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Vieja y nueva política

En Cultura política/España/Pensamiento por

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Los medios de comunicación nos hicimos eco la semana pasada de un suculento estudio publicado por el Centro Reina Sofía, un organismo dedicado a la realización de estudios sociológicos sobre adolescencia y juventud dependiente de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) titulado ‘Política e Internet’.

INFOGRAFIA CRS POLITICA E INTERNETDicho estudio arrojaba dos conclusiones interesantes: la primera, que el interés por la política entre los jóvenes de 18 a 25 años  ha aumentado del 26% en 2008 (entonces, ese porcentaje declaraba estar muy o bastante interesado por la política) al 72,6% a finales de 2014. Cerca de un 50% más en seis años de crisis económica. De hecho, el 80% asegura que votará en las próximas elecciones.

La segunda de las conclusiones era que una mayoría amplia de este colectivo no siente prácticamente ningún apego o confianza por la mayoría de las instituciones y organismos en los que se desarrolla la vida política y social española, a excepción de los clubs deportivos, las ONG y poco más.

Ni los partidos políticos, ni el Parlamento, ni el Ejército o las fuerzas de seguridad, ni la Iglesia, ni la patronal de empresarios o los sindicatos, ni otros actores económicos como empresas o bancos son para esta generación actores de los que se pueda esperar algún tipo de avance en las cuestiones que les preocupan.

Las causas de esta aparente contradicción son del todo conocidas. El informe no aporta ninguna sorpresa en este sentido: corrupción, ausencia de opciones que les representen, desengaño, desánimo sobre la utilidad del voto, decepción tras las últimas elecciones…

Para el director general de la FAD (y del Centro Reina Sofía) el desapego de la juventud hacia los organismos en los que se desarrolla la vida política del país es un signo “preocupante” porque, a su juicio, “ningún país del mundo puede gestionar su convivencia interna sin unas instituciones fuertes“.

En otras palabras, integrar el descontento y las reclamaciones de los jóvenes en un marco político común se presenta como una tarea en la que debe implicarse toda la sociedad, a fin de que estas puedan articularse en un diálogo que beneficie a todos. La alternativa, a todas luces, es el riesgo de una ruptura de la vida política, no para ser sustituida por una nueva fórmula sino para romper todo cauce de diálogo y, por ende, de convivencia.

Decíamos hace unas líneas que la consulta a los jóvenes (un total de 808) fue realizada los últimos meses de 2014. Precisamente ese año se cumplía un siglo desde que uno de nuestros grandes (o de nuestros pocos) pensadores políticos, José Ortega y Gasset, se lamentaba en su discurso ‘Vieja y nueva política‘ del desinterés de la juventud (hoy igualmente pretendida) acerca de las cuestiones políticas y del estatus caduco de las instituciones de la “política oficial“. Decía así:

Todos esos organismos de nuestra sociedad — que van del Parlamento al periódico y de la escuela rural a la Universidad —, todo eso que, aunándolo en un nombre, llamaremos la España oficial, es el inmenso esqueleto de un organismo evaporado, desvanecido, que queda en pie por el equilibrio material de su mole, como dicen que después de muertos continúan en pie los elefantes“.

Ortega y Gasset, por F. Vicente

Como curiosidad, el filósofo y periodista señalaba a un tal Pablo Iglesias (no el nuestro, sino el fundador del PSOE)  como uno de los pocos que no representaban los “odres caducos” de la política de 1875, la de la restauración monárquica.

Aún así, afirmaba que la novedad que suponían los sindicatos y el Partido Socialista de aquel momento (léase hoy como Podemos) “le confundirían si no se limitaran, sobre todo el socialismo, a credos dogmáticos con todos los inconvenientes para la libertad que tiene una religión doctrinal“.

