Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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El indie rock tuvo una época dorada (y ya pasó)

En Música por
Tiempo de lectura: 4 minutos

El nacimiento de un determinado movimiento artístico siempre ha sido el resultado de un cúmulo de circunstancias especiales. Situaciones propicias en las que el talento de algunos se une al hambre de otros. En definitiva, puestos a simplificar, podría ser como ese momento en el que el aire de la habitación está demasiado cargado y se abren todas las ventanas de la casa. La reticencia a lo demodé es otra cuestión a tener en cuenta como la punta de lanza de unos cuantos jóvenes melenudos en busca de algo diferente. Sigue leyendo

Jordan Peterson: el psicólogo que se lava las manos con jabón de hotel

En Periodismo por
Tiempo de lectura: 5 minutos

Agotado, impoluto. Tal vez con migraña. En Jordan B. Peterson hay algo – si no mucho – de estoico.

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Periodistas, ¿parte del problema?

En Periodismo por
Tiempo de lectura: 2 minutos

Decía Enrique Meneses que el periodista ha de entender su oficio como el de un aventurero. Ante cada obstáculo, cada revés del destino, se le presenta la oportunidad de probar su valentía, su raza.  Y puede que en  algunas honrosas ocasiones, cuando se haya metido tan hasta el fondo con un tema en el que los actores implicados tengan que emplear el soborno o manipulación para acallar su historia, se den las circunstancias para sacar a la luz su calado moral; ese que se aprendía más en las meriendas con Nocilla que en las cañas de la facultad.

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García-Viñó: el azote del grupo PRISA

En Periodismo por
Tiempo de lectura: 3 minutos

Manuel García-Viñó fue el crítico más riguroso a la hora de analizar la Novela en España, quizás también el que mejor conocía el género. Antonio García Trevijano ha sido uno de los pensadores más molestos para el poder en nuestro país antes, durante y después de la Transición. Txalaparta es una editorial abertzale conocida por dar voz a quienes no podrían publicar de otra forma, asesinos incluidos.

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Fernández Mallo: “La Biblia es un producto pop”

En Entrevistas/Poesía por
Tiempo de lectura: 15 minutos

El Donostia International Physics Center hospeda el programa Mestizajes, cuya finalidad es la exploración de las relaciones entre arte, ciencia y literatura.  Se antojaba un contexto propicio para conversar con el físico y poeta Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) tras la publicación de su poesía reunida, a la que se suma el inédito Ya nadie se llamará como yo (Seix Barral, 2015).

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Microrrelatos para la sociedad que no lee

En Literatura por
Tiempo de lectura: 4 minutos

— El microrrelato surge como el último reducto para una sociedad que no lee, llena de urgencias, obsesiones, prisas y reducciones
— Con “Por favor, sea breve” revivirá en cuatro líneas un golpe de Estado, leerá la peculiar esquela de un ave Fénix y reflexionará sobre el miedo, la libertad, la muerte, el viaje, la felicidad o la soledad

A principios del siglo pasado, uno de nuestros escritores más queridos,  Juan Ramón Jiménez, predijo en su obra Cuentos largos la deriva de la literatura hacia la minificción en las siguientes décadas: «¡Cuentos largos! ¡Tan largos! ¡Ay, el día en que los hombres sepamos todos agrandar una chispa hasta el sol! (…), el día en que nos demos cuenta de que nada tiene tamaño, y que, por lo tanto, basta lo suficiente; el día que comprendamos que nada vale por sus dimensiones (…) y que un libro puede reducirse a la mano de una hormiga porque puede amplificarlo la idea y hacerlo universo».

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¿Es necesario ponerse “ciego” para ser un artista?

En Democultura por
Tiempo de lectura: 4 minutos

Existe cierto mantra occidental, cierta idea preconcebida cuyo origen es difícilmente localizable, que asocia a los artistas y las cogorzas de manual como un binomio indisoluble.

