Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Democracia

Historia de amor de un rojo y una facha

En Asuntos sociales por
Tiempo de lectura: 3 minutos

El otro día sonó el despertador en media España. Nos dieron un empujón y nos echaron del letargo ideológico en el que duerme el país desde hace cierto tiempo. Un rojo con rastas de Podemos dedicaba unas tiernas palabras a un facha del PP en el hemiciclo y la bestia de Twitter pareció bajar las armas por un momento y exclamar: “¡Ahí va! ¡Pero si son humanos!” Sigue leyendo

Periodistas, ¿parte del problema?

En Periodismo por
Tiempo de lectura: 2 minutos

Decía Enrique Meneses que el periodista ha de entender su oficio como el de un aventurero. Ante cada obstáculo, cada revés del destino, se le presenta la oportunidad de probar su valentía, su raza.  Y puede que en  algunas honrosas ocasiones, cuando se haya metido tan hasta el fondo con un tema en el que los actores implicados tengan que emplear el soborno o manipulación para acallar su historia, se den las circunstancias para sacar a la luz su calado moral; ese que se aprendía más en las meriendas con Nocilla que en las cañas de la facultad.

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Pablo Casado: el triunfo del apparátchik

En España por

Tiempo de lectura: 3 minutosSe detecta entusiasmo ante la elección de Pablo Casado (Palencia, 1981) como nuevo presidente del Partido Popular. No deja de resultar sorprendente: el joven líder representa muchos de los males que se han señalado hasta la náusea durante la última década de desafección política. Es casi un perfecto apparátchik, ese término coloquial de la etapa soviética con el que se designaba a aquellos funcionarios de responsabilidades difusas cuyo único mérito tangible era el correspondiente carnet del Partido Comunista. Los ocho años (1999-2007) que tardó en aprobar la carrera de Derecho dan idea de su ambición académica. El dato ha pasado casi desapercibido, gracias al mayor ruido generado por sus algo dudosas titulaciones de postgrado. Se ha publicado que sólo terminó –en un llamativo sprint final- porque fue la condición que le puso su mentora, Esperanza Aguirre, para incluirlo en las listas de las elecciones autonómicas de 2007. Sigue leyendo

El escándalo Facebook: ¿democracia directa o democracia dirigida?

En Asuntos sociales/Cultura política por

Tiempo de lectura: 3 minutosAunque en estos días el caso Cambridge Analytica haya hecho mucho ruido, en realidad el uso de nuestros datos para “personalizar” la información que llega a nuestros dispositivos es una praxis normal y corriente.

Amazon basa parte de su enorme éxito justamente en la capacidad de conocer a sus clientes y sus gustos, acercándose cada vez más al sueño de cada vendedor: poder predecir nuestras próximas compras. Sigue leyendo

Camaradas, el nuevo Mao os saluda

En Mundo por

Tiempo de lectura: 3 minutos

La semana pasada ha habido muchos nervios en Beijing. Se celebraba la anual Asamblea del Pueblo, el parlamento de pega de la dictadura china, con la agenda más importante de los últimos años. Una agenda que, en cierto modo, supone revertir la apertura iniciada por Deng Xiaoping en 1978. Xi Jinping, el actual presidente, temía que las reformas constitucionales que sometía a los 3.000 delegados venidos de todo el país no salieran adelante con la unanimidad habitual. Los controles de siempre en la plaza de Tiananmen redoblados, todos los vecinos de la ciudad advertidos de su deber de dar un chivatazo en cuanto detectaran algo extraño.

En las calles de la capital china los miles de voluntarios del partido desplegados para acompañar las sesiones, uno en cada esquina, eran ajenos a la inquietud de Xi Jinping. Los chinos de a pie no saben lo que sucede en su país. Solo pueden consumir propaganda, el acceso a internet está severamente restringido. Pero los eficacísimos servicios de inteligencia artificial de los que dispone el Gobierno han estado rastreando con especial atención cualquier expresión de disidencia.

Xi recupera la tradición del sanweiyiti (tres cargos en una sola persona) con el control del partido, del país y de los asuntos militares.

Xi Jinping ha conseguido su propósito. El domingo obtuvo con holgura los votos para introducir dos reformas constitucionales que acaban con la apertura iniciada hace 40 años. Se suprime la limitación de mandatos y se le otorga al partido un nuevo protagonismo “en todos los sectores de la política”.

