Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Constitución

Historia de amor de un rojo y una facha

En Asuntos sociales por
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El otro día sonó el despertador en media España. Nos dieron un empujón y nos echaron del letargo ideológico en el que duerme el país desde hace cierto tiempo. Un rojo con rastas de Podemos dedicaba unas tiernas palabras a un facha del PP en el hemiciclo y la bestia de Twitter pareció bajar las armas por un momento y exclamar: “¡Ahí va! ¡Pero si son humanos!” Sigue leyendo

Independentismo o hedonismo

En Cataluña/Cultura política/España por
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¿Se puede ser independentista y hedonista? Separarse de España, ¿no obliga a romper con aquello que Benjamin Constant denominaba “la libertad de los modernos”, es decir, “la seguridad de los goces privados”, “el goce pacífico de la independencia privada”? Los modernos somos hedonistas y vivimos entregados al hiperconsumismo, descrito por Gilles Lipovetsky como la fuente de la identidad moral hoy en día hegemónica. Para nosotros, la única independencia objeto de adoración es la privada, la que fluye de ese mundo anodino y prosaico constituido por el trabajo, la familia, los amigos y las diversiones en que saciamos nuestra sed de espíritu… Sigue leyendo

“Hasta las últimas consecuencias”

En Cataluña/España por
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El pasado jueves 26 de octubre, el diputado de la Candidatura de Unidad Popular (CUP), Benet Salellas, vino a indicar en su turno de intervención durante una sesión en el Parlamento Catalán que llegarán “hasta las últimas consecuencias”.

Esta frase, “hasta las últimas consecuencias”, tiene un eco particular según la situación en la que sea reproducida.

No suena igual cuando tus trastadas de preadolescente se aproximan al gamberrismo puro y duro y tus padres prometen correctivos severos para enderezar el hombre que estás llamado a ser; que no es otra cosa que un tipo normal.

“Hasta las últimas consecuencias” en defensa de una nación vituperada por las huestes hitlerianas, como era el caso de Gran Bretaña tras el desastre de Dunkerque, tiene que sonar necesariamente diferente en boca de W. Churchill.

Y, del mismo modo, no puede sonar igual cuando quien pronuncia esta frase forma parte de una agrupación política que no condena el terrorismo, que cada vez que les ponen un micrófono (o un megáfono) delante todo lo que se escucha es una mezcolanza de comunismo rancio y dialéctica tumefacta. Alguien que tiene de su lado una guerrilla callejera que además de cuenta de Twitter también va equipada con mochila violenta a manifestaciones o a lo que se preste.  “Hasta las últimas consecuencias”, dicho así, toca esa fibra -para los que desdeñamos la perversa interpretación de la lucha de clases- que hace que te sacuda algún que otro escalofrío.

Cada intervención parlamentaria, cada mención en redes, cada puño en alto desde el estrado,  desprende un tufo a victimismo que asusta al más pintado. Y , quizás, lo más preocupante es que lo único que contiene esa peste histérica es una olla a presión.

Hoy se ha formalizado, con fallo en el recuento de votos (cosa habitual en la cuestión catalana), la nueva y breve república del noreste de España.  Ratificado el 155 en el Senado y presentado un recurso ante el Constitucional tras la fechoría “secreta” que han llevado a cabo setenta diputados del parlamento en el día de hoy, es cuestión de horas que todo el zarandeo de masas y verborrea enloquecida se desvanezca tras un sopor colectivo por el poder del Estado de derecho.

Los gestos quedarán contrariados, como el de la farfullera de Omnium Cultural cuando lanzaba su máquina de mentiras en inglés. Los que han raptado la estrella de oriente y se la han pegado con una plancha caliente a la Senyera,  quedarán confundidos, como los obreros de Babel.

Y mientras la Policía y la Guardia Civil actúan, deteniendo a estos y aquellos, TV3, la “vergonya” nacional de Josep Borrell y de tantos y tantos catalanes,  apurará todo lo posible para seguir con el relato del martirio político, haciendo con infografías y tertulianos arrabaleros equiparaciones imposibles y disparatadas con los casos de Eslovaquia, Quebec y hasta los pueblos saharahui y palestino.

A quienes enfilan, desde una minoría social de facto, un camino hacia la locura les recomiendo un vistazo a aquellos que se pasearon por ella y volvieron acongojados. Quédense para este caso tan solo con los primeros segundos de este bloque de la entrevista de Évole a Rekarte, el etarra arrepentido, quien después de 22 años de cárcel -de nacionalismo exacerbado y aleatorio llevado hasta el explosivo- cayó en la conclusión de que ninguna idea inoculada desde la abstracción de una futura nación merece más la pena que una vida vivida en libertad y de respeto al otro.

