Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Comunidad

La vida y los personajes secundarios

En Asuntos sociales por
Tiempo de lectura: 3 minutos

Me gustaba bajar a tomar una cerveza en el bar de Juan cuando no tenía nada que hacer. Compartir con él detalles nimios de la vida; que si hace frío; que si vienen pocos clientes; qué mal esta el Real Madrid; está rico este pincho; ponme otra cerveza; ¿tienes mechero?; qué tranquilo está el barrio… Su bar ni siquiera era bonito, no sé muy bien por qué entré un día allí, qué me llamó la atención o qué estaba buscando, pero Juan se convirtió en uno de los actores secundarios de mi vida. Sigue leyendo

Fundación de la comunidad: Saint-Exupéry en el exilio

En Antropología filosófica por
Tiempo de lectura: 7 minutos

Uno de los grandes regalos que he recibido por haberme metido en esta aventura que es Democresía es el haber visto como a su alrededor se ha ido congregando un pequeño corrillo de personas que, bien como lectores, bien como colaboradores, han ido enriqueciéndola y enriqueciéndome con sus aportaciones. En algunos casos, también con su amistad. Cuento esto al hilo de lo que se suponía que debía tratar en este artículo, pero también porque la ocasión de escribirlo es el haber recibido de una de esas personas el libro del que sale buena parte de lo que a continuación les contaré, Carta a un rehén, de Antoine de Sant-Exupéry. Sigue leyendo

El arte de educar según Franco Nembrini

En Educación por
Tiempo de lectura: 3 minutos

La educación “es un acto de misericordia, un gran perdón continuo”. Con estas provocadoras palabras Franco Nembrini, profesor italiano de Literatura e Historia en la enseñanza media, y autor de diversos ensayos sobre Dante y la Divina Comedia, ilumina la difícil tarea del educador en este ameno y reconfortante “manual” educativo. Fruto de la recopilación de diversas charlas, encuentros y conferencias con familias y profesores, el profesor Nembrini huye de abstracciones educativas y habla desde su experiencia personal como hijo, alumno, padre y profesor.  En los diversos capítulos se percibe la influencia del libro “Educar es un riesgo” de Luigi Giussani al que Franco Nembrini considera un referente.

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Dependientes

En Antropología filosófica por

Tiempo de lectura: 2 minutos

Me asusta ver cómo damos por bueno el espejismo de la autonomía; la creencia de que uno se hace a sí mismo. Parece que cuanto menos hayas dependido de los otros para ser quién eres hoy, mayor altura humana. Esto podría ser verdad en un mundo posible en el que el hombre fuera otra cosa distinta a la que es. En este mundo, aquí y ahora, el hombre es relación. Quien soy hoy es gracias a que he dependido de otros. Sigue leyendo

Resacas de Mayo del 68: la preponderancia de la acción política

En Amor y sexualidad/Cultura política/Historia por

Tiempo de lectura: 3 minutosEste año las veleidades del calendario han hecho que coincidan el centenario y el quincuagésimo aniversario de acontecimientos históricos que implicaron sendos cambios radicales en el paradigma cultural y filosófico del mundo occidental. Nos estamos refiriendo al final de la Primera Mundial y a las protestas de mayo de 68, respectivamente.

La Gran Guerra supuso un trauma tan destructivo como inesperado, tan sorprendente como radical, que dejó la Europa material, pero sobre todo la espiritual, convertida en tierra baldía lista para la siembra nihilista de nuevas y aún más absurdas tragedias. Sigue leyendo

El verano de un recuerdo

En Asuntos sociales por

Tiempo de lectura: 5 minutosLos escasos números que quedan por tachar en junio, las advertencias a causa de las altas temperaturas, pronósticos meteorológicos varios, alguna conversación del grupo contiguo en la cafetería o los anuncios inquisidores que nos persiguen en la web tras haber hecho una consulta inocente acerca de posibles planes estivales nos urgen a encontrar unas vacaciones que superen las pasadas. Sigue leyendo

USS Callister: distopías digitales a la carta

En Democultura/Series por

Tiempo de lectura: 7 minutosYa está aquí la cuarta temporada de Black Mirror, la aclamada serie británica empeñada en plantearnos inquietantes reflexiones sobre el ser humano y la tecnología. El primer episodio, del que trataremos de extraer algunas ideas que consideramos interesantes, se titula “USS Callister”.