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Se consagra así la entronización de Xi como nuevo emperador que puede prolongar su presidencia diez años, quién sabe si quince o más. La reforma constitucional supone un paso más sobre lo aprobado en octubre del año pasado. El partido, previsiblemente, dará una vuelta de tuerca al control de las empresas, las organizaciones sociales, las empresas extranjeras, las iglesias…

Xi recupera la tradición del sanweiyiti (tres cargos en una sola persona) con el control del partido, del país y de los asuntos militares. El que puede ser el nuevo Mao, en contra de lo que ya era habitual, no introdujo en el 19 Congreso a nadie de la sexta generación de líderes (nacida entre 1950 y 1960) dentro del Comité Permanente del Politburó. Hubiera sido el camino lógico para ir preparando una sucesión de la que XI no quiere oír hablar. Todos los órganos del partido están en manos de su gente.

Beijing es un gran plató, en cada rincón una cámara te vigila. Es literalmente imposible moverse sin ser detectado.

La tecnología viene en ayuda de este proyecto en el que el totalitarismo se refuerza. La IV Revolución Industrial en China ya es un hecho. Y aquí los algoritmos trabajan para conferir un poder a Xi que no tuvieron nunca sus predecesores. Mientras Estados Unidos reduce sus inversiones en este sector, el Gigante Rojo las amplía. Y no solo con intereses empresariales. El Gran Hermano se ha hecho realidad. Todo chino que necesite comprar (cada vez se paga menos con dinero), pedir un taxi, comunicarse con un amigo, o saber cómo llegar a algún sitio tiene que recurrir a la aplicación We Chat, controlada por el poder. Durante la pasada semana he tenido ocasión de comprobar cómo esa aplicación era utilizada para rastrear cualquier forma de crítica, contacto con el extranjero, cualquier movimiento no deseado. La policía dispone en minutos de cualquiera de sus mensajes. Y Beijing es un gran plató, en cada rincón una cámara te vigila. Es literalmente imposible moverse sin ser detectado.

Poder omnímodo y poder económico y militar expansivo. El mundo entero acude al Gigante Rojo para financiarse. A diferencia de lo que le sucede a Estados Unidos, China tiene una estrategia clara. El nuevo Banco Asiático de Inversión creado hace tres años ha realizado ya préstamos por valor de 4.200 millones de dólares. Con tenacidad se ejecuta el plan para construir la Nueva Ruta de la Seda (infraestructuras repartidas por todo el mundo) que llega hasta América Latina. Pronto los acuerdos de libre comercio incluirán a 30 países. Las inversiones en empresas extranjeras superaron en 2016 los 200.000 millones de dólares. Europa está en el objetivo de este colonialismo del dinero. Y las fuerzas armadas se modernizan de forma rápida: al año se emplean en este propósito 150.000 millones de dólares. Las nuevas alianzas militares incluyen a Rusia, Pekín, Pakistán y buena parte de África.

Es un poder nuevo y viejo que amenaza, incluso físicamente, a los que aspiran todavía a la libertad. Un poder que requiere de una respuesta inteligente y, sobre todo, de la consistencia de la persona. No se puede hacer frente al nuevo y terrible emperador de la era tecnológica sin la paciencia, la tenacidad, el realismo y la humildad que da una experiencia de libertad presente. Una libertad que no da el dinero ni la reivindicación de unos derechos humanos que pueden quedarse en puros enunciados. Más que nunca es necesaria una experiencia como la que hizo posible el Samizdat. Estamos hablando de totalitarismo.

Este artículo fue publicado originalmente en Páginas Digital y es reproducido aquí con permiso de su autor.

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La caja de Pandora del presidente Wilson

En Cultura política/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 3 minutos

 

No es un centenario para celebrar en la América de Trump. El 8 de enero de 1918 el presidente Thomas Woodrow Wilson leyó ante el Congreso sus famosos catorce puntos para la paz y la organización de las relaciones internacionales con la vista puesta en el fin de la Primera Guerra Mundial. Cien mil soldados americanos murieron en las trincheras europeas y otros tanto fueron víctimas de la epidemia de gripe que barrió entonces el planeta. Hay quien piensa que EEUU debió de elegir otro método para convertirse en la primera potencia mundial. Inmiscuirse en los asuntos europeos contravenía el testamento de George Washington que había recomendado a sus compatriotas en 1796 justamente lo contrario. Un partidario de Trump y que al mismo tiempo tuviera ciertas nociones de historia, nos recordaría que el demócrata Wilson llevó a su país a un gran error en política exterior: convertirse en apóstol de la democracia en el mundo. Fue la negación de America First, aunque los aislacionistas de la época de Roosevelt resultaron los verdaderos inventores de este eslogan, pero Wilson pensaba, sin duda, que EEUU ocuparía el primer lugar, en todos los sentidos, si asumía una activa participación en los asuntos mundiales.