“Es que para mí es todo una mentira al final. (…). ¡Pero qué hostias! Si estamos aquí todos mezclados”. 

A estas alturas de los hechos, aunque no hayamos llegado ni al mes desde el 1 de octubre, el único diálogo y encuentro que parece verdaderamente posible con los que cargan y cargarán las mochilas de odio y resentimiento ante lo imposible, es desde el arrepentimiento y reparo institucional. Esperemos estar a la altura para la acogida de los que han perdido, verbigracia Santi Vila, y perderán la dicha. De lo contrario, la próxima generación nos recordará como aquellos que no supieron escribir su historia y terminaron por empezar un conflicto que, como todos, con humanidad y entendimiento de la dignidad del otro seguramente habría sido evitable.

Imagen de portada recogida de la cuenta oficial de Arran

Si quieres saber qué opinamos de la crisis en Cataluña, visita nuestro especial AQUÍ.

De trapos, fotografías y la madre que os parió

En Cataluña/Cultura política/España por
Radicales queman la bandera de España en Plaza Cataluña
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Leía esta mañana los tuits de una actriz de teatro a la que venero, cuyo nombre no revelo por las voces que aquí siguen: que no era ella de ‘banderitas’, decía, afeando que a la repulsiva revuelta contra todo en Cataluña le siguiera el ondeo de rojigualdas en tropel. Y lo de repulsiva lo digo yo, que parece que en el mundo feliz de su cabeza la cosa era también idílica, rosada y celeste. Sigue leyendo

Ante el vértigo y manipulación en Cataluña; Democresía y encuentro

En Cataluña/España por
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Todos estaremos de acuerdo en que lo que ha ocurrido en Cataluña durante la jornada de ayer y lo que cabe esperar en los próximos días es, desde cualquier punto de vista, descorazonador.  Por los heridos y por los atropellos a la democracia. Urnas tiradas por el suelo, votos arrojados como si fueran colillas, activismo político con niños en los colegios, policía viéndose forzada al uso de la fuerza y aplicándola con una contundencia sobrecogedora…

 

 

Parece más necesario que nunca, que de igual manera que la clase política tiene la obligación moral de promover un diálogo escenificado y con los puntos a tratar extraordinariamente claros entre las partes de una misma nación, los ciudadanos deben asumir la corresponsabilidad  de construir un nuevo marco de convivencia cuando las relaciones están dañadas. Sigue leyendo

Los dos círculos de la democracia

En Cataluña/Cultura política/Pensamiento por
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Perdonen que uno vuelva al manido tema catalán, pero si una virtud tiene tal turbamulta es permitirnos pensar qué es y qué no es una democracia, explorar y llegar a comprender mejor nuestro sistema político y, quizá lo más importante, sus límites. Aquel punto más allá del cual nos precipitamos al vacío.

El manido tema catalán me ha llevado a percibir que nuestras democracias representativas giran en torno a dos círculos. Uno sería lo que cabe denominar el círculo liberal. Este estaría vinculado con el imperio de la ley, la división de poderes y el pluralismo. Es un círculo yo diría que oscuro, que solemos pasar por alto, pero en el que reposa el significado más profundo de nuestra democracia. Es decir, aquellas ideas y procedimientos que, decantadas por siglos de luchas y conflictos, nos han permitido alumbrar un sistema de libertad en el que tenemos el derecho, como diría Odo Marquard, a ser diferentes sin sentir miedo. Sigue leyendo

Un mártir por la independencia

En Cataluña/España por
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El independentismo catalán ha vuelto a envidar al Gobierno de Mariano Rajoy, envite que se vería reducido a intento si pretendía Puigdemont dirigir el dardo, en forma de ley, contra el Estado democrático. Tanto es así que la supuesta ley de desvinculación de Cataluña de la España opresora, sólo exigiría al Gobierno lo que anunció la Vicepresidenta Sáenz de Santamaría: recurrir tan pronto alguien se atreva a rubricar esa ley.