De hecho, y pese a reconocer la “utilidad” de algunos “radicales” que “han ejercido una función necesaria” consistente en “producir una primera estructura histórica en las masas” –lo que hoy viene a ser el clamor por la “regeneración“– acusaba a los responsables de estas fórmulas de ser “buenos demagogos” que “van gritando por esas reuniones de Dios” (pongan aquí “círculos” y tendrán la analogía perfecta).

Sobre las consignas que entonces –y hoy de forma parecida– movían la reivindicación contra la vieja política afirmaba que “son los tópicos recibidos y ambientes, son las fórmulas de uso mostrenco que flotan en el aire público y que se van depositando sobre el haz de nuestra personalidad como una costra de opiniones muertas y sin dinamismo“. “Nuestra política es todo lo contrario que el grito, todo lo contrario que el simplismo –advertía el filósofo– Si las cosas son complejas, nuestra conducta tendrá que ser compleja”.

Por ello, en su discurso, pronunciado en el teatro de La Comedia el 23 de marzo de 1914, abogaba por la recuperación de la “sustancia nacional“, concepto algo vago que no mucho más tarde se emplearía en el auge de los movimientos fascistas, pero que, para Ortega, significaba que “la política no es la solución suficiente del problema nacional“, tal como hemos defendido en este blog anteriormente.

La ruptura de la tradición política –que no el interés político, tal como se aprecia en la encuesta– y, por lo tanto, del derrumbe de la legitimidad o utilidad de sus instituciones a ojos de la nueva generación, proviene del vaciamiento del significado que estas tienen como legado de una convivencia común y articulada (formal y legalmente) como producto de esta.

Es cierto que, como decía el director general de la FAD durante la presentación del estudio, la semana pasada, “es tarea de todos” el reunir a la sociedad y reforzar las instituciones de modo que estos se conviertan en cauces efectivos de comunicación y gobierno para todos. Pero, para ello, es necesario que exista una voluntad mutua de convivir y una preocupación compartida hacia la comunidad.

Es una ilusión pueril creer que está garantizada en alguna parte la eternidad de los pueblos; de la historia, que es una arena toda de ferocidades, han desaparecido muchas razas como entidades independientes –advertía Ortega– En historia, vivir no es dejarse vivir; en historia, vivir es ocuparse muy seriamente, muy conscientemente del vivir, como si fuera un oficio. Por esto es menester que nuestra generación se preocupe con toda consciencia, premeditadamente, orgánicamente, del porvenir nacional.”

Andalucía: análisis de resultados

En Andalucía/España por
elecciones
Fuente: EL PAÍS

 

Las elecciones en Andalucía, como ocurre la mayoría de las veces con los resultados electorales, sirven para poner el freno a los desvaríos de los gurús apocalípticos, y al mismo tiempo para dar pábulo a los de otros con no mayor credibilidad.

Entre los análisis que hemos desayunado la mañana de este lunes, jornada post electoral, hay conclusiones para todos: batacazo del PP, batacazo de Podemos, Susana Díaz cotiza al alza, Ciudadanos se come a UPyD, IU camino de la desaparición (este último podría ser cierto).

Lo que está claro es que, al igual que en los pasados comicios andaluces, las elecciones de este domingo se han producido en un clima especial como ocurrió en 2012, esta vez marcadas por la crisis y las profecías de la llegada del mesías con coleta, como en aquel momento por el vacío de poder y credibilidad del PSOE, tras el hundimiento del Zapaterismo y la explosión de los ERE de Griñan.

Así pues, los dos puntos más destacables de los resultados de este domingo son, por un lado la vuelta de las aguas a su cauce “natural” (victoria del PSOE) y la irrupción de dos nuevos partidos con una fuerza quizá inédita en nuestra democracia.

Por muchas ganas de revolución que tengamos (las revoluciones son siempre adictivas) y por más que agitemos los datos para augurar el batacazo del PP, no es serio olvidar que Andalucía es y ha sido siempre el patio de la casa de los socialistas (y como tal la han tratado), y que el PP no ganó las elecciones en 2012 por méritos propios (solo subió tres) sino por que el PSOE prácticamente no se presentó a aquellos comicios, en los que perdió nueve diputados (pese a lo cual obtuvo suficiente apoyo para poder gobernar).