Con Wilson primero, y más tarde con Roosevelt y Truman, surgió el concepto de EEUU como líder de Occidente o de lo que más tarde se daría en llamar mundo libre. Hoy en día es difícil, sin embargo, definir dicho mundo y más todavía designar a su líder. Tanto es así que algunos se preguntan si ese líder será Macron o Merkel. Más preocupante es que haya otros que afirmen que solo la Rusia de Putin encarna los auténticos valores de Occidente. Pero volvamos al centenario de un discurso del que salió la Sociedad de Naciones, la consagración del libre comercio internacional y la prohibición de la diplomacia secreta, aunque algunos condicionaron este límite a los tratados en su forma clásica y no a ningún otro tipo de acuerdo entre los gobiernos. Gran parte de los puntos abren la puerta al derecho de autodeterminación de los pueblos del Imperio austro-húngaro y otomanos, entre otros, además de reconocer la independencia de Polonia o garantías territoriales para los Estados balcánicos que lucharon en el bando de los aliados. Nada dicen, sin embargo, los puntos de la autodeterminación de Irlanda, que se habían sublevado contra los británicos en 1916.

En cualquier caso, los catorce puntos de Wilson van asociados históricamente al derecho de libre determinación, aunque no es menos cierto que en el discurso del presidente se emplea, sobre todo, el término autonomía que, evidentemente, no es sinónimo de independencia. No era esto un tema nuevo, pues en el siglo XIX se difundió en Europa el principio de las nacionalidades, aunque desde el mensaje wilsoniano se diría que el concepto de autodeterminación adquiere la categoría de pensamiento mágico. No deja de ser curioso que Isaiah Berlin vea sus antecedentes en la filosofía kantiana, de un racionalismo muy lejano del emotivismo nacionalista. Lo malo que el mejor de los mundos conlleva el riesgo de no conocer límites para alcanzar sus objetivos. El territorio en el que la inmensa mayoría de sus habitantes se autodetermina y vive allí feliz por los siglos de los siglos no deja de ser una utopía. Siempre habrá una parte de esa población que no acepte a las nuevas autoridades e impulse una secesión, y si no puede conseguirla desde el punto de vista jurídico u obtener un reconocimiento internacional, vivirá en la práctica como si las autoridades del Estado que nominalmente ejerce la soberanía no existieran.

Ejemplos de la historia en las últimas décadas sin agotar la lista: la isla de Mayotte prefirió estar bajo la soberanía francesa y no ser independiente como el resto de las Comores (1974-76); Nagorno Karabaj surgió como un enclave armenio independiente en Azerbaiyán (1988); la república de Transnitria no reconoce la soberanía de Moldavia (1990); la república Sprska en Bosnia-Herzegovina afirma su derecho a integrarse en Serbia pese a la confederación establecida en los acuerdos de Dayton; el referéndum de independencia de Montenegro en 2006 tuvo la oposición del 44% de los electores; la independencia de Kosovo en 2008 cuenta con el rechazo de los enclaves territoriales serbios que suman casi la mitad de la población de los mismos… ¿Y qué decir de los rusófonos de Ucrania oriental? Mientras tengan el apoyo ruso nunca consentirán en reconocer la soberanía de Kiev. ¿Y de las repúblicas de Abjasia y Osetia del sur? ¿Volverán a ser controladas por Georgia? Eran independientes de facto desde la caída de la URSS. Luego llegó la guerra de 2008, cuando la victoria rusa sobre los georgianos llevó a una secesión formal pese a la falta de reconocimiento internacional.

El presidente Wilson puso su granito de arena para abrir la caja de Pandora de la autodeterminación, pero incluso Lenin, defensor del principio de las nacionalidades, se aprovechó de su proyecto. Eso sí, Lenin era de los que sabían poner límites y lo hizo para construir su modelo soviético. No está tan claro que Wilson, un hombre del otro lado del Atlántico, antiguo rector de la universidad de Princeton e hijo de un pastor presbiteriano, tuviera claros los límites de la autodeterminación.

Este artículo fue publicado originalmente en Páginas Digital y es reproducido aquí con permiso de su autor.

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J. Baldoví: “Si nos acostumbramos a vivir con la corrupción la democracia puede estar en peligro”

En Entrevistas/España/Vídeos por

Tiempo de lectura: 8 minutosJoan Baldoví ha crecido en un entorno rural y se nota.

Quizás haya quienes tras esta primera línea hayan hecho un aspaviento similar al chiste jocoso y de mal gusto, como si los que se ocuparon en entrevistarle en aquel entonces, buscasen alguna forma de descrédito gratuito del personaje antes de nada.

Pues no es así.

Baldoví es de campo y se agradece que sea de campo. Al menos para poder afrontar con sencillez y sin requisitos impostados, más propio de la historia que transpira el Congreso de los Diputados que de las personas que por ahí pululan, cuestiones como la infancia, la familia, las gallinas, la política, la izquierda, la derecha, las corruptelas y sus asuntos, vaya.