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Jugar, placer responsable

En Videojuegos por
Tiempo de lectura: 3 minutos

Jugar a videojuegos tiene mala fama en el mundo adulto, sobre todo entre los más “intelectuales” que lo tildan de influencia negativa para los más jóvenes y los no tan jóvenes. Lo definen como un intento de arte, abocado al mero y banal entretenimiento evasivo que impide realizarse a quienes dedican horas a este joven y aun por definir, “octavo arte”. Sin embargo, cuarenta años de desarrollo es pronto para finiquitar una tendencia artística tan integrada en la actualidad que como cualquier arte busca expresarse, dirigiéndose fundamentalmente a quien lo vive e incorpora a su experiencia.

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¡Diviértete hasta morir!

En Periodismo por

Tiempo de lectura: 3 minutos“En 1984, agregó Huxley, la gente es controlada infligiéndole dolor, mientras que en  Un mundo feliz es controlada infligiéndole placer. Resumiendo, Orwell temía que lo que odiamos terminara arruinándonos, y en cambio, Huxley temía que aquello que amábamos llegara a ser lo que nos arruinara. Este libro trata de la posibilidad de que sea Huxley, y no Orwell, quien tenga razón.”

(Neil Postman, Divertirse hasta morir, Prefacio) Sigue leyendo

Periodistas: mis profetas favoritos

En El astigmatismo de Chesterton/Periodismo por

Tiempo de lectura: 2 minutosDesde finales del siglo XVIII hasta bien entrado el XIX, la guillotina era la última parada de las ideas desbocadas y los actos consumados con alevosía institucional. Los ilustrados se las gastaban así. Con nosotros, te mantienes peinado. Sin nosotros, tu cuero termina en un cesto.

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El apocalipsis sostenible

En Cine/Economía por

Tiempo de lectura: 3 minutosUna empresa que fabrica ascensores en Portugal está al borde de la quiebra. Tras varias semanas sin recibir pedidos, unos acreedores irrumpen por la noche en la nave y se llevan los materiales del almacén. A la mañana siguiente, el gerente del lugar desaparece y llega un equipo de recursos humanos de la oficina central. Vienen a negociar los despidos del personal contratado. Con lo que quizás no contaban era con la férrea resistencia de los empleados a abandonar sus puestos de trabajo. Sigue leyendo

Pedro Pastor Guerra: “Pretendemos cambiar el país pero un país no se cambia”

En Entrevistas/Música por

Tiempo de lectura: 11 minutosPedro Pastor Guerra lleva toda su vida unido a la música, desde los 13 años que compusiese su primera canción hasta sus 23 actuales. Con cuatro discos y cientos de conciertos tras de sí basados en un trabajo de autogestión que a través de multitud de ritmos da voz a mensajes de libertad, empoderamiento, política y amor libre. Se palpa en su música una cercanía a América Latina, a la historia, a colectivos sociales y, sobre todo, a experiencias en una primera persona poco convencional que cada vez llama a un público más numeroso.

Para conocer a Pedro hay que ver al público de sus directos, desde personas jóvenes hasta madres con sus hijas pasando por ancianos con los oídos repletos de añoranza y una misma sensación al acabar: parece que le conoces o que él te conoce a ti. Da igual que lo escuches en un pequeño bar de Madrid o del DF, en un teatro a las afueras de cualquier capital de provincia española o en el núcleo de Argentina, logra esa complicidad con el público que en la música sólo es concedida por la sinceridad en las letras.

El joven madrileño nos recibe en su casa después de haber vuelto de su gira por varios países de América, un viaje por Marruecos y pocos días antes de tocar en el escenario principal de la Feria de San Isidro en la pradera madrileña. Se deshace en abrazos, nos invita a desayunar, nos presenta a algunos compañeros de su casa -en la que conviven ocho personas “aunque siempre hay alguien más” entre amigos y familia- y nos abre y enseña su habitación, que es a la vez su centro de operaciones, como si de dos vecinos más nos tratásemos. Sigue leyendo

Javier Aller: el marciano inmortal

En Cine por

Tiempo de lectura: 2 minutosJavier Aller se fue hace unos días. Regresó al planeta surrealista que pertenece. El primer avistamiento de su persona en nuestro planeta fue en el año 1998 con El milagro de P. Tinto donde debutó en el cine interpretando un fastidioso marciano adicto a la gaseosa.