No en balde, el PSOE manda en Andalucía desde que dejó de hacerlo Franco –se dice pronto– lo que hace, si cabe, más extraño que el mensaje de Díaz tras ganar la elecciones es que “quiere dejar una Andalucía mejor de la que le dejaron sus padres”. ¡Será que no han tenido tiempo!

Comentario aparte merecería la candidatura de Moreno, un tipo muy majete pero sin carisma ninguno, que llegó desde Madrid elegido a dedo tras ocupar la Secretaría de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, donde era la cara visible de los recortes en el sistema de ayuda a la dependencia y en los servicios de atención a las víctimas de violencia de género. Una jugada maestra.

El desconocimiento del candidato, sumado al desgaste gubernamental de la crisis hace comprensible el desgate que ha sufrido el partido, aunque a mi juicio no ha perdido respecto a los resultados de 2012 sino respecto a los de 2008, frente a un Javier Arenas curtido en batalla que en aquel año obtuvo el apoyo del 38,8% del electorado, un 12% más que el de este domingo.

Dicho lo cual, la primera e indiscutible conclusión tras el fin de semana es, guste o no guste, la resistencia de los adalides del denominado “bipartidismo” frente a la pretendida ansia de cambio de toda la sociedad que reflejaban los medios de comunicación. A día de hoy, PP y PSOE son los partidos con mayor representatividad política en aquella comunidad, por mucho que haya quien quiera arogarse la voz de la ciudadanía con peores resultados.

El segundo y no menos incuestionable veredicto es que, más allá de quienes han querido ver en los 15 escaños un “batacazo” electoral, lo cierto es que tanto la representación obtenida por la formación morada como la de los naranjitos (que han sacado 9 diputados) es poco menos que un “milagro político” en una democracia en la que no ha ocurrido nada semejante en las últimas décadas.

Más allá de las voces de quienes ven al lobo por todas partes (los mismos que disfrutan de predecir como irrevocable el apocalipsis bolivariano), lo cierto es que no sé si se puede hablar de que otro partido haya logrado algo parecido en la historia de nuestra democracia. La deforme percepción de la realidad a que a menudo inducen el miedo y las encuestas preelectorales no debe dejarnos apartar la mirada de que tanto una como otra formación política se han abierto un hueco muy reseñable en uno de los sistemas electorales más estáticos de esta España nuestra.

El cliente siempre tiene la razón

En Andalucía/España por

Estamos de resaca de unas elecciones andaluzas donde los ciudadanos han decidido dar un giro de 360º. Abundan los análisis sesudos sobre la victoria del PSOE, la derrota del PP, el ascenso de Podemos y Ciudadanos y las crisis de IU y UPyD.

En lo que va de día ya he leído media docena de veces que en democracia los votantes siempre tienen la razón. Por un lado, es un axioma indudablemente cierto: igual que el cliente siempre tiene la razón porque tiene el dinero que anhelas, el votante siempre tiene la razón pues es dueño del voto que buscas obtener.

Son sus votos los que dan y quitan el poder político, y darles la espalda está condenado con el fracaso. Son los votantes los que deciden qué tiene importancia electoral y qué es irrelevante a la hora de votar. Sigue leyendo

El espejo roto de la Democracia

En España por

Desde que comenzó el año, se aprecia una moda morbosa entre los votantes naturales de la derecha (si es que existe de eso en España) que consiste en preguntarse entre sí: ¿Oye, y tú a quién vas a votar?

Si bien no es extraño que empiecen a removerse las aguas conforme se acercan las muchas citas electorales a las que estamos llamados este ejercicio, lo que sí es novedoso es lo hagan en esta orilla.