Las instancias judiciales serán el escenario para una nueva pelea entre la etérea pretensión de cuperos, junteros y esquerros con la realidad de la democracia y de un país como España: el cumplimiento de la ley vigente en la Constitución. A la hora de contemplar el problema territorial de España, en particular con Cataluña, se trata de saber que España es una nación indivisible que reconoce la diferencia de los territorios que lo forman, no de esgrimir únicamente un sentimiento como respuesta a ver a quién le late más fuerte la carótida. Lo que España es hoy, que reza la Carta Magna, es lo que realmente tratan de petardear algunos sectores políticos catalanes. Sigue leyendo

Constitución: ruptura o reforma

En España por
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Desde su ausencia institucional en los actos oficiales del Día de la Constitución, Pablo Iglesias ha logrado anotarse un tanto, fijar el actual momento político en parámetros similares a los que establecieron la Transición española de hace 40 años. De nuevo la gran fractura vuelve a estar entre reforma o ruptura. Las huestes de Podemos son claramente partidarias de la ruptura. Liquidar lo hecho en este casi medio siglo. Hacer borrón y cuenta nueva.

¡Cuidado! Dicen sus vecinos de bancada del PSOE. Abrir un proceso constituyente no está en los planes de la Gestora socialista. Tal vez porque, como dijo Mariano Rajoy a su llegada a la Carrera de San Jerónimo, la Constitución es el pacto más importante entre españoles, entre todos los españoles, en los últimos 40 años. Sintonía entre el Presidente del Gobierno y el provisional líder del PSOE, Javier Fernández. Sigue leyendo

La cámara dividida

En Elecciones 20D/España por
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Los últimos meses y semanas han cobrado especial intriga a la luz de la proximidad de unas elecciones generales que se prevén como absolutamente novedosas –inéditas en nuestra democracia– por la irrupción de dos fuerzas políticas “vírgenes” en lo que a política nacional se refiere, capaces de disputar a los partidos tradicionales amplias cotas de poder en el Parlamento.

Que si el PP se mantiene a “dos segundos” de sus perseguidores a cinco vueltas del final, que si Podemos sube y baja a la vez la misma semana en distintas encuestas, que si Rivera se ve presidente, y Sánchez asegura a quien quiera escucharle que su nuevo programa electoral le va a hacer presidente “sin ningún género de duda”…  No hagamos mucho caso, es la dinámica de siempre.

Ahora, lo que sí es sorprendente es que entre los mensajes habituales (“romperemos el Concordato”, “aumentaremos las becas”, “blablabla”…) se han colado mensajes que prometen un punto y aparte en la deriva de nuestra democracia, una segunda Transición que limpie la porquería que a lo largo de los últimos años ha ido aflorando. Sigue leyendo

Debate a cuatro

En Elecciones 20D/España por
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Esta noche, los representantes del Partido Popular, Partido Socialista, Ciudadanos y Podemos se medirán en un debate histórico.

Nunca antes en la historia democrática de nuestro país se ha visto una confrontación, directa y en el mismo plató, entre cuatro partidos políticos en la televisión por ganarse el voto de la población. Principalmente porque nunca antes cuatro partidos se presentaban con opciones a la Presidencia, o al menos de influir determinantemente, si tenemos en cuenta los resultados de las últimas encuestas. De inicio, el encuentro ya ha dado mucho de qué hablar.

La defensa del PP estará delegada a Soraya Sáenz de Santamaría, de quien son más que conocidas sus tablas dialécticas en el Congreso. El resto de los partidos estarán representados por sus líderes – Sánchez, Rivera e Iglesias –  que tratarán de apretar el ritmo en una etapa clave de esta carrera de fondo. Sigue leyendo

Albert Rivera y el viejo elefante muerto

En España por
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Dijo un viejo compañero de facultad que de la España oficial, de sus instituciones y partidos, no queda más que”el inmenso esqueleto de un organismo evaporado, desvanecido, que queda en pie por el equilibrio material de su mole, como dicen que después de muertos continúan en pie los elefantes“.

Ese viejo compañero, feroz crítico del bipartidismo, decía estas y otras palabras de los herederos de quienes trajeron la monarquía y la democracia (una democracia débil, pero democracia a su modo) a España, en la Restauración Española de 1875.

Ciento un años después de que Ortega y Gasset pronunciara su discurso ‘Vieja y Nueva Política’ nos enfrentamos en 2015 a unos comicios que vienen marcados por el mismo espíritu de entonces: los odres caducos contra los odres nuevos, en una pugna feroz por embriagarse con nuestros votos. Sigue leyendo

Cataluña: nacionalidad, independencia y Ley

En Cataluña/Elecciones 27S/España por
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Parece que el presidente Rajoy no tiene nada claro qué pasaría con la nacionalidad de los catalanes si finalmente ocurriera una hipotética independencia, como ha quedado patente en su entrevista con el periodista Carlos Alsina en Onda Cero.