Aller desde entonces nunca dejaría de interpretar en sus películas la misma actitud vital bizarra y sencillamente genuina. Sigue leyendo

¿Cultura o ideología? La vía del encuentro a través del juego

En Pensamiento por

Tiempo de lectura: 3 minutosOfrezco un relato sobre el valor “experiencial” del juego para crear cultura y  evitar el enfrentamiento que nace de  la ideología o, mejor dicho, de una visión ideológica de la realidad.

Sucedió hace algún tiempo. Hacia el final de una clase de historia terminamos hablando de los movimientos postmodernos. Como parte del temario, traté de explicar la diferencia entre cultura e ideología. No recuerdo muy bien el discurso exacto, pero los márgenes eran más o menos los que siguen: Sigue leyendo

El orgullo del idioma

En Asuntos sociales/Periodismo por

Tiempo de lectura: 3 minutosEl idioma es uno de los instrumentos que mejor tiene que saber dominar el periodista, insistía yo ante los alumnos en las clases de redacción periodística. Porque, desgraciadamente, vivimos en un país en que se lee poco, y por lo tanto, la gente habla como oye hablar a los periodistas en la radio y la televisión o como lee en los diarios y revistas. De ahí la importancia y la responsabilidad que tienen los comunicadores en el manejo del idioma: como ellos escriban así hablarán y escribirán los lectores, oyentes y telespectadores. Sigue leyendo

Las ventajas de mirar (insistentemente) una lata de sopa

En Pensamiento por

Tiempo de lectura: 4 minutos

Warhol ha desembarcado en Madrid. Y a muchos les pasará inadvertido que la llegada del líder del pop-art, más allá de ser un acontecimiento pictórico para las élites, supone una provocación social, un juicio político, una moción a la mirada post-ideológica/superideológica de la España de 2018.

En una de las salas de referencia del Paseo del Prado (Caixa Fórum), se exponen casi 350 piezas de aquel chico de Pittsburgh que subió a los cielos de Nueva York. Warhol es pre-impresionista y postmoderno al mismo tiempo, y sin duda postdigital. Nos quedamos imantados ante su repetición del retrato de Mao. No resulta fácil despegarse del rostro del líder comunista que es el mismo y es diferente, según tenga los labios rosas, la piel azul marino, los párpados blancos. Lo mismo sucede ante su Jackie Kennedy o su Marilyn.

La desconexión del arte contemporáneo ha desaparecido: la repetición de los mitos que la cultura televisiva hizo archifamosos invita a mirar una y otra vez, y a descubrir lo que ya no se mira porque se cree conocer. El tratamiento del color o la insistencia en la representación de objetos cotidianos como la lata de sopa Campbell, se convierten en una especie de corrección de la mirada del homo videns: el hombre al que el abuso de la pantalla ha mutado antropológicamente. El homo videns es el hombre que mira y ya no ve. Está en el último escalón evolutivo que comenzó en el momento en que el ser humano se identificó con una forma de abstracción, de ejercer el noble ejercicio de la crítica y del pensamiento, sin someterlo a vínculo alguno con las cosas. Esas cosas son ahora solo imágenes a las que se dedica poco más que un instante. Si no fuera una exageración, se podría decir que con su repetición de lo mirado y no visto Warhol nos obliga a hacer un ejercicio que nos rescata, nos recupera de los efectos más nocivos que puede tener la digitalización.

En el mundo anglosajón hay una corriente pedagógica que ha subrayado durante los últimos años lo que Warhol parece proponer. Esta corriente insiste en la observación para fomentar la capacidad de innovación. Algunos teóricos subrayan la importancia de enseñar a los más jóvenes a mirar un cuadro, no los 30 segundos que le solemos dedicar sino al menos 10 minutos. De este modo se fomentan las capacidades creativas. Por eso quizás, cuando el Ministerio de Educación de Finlandia, referencia por sus buenos resultados educativos, se planteó nuevas mejoras hace unos años propuso aumentar las horas semanales de Arts & Crafts (educación artística).