Vertebra la moral política de una parte de la población una llamada a la prudencia —¡Prudencia!— antes de hacer una “locura” y votar a según quien, sin necesidad de referirse a quienes (obviamente) no son un reclamo para esta clase de votantes.

Pese a todo, en muchos parece como si quedara un resquemor tras tomar la determinación de, cual héroe odiseico, atarse al mástil de la virtud –la más alta de todas, según los grandes filósofos– y quedarse con las ganas de desahogarse: ¿Oye, y tú a quién vas a votar? (como si buscaran algún “disidente” a modo de tentación).

Y ya que hemos apuntado una metáfora, continuemos con ella. ¿O no son cantos de sirena las constantes encuestas que una y otra vez nos bombardean, espoleando la “furia” de unos, el “miedo” de otros, la “responsabilidad” de estos y la locura de todos?

Dijo un francés perspicaz que “cada nación tiene el gobierno que se merece“, algo que se ha repetido hasta la saciedad en esta nación nuestra, la española. Lo dijo en el siglo XVIII, cuando cada hombre votaba a aquel candidato que, según creía, representaba mejor sus propios intereses e ideas, sin ‘trending topics’, ‘encuestas de estimación de voto’ o minutos televisivos que le disuadieran de hacerlo así.

Ocurre, ahora que los gobiernos no son ya el espejo del sentir (y el pensar, por qué no) de la calle, sino una ponderación de reclamos, miedos, prejuicios, e ilusiones orquestados a un tiempo por los propios ciudadanos, los partidos políticos y por una abundacia tal de sobreinformación (valga la redundancia) que cualquiera se aturde con tan solo tratar de comprender. En un marco así: ¿Quién se arrogará el valor de votar por sí mismo?

Como consecuencia de ello, son los ciudadanos los que, a través de las muchas y variadas encuestas, modelan sus decisiones a modo de “pacto”, para terminar votando a unos políticos incapaces de pactar entre sí, pese a ser ese (y no el de los ciudadanos) su trabajo. En definitiva, o vota uno mismo, o votan las encuestas.

De la misma manera, parece que son los ciudadanos y no los políticos quienes han de hacer gala de su responsabilidad y prudencia, acudiendo a las urnas con la pinza en la nariz si es necesario, para obviar la podredumbre y la corrupción que, bajo toda apariencia, impregna las instituciones del Estado, del Congreso a los ayuntamientos.

Déjenme darle la vuelta a la imagen, ya que parece poco heroísmo para nuestro Ulises renunciar a su Penélope para quedarse con Circe. Si van a atarse a un mástil, que no sea el de la prudencia sino el de la verdad. Y si han de escuchar a las sirenas, que no sean las encuestas sino las noticias.

¿Oye, y tú a quién vas a votar?

Votaré a quien me represente, faltaría más.

 

Curar el cáncer con Coca-Cola

En España por

Un hombre va al médico aquejado con un fuerte dolor de estómago. El doctor, llamémosle PSOE, le estudia detenidamente y concluye, erróneamente, que el paciente tiene una úlcera gravísima. Rápidamente, le receta un medicamento buenísimo con una eficacia asegurada en el 100% de los casos. El individuo vuelve a casa y sigue el tratamiento al pie de la letra, pero el dolor de estómago no desaparece.

Decide pedir una segunda opinión y se dirige a un especialista llamado PP que anuncia tener la solución para los males de estómago. Confiado, se deja realizar muchísimas pruebas y espera impaciente el diagnóstico del doctor. “Usted padece una gastroenteritis aguda”, le dice equivocadamente. Le promete que si hace una dieta estricta y toma unas pastillas de última generación, su problema desaparecerá en poco tiempo. El hombre entusiasmado cumple a rajatabla las indicaciones del médico, pero su dolor se incrementa cada día. Sigue leyendo

Ley de Transparencia: Se hace el camino al andar

En España por

Ayer, a medio día, pudimos ser testigos de la entrada en vigor de la Ley de Transparencia. Cuando comenzó la legislatura, España se quedó sola siendo el único país en Europa con más de un millón de habitantes que todavía no había implementado una legislación así. La expectación en torno al nuevo portal abierto, ha sido colapsado por sus críticas ante la pequeña información y de difícil acceso que proporciona. Quizá por ello, aunque nos hayamos sumado al centenar de países que cuentan con este tipo de leyes, sus carencias nos han dejado en la posición 64 en el ranking (este ranking es llevado por las asociaciones Access Info Europe y The Centre for Law and Democracy con el fin de proteger el derecho al acceso de la información).