[pueden escucharla íntegra en Onda Cero ]

Pues bien, nosotros vamos a explicar qué pasaría con la nacionalidad de los catalanes en el muy improbable caso de que Cataluña consiguiera declararse y mantenerse independiente –muy improbable pues, recordemos, es inconstitucional y antidemocrático y solo podría llegar a ocurrir si una amplia mayoría los españoles respaldase una reforma agravada de la constitución (con su artículo 168) que lo permitiera (a día de hoy inconcebible) o si por cobardía se diera la combinación de que el gobierno se negase a aplicar el artículo 155 de la Constitución, nuestras fuerzas armadas se negasen a aplicar el 8.1 y el conjunto de los españoles se negasen a cumplir el deber recogido en el artículo 30.1, dejando por los suelos nuestro Estado de Derecho, y en papel mojado nuestra Constitución–.

Pero pongámonos en la ficticia situación de que esto llegara a ocurrir. ¿Perderían los catalanes la nacionalidad española o la ciudadanía europea en caso de independencia como planteaba Rajoy? La respuesta es un rotundo NO. Sigue leyendo

¡Una de democracia!

En Cataluña/Elecciones 27S/España por
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“Nosotros hemos intentado dialogar, pero el Estado Español nos ha fallado, se ha negado a reconocer la singularidad de Cataluña y su encaje dentro del proyecto español. No tenemos nada más que hablar.”

Con palabras similares a estas el presidente de la Generalitat de Catalunya, Artur Mas, pretende darle la vuelta a la tortilla –esto es, a su pretensión de romper con toda legalidad y separarse de España— y vender al mundo entero que su proyecto busca, en realidad, garantizar la democracia frente a la “opresión”. Sigue leyendo

Cataluña y la Constitución

En Cataluña/Elecciones 27S/España por
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Fuente: Wikimedia
Fuente: Wikimedia

El 6 de diciembre de 1978 se celebró en toda España el Referéndum para la ratificación del Proyecto de Constitución. Los resultados fueron abrumadoramente favorables al sí con un 87,87% de apoyo que en Cataluña fue aún mayor con un 90,46% de los votos, quedando patente un amplísimo respaldo social y político.

Esa Constitución que tanto respaldo recibió en Cataluña fue la que trajo la libertad y la democracia, la que dio al catalán el estatus de lengua cooficial y la que le dio a Cataluña su autonomía, su autogobierno y sus numerosísimas competencias. Gracias a ella hay elecciones democráticas en Cataluña y de ella emanan los poderes de las instituciones catalanas.

Pero en esa Constitución democrática que tanto apoyo tuvo en Cataluña también quedaban meridianamente claros la indisoluble unidad de la nación española, la soberanía del pueblo español, la solidaridad e igualdad territorial y el imperio de la ley. Sigue leyendo

36 años de “connivencia” en Democracia

En España por
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Foto: Contando Estrellas (Flickr)

 

Suele decir un buen seguidor y comentarista de este blog que en España somos expertos en aprobar leyes que no pensamos cumplir.

Es algo que ya en su día desesperó a ‘Pepe Botella’ (no el marido de la alcaldesa de Madrid sino el hermano de Napoleón), que permitió cierto grado de libertad durante la dictadura y que en los últimos años ha beneficiado a la ‘casta’ política de la que tanto nos quejamos (y a muchos, muchísimos, defraudadores de impuestos y pícaros en todos los estratos sociales).

Es algo que forma parte de nuestro carácter, por lo general desenfadado y socarrón, y que nos ha permitido vivir bajo las situaciones políticas más injustas, pero que también nos hace profundamente incapaces de lograr hacer de nuestra España el Estado moderno, social y eficiente que, según creo, deseamos la mayoría de la ciudadanía.

Hoy se cumplen 36 años del nacimiento oficial de nuestra aún joven democracia, más de tres décadas de convivencia, hay que decirlo, bastante exitosa para lo que cupiera esperar. Eso no quita que hay errores imperdonables en nuestro certificado de nacimiento como nación moderna que han hecho inevitables algunos de los callejones sin salida a los que ahora nos encontramos y en los que ahora no voy a entrar.