Hay cierta “educación de la mirada” que parece ser muy conveniente. Es precisamente este tipo de educación en el modo de ver la que viene revindicando desde hace algún tiempo Andrés Trapiello, uno de los grandes referentes del mundo literario español. Trapiello sostiene que nos conviene a todos educarnos para recuperar “la mirada compasiva” de Cervantes, el autor del Quijote. Un modo de enfrentarse al mundo, nacido de la primacía de la observación, que huye del resentimiento: cuanto más y mejor se mira más difícil es que prevalezca la queja e incluso esa casi inevitable distancia que siempre deja el mal sufrido o causado.

El homo videns es el hombre que mira y ya no ve.

Esta era postideológica se ha convertido en un tiempo superideológico: es un momento que nos ha dejado sin conclusión, idea o principio que afirmar, pero prisioneros de un sistema de engranajes abstractos que giran en vacío. Son mecanismos que nos aíslan de las cosas, de los otros (también de nosotros mismos).

Las consecuencias políticas son rotundas. Tomemos dos ejemplos que marcan la actualidad española: Cataluña y el debate sobre la pena permanente revisable.

En Cataluña parece que la situación política puede empezar a encauzarse. Después de cuatro meses de gravísima crisis institucional, el independentismo parece haberse convencido de que no puede insistir en una fractura unilateral. Pero los clichés ideológicos siguen intactos. Los líderes del constitucionalismo (defensores de una España unida) están convencidos de que “el principio de realidad” se recuperará con mano dura. Y los líderes independentistas han hecho aún más profunda la zanja de los que consideran “los otros”. No hay observación, no hay camino para recuperar la unidad de fondo.

La prisión permanente revisable se ha convertido en otro pretexto para utilizar de forma partidista la abstracción ideológica. España es uno de los países con más baja criminalidad en toda Europa. Pero algunos delitos especialmente crueles, obsesivamente descritos por las televisiones, reabren cada poco tiempo el debate sobre la necesidad de endurecer las penas. Ya el Gobierno del PP aprobó una fórmula de prisión permanente que el Tribunal Constitucional está examinando. No está claro que respete el más que conveniente principio de reinserción. La izquierda reclama demagógicamente una contrarreforma, mientras que la derecha debate la conveniencia de un endurecimiento. El daño causado por el delito se utiliza, de forma partidista, en un debate que instrumentaliza el dolor y quiere hacer absoluta la distancia con el delincuente. Se identifica la justicia con no tener que ver nunca más, no mirar, a quien ha cometido el delito. Podría ser interesante que los defensores de esta forma de justicia releyeran A Sangre Fría de Capote o cualquier obra de Dostoievski.

Mirar insistentemente, obsesivamente, una lata de sopa tiene, a estas alturas, efectos curativos, revolucionarios, quizás incluso redentores.

Este artículo fue publicado originalmente en Páginas Digital y es reproducido aquí con permiso de su autor.

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Taxus o el arte de dedicarte a lo que te gusta [Carta a Loulogio]

En Democultura/Literatura por

Tiempo de lectura: 3 minutosQuerido Isaac Sánchez, “Loulogio”,

En diciembre me compré Taxus, tu nuevo cómic. Y es curioso ver cómo una frase tan trivial puede esconder tanta historia. Sigue leyendo

Recordarse en los otros para no olvidarse de uno mismo

En Democultura/Música por

Tiempo de lectura: 3 minutosAndrés Suárez es un cantautor gallego que se atrevió a coger su guitarra y bajar a Madrid para intentar vivir de unas letras y unos cuantos acordes. Pocas garantías y una ciudad ajena y grande, lo que la hace dos veces ajena para todo lo que tenía como meta. Así las cosas, esto no es una biografía: Andrés tocó mucho y en muchos sitios: en locales, bares, en la calle y el Metro. Pasaron muchos meses, varios discos y ahora llena auditorios, teatros, estadios y todo lo que se ha propuesto hasta la fecha. Todos nos hemos sentido alguna vez Toto, instigados por algún Alfredo a dejar Giancaldo y nuestro Cinema Paradiso para vivir un sueño lejos de casa, pero no todos lo hemos vivido o sabremos lo que es hacerlo; Andrés sí lo sabe.