Después de un torpe peregrinaje para ver dónde va a tener lugar finalmente este encuentro, nos encerramos en el despacho del “diputado tranquilo” que añora una política “más tranquila” en las fuerzas del cambio, a las que tan pronto reprende como se suma a mociones de censura.

El habitáculo va con el mobiliario justo y el espacio justo. Nada de vistas esplendorosas, nada de mesas kilométricas desde donde planificar políticas y estriptis. Quien se haya configurado la idea de que el Congreso de los Diputados es un lugar esplendoroso, tapizado con los resto del oro de Moscú y con hilo de Holanda, que le eche un vistazo a los vídeos de la entrevista.

¿Quién es Joan Baldoví y de dónde sale?

Yo salgo de un pueblo donde se habla únicamente valenciano. Mis orígenes son una casa rural donde he conocido el caballo de labor, las gallinas, los conejos, las palomas, los aparejos de labranza de mi abuelo… Todo eso evidentemente marca mi vida. He salido, estudié dos años en la Universidad Laboral de Alcalá de Henares e hice la mili aquí en Madrid pero mis orígenes son estos. Por poner un título, soy un profesor de educación física de pueblo que circunstancialmente está haciendo política.

¿Qué momento humano hace que termines en el Congreso de los Diputados?

A mí me ha gustado la política desde siempre. Recuerdo que en el casino del pueblo me echaron más de una vez porque yo me sentaba allí, en la biblioteca, a leer todos los periódicos. Me los leía todos de cabo a rabo. Podía tirarme cuatro horas leyendo. Al final, algún socio se molestaba porque yo tenía el periódico que él quería leer y me mandaban al conserje para que me dijera “chaval. ¿Tú eres socio?” y claro, tenía que irme.

A los dieciséis años comencé a militar en las juventudes de un partido político y digamos que la política me ha acompañado toda la vida. Desde meterme en asociaciones de grupos de danza, bailes autóctonos valencianos, un grupo ecologista, en el AMPA del colegio de mis hijas… En fin, he sido una persona muy inquieta que ha ido haciendo política de abajo arriba. He sido concejal, he sido alcalde y cuando todo apuntaba a que me iba de vuelta a la escuela -me había comprado ya un par de chándales- me ofrecieron venir aquí a Madrid y finalmente salí diputado.

 

Y a estas alturas de la película, ¿qué te mueve?

Querer cambiar las cosas. Poder defender los intereses de mi tierra. Yo me siento profundamente valenciano: pienso, siento, escribo, vivo en valenciano. Creo que era importante que hubiera una opción que representara los intereses de allí, igual que tienen los canarios, los gallegos, los catalanes o los vascos.  Por esta razón siempre he estado en opciones políticas que defendieran estas posturas, de estricta obediencia valenciana.

 ¿Qué es la política para un nacionalista?

La política debería servir para cambiar a mejor la vida de las personas. Yo la entiendo así. Es como una palanca y eso se ve muy bien desde la política local, que es mucho más dura que la política aquí. Es mucho más duro ser alcalde o concejal de servicios sociales y más en estos años de crisis. Ha sido muy duro. Pero por el contrario, en la política local eres capaz de mejorar cosas concretas a gente concreta con cara, con ojos.

Desde aquí, desde el congreso, cada vez que aprieto el botón para aprobar o tumbar una ley, veo esos rostros. Cuando votamos la reforma laboral yo veía las caras de las personas a las que iba a afectar. Cuando se instauró el copago farmaceútico yo veía a los jubilados que había recibido antes como alcalde que tendrían ahora que pagar. O veía a la gente que utilizaba determinados servicios sociales, como por ejemplo un centro que tenemos en Sueca para personas con discapacidad.

Por eso creo que es importante saber que detrás del botón que apretamos cada martes o cada jueves aquí en el congreso hay caras e intento tener presente siempre esos rostros.

Pero esto incurre en un problema porque si la política solo es un conjunto de rostros locales parecería que la política a un nivel estatal, por decirlo de alguna manera, sería inexistente o, cuanto menos, quedaría descompensada, ¿no?, ¿qué piensa sobre esto?  

Yo hago un discurso ciudadano. Ciudadano quiere decir que puede servir para un señor de Cádiz, de Barakaldo, de A Coruña o de Sueca, mi pueblo. Pero entiendo que es importante hacer visibles determinados problemas que a veces desde el centro no se perciben. Por ejemplo, mucha gente dice simplemente “gracias por hacernos visibles en Madrid”.  Porque, aunque yo hago un discurso en global, al final hago una incursión en lo local, siendo perfectamente compatible lo uno con lo otro. Entiendo que hay unos intereses generales por los que yo también soy diputado, que defiendo igual por ti, entrevistador, que por mi vecino de al lado porque entiendo que nos afectan a todos.