[A partir de aquí, comienzan los temidos spoilers] Sigue leyendo

La economía intermedia: cuando Schumacher descubrió que lo pequeño es hermoso

En Economía/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 8 minutosVivir con menos, en una economía a escala verdaderamente humana, que muestre que lo pequeño, lo simple y lo sencillo puede ser bello, útil y suficiente. Producir y consumir conociendo lo que realmente necesita el ser humano, frente al uso y abuso insostenible del mundo agigantado que nos convierte en simples números. Utilizar una tecnología a la medida del hombre: accesible, útil y cercana. Organizar y distribuir los medios y recursos económicos desde un plan comunitario basado en valores morales y no solo en cálculos estadísticos. Alcanzar una alternativa sostenible y práctica entre aquellos que propugnan el ”retorno al hogar” y los que que preconizan la “huida hacia delante”.

El legendario economista E.F. Schumacher [1911-1977], Fritz para los amigos, durante décadas uno de los pensadores más seguidos del mundo, nos hablaba y nos habla de una “economía intermedia” al servicio de hombres que tienen alma y de una naturaleza que tiene límites.

En plena globalización hiperconsumista, frente a pequeñas iniciativas aisladas del mundo y ante la gran etiqueta ecológica creada el marketing y aislada del medioambiente, la “economía intermedia” recupera plena vigencia como medio de reflexión o como instrumento de actuación. Ante las consecuencias del cambio climático, desde la revisión tecnológica, ante la emergencia de la lucha por los recursos, ante supuestas soluciones que o bien parecen meros parches técnicos o bien se desvelan como simples estrategias publicitarias. Algo parecido a decrecer en nuestro consumo y no morir en el intento, como sostenía Latouche; a disfrutar de lo que tenemos antes que frustrarnos por lo que no vendrá, como reflexionó Tolstoi; a volver a vivir con tres acres y una vaca y no perder el tren del mundo, como nos legó Chesterton.

Schumacher fue un alumno ejemplar. Tras una meteórica carrera académica en su Alemania natal, fue becado como economista de futuro con la prestigiosa Beca Rhodes en el New College de Oxford, y con solo veintidós años dio clases en la estadounidense Universidad de Columbia. Emigró a Gran Bretaña tras el triunfo nacionalsocialista, y sospechoso por su origen en plena conflagración mundial, durante años tuvo que trabajar como peón en una granja.

De la mano del economista de moda J.M. Keynes (quién leyó y utilizó el primer gran artículo de Schumacher, Multilateral Clearing) colaboró con él en su trabajo International Clearing Union (1944), trascendental para la elaboración del “Informe Beveridge” (base del actual Welfare State) y del “Plan Marshall” (clave en la reconstrucción de posguerra). Su enorme capacidad de trabajo y de análisis le abrió las puertas, primero de la British Control Commission como Chief Statistician, y después del National Coal Board, trabajando como Chief Economic Advisor durante dos décadas y siendo defensor acérrimo del lobby del carbón (deudor de las principales corrientes neomarxistas del momento, especialmente en clave socialdemócrata). Se había convertido en asesor técnico y estadístico de primer nivel.

Pero su visita a la subdesarrollada Birmania supuso un punto de inflexión. El prestigioso economista y asesor comprobó, in situ, los límites del progreso materialista y las injusticias sociales que conllevaba. Y comenzó plantear esa “economía intermedia” (y moralizada) entre el pequeño productor aislado y el “gigantismo” industrial que aislaba, entre el propietario artesanal y los colosales sistemas que inundaban el mundo de faraónicas infraestructuras y sueños nucleares; era el camino adecuado para un progreso justo y viable.

Así, en este periodo, recuperando las enseñanzas de las comunidades tradicionales y sus valores morales, empezó a escribir sobre una especie de “economía budista” alejada de los supuestos materialistas occidentales tras adoptar esta fe, profundamente influida por las tesis de M. Gandhi y J. C. Kumarappa (la llamada esencia de “la permanencia”). Tras diversos viajes por diferentes países del Tercer mundo (de Zambia a la India, pasando por Tanzania) amplió su nuevo enfoque “metaeconómico”; buscaba aquellos presupuestos morales y filosóficos alternativos capaces de reorientar dicha ciencia y actividad, para volver a considerar a las personas más importantes que los bienes y a la actividad creativa más relevante que el mero consumo. Propuesta que sintetizaba lo racional y lo espiritual (culminación de las “sus etapas  de desarrollo”) para superar la insuficiencia del liberalismo y las restricciones del comunismo. Así, en 1966 fundó el Intermediate Technology Development Group, convirtiéndose además en administrador de la cooperativa Scott Bader Commonwealth.