La ineficacia de los buscadores o el uso de formatos no reutilizables como el PDF son algunas de las quejas. Sin embargo, tras ver la oleada de visitas que ha recibido la plataforma y los titulares matutinos me pregunto si realmente es necesario un buscador más minucioso. Más allá de que Mariano Rajoy gana 6.000€ brutos mensuales o de quién es el que gana más en el Gobierno, parece que no hay gran cosa que contar. Sigue leyendo

36 años de “connivencia” en Democracia

En España por
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Foto: Contando Estrellas (Flickr)

 

Suele decir un buen seguidor y comentarista de este blog que en España somos expertos en aprobar leyes que no pensamos cumplir.

Es algo que ya en su día desesperó a ‘Pepe Botella’ (no el marido de la alcaldesa de Madrid sino el hermano de Napoleón), que permitió cierto grado de libertad durante la dictadura y que en los últimos años ha beneficiado a la ‘casta’ política de la que tanto nos quejamos (y a muchos, muchísimos, defraudadores de impuestos y pícaros en todos los estratos sociales).

Es algo que forma parte de nuestro carácter, por lo general desenfadado y socarrón, y que nos ha permitido vivir bajo las situaciones políticas más injustas, pero que también nos hace profundamente incapaces de lograr hacer de nuestra España el Estado moderno, social y eficiente que, según creo, deseamos la mayoría de la ciudadanía.

Hoy se cumplen 36 años del nacimiento oficial de nuestra aún joven democracia, más de tres décadas de convivencia, hay que decirlo, bastante exitosa para lo que cupiera esperar. Eso no quita que hay errores imperdonables en nuestro certificado de nacimiento como nación moderna que han hecho inevitables algunos de los callejones sin salida a los que ahora nos encontramos y en los que ahora no voy a entrar.

Ahora bien, la otra parte de los problemas, los que afectan a la “calidad democrática” y a la protección de los derechos fundamentales, esos no tienen que ver con nuestra Carta Magna. Es cierto que la Constitución no pasará a la historia de la literatura política y legal, que es ambigua, poco ambiciosa y que concede demasiado espacio –por ambigua— a la interpretación del desarrollo de los derechos que en ellas se recogen. Aún así, es documento suficiente para forjar sobre él unos estándares de legalidad que garanticen la protección y seguridad jurídica de todos los ciudadanos.

Connivencia (RAE): “Disimulo o tolerancia en el superior acerca de las transgresiones que cometen sus subordinados contra las reglas o las leyes bajo las cuales viven.

En consecuencia, cabe juzgar que la degradación política de que nos quejamos es consecuencia, más bien, de una mala praxis continuada, de un desarrollo deficiente de las leyes a partir del marco constitucional, de unas estructuras creadas a medida para evadir el cumplimiento de la intención constitucional. Hecha la ley, hecha la trampa. Eso, más que convivencia en democracia, es connivencia en democracia.

No es implanteable una reforma de la Constitución. Decir lo contrario sería mentir, aún más cuando la que tenemos tiene deficiencias obvias. Sin embargo, es más que verdad que sería un error mezclar churras con merinos y pretender, a la vez, que el olmo dé peras, esperando que la solución sea dar muerte a un texto legal (a todas luces inocente, por incumplido), cuando el problema es moral y de falta de “voluntad” (de “querencia”) política –sí– pero también popular.