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¿Qué belleza salvará el mundo?

En Pensamiento por

Tiempo de lectura: 5 minutos

Búsquela en el silencio, búsquela en la calma, búsquela en medio de la noche y búsquela también en la aurora. Deténgase a cerrar las puertas mientras la busca, y no se sorprenda si descubre que ella no vive en los museos ni se esconde en los palacios. no se sorprenda si descubre finalmente que la belleza no es solo un qué, sino también un quién. (El despertar de la señorita Prim. Natalia Sanmartín)

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Los cojones del anticristo y otros butrones a la historia popular

En El astigmatismo de Chesterton por

Tiempo de lectura: 4 minutosUno de los dulces que nos podemos encontrar en Santillana del Mar son “los cojones del anticristo”.

Atestados están los puestos y locales con estas pastas del Valle de Liébana. Desde el parking edificado para turistas madrileños hasta la Plaza Mayor de este hermoso, aunque siempre saturado, municipio cántabro.

Hace unos cuantos veranos, con un buen amigo democresiano, tuvimos a bien darnos un paseo por sus calles.

Hacía mal tiempo. Nublado y frío.

– ¿Sabes cuál es el dulce típico de aquí?

– No ¿cuál?

– Mira en ese escaparate.

Cubierta la primera risa incrédula, perfecto contraste con la apatía y hastío del tendero que hacía su agosto en agosto, decidí preguntarle por otro producto exótico de aquella tierra de gentiles y adoradores del demonio.

– Disculpe. ¿Tienen el falo del druida?

– ¿Cómo?

– El falo del druida.

Mi amigo, prevenido desde que nos conocimos de mis chuflas y chanzas, se giró hacia los quesucos de cabrales para evitar más cabreo y hastío en el tendero al enseñarle los dientes sin disimulo.  

– Pues no me suena. Eso será de otro pueblo.

Con algo de carcajada colgando en el costado, salimos los dos del establecimiento, sorteando a varios padres de familia, que con bufonadas cavernícolas a sus cónyuges cargaban al carrito del bebé mandiles de cocina con una silueta escultural y de tostado artificial; pura chabacanería serigrafiada en la parte delantera. Pasaban por su tarjeta de crédito licores de crema de orujo muy corrientes cuyo principal activo era estar envasado en un tarro que ponía al descubierto la exuberancia femenina. Y así toda clase de vulgaridades hechas dulce. Todo choni y todo cutre en esta villa medieval, para que nos entendamos.  

Traigo a colación esta anécdota porque leyendo la fascinante historia de las Hurdes y Batuecas, escenario sin igual de ciclos míticos en la geografía española, me he topado con la siguiente reflexión de Benito Jerónimo Feijoo. Dicho rescate fragmentario se lo debemos a Daniel Pablo Maroto, historiador carmelita, que en su obra “Batuecas”, hace un repaso monumental al antes y durante del Monasterio de San José, lugar extraordinario, todavía hoy, para el retiro y la oración.

La cosa es que el monje benedictino, ilustrado del XVIII, en su obra “Teatro crítico universal. Discursos varios en todo género de materias para desengaños de errores comunes”, dice así.

“El autor – escribe – que, para cualquier hecho histórico, cita la tradición constante de la ciudad, provincia o reino donde acaeció el suceso, juzga haber dado una prueba irrefragable a que nadie puede replicar. Varias veces – sigue razonando el crítico – he mostrado cuán débil es este fundamento, si está destituido de otros arrimos, para establecer sobre él la verdad de la historia. Porque – ahora viene todo el jugo del texto – las tradiciones populares no han menester más origen que la ficción de un embustero o la alucinación de un mentecato. La mayor parte de los hombres admite sin examen todo lo que oye. Así en todo pueblo o territorio hallará de contado un gran número de crédulos cualquiera patraña”.