La vida, incluida la vida económica, precisamente porque resulta impredecible, todavía vale vivirla” proclamaba Schumacher.

Por ello, durante su conversión al catolicismo (que dejó perplejos a sus antiguos amigos budistas y marxistas), publicó la obra que le dio fama universal, su gran best seller Small is beautiful (1973), o Lo pequeño es hermoso; texto influido decisivamente por el chestertoniano Christopher Derrick (así como por el humanismo de Dorothy L. Sayers, las encíclicas sociales y el neotomismo de Jacques Maritain), y definido por The Times Literary Supplement como uno de los cien libros más influyentes de los publicados desde la Segunda Guerra Mundial.

La obra (en puridad una recopilación de artículos), pese a ciertas limitaciones propias del contexto en que se escribió y ciertas predicciones que no se cumplieron, anunciaba el nuevo tiempo histórico que vivimos en el siglo XXI: la tendencia hacia el gigantismo, el imparable crecimiento de las mega ciudades, el desempleo masivo crónico, los patrones insostenibles de uso de la energía, la degradación ambiental o la violencia en la lucha por los recursos.

Fue una de las primeras grandes y fundamentadas denuncias frente a la sociedad consumista (industrial o agrícola), que sobrevivía artificial e insosteniblemente sobre un entorno de fuentes limitadas y sobre la sistemática explotación de los recursos naturales no renovables de los países más pobres de la tierra. Por ello se preguntaba:

“¿Vamos a seguir aferrándonos a un estilo de vida que crecientemente vacía al mundo y desbasta a la naturaleza por medio de su excesivo énfasis en las satisfacciones materiales, o vamos a emplear los poderes creativos de la ciencia y de la tecnología, bajo el control de la sabiduría, en la elaboración de formas de vida que se encuadren dentro de las leyes inalterables del universo y que sean capaces de alentar las más altas aspiraciones de la naturaleza humana?”.

La “batalla occidental contra la naturaleza” debía acabar y los logros del modo de producción debían adaptarse a los límites del “capital natural” finito. Frente a la realidad petrolífera y el sueño nuclear, que desgranaba empíricamente, Schumacher propugnaba esa economía “como si le importarán las personas” (subtítulo de la obra citada), capaz de conseguir la sostenibilidad desde una nueva tecnología intermedia (recuperada de los modos de producción tradicionales) que conllevaba una restricción ética: la trascendencia de los valores morales que preservasen la igualdad y dignidad de todas las personas; la integridad del trabajo humano como el factor económico esencial; el uso de los instrumentos propios del entorno y de la comunidad (más baratos, más realistas y menos contaminantes); el papel central de la Familia como unidad básica de convivencia y formación; y el valor de las comunidades locales como entidades soberanas, si es posible, en una toma de decisiones descentralizada y desde una autosuficiencia creciente respecto a los alimentos y al combustible

Y, en medio de los optimistas que defendían que “todo tenía solución” y los pesimistas que anunciaban “la inminente catástrofe”, para Schumacher:

“Lo que necesitamos son optimistas que estén totalmente convencidos de que la catástrofe es ciertamente inevitable salvo que nos acordemos de nosotros mismos, que recordemos quiénes somos: una gente peculiar destinada a disfruta de salud, belleza y permanencia; dotada de enormes dones creativos y capaz de desarrollar un sistema económico tal que la «gente» esté en el primer lugar y la provisión de «mercancías» en el segundo”.

Obra donde Schumacher pretendía completar los problemas que detectaba en las tesis de su admirado Distributismo de Chesterton, Belloc y Gill. Este modelo acertaba a proponer, entre el Mercado divinizado y el Estado todopoderoso, un modelo basado en la promoción de la propiedad independiente (el llamado “retorno al hogar”); pero el mismo resultaba limitado para Schumacher ya que, a su juicio, solo alcanzaba a representar una “economía pequeña” de escaso impacto. Era necesario, además, un “economía intermedia” que atendiese a “cientos de miles de personas que no pueden tener esperanzas de ser auto-suficientes en la propiedad o en la artesanía“, que llegase a los desposeídos de la tierra y a los explotados por el sistema. Pero una vía media que no podía basarse, como había hecho durante años, en remedios dictados en exclusiva por los expertos especializados; debía fundarse en la previa transformación interna, moral, del hombre y su comunidad:

La gente continúa clamando por soluciones, y se enoja cuando se le dice que la restauración de la sociedad debe venir desde dentro y no puede venir desde fuera”.

