/Series por

Tiempo de lectura: 5 minutos

George R.R. Martin, el autor de la saga literaria Canción de hielo y fuego, que ha inspirado la popular serie televisiva Juego de Tronos ha manifestado en alguna ocasión que hay aspectos del mundo de fantasía de J.R.R. Tolkien que considera poco realistas.

En particular, se refiere a problemas de naturaleza económica inherentes a la guerra y la gestión de los reinos de la Tierra Media que a su juicio no son resueltos satisfactoriamente, y en concreto se refiere a cuestiones como “¿Cuál es la política fiscal de Aragorn? ¿Mantendrá un ejército permanente?”. En resumen, viene a afirmar que el asunto de la economía en la Tierra Media no está desarrollado de una manera realista. Por el contrario, a primera vista, parece que el mundo de fantasía en el que se desarrollan los libros del señor Martin sí que posee elementos de funcionamiento y gestión de la economía que nos pueden parecer “realistas” a la vista del pensamiento y las ideas económicas modernas. Sigue leyendo

Sí, ¡acabemos con el paro! 10 claves para conseguirlo

En Economía/España/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 6 minutosAcabo de terminar de leer con mucho interés y tanto aprovechamiento el libro que Daniel Lacalle publicó en agosto de 2015, titulado ‘Acabemos con el paro’. La primera reflexión de la que quiero dejar constancia ya en el primer párrafo es que una obra con este título, en un país como España (solo superada en paro por Grecia), debería ser de obligada lectura no solo en universidades y colegios, en bibliotecas públicas y privadas, en el Congreso y en el Senado, en los partidos, en los sindicatos y en las patronales, y en tantos etcéteras, sino que debiera ser de lectura obligatoria para todo español con capacidad de leer. Sigue leyendo

Sesame Credit, o el juego del totalitarismo

En Cultura política/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 4 minutosLa maquinaria pensante del nuevo comunismo chino ha encontrado en el concepto de ‘gamificación’ (‘ludificación’, según la Fundeu) la que quizá sea la piedra filosofal del totalitarismo de un futuro no lejano. Sesame Credit es, posiblemente, la piedra angular de la tecnología política que permitirá, en caso de funcionar, integrar los beneficios que reporta al Estado el liberalismo en términos de productividad y la seguridad (poder) que comporta el control ideológico de la población.

Antes de pasar a mayores, les recomiendo que vean un vídeo (con subtítulos en español) del proyecto ‘Sesame Credit’.

 

 

Más allá de los obvios paralelismos del proyecto del Gobierno chino con algunas de las más famosas novelas distópicas del siglo XX, es necesario comprender la superioridad del planteamiento chino frente a los instrumentos de control del INGSOC o la “soma” y el condicionamiento humano del Mundo Feliz: Sigue leyendo

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