Ahora bien, la otra parte de los problemas, los que afectan a la “calidad democrática” y a la protección de los derechos fundamentales, esos no tienen que ver con nuestra Carta Magna. Es cierto que la Constitución no pasará a la historia de la literatura política y legal, que es ambigua, poco ambiciosa y que concede demasiado espacio –por ambigua— a la interpretación del desarrollo de los derechos que en ellas se recogen. Aún así, es documento suficiente para forjar sobre él unos estándares de legalidad que garanticen la protección y seguridad jurídica de todos los ciudadanos.

Connivencia (RAE): “Disimulo o tolerancia en el superior acerca de las transgresiones que cometen sus subordinados contra las reglas o las leyes bajo las cuales viven.

En consecuencia, cabe juzgar que la degradación política de que nos quejamos es consecuencia, más bien, de una mala praxis continuada, de un desarrollo deficiente de las leyes a partir del marco constitucional, de unas estructuras creadas a medida para evadir el cumplimiento de la intención constitucional. Hecha la ley, hecha la trampa. Eso, más que convivencia en democracia, es connivencia en democracia.

No es implanteable una reforma de la Constitución. Decir lo contrario sería mentir, aún más cuando la que tenemos tiene deficiencias obvias. Sin embargo, es más que verdad que sería un error mezclar churras con merinos y pretender, a la vez, que el olmo dé peras, esperando que la solución sea dar muerte a un texto legal (a todas luces inocente, por incumplido), cuando el problema es moral y de falta de “voluntad” (de “querencia”) política –sí– pero también popular.

 

 

La España muda

En España por
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“La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado“. Art. 1.2 CE.

“Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política“. Art. 6 CE.

“Las Cortes Generales representan al pueblo español y están formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado”. Art. 66 CE.

 

 

A muchos españoles que se sienten despojados.

No sé tú, pero yo miro arriba y abajo, a izquierda y derecha, y no me reconozco. No me reconozco en esa sociedad que se dice española y en la que debiera estar integrado. No soy uno más en ese todo orgánico que llaman “pueblo” y no coincido con nadie ni nada.

Yo soy la España muda.

Miro allá arriba, a las altas esferas de la vida política. Política, voz castellana que, dicho sea de paso, procede del término helénico “polis“, y que trataba de significar la administración de la ciudad, acaso también su gobierno entendido en el sentido democrático (como dirección, como órgano rector, no como instrumento de lucro y dominio). Ésa de ahí arriba es una estancia inaccesible; se me antoja una nueva clase aristocrática fundada en un sistema de influencias y mutuos intereses de los interesados, y siempre a expensas del pueblo. Sí, por qué no: esa casta deleznable, repugnante, de que grita y grita Pablo Iglesias, ese grupito de agraciados que parasitan el sacrosanto corpúsculo social, que chupan sangre retorcidamente del fornido, pero estúpido, individuo corporativo, que es la nación española. Igual da: PP o PSOE, todos prometen, nosotros les votamos ilusionados y esperanzados, les atribuimos el poder en aras de construcción y progreso, y luego, mano a la saca y metálico embargado.

Política, que ya no es lo que era y quizá nunca fuera lo que tendría que haber sido. La bacanal del hombre con recursos, el poder compartido y pactado, la fiesta perpetua de una gordísima sanguijuela, la lujosa cubierta de una galera que avanza con dificultad a costa de sudor y lágrimas, de sangre y dolor, de hombres desconocidos que no importan. La escoria nacional.

Ésa es la opinión, al menos mía, de la generalidad (que no totalidad) de los “seres politicantes” que moran determinados edificios prostituidos, como el Congreso o la Moncloa, que un día fueron signos de la victoria del Pueblo sobre quien ostentaba el poder que le fuera arrebatado. Yo miro hacia arriba y no veo más que una estupefaciente e inmutable golfería, la corrupción más escandalosa y extendida y una cara dura, una sinvergonzonería, una desfachatez que clama al cielo, y me deja boquiabierto.

Ésos son los hombres que nos representan, que ejercen la soberanía única tuya y mía; yo sólo sé que no sé nada, pero de ninguna manera me siento representado por partido o candidatura algunos, y me siento robado, despojado de participación en la soberanía popular, olvidado de la política y de las instituciones del Estado.