Frente al individualismo sistémico construido, a la vez, desde la lealtad al capital y desde la dependencia de lo público, Schumacher oponía una comunidad soberana ligada tanto al minúsculo productor como al gran mundo interconectado.

“La cuestión no es la elección entre «crecimiento moderno» y «estancamiento tradicional». La cuestión más bien radica en encontrar el camino correcto de desarrollo, el Camino Medio entre la negligencia materialista y la inmovilidad tradicionalista. En pocas palabras, encontrar «Los Medios Correctos de Subsistencia»”

El occidental y el occidentalizado debían, por tanto, cambiar en sus valores para poder cambiar el sistema en sus instrumentos. Tenía que reconstruirse el arquetipo del homo viator o “el hombre con un  propósito” con su colectivo y desde la escuela, con una misión interna (atemperando la codicia y la envidia) y con un deber externo (buscando la paz y la cooperación), más allá del compulsivo comprador o del mecánico productor.

Marx, Freud y Einstein eran, a su juicio, “el trío diabólico” del que la modernidad había sacado las lecciones para erigir el rechazo a la asunción de responsabilidades individuales respecto a la comunidad de pertenencia o de referencia: del primero la interpretación revolucionaria del “odio a los demás” como motor de la historia; del segundo la sacralización individualista de la subjetiva “autorrealización interna” alejada de las necesidades de los demás; y del tercero la aplicación moral de su insistencia en la “relatividad de todo”.

Devolver la belleza a lo pequeño suponía recuperar la conciencia de que el hombre depende del mundo natural, de que el consumo no puede ser el único fin y propósito de la actividad económica, y de que el modo actual de producción destruye la naturaleza y genera una sociedad que mutila al ser humano. Un objetivo que debía demostrar, para Schumacher, el error de la que denominaba como dominante religión materialista (la única supuestamente racional), fundada en el culto al consumismo y la idolatría del gigantismo, y generalizada mediante la cultura de la salvación personal (e individualista) basada en el imparable desarrollo de la producción y la sistemática adquisición de riqueza personal.

Y la demostración de la viabilidad de su alternativa intermedia partía de la convicción de que “una onza de práctica vale más que una tonelada de teoría“: había comprobado en países olvidados por el progreso que la producción desde los recursos comunitarios inmediatos para cubrir las necesidades locales era la forma más racional de vida económica: adaptando la tecnología existente (y a descubrir) a las posibilidades intermedias, aumentando la variedad utilitaria de los sistemas instrumentales, generalizando mercados de proximidad al origen productivo, impulsando la educación moral y la comunicación solidaria, fomentando decididamente la vida rural (soñaba con “dos millones de aldeas”), y por ello, difundiendo para todos, libre y gratuitamente, mecanismos técnicos de bajo costo necesarios para el crecimiento autónomo responsable.

Un nuevo modelo de producción y consumo que devolviera la belleza a lo pequeño desde la tecnología intermedia que completaba, posteriormente, con dos principios más. Era necesario un segundo pilar, un nuevo paradigma filosófico y moral en la economía y en la vida; una Guía para perplejos (A guide for the perplexed, 1977) donde subrayaba esos “valores supremos” que permitían conciliar el autoconocimiento individual y la comprensión social en la elección de los métodos económicos. Y sobre ellos había que construir y difundir un “cambio de conciencia” en los hombres y sus comunidades, en las sociedades y en sus políticos, “en el corazón y el alma de cada uno de nosotros”; demostrando a esos “perplejos” que lo consideran imposible o utópico,  que toda reforma política o económica que respetara el medio ambiente pasaba por resolver los problemas vitales de la sociedad industrial, ya que

“el hombre de hoy es demasiado listo para ser capaz de sobrevivir sin sabiduría… Sin sabiduría el hombre se ve obligado a construir una economía monstruosa que destruye el mundo, y a buscar afanosamente satisfacciones fantásticas, como la de poner un hombre en la Luna” (Schumacher, 1981).