Es curioso, porque ahí se ve un tipo de izquierda muy apegado a los barrios y los distritos que se parece mucho a un conservadurismo al estilo que promulgaba Josep Pla. ¿Cómo se da esa paradoja de los extremos?

No sé. Algunos nos sentimos identificados con ese tipo de izquierda que va de abajo a arriba. Es muy importante vivir los problemas de tu barrio y de tu gente. Pequeños universos que cuando aquí adoptas una decisión, sabes que les afecta. Pensar en lo pequeño para que cuando actuemos en lo grande sepamos qué y cómo va a afectar. Yo lo veo así: política de abajo a arriba. Porque haciendo política para los que conoces, lo estás haciendo para la inmensa mayoría.

Entiendo. Hay un tema que quisiera introducir. Hay algunas acciones que a determinadas personas les resulta molesto o sencillamente les entristece. Hemos visto a un candidato irse de escalada para mostrar su mundanidad, a una vicepresidenta de baile en un programa de prime time o a un diputado nacional desnudarse en el Congreso. ¿La política necesita del espectáculo? ¿es imposible llegar a la calle sin tener que recurrir a determinadas formas?  

Creo que es una pregunta que nos deberíamos hacer todos: políticos, periodistas y votantes. Yo he utilizado alguna vez elementos performance en el congres pero siempre he intentado que esos gestos tuvieran detrás un mensaje contundente. Cuando yo hice un amago de striptease torpe en el Congreso, llevaba debajo la camiseta de la plataforma de afectados por la hipoteca. Yo quería denunciar cómo se había tirado una iniciativa legislativa popular avalada por millón y medio de personas y cómo el Partido Popular la había descafeinado metiéndola en una comisión para que no se pudiera discutir en el pleno. Era una manera de llamar la atención con un contenido muy serio detrás.

Estamos en la era de la imagen, de los mensajes rápidos y cortos y a veces nosotros y vosotros nos tenemos que adaptar a eso que también pide la gente. En el grupo mixto tenemos dos minutos para hacer un discurso y al principio lo veía como un castigo, pero ahora lo veo como una bendición. Tenemos más capacidad de llegar.

Bueno. No sé si eso justifica o no la espectacularidad de la política. En cualquier caso. La corrupción. En la última moción de censura contra Mariano Rajoy, ustedes apoyaron a Unidos Podemos porque consideraban que había sacar “fuese del modo que fuese” al Partido Popular del gobierno. ¿Es la corrupción el fin de la política? Porque ocurre la paradoja de que se presentan a las elecciones y sacan cinco millones de votos.

No queda otra que seguir luchando. Cuando nosotros denunciábamos en mi tierra las trapacerías que hacía el Partido Popular y luego veíamos que sacaban mayorías absolutas la verdad es que nos daba un cierto desánimo. Pero contra ese desánimo solo queda: o bajas los brazos o sigues luchando. Con todo lo que ha caído y con todo lo que sigue cayendo todos los días, hay que seguir. Aunque desanime que aún mucha gente lo vea como un mal menor. Hay que denunciar la financiación ilegal y que hemos competido en situación de desventaja respecto al PP. Tenemos que hacer que esa gente pase a la historia porque si no, hay el peligro de que nos acostumbremos a vivir con esto. En el momento en el que eso pase, la democracia puede estar en serio peligro.

En cualquier caso, volviendo al Partido Popular, hay que reconocer que tienen una manera muy efectiva de colocar el mensaje que al final si ellos no gobiernan o gobiernan otros esto podría ser el caos y hay mucha gente que comulga con eso. “Prefiero la tranquilidad a cualquier aventura”. Eso sí, si vemos a la gente que en la actualidad vota al PP o al PSOE vemos que hay un envejecimiento del votante medio, que son las generaciones que más miedo pueden llegar a tener a perder un estatus, un nivel de vida, una seguridad. Vemos que son las generaciones más jóvenes que tienen un futuro incierto las que tienen mucho menos miedo de votar otras opciones, de apostar por otras formaciones.

Tenemos que hacer pedagogía de que estamos gobernando las nuevas generaciones junto con el Partido Socialista los principales ayuntamientos del Estado, muchas comunidades autónomas y todos los días se abren las persianas, se abren las escuelas… Que somos capaces de gobernar y yo lo digo: somos capaces de gobernar mejor que la derecha y además no robamos.

 

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  ¿Y cómo explica que en España haya gente que directamente le tenga miedo a que ustedes puedan gobernar?

Siempre hay un miedo intrínseco a los cambios. A veces las actuaciones de algunos ayudan a fomentar ese miedo.