Miro aquí abajo el légamo y la podredumbre de unos cuantos, y el agobio ante la escasez de casi todos. Algunos son culpables por idiotas, y no es un recurso literario: algunos son reos por la soberana estupidez (y nunca mejor dicho) del ejercicio ingenuo del voto. Nosotros somos quienes hemos escogido a los hombres que nos gobiernan, somos los que hemos confiado en quien no debimos confiar, y la causa remota de semejante desastre, de esta hecatombe política-social. Oigo mucho griterío en la calle y mucha protesta de quienes se sienten traicionados por los “seres politicantes“, y me río a carcajada suelta. Me río por no morder pómulos furibundo: tú, hipócrita, eres cómplice de la desgracia, y tú el primer responsable de que yo esté donde estoy y como estoy. Así que te callas, y a cargar conmigo con la enorme roca que has arrojado sobre nuestra espalda, que no mereces despegar los labios. ¡Tú, sí tú! ¡Cállate!

Otros son inocentes, sufren sin culpa de ningún tipo. Son legatarios, como lo somos casi todos, de una herencia despreocupada de la “patria” (¡que alguien me explique qué es la patria…!), pero si tomaron parte en la situación, fueron parte contraria. Han sido castigados al desempleo, al empleo en condiciones indignas (a la explotación personal: bienvenidos a la nueva Revolución industrial) o en las condiciones medias del país, que permiten pobres espectativas de futuro. Son los desengañados, resignados a la actualidad de los acontecimientos, y autoceñidos exclusivamente a las propias preocupaciones: sacar adelante la economía familiar, ofrecer el mejor futuro posible a los hijos, levantar en lo factible a quien se hunde a la vera y rogar ayuda cuando el naúfrago es uno, etc. Pero la política… ¡La política…! ¡Qué importa la política…! Cambiarás de banco, pero no de ladrón, que decían nuestros sabios ascendientes. ¡Que le den a la “política”…!

Miro a mi derecha y es esto lo que veo: indiferencia resignada. Ansias de cambio, pero latentes en una profundidad abisal; una desesperación política y social que emerge y se dilata.

Y luego miro a la izquierda y me avergüenzo: pasiones, aclamaciones, voceríos y expresiones del diablo. Confrontaciones violentas, ataques rabiosos y sin mesura a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (policías y agentes de seguridad que son tan víctimas como otro cualquiera y que trabajan por los mismos motivos que otro cualquiera), griteríos encendidos contra todo y símbolos de todo tipo: hoces y martillos, puños en alto y cantos que debieran haberse agotado el siglo pasado. Mucha verborrea, mucho sentimiento y muy poquita reflexión. Y todos hoy agrupados en torno a un idealista, si no profundamente malvado y estafador, que alaba la represión política y social, la decadencia económica y la dictadura del régimen “fascista” de Maduro en Venezuela; que apoya la labor de un partido etarra, de asesinos de españoles inocentes y de inmediatos responsables de décadas de terror y barbarie, como es Bildu; que provoca a la sedición y a la rebeldía; que pretende enajenar todo lo relativo a la educación para que el Estado sea el único mentor de las mentes del mañana, el verdadero controlador de tus hijos y los míos; que proclama el hundimiento de la economía española mediante la estatalización (que no nacionalización) de toda empresa privada; y que, mientras tanto, factura clandestinamente cientos de miles de euros a través de su productora, cobra becas fraudulentas y recibe miles de euros por su exaltante retórica.

La gran estafa: Pablo Iglesias

Y los españoles (el 28,3 % de los españoles) hacen oídos sordos a la voz de la conciencia política-social, acceden a exaltarse y a alzarse al pretendido paraíso comunista, drogados por ilusas pasiones de libertad y emancipación y rinden tributo al Mesías social, muchos en nombre de la corrupción del PP y del PSOE y olvidando el lucro ilegal de Podemos con sólo diez meses de vida.

Y, boquiabierto, me callo. Yo me callo: porque me enmudece la contrariedad a toda evidencia, porque no sé argumentar lo manifiesto y lo patente. Me callo, perplejo, profundamente asombrado.

Y ante situación tan fácil y tan imposible, yo, y como yo muchos otros, bajo la cabeza y sigo con lo mío. Las Cortes Generales se han separado de nosotros, y no me veo ni siquiera potencialmente representado en ellas; me veo despojado de la soberanía popular, me siento un ente etéreo que vaga sin dejar huella por los campos de mi nación querida. Y me gritan: “¡idiota! ¿No ves que lo que se cuece en el Congreso hoy te afectará de lleno a ti mañana?”. Y me vuelvo a callar: porque tienen razón, pero me niego a idealizar una alternativa que brama con furia pero no ofrece opciones viables, y me niego a disculpar cegado por la emoción sus primeros coletazos, que sólo han vaticinado hundimiento y catástrofe. Me callo, porque no sé qué más decir ni qué puedo hacer.