Y también era imprescindible un  tercer pilar: el trabajo; pero no uno cualquiera sino un “buen trabajo“. Así se publicó después de su fallecimiento, en septiembre de 1977, A good work, conjunto de conferencias dictadas en Estados Unidos en las que alude nuevamente a la necesidad de modificar las bases materialistas de la economía moderna desde el cooperativismo moralmente responsable; especialmente, porque, cualitativa y cuantitativamente, señalaba que “la fiesta ha terminado” para el progreso entendido en exclusiva de manera material (the party’s over).Una nueva forma de entender la economía necesitaba un nuevo de vivir el trabajo. Siguiendo a Santo Tomás señalaba que “no puede haber alegría de vivir sin alegría de trabajar, la pereza es tristeza del alma” (Schumacher, 1980: 113-115).

Fue admirado por comunistas y cristianos, seguido por líderes africanos y americanos, invitado por la Casa blanca y por el Vaticano, considerado mero conservacionista o valiente eco-guerrero, adulado a la vez por postcapitalistas y postcomunistas, considerado oportunista o elevado a la categoría de profeta. Pero quizás Schumacher, Fritz para los amigos, solo quiso que volviéramos a ver al ser humano en su belleza, por dentro y por fuera.

“No tengo dudas de que es posible dar una nueva dirección al desarrollo tecnológico, una dirección que habrá de conducirlo de vuelta a las necesidades reales del hombre, lo que también significa volver al tamaño correcto del hombre. El hombre es pequeño y, por lo tanto, lo pequeño es hermoso”.

¿Qué belleza salvará el mundo?

En Pensamiento por

Tiempo de lectura: 5 minutos

Búsquela en el silencio, búsquela en la calma, búsquela en medio de la noche y búsquela también en la aurora. Deténgase a cerrar las puertas mientras la busca, y no se sorprenda si descubre que ella no vive en los museos ni se esconde en los palacios. no se sorprenda si descubre finalmente que la belleza no es solo un qué, sino también un quién. (El despertar de la señorita Prim. Natalia Sanmartín)

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One Tree Hill: un lugar al que pertenecer

En Cine/Series por

Tiempo de lectura: 4 minutosLlevo mucho tiempo pensando en escribir sobre One Tree Hill, una de esas series que le marcan a uno la existencia. No es una serie digna de figurar en las listas de mejores series de las páginas de cine de referencia (lo que la hace de alguna forma especial), pero en mi caso llegó en el lugar y momento adecuado y le guardo el cariño suficiente como para que hoy me vea en la necesidad de escribir sobre ella.

Para los que no la conozcáis, la serie narra las historias de unos adolescentes en el pueblo ficticio de Tree Hill, Carolina del Norte. Aunque los protagonistas, lugares y acontecimientos obedezcan a los arquetipos y clichés clásicos de toda serie de High School americana (jugadores de basket, animadoras, taquillas, un montón de tragedias, el prom…), la realidad es que la serie logra profundizar en los estereotipos, logrando, además de un afecto hacia los personajes, su desarrollo. Sobre todo porque es una serie profundamente moral, donde el bien y el mal están delimitados.

No se llama One Tree Hill por casualidad. Todo gira en torno a la comunidad, en la que no podemos hablar de coexistencia, sino de convivencia. No existe ningún individuo aislado (salvo alguno que se lía a tiros en la tercera temporada), sino que la comunidad, organismo vivo frente a la sociedad mecánica, se va alimentando del propio devenir del pueblo y de las historias de cada personaje. No es un pueblo diluido conceptualmente en abstracciones supranacionales. No hay ni Unión Europea ni Globalización. Cuando uno de los personajes viaja a algún lugar fuera de Tree Hill ¡parece como si fuera a irse a algún mundo remoto!

Es moral también en lo relativo al comercio. En One Tree Hill no hay McDonald’s ni Starbucks ni Amazon. Están el café de Karen, el taller de Keith, los restaurantes junto al río…

Río que si seguimos su curso nos lleva hasta la cancha donde entrenan los amigos, unidos por su amor al baloncesto. Esa es otra. Los personajes salen mucho de sus casas, pero estos hogares, lejos de ser refugios, están abiertos al mundo. Los amigos y familiares van a verse entre ellos, van a buscarse… (hoy ya no es tan evidente, como antaño).