Claro. Uno leé esto y tiene la sensación de estar en una catequesis resacosa del Padre Hugh Collins (La hija de Ryan), o del Rev. Capt. Samuel Johnson Clayton (Centauros del Desierto). Contundencia hecha vísceras.

Los cojones del  anticristo, el orgasmo de monja, los gusanos del celibato y los dientes del orangután son pastas que empañan la historia de un pueblo y sepultan su tradición, su verdadera tradición, que en casi todos los casos, se encuentra impregnada por las gentes que se apiñaban en torno a su Iglesia, su muralla, sus plazas y sus muelles.

Cuando el pueblo, ávido de reconocimiento para no caer en el sopor de los años, en el olvido de las generaciones que ahora solo ven los paisajes por Instagram, decide estas tácticas marketinianas al estilo de la batamanta o el extensor, incurre en la defecación sistemática en el mortuorio de todos los pescadores, mercaderes, bachilleres, clérigos, religiosas, chiquillos y hombres y mujeres de bien que laboraron su vida para que el ayuntamiento se ganase la dignidad de “ilustrísimo”.

Porque ahora, toda esa verdadera memoria histórica (no le pongamos paños ideológicos al término, por favor) acaba de ser mancillada por una turba innumerable venida de la capital y aledaños, que se enfunda el norte a modo de postureo pseudoburgués, y que tan solo recuerda el sitio por el chuletón que se ha jamado y por ser la tierra donde venden unas galletas de chocolate llamadas “los cojones del chivo o del diablo o qué se yo”.  

Quizás la Concejalía de Turismo de este y otros tantos municipios de España que pretenden esconder o permiten que se esconda la riqueza de su historia por la vía zafia de sus comerciantes, quizás, digo, debieran darse un garbeo por el despacho del concejal/a de cultura y hacerle un par de preguntas sobre la imbecilidad humana y sus consecuencias.

No quiero concluir sin rescatar la otra parte del texto del Feijoo, que seguro que será de mucho provecho mientras nos limpiamos las deliciosas migajas del escándalo hecho caries.

“Éstos hacen luego cuerpo para persuadir a otros, que ni son tan fáciles como ellos ni tan reflexivos, que puedan pasar por discretos. De este modo va poco a poco ganando tierra el embuste, no sólo en el país donde nació, mas también en los vecinos y, entretanto, se va oscureciendo la memoria y perdiendo de vista los testimonios o instrumentos que pudieran servir al desengaño. Llegando a verse en estos términos, van cayendo los más cautos, y a corto plazo se halla la mentira colocada en grado de fama constante, tradición fija, voz pública, etc”.

¡Ojo avizor a la próxima bolsa de recuerdos!

 

Las pastas que apelan a la genitalidad del diablo

Para qué estamos leyendo

En Literatura por
pacto con el lector

Tiempo de lectura: 4 minutos

Estaba claro el propósito de Aldous Huxley, George Orwell, Ray Bradbury y el resto de autores de este tipo al escribir sus historias. La distopía es uno de los géneros narrativos más claro y ambicioso: escriben para que el lector cambie su parecer en cuanto al mundo, al desarrollo, al poder. Escriben para buscar trascendencia, luchar contra la artificialidad, para aceptar la realidad humana como cualidad y no como castigo del que huir o evadirse. Imagino a estos autores haciendo mapas conceptuales, estudiando la historia y cómo evocar elementos que apelaran de lleno a quien los lea.

No una apelación leve sino una apelación que hiciese tomar conciencia del peligro que corre el hombre al cegarse en el desarrollo, en la ignorancia o en la sumisión. ¿El lector acaso es consciente de por qué aborda unas obras y no otras?, ¿para qué lo hace? O simplemente la lectura es un pasatiempo que pasa por encima de estas cuestiones. Sigue leyendo

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