 ¿Podría ser más concreto?

A mí me gustó mucho más el Pablo Iglesias de la moción de censura que el Pablo Iglesias anterior. Creo que ese día vimos un aspirante a presidente del gobierno mucho más tranquilo. Creo que es importante dar tranquilidad en la política.  Cuando he sido alcalde de mi pueblo, he visto cómo la gente quiere personas que sean capaces de hacer cambios y que al mismo tiempo sean moderadas, tranquilas, con cambios tranquilos. Decididos a hacer el cambio pero con tranquilidad.

Cambiando de tercio. Vimos el linchamiento a Espinar por tomar Coca-Cola y el foco absolutamente desquiciado que hay en la actualidad respecto a determinadas cuestiones sociales. No tanto con la cuestión de fondo, que es importante abordar y abordar bien, sino más bien con las formas. ¿Hay cierto puritanismo en la política? ¿cierta exigencia moral exacerbada?

Las dos cosas. Hay una cierta exigencia que yo, a veces, la vivo con cierta inquietud. No decir nada inconveniente, ser muy mesurado en tus palabras pero también es fundamental que uno predique con el ejemplo. A veces se vuelve demasiado duro el juicio hacia los políticos y otras tantas los políticos no cumplen con el ejemplo que han predicado.

¿No hay una quema de brujas y gente con las horcas esperando ver al próximo político caer?

Las redes sociales han hecho que cualquier gesto se magnifique mucho. Nada pasa desapercibido. Siempre hay un teléfono móvil grabando o haciendo esa foto. La información se consume muy rápido todo va aceleradamente y eso produce que los políticos y que toda la sociedad por otro lado esté muy expuesta.

Vamos terminando y como solemos hacer quisiéramos preguntarle ¿Qué está leyendo ahora mismo?

En mi forma de pensar Nosotres los Valencians, de Joan Fuster. Es el padre del valencianismo moderno con el cual nos sentimos identificados muchos de nosotros.

Y quisiera terminar Victus que cuenta la guerra de sucesión entre los borbones y los Austrias que es una época que me apasiona.

Un referente político tanto presente como pasado

Marcelino Camacho me pareció una persona sencilla. Mújica, el presidente de Uruguay, ha sido para mí un referente.

Entrevista realizada por Ricardo Morales e Ignacio Pou, codirectores de Democresía

 

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Interiorizar el fact-checking para tener una democracia más avanzada

En Periodismo por

Tiempo de lectura: 3 minutosNo queremos que los políticos nos mientan. No queremos que la posverdad sea algo más que una palabra de moda. No queremos un periodismo complaciente. Y tampoco una audiencia que no escuche de una forma crítica. En definitiva, queremos una democracia más avanzada, y para ello tenemos que interiorizar el fact-checking. Nosotros lo llamamos ‘Pruebas de Verificación’, pero no es más que tener una visión crítica para con el discurso de nuestros políticos. O, dicho de otra forma, hacer un periodismo independiente y honesto. Trabajar para que la opinión pública goce de un filtro de calidad.

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Liga de la Justicia. “Si estos son dones, ¿por qué los estoy pagando tan caro?”

En Cine/Democracia y Superhéroes por
Liga de la Justicia Cyborg Wonder Woman Flash Aquaman

Tiempo de lectura: 6 minutosEl entrecomillado del título pertenece a Victor Stone/Cyborg. Pienso que resume bien la psique de muchos superhéroes y refleja la esencia de su tormento espiritual. Quede claro desde este momento que todo lo que sigue hace referencia constante a la trama entera de Liga de la Justicia (Zack Snyder, 2017).

(atención: spoilers) Sigue leyendo

Spider-Man: Homecoming. El Buitre tiene razón

En Cine/Democracia y Superhéroes por
Spider-Man Homecoming accidente

Tiempo de lectura: 3 minutosA partir del siguiente párrafo revelaré datos del argumento de Spider-Man: Homecoming (Jon Watts, 2017). Si no quiere conocerlos le recomiendo que abandone esta lectura.

Los acentos de Spider-Man: Homecoming están puestos en dos aspectos. Uno de ellos es el falso dilema en el que vive gran parte del cine de superhéroes: ¿por qué una persona, por el hecho de tener superpoderes, pasa a ser responsable de los destinos de tantos? Al igual que Rousseau en El contrato social me pregunto, ¿por qué de la superfuerza se desprende una moralidad? O, mejor, ¿por qué el superpoderoso, por su condición de “súper”, está sujeto a una ley moral diferente a la del resto de personas? Qué a gusto transita este falso dilema en el cine de superhéroes. Sigue leyendo

Contra el movimiento de los astros

En Cataluña/Cultura política/España por

Tiempo de lectura: 4 minutosFue Hannah Arendt quien señaló el origen del término revolución. Contra lo que pudiera parecer, la adopción de la palabra revolución no venía a significar un movimiento de ruptura, una sacudida violenta e imprevista impulsada por un puñado de voluntades encendidas, sino, precisamente, un devenir de fuerzas que escapan a todo control del ser humano, irresistible, como el movimiento de las estrellas en el cielo nocturno.