One Tree Hill se estrena en 2003, y los chavales tienen en torno a los dieciocho, lo que implica que habrían nacido en la última mitad de los años ochenta. Es la primera generación de los llamados millennials. En la serie no hay redes sociales, pero se dan formas primitivas de los dispositivos que manejamos hoy: el ordenador caja, el Nokia ladrillo, un chat tipo Messenger… No tienen gran relevancia, por suerte. Porque los personajes, rollos sentimentales aparte, buscan sin descanso una única cosa: encontrar su vocación. Esta es la gran tensión de la serie, el motivo por el que creo que es tan valiosa. One Tree Hill nos enseña que cada uno está llamado a ser uno mismo. Ya desde los créditos iniciales nos lo dicen en la canción: «I don’t want to be anything other than me».

En un magnífico artículo sobre la vocación, Higinio Marín decía que:

«buena parte de la vida nos va en acertar a preferir lo que realmente somos y a persistir en esa dirección, aunque también sea del todo preciso saber abandonar los espejismos de un yo preferido pero irreal. Distinguir entre lo uno y lo otro es más bien algo que nos pasa cuando ya se ha superado la dificultad, es decir, cuando la vida discurrida nos ha dado pruebas al respecto. Por eso la juventud es el periodo donde se concentran todas esas incertidumbres y desorientaciones.»

Y concluye así:

«Quien tiene la perfección como pasión de su oficio se cansa pero no se fatiga, pues ésta es la pena de los que recorren la vida sin descubrir qué ni quiénes les llaman.»

El título de la serie (tomado de la canción homónima de U2) se menciona en uno de los capítulos cuando la madre de uno de los protagonistas le dice a su hijo en una entrañable conversación: «There’s only one Tree Hill, and it’s your home.» Esta frase (que le repetirá nueve temporadas después una de las protagonistas al hijo que tendrá) es algo esperanzador para él. Frente a la radical inhumanidad de ser un engranaje de un sistema, una madre le promete a su hijo que hay un lugar donde es querido, que es lo mismo que decir hogar. Donde no hay vínculo, donde no hay raíces, donde no hay amor, no hay hogar. Su madre le está comunicando la esperanza de vivir en comunidad.

El profesor Evaristo Palomar recoge en una síntesis bellísima sobre la tradición lo siguiente:

«La tradición, como esperanza desde la presencia de lo pasado, es la memoria de una comunidad, que es inmediatamente perceptible, al presente, en la familia a través de su permanencia en el tiempo, desde la casa. La vida en cuanto que es, no es sino su derramarse dándose a los demás en fecundidad: ser, amor y donación. Por esto, el dolor en el compromiso de lo concreto y del “próximo”, desde la entrega, da paso a la alegría y al fervor que edifica la comunidad. (…) La tradición es la comunidad en tiempo y tierra. Lo que encierra implícitamente que la fuente de la tradición es el amor, pues toda comunidad se engendra por la amistad, y la amistad es el mismo amor en cuanto se manifiesta y funda por la intercomunicación, obrando según el propio bien la unidad en la común, en mutua reciprocidad.» (Sobre la Tradición, Tradere, 2011).

No sé si One Tree Hill pasará a la historia, pero sí sé que a mí me ha hecho mejor persona de lo que lo han hecho grandes series que hoy figuran entre las mejores. Series de indudable calidad cinematográfica, pero que tengo la impresión de que son en su mayoría nihilizantes. Quizás a nuestro tiempo le hagan falta grandes relatos de esperanza…

Encuentra tu tribu (porque solo crecemos en comunidad)

En Dialogical Creativity por

Tiempo de lectura: 3 minutos«Encuentra tu tribu» es un consejo que ha popularizado Ken Robinson en el ámbito educativo (Cf. El Elemento), pero es también un mantra típico para el desarrollo de equipos creativos. Parece un descubrimiento actual, importado del continente africano («Hace falta toda una tribu para educar a un solo niño») y, sin embargo, es una idea clásica en Occidente, sólo eclipsada por el individualismo de los últimos siglos. ¿Por qué necesitamos encontrar nuestra tribu? ¿Para qué la queremos? ¿Es realmente importante para nosotros tener una tribu? Sigue leyendo