Y me siento a la mesa del bar con mis compatriotas, con los constituyentes de la España muda, bebo una cerveza y río bagatelas e irrelevancias. Y cuando se haga el silencio, entre trago y trago, volveré impotente a recordar aquel canto miguelhernandiano al toro de España:

Bajo su frente trágica y tremenda,

un toro solo en la ribera llora,

olvidando que es toro y masculino.

y volveré a sacudirme la cabeza y a apurar la cerveza, y plañiré con Blas de Otero, patriota vasco que hoy renegaría de Bildu:

¡España! ¡No te olvides de que hemos sufrido juntos!

Y esto último que copio y pego, para quien lo entienda y lo sitúe en su contexto histórico, pretende también ser un aviso.

España es Cayetana (unos más que otros)

En España por
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Nuestras vidas son los ríos que van a para a la mar, allí van los señoríos…” (Jorge Manrique, siglo XV)

 

En España hay quien llora estos días la muerte Cayetana Fitz-James Stuart, la duquesa de Alba, fallecida este martes por una infección pulmonar. También hay, como suele ser corriente en esta nuestra España, quien aprovecha el ‘trending topic’ de las redes sociales para vertir en ellas y tratar de contagiar sus reivindicaciones y su odio, aunque sea a costa de los muertos.

Lo cierto es que no me resulta extraño que haya a quien le moleste la supervivencia de ciertas formas de aristocracia, que sin duda son vestigios de un sistema que, gracias a Dios, no tiene ya lugar en España. No es que tenga nada en contra de los aristócratas, que con toda seguridad son muy majos, pero considero un orgullo poder disfrutar o sufrir –según el día– un sistema democrático.

El matrimonio Democracia-Estado del Bienestar nos prometió en su día construir una sociedad en la que todo hombre y mujer fueran vistos como iguales ante la ley y depositarios de idénticos derechos y, a la vez, avanzar hacia un sistema que garantizase que todo el mundo pudiese disfrutar de los servicios básicos y las oportunidades necesarias para desarrollarse en condiciones de libertad.

Esa, claro está, era solamente la promesa. Lo cierto es que tanto los últimos derroteros de la política española, como los orígenes del actual régimen, son testigos de que democracia y Estado del Bienestar son los únicos inocentes en el actual régimen de desigualdad y frustración que azota el país.

El ‘café para todos’ fue la claudicación primera que cercenó la posibilidad de que se cumpliera la utopía democrática. Los españoles –a menudo los mismos que derraman su bilis sobre el nombre de la difunta– somos los primeros reacios a renunciar a nuestra “diferencia” particular, a nuestros “derechos” históricos, que no son otra cosa que privilegios del mismo orden que los de la duquesa. En el fondo, todos somos un poco Cayetana.

Así, desde lo más amplio hasta lo más particular, encontramos que el “autonomismo” (por llamarlo de algún modo) ha derivado en fueros y fiscalidad propia para unos, amplios estatutos de autonomía para otros, o reivindicaciones nacionalistas en regiones que, a falta de historia que sustente sus propios privilegios, hacen dela “cultureta” popular –o el paletismo, según se mire– un signo de identidad diferenciador.

Si bajamos a lo más tangible, el puñado de kilómetros que separan a los pueblos y ciudades de unas comunidades autónomas, de los de otras, determinan el presupuesto que reciben las escuelas de ambas, los servicios a que tiene derecho quien acude a un hospital o las ayudas que recibe para atender a sus mayores.

Todo ello, debido a un sistema que invita a la diferenciación de sus ciudadanos (¿cuántas comunidades autónomas tienen un origen histórico seriamente fundamentado? ¿No son los privilegios de las regiones históricas propios del Antiguo Régimen?) y pone al servicio de la diferencia los derechos más básicos de la población, convirtiéndolos así en privilegios o desventajas, en función de cuál sea el terruño al que halla ido a echar raíces cada uno.

Igualdad, sí. Pero igualdad para todos.

El traje invisible del emperador Mas

En Cataluña/España por
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Había una vez un emperador muy presumido, presumidísimo, a quien el sastre real había confeccionado un “flamante” traje transparente con el que admirar al mundo. Sus más allegados, por miedo a sufrir la ira del monarca, desistieron de intentar disuadirle de la idea de pasearse en público ataviado de tal guisa… El resto de la historia la conocen perfectamente o pueden imaginársela.