 

 

Otro mesías que viene… y se irá

En España por

Una de de las evidencias más claras de la religiosidad humana es la cantidad de iluminados que se han alzado a cada momento histórico reivindicando para sí el signo de los tiempos y la salvación de su generación. Todavía más sorprendente y vergonzoso para el género humano resulta el apoyo con que siempre han contado dichos mesías y la fe ciega con que en muchas ocasiones han sido elevados por la multitud, aunque no por todos.

Montaje que circula por Internet
Montaje que circula por Internet

Como es natural –a excepción de algún honroso caso– todos ellos tienen una duración limitada o muy limitada y tanto su persona como su legado son, por lo general antes de consumar sus aspiraciones, desenmascarados y convertidos en víctima sacrificial a través del escarnio, la burla y el disimulo de quienes antes los habían elevado sobre el común de los mortales.

La lección que sacamos de todo ello -o la que no terminamos de aprender, según se mire- es que el hombre es, por definición, un ser imperfecto y condenado a caer una y otra vez en lo que la cultura judeocristiana ha venido a llamar “pecado” y que se explica por la debilidad de la voluntad humana. Tanto más, cuanto más amplio es el grupo de los llamados a redimir el mundo.

La cuidada pero vieja estrategia de Podemos va precisamente en esta dirección. A través de la clasificación de los españoles entre los buenos y los malos, la “casta” y el “pueblo“, se han erigido en portadores de una verdad moral cuya manifestación política y órgano redentor es Podemos.

El mismo nombre de la formación recoge en la acción indefinida (el verbo sin complemento directo) cualquier aspiración o esperanza con que se quiera adornar a quienes llevan la corona (no pretendida) de someter a la “casta” a su juicio final y llevar al “pueblo” al paraíso. Ya en su momento lo intentó Gordillo cuando al prometer su cargo de diputado del Parlamento Andaluz, lo hizo comprometiéndose con “las criaturas humanas, la utopía, el pueblo andaluz, la nación andaluza, la insumisión y la libertad”.

Aunque más pueblerino, estrafalario y algo menos agraciado, el edil de Marinaleda afronta, como le tocará en su momento al apuesto profesor universitario, el destino histórico de completar el círculo natural de todos los mesías y pasar por el ara sacrificial, como es de rigor.

Así, independientemente del ámbito en que se pretenda la “salvación” de los hombres, el mesianismo es una de las más explosivas formas de promoción social (si no, recuerden quién era Pablo Iglesias en enero de 2014) pero también una de las más difíciles de mantener. Su efectividad radica en lo más íntimo de la antropología: en su sentido religioso. Sin embargo, a diferencia del resto de líderes, (a quienes se podrá vituperar si caen) al mesías no se le permite bajar del pedestal si no es con una piedra de molino al cuello.

El mito griego de Ícaro y Dédalo ilustra bien lo que ocurre a quienes se olvidan de la debilidad de la condición humana.
El mito griego de Ícaro y Dédalo ilustra bien lo que ocurre a quienes se olvidan de la debilidad de la condición humana.

Hay que reconocer que Iglesias ha sido valiente, y que hará falta más que una entrevista con Ana Pastor para empañar el brillo de la estatua de oro con que presuntamente le adoran cientos de miles, quizá millones, de españoles. Es posible incluso que, independientemente de lo equivocado de sus ideas, en lo personal sea “trigo limpio”. Lo desconozco.

El error original de la formación que lidera, sin embargo, es olvidar la condición natural del hombre, y la verdad de que, independientemente de la bondad de las propias ideas, todo el mundo es capaz de convertirse en casta. Si no, que se lo digan a Errejón.

No tenerlo en cuenta es infantil, presuntuoso y peligroso, pues, aunque uno pueda engañarse a sí mismo, el “pueblo” que ahora le adora terminará por aborrecerle. La pregunta es si caerá antes de las elecciones generales, o habrá que cargar con él durante la próxima legislatura.

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