La Teología del Libro de la Selva

En Religión por

Tiempo de lectura: 4 minutosEn el último capítulo del Libro de la Selva, Kipling nos presenta a Mowgli con diecisiete años. Hace ya tiempo que mató a Shere Kan, y derrotó a los perros jaros. Ahora está en la plenitud de su fuerza, y todo el pueblo de la selva le teme. Es, como le llamarán más tarde, “un dios de los bosques”, “el amo de la selva”. Llega la primavera. Parece que todo es perfecto. Y, sin embargo… Mowgli tiene el corazón oprimido, y no sabe por qué… Sigue leyendo

Chesterton: vivir en familia supone «entrar en un cuento de hadas»

En Dialogical Creativity por

Tiempo de lectura: 2 minutos«La defensa más común de la familia es que, en medio de las tensiones y cambios de la vida, resulta un sitio pacífico, cómodo y unido. Pero es posible otra defensa de la familia, y a mí me parece evidente; consiste en decir que la familia no es ni pacífica, ni cómoda ni unida. […] La razón es obvia. En una comunidad grande podemos elegir a nuestros compañeros. En una comunidad pequeña nuestros compañeros nos vienen dados». Así comienza G.K. Chesterton La familia como institución en el mundo moderno, uno de sus muchos artículos en defensa de la familia.
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¿Por qué nos “pierde” la política?

En Cultura política/España por

Tiempo de lectura: 4 minutosEste fin de semana he asistido al “estreno” de un nuevo partido político en España.

Quizás por lo prematuro del proyecto y por respeto a aquellos que han consagrado y consagrarán una cantidad ingente de horas repletas de sinsabores y algún que otro chupito de alegría, me abstengo de mencionar nombres propios. Mantengo a fuego la política de enumerar fallas y aciertos intuidos al mismo tiempo que intento salvaguardar la identidad del reo. Sigue leyendo

Amistades II: la necesidad de construir una comunidad

En El astigmatismo de Chesterton por

Tiempo de lectura: 7 minutosDe pequeño marzo era un mes malo.

Demasiado frío para correr en el patio, demasiado embarrada la tierra como para llevar el vaquero al suelo y hurgar con un palo en los poros de la roca. Siempre, el joven homo sapiens sapiens, en búsqueda activa de arcilla con la que pringarse las manos.

Las peonzas no rodaban, los gogos se manchaban y arañaban, los tazos se perdían en los charcos y las Magic, los cromos de la Liga y los Pokemon de cartón perdían color y la textura propia de sobre nuevo recién abierto. Obviamente, este problema era cosa ajena a los que tenían el mazo plastificado. Benditas madres. Sigue leyendo

La comunidad ideal

En Dialogical Creativity/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 4 minutosSentido de pertenencia, búsqueda de un hogar, encontrar nuestra tribu, poder decir ¡Tú también! y descubrir que así la vida se ensancha. La idea de «comunidad» evoca ese lugar en el que nos nutrimos como personas y en el  que damos también lo mejor de nosotros. En ámbitos filosóficos, empresariales, familiares, políticos y, por supuesto, en el mundo del coaching, se empieza a expresar un anhelo de comunión: debemos recuperar el sentido de comunidad. Ahora bien: quizá no sabemos lo que decimos cuando hablamos de comunidad, puesto que en los últimos siglos Occidente ha puesto el acento en la autonomía del individuo y hemos configurado nuestro mundo como si cada uno se bastara por sí mismo, hasta el punto de considerar la interdependencia como una debilidad.
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Llorar, patalear, votar

En Asuntos sociales/Cultura política/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 3 minutosComentaba Chema Medina en un artículo publicado esta semana que uno de los grandes logros del PP y del PSOE en las útlimas décadas ha sido el de enfurecer a la población española hasta el punto de lograr que se interese por la política, todo un hito en la historia de España.

Ahora bien, que la falta de interés político forma parte del carácter y la costumbre de buena parte de la población española no quita que, cuando las cosas pintan mal, la culpa sea siempre de los mismos, según la opinión comúnmente extendida. Sigue leyendo

Queremos votar

En Cataluña/España por

Tiempo de lectura: 3 minutosEn 1936, durante el régimen la Segunda República, el Ateneo de Madrid se erigió en juez supremo para decidir –democráticamente, por supuesto– la existencia o inexistencia de Dios. Todo un hito de la historia de la democracia y de la estupidez humana.