Arendt utilizaba esta imagen para explicar la experiencia de la Revolución Francesa y el descubrimiento de sus impulsores y protagonistas de haber desatado unas fuerzas de la historia del todo desconocidas hasta entonces. Tanto escapaba el fenómeno de la revolución a una mera relación de causa y efecto que los mismos que la habían puesto en marcha acabaron siendo devorados por ella, para ser sucedidos por nuevos líderes que al poco terminarían también pasando por el cadalso.

Los acontecimientos de los últimos días en Cataluña y las reacciones que uno, como espectador, alcanza a observar y meditar, dan cuenta de que el famoso procés catalán va adquiriendo el tono y las dimensiones de un movimiento revolucionario. Por todas partes veo amigos y personas que en una situación cualquiera hubieran permanecido al margen de cualquier problema político, y que, poco a poco, van siendo arrastrados por el movimiento inefable de unos astros que –como una mueca de la historia– en Barcelona se han hecho omnipresentes. Sigue leyendo

La Pareidolia nacionalista

En Cataluña/España por

Tiempo de lectura: 5 minutosLa pareidolia consistente en el reconocimiento de patrones significativos como rostros humanos, caras o formas, en estímulos ambiguos y aleatorios como objetos inanimados, siendo una deformación psicológica de la realidad a través de la percepción visual.

Cuando una elite políticosocial se anquilosa en las instituciones que dan forma a una suerte de gobierno, se produce una calcificación de la maquinaria que rige los destinos de una sociedad, pasando de tener unos intereses universales a unos intereses sectarios y excluyentes. Éstos, empiezan sólo a producir en beneficio de una casta apoltronada en un poder que suele desarrollar sus actividades en un oscurantismo favorecedor para una corrupción endémica. Fue Tácito quien dijo que “Cuanto más corrupto es el estado, más leyes necesita”, pero no es tanto el nivel cuantitativo de sus entramado legislativo sino el cualitativo que hace referencia a la calidad de las normas que lo rige. Sigue leyendo

La metamorfosis del terror: del jacobinismo al yihadismo

En Pensamiento por

Tiempo de lectura: 6 minutosEl atentado yihadista de Cataluña volvió a poner sobre la mesa la cuestión de la naturaleza de este tipo de terrorismo. Un pensador como Edmund Burke quizá pueda ayudarnos a dirimir esa cuestión en la medida en que su reacción contra la Revolución francesa despliega una serie de visiones y argumentos no desdeñables a la hora de profundizar en la esencia del terrorismo islámico.

Evidentemente, no pretendo decir que, en Burke, se halle la solución del enigma, sino que, en nuestra historia intelectual, disponemos de marcos conceptuales adecuados para dotar de complejidad y hondura a nuestros análisis del presente. Desde la perspectiva del pensador irlandés, cabe descubrir una afinidad entre el jacobinismo y el yihadismo que, con todas las cautelas y matices, dadas las inmensas diferencias entre uno y otro; permite poner el énfasis en la ideología como clave interpretativa fundamental. Sigue leyendo

Tshisekedi, el luchador de la democracia en el Congo

En Mundo por

Tiempo de lectura: 4 minutosHace poco falleció el que se podría llamar el héroe de la democracia en la República Democrática del Congo. Etienne Tshisekedi Wa Mulumba, el hombre que se atrevió con Mobutu hasta el final, el luchador incansable, el opositor de todos los regímenes hasta la muerte.

Murió sin alcanzar ni la democracia ni el poder por el que tanto luchó como lo hiciera Mandela, por ejemplo, o, en menor medida, como Abdulay Wade de Senegal o Laurent Gbagbo de Costa de Marfil. Sin embrago, su nombre pasará a la historia como un hombre de convicciones firmes, intrépido ante el adversario aunque, a veces, tachado de radical. Sigue leyendo

El vademecum contra la tiranía de Snyder

En Cultura política/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 7 minutosTimothy Snyder es profesor en la Universidad de Yale. Hasta hace algunos meses ignorábamos completamente su existencia, pero he llegado hasta él porque quería leer algo inteligente acerca del peligro anti-democrático que constituyen los nuevos modelos políticos occidentales. Era, por lo tanto, inevitable que un título como On Tyranny. Twenty Lessons from the Twentieth Century (en español Sobre la Tiranía, publicado por Galaxia Gutenberg) despertase mi atención. Sigue leyendo

Los dos círculos de la democracia

En Cataluña/Cultura política/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 5 minutosPerdonen que uno vuelva al manido tema catalán, pero si una virtud tiene tal turbamulta es permitirnos pensar qué es y qué no es una democracia, explorar y llegar a comprender mejor nuestro sistema político y, quizá lo más importante, sus límites. Aquel punto más allá del cual nos precipitamos al vacío.