Precisamente este jueves, la dirección editorial de ‘El País’ calificaba como un “pésimo final” la decisión de la Fiscalía de querellarse contra el presidente de la Generalitat de Catalunya, Artur Mas, por indicios de delito durante la preparación, celebración y financiación de la consulta ciudadana que –recordamos– había sido prohibida por el Tribunal Constitucional (TC). Sigue leyendo

España ha fracasado

En España por
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España ha fracasado  ¿Cuál fue el error del régimen del 78? ¿A qué nos enfrentamos? ¿Qué es España?

Nuestra España, la que vive y convive desde hace siglos con más pena que gloria (aunque con más gloria que muchas otras naciones) ha fracasado y se dirige hacia el desastre más absoluto.

El último intento por salvar los muebles lo protagonizaron hombres a quienes hoy se llama héroes por asumir sobre sus hombros la inmensa responsabilidad de guiarnos hacia la democracia.

La transición que admiró al mundo fue, sin embargo, la última estocada a una comunidad ya herida de la que se ultiman los preparativos para el funeral. Los catalanes seremos, según parece a día de hoy, quienes cierren definitivamente el ataúd.

¿Cuál fue el error? ¿En qué parte de nuestra tortuosa historia nos desviamos del camino iniciado por nuestros antepasados? ¿Tiene sentido España hoy?

Estas preguntas me han inquietado durante largo y han aflorado con especial fuerza ante la incapacidad de nuestros dirigentes de oponer al proyecto secesionista más que tecnicismos y formalidades (empeoramiento de la economía, salida de la UE, ilegalidad de la consulta, derecho internacional…) que, si bien son ciertas, no satisfacen ni por asomo la exigencia de comunidad de los catalanes ni del resto de españoles.

Una definición de comunidad

Algunas de las respuestas las he encontrado en una crítica del italiano Luigi Giussani a quienes creen que “se puede construir la comunidad como convergencia desde fuera para realizar tal o cual cosa” (‘Educar es un riesgo’, Ediciones Encuentro, página 87).

Por el contrario juzga que la naturaleza de la comunidad radica en la “unidad profunda que nace de la convivencia provocada por una estructura común“, estructura que el define como el “modo de acercarnos a todas las cosas” y de “afrontar el problema del ser“.

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Viñeta publicada en Lainformacion.com

El error de la Transición

A la luz de esta definición, parece evidente que el último y mortal fracaso de nuestra comunidad fue, precisamente, el ampliamente venerado ” espíritu de la Transición”, con sus luces, pero también con unas sombras insalvables.

La Constitución y la España que pensaron aquellos grandes hombres que tanto lucharon por España fundó una actitud cobarde,  plasmada en la concesión definitiva a quienes exhibían como ideal la falta de compromiso con el proyecto español y con la propia comunidad.

La España democrática que conocemos nació muerta y es ahora cuando su putrefacción,  su corrupción original,  empieza a ser insufrible.

En lugar de proponer, o más bien hacer el esfuerzo intelectual e histórico de reconocer el fundamento, la naturaleza genuina, de la comunidad española y depurarlo de los restos de quienes en épocas pasadas quisieron monopolizarlo con sus ideologías, la España democrática ha incidido en la diferencia de los españoles a cambio de salvar la existencia del Estado Español.

Una vez más, nuestro pecado original del autodesprecio, la mezquindad y la pequeñez de miras, nos ha dejado vendidos ante quienes solamente querían repartirse los despojos de nuestra España.

Y todavía hay quien quiere ver en el mayor desmembramiento  de nuestra comunidad, la vía federal, una solución. A ver si triturando un poco los huesos conseguimos mantener de nuestro lado a los buitres por un tiempo.

Una propuesta valiente

En medio del ambiente de luto generalizado, es cierto que se ha colado en los últimos tiempos un poco de luz.

Discretamente, hay quien se ha atrevido a defender el proyecto español con una visión de España fresca y moderna pero en la que los viejos españoles -que no españoles viejos- o al menos yo mismo me veo capaz de reconocerme.

Les recomiendo fervientemente que vean el discurso íntegro de la plataforma Libres e Iguales del pasado 11 de septiembre, con motivo de la celebración en clave separatista de la Diada de Cataluña.

En caso de que no tengan tiempo para disfrutar de los casi 31 minutos de vídeo, vean al menos a partir del minuto 17:14, que es cuando comienza una nueva definición de España.

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