Desconozco si la pretensión de los que aquel día ejercieron tal acto de soberanía particular –el voto– esperaban que su decisión se hiciera extensiva al conjunto de la Humanidad, a la nación española o simplemente encontraron en el voto una herramienta adecuada para solventar sus discusiones de puro y salón. Parece claro que ni la Humanidad, ni España, ni Dios se tomaron muy en serio el resultado. Sigue leyendo

España ha fracasado

En España por

Tiempo de lectura: 3 minutosEspaña ha fracasado  ¿Cuál fue el error del régimen del 78? ¿A qué nos enfrentamos? ¿Qué es España?

Nuestra España, la que vive y convive desde hace siglos con más pena que gloria (aunque con más gloria que muchas otras naciones) ha fracasado y se dirige hacia el desastre más absoluto.

El último intento por salvar los muebles lo protagonizaron hombres a quienes hoy se llama héroes por asumir sobre sus hombros la inmensa responsabilidad de guiarnos hacia la democracia.

La transición que admiró al mundo fue, sin embargo, la última estocada a una comunidad ya herida de la que se ultiman los preparativos para el funeral. Los catalanes seremos, según parece a día de hoy, quienes cierren definitivamente el ataúd.

¿Cuál fue el error? ¿En qué parte de nuestra tortuosa historia nos desviamos del camino iniciado por nuestros antepasados? ¿Tiene sentido España hoy?

Estas preguntas me han inquietado durante largo y han aflorado con especial fuerza ante la incapacidad de nuestros dirigentes de oponer al proyecto secesionista más que tecnicismos y formalidades (empeoramiento de la economía, salida de la UE, ilegalidad de la consulta, derecho internacional…) que, si bien son ciertas, no satisfacen ni por asomo la exigencia de comunidad de los catalanes ni del resto de españoles.

Una definición de comunidad

Algunas de las respuestas las he encontrado en una crítica del italiano Luigi Giussani a quienes creen que “se puede construir la comunidad como convergencia desde fuera para realizar tal o cual cosa” (‘Educar es un riesgo’, Ediciones Encuentro, página 87).

Por el contrario juzga que la naturaleza de la comunidad radica en la “unidad profunda que nace de la convivencia provocada por una estructura común“, estructura que el define como el “modo de acercarnos a todas las cosas” y de “afrontar el problema del ser“.

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Viñeta publicada en Lainformacion.com

El error de la Transición

A la luz de esta definición, parece evidente que el último y mortal fracaso de nuestra comunidad fue, precisamente, el ampliamente venerado ” espíritu de la Transición”, con sus luces, pero también con unas sombras insalvables.

La Constitución y la España que pensaron aquellos grandes hombres que tanto lucharon por España fundó una actitud cobarde,  plasmada en la concesión definitiva a quienes exhibían como ideal la falta de compromiso con el proyecto español y con la propia comunidad.

La España democrática que conocemos nació muerta y es ahora cuando su putrefacción,  su corrupción original,  empieza a ser insufrible.

En lugar de proponer, o más bien hacer el esfuerzo intelectual e histórico de reconocer el fundamento, la naturaleza genuina, de la comunidad española y depurarlo de los restos de quienes en épocas pasadas quisieron monopolizarlo con sus ideologías, la España democrática ha incidido en la diferencia de los españoles a cambio de salvar la existencia del Estado Español.

Una vez más, nuestro pecado original del autodesprecio, la mezquindad y la pequeñez de miras, nos ha dejado vendidos ante quienes solamente querían repartirse los despojos de nuestra España.

Y todavía hay quien quiere ver en el mayor desmembramiento  de nuestra comunidad, la vía federal, una solución. A ver si triturando un poco los huesos conseguimos mantener de nuestro lado a los buitres por un tiempo.

Una propuesta valiente

En medio del ambiente de luto generalizado, es cierto que se ha colado en los últimos tiempos un poco de luz.

Discretamente, hay quien se ha atrevido a defender el proyecto español con una visión de España fresca y moderna pero en la que los viejos españoles -que no españoles viejos- o al menos yo mismo me veo capaz de reconocerme.

Les recomiendo fervientemente que vean el discurso íntegro de la plataforma Libres e Iguales del pasado 11 de septiembre, con motivo de la celebración en clave separatista de la Diada de Cataluña.

En caso de que no tengan tiempo para disfrutar de los casi 31 minutos de vídeo, vean al menos a partir del minuto 17:14, que es cuando comienza una nueva definición de España.

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