El manido tema catalán me ha llevado a percibir que nuestras democracias representativas giran en torno a dos círculos. Uno sería lo que cabe denominar el círculo liberal. Este estaría vinculado con el imperio de la ley, la división de poderes y el pluralismo. Es un círculo yo diría que oscuro, que solemos pasar por alto, pero en el que reposa el significado más profundo de nuestra democracia. Es decir, aquellas ideas y procedimientos que, decantadas por siglos de luchas y conflictos, nos han permitido alumbrar un sistema de libertad en el que tenemos el derecho, como diría Odo Marquard, a ser diferentes sin sentir miedo. Sigue leyendo

Negar la Transición

En España por

Tiempo de lectura: 4 minutosA mediados de los años 60, un desconocido Gabriel García Márquez se puso a escribir. Dedicó 18 meses a dar forma a Cien años de soledad. Era una historia que llevaba dentro, que había madurado durante una década en su interior. Necesitaba contar esa historia. Pero el colombiano nunca pensó que estaba escribiendo el libro más importante, tal vez, del siglo XX.

A principios del siglo XVI, cumplidos ya los 50, Leonardo Da Vinci comenzó a dar forma al Retrato de Lisa Gherardini. Era un retrato más, otro retrato por encargo de los muchos que había creado a lo largo de su próspera vida. Puso lo mejor de sí pero seguro que el florentino no pensó en pintar el cuadro más reproducido, más admirado y más popular de la historia.

Las grandes obras se hacen, no pensando en su grandeza sino en hacerlas. Sólo una vez terminadas empiezan a crecer.

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La situación de los derechos humanos en África

En África desde dentro/Asuntos sociales/Internacional por

Tiempo de lectura: 3 minutosCuando se habla de los derechos humanos en un lugar, se está refiriendo a la capacidad que tiene cada ciudadano de ver su vida y sus pertenencias protegidas por la ley de su país. Y esta ley ha de ser justa, promulgada con la finalidad de alcanzar el bien común.

Cuando es perturbado en sus derechos, ha de tener la posibilidad de recurrir a instancias superiores, administrativas o judiciales. Todas las estructuras políticas, administrativas, jurídicas, policiales y sociales tienen el cometido de asegurar que nadie se sienta injustamente tratado. Sigue leyendo

¿Qué es actualidad?

En Periodismo por

Tiempo de lectura: 3 minutosHoy, jueves, algunos de los que escribimos en estas páginas acudiremos al CaixaForum de Madrid para ver si nos cae un premio: el de Mejor Blog de Actualidad de los Premios 20blogs, que concede el diario 20 minutos. [Actualizado: ¡Nos lo dieron!]

Si es usted uno de los que ya se ha dado un garbeo por Democresía, quizás se sorprenda. ¿Actualidad? ¿Desde cuándo? Lo cierto es que es más probable leer en esta revista textos y nombres de personajes pretéritos que encontrar algún resquicio –que los hay– de lo que uno podría encontrar en un periódico común y corriente. Y, sin embargo, la mayoría de los que escriben en estas páginas son periodistas en alguna medida, sea por formación o por vocación. O ambas. Entonces… ¿nos hemos vuelto locos? Sigue leyendo

Turquía o la democracia suicida

En Internacional/Mundo por

Tiempo de lectura: 3 minutosAl igual que los griegos, que en su democracia clásica condenaron a Sócrates a ingerir la cicuta para matarlo, la democracia representativa padece de instintos suicidas intermitentes. Un nuevo bollo, este con aspecto de donner, ha venido a engordar el descrédito hacia los valores demócratas tras el referéndum acontecido hace escasas semanas en Turquía. Una vez más, la democracia disparándose en el pie.

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Disciplina de voto: ¿sí o no?

En Cultura política/España/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 3 minutosEn las últimas semanas la famosa y controvertida disciplina de voto ha regresado al escenario político español. Ha sido en las entrañas del PSOE: la Comisión Gestora ha decidido sancionar a los díscolos que se apartaron del común sentir del partido. En el PP una de las últimas fue la de los expedientados no sancionados en la famosa “reformita” del aborto, que sin embargo acabó con su exclusión en bloque de las listas en las siguientes elecciones. El debate está candente: ¿es favorable este sistema a la democracia? Sigue leyendo

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