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Impedimento fatuo

En Viñetas por
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Un bolardo puede disuadir a algún fanático e incluso frenar la locura puesta ya en marcha pero ¿Qué hay de todo lo especulativo, de todos los preparativos, de las redes de mensajería instantánea con sus conversaciones encriptadas donde los terroristas fantasean con la muerte propia y ajena?

No tenim por

En España por
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No había ninguna duda. Los atentados de agosto del 98 contra las embajadas de EEUU en Nairobi y Dar es Salaam estaban diseñados para presionar al Gobierno de Washington. Los atentados del 11-M estaban diseñados para presionar al Gobierno de España. Los atentados del 7-J de 2005 estaban diseñados para presionar al Gobierno de Londres. Las diferencias operativas y organizativas de una organización terrorista como Al Qaeda respecto de otras organizaciones precedentes eran evidentes pero su propósito era más bien tradicional. Fijar unos objetivos, identificar como conseguirlos y golpear allí donde había un flanco débil para lograr los objetivos. Sigue leyendo

Ignacio Echeverría y su tabla, contra el terror

En Asuntos sociales por
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Rondaban las nueve de la noche en Londres e Ignacio y sus amigos volvían a casa en bicicleta después de pasar la tarde patinando en un parque. Dicen algunos de los que pasaron por Borough Market a esa misma hora que prácticamente ni se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo. No había griterío ni masas de gente corriendo despavorida, acaso se habrían refugiado en algún local. Únicamente algunas personas tendidas en el suelo y algo de movimiento que podrían haber pasado medianamente desapercibidos a quien pasara rápido y distraído por un lugar tumultuoso como es el centro de la capital británica.

Ignacio sí lo vio y se paró –quizá un instinto protector de esos que adornan determinadas personalidades–; tres individuos iban por la calle cuchillo en mano y en ese momento uno de ellos estaba apuñalando a una mujer. Lo que no se explica es lo que ocurriría después: se bajó de la bicicleta, cogió lo primero que tuvo a mano –su monopatín– y embistió contra los terroristas. Sigue leyendo

Lo que dijo Francisco, lo que no, y qué implica

En Asuntos sociales/Religión por
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¡Extra! ¡Extra! La polémica está servida a raíz de la última “ocurrencia” de Francisco. Su respuesta a una pregunta sobre los atentados contra Charlie Hebdo en París la pasada semana ha llegado a las portadas y páginas interiores de los diarios españoles . No tanto así (salvo alguna excepción) en los diarios internacionales.

Una posible explicación podría ser que los medios británicos, estadounidenses y europeos en general son más serios en el tratamiento de las declaraciones del pontífice. La otra –la más probable– es que no les importe tanto el Papa como a los diarios españoles, pese a que algunos les cueste reconocerlo. Sigue leyendo

España, capital mundial del humor

En Asuntos sociales/España/Religión por
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San MiguelAyer escuché enternecida las declaraciones de un niño francés que afirmaba que Francia es la cuna de los Derechos Humanos.Y me tocó el corazón porque vi, con natural envidia, que un niño en Francia, a tan corta edad, ya se muestra orgulloso de su país y de su pasado, aunque acto seguido me preguntase extrañada: ¿Se referirá a los Derechos Humanos que emanaron del uso indiscriminado de la guillotina en aquella gran plaza parisina donde luego taparon sus vergüenzas llamándola “de la Concordia”? Sigue leyendo

‘Yo no soy Charlie’

En Asuntos sociales/Mundo/Pensamiento por
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Yo no soy Charlie Hebdo y sé que muchos de ustedes tampoco. No quiero decir con ello que no condene el atentado terrorista que ayer terminó con la vida de 12 compañeros periodistas y un agente de la policía, a quienes hoy se homenajea como a héroes de la libertad.

Hasta ayer, la revista gráfica francesa no era más que una publicación socarrona, a menudo zafia e irreverente, conocida fuera de las fronteras galas por las amenazas de islamistas radicales por las famosas viñetas de Mahoma, más que por la calidad o la altura de su periodismo.

Si quieren ejemplos de libertad y periodismo, dirijan sus miradas a quienes permanecen encerrados por contar lo que ocurre en Irak o Siria, en Cuba o Corea del Norte, a quienes denuncian la violencia del narcotráfico en México o, aquí, a quienes se enfrentan a la corrupción y a la injusticia aún a riesgo de perder –como poco– su puesto de trabajo.

No me malinterpreten, lamento y aplaudo lo ocurrido. Me llena de rabia y de impotencia el asesinato de las víctimas de Charlie Hebdo y aplaudo el movimiento social generado en todo Occidente como reacción al crimen y en defensa de uno de los mayores logros de la civilización, al margen de Willy Toledo, la libertad de expresión.

Tener la capacidad (técnica y cultural) para acceder, comprender, valorar y expresar nuestra posición acerca de todo cuanto acontece no es algo natural en el hombre. No solamente es patrimonio casi exclusivo de los países que hoy consideramos Occidente y tiene su origen en ellos; sino que, además, exige una tensión ética constante por parte de las sociedades que han alcanzado esta cota de libertad.

Siempre ha habido, hay y habrá quién quiera someter a los medios de comunicación, quien proscriba determinadas ideas o colectivos del espacio público y quien pretenda erradicar determinadas cuestiones o posiciones de toda discusión. Si en su día ocurrió en el marco de una mala comprensión del mensaje de Cristo (entre otros muchos marcos) ocurre hoy también entre quienes se erigen a sí mismos en paladines del progreso, en rechazo del mismo mesías.

La libertad de expresión, como cualquier otra libertad, es siempre libertad para algo. Es la condición necesaria para que podamos juzgar como cierto cualquier acto humano, tanto si es para reconocer la Verdad como si es para caer en el insulto o en el error, como a menudo ha hecho Charlie Hebdo.

Ahora bien, es necesario que seamos capaces de sustraernos del hecho de que las viñetas, al igual que los artículos, las acciones, las decisiones políticas o el modo en que educamos a nuestros hijos son siempre buenos o malos (mejores o peores).

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Este acto de suspensión del juicio, que podría ser tachado de hipócrita o de indeseable, supone dar un paso atrás en la perspectiva y afirmar que no hay bien que pueda decirse o hacerse mayor que quién está tras las palabras o los actos. En cambio, no hay mal que pueda decirse o hacerse, que pueda eclipsar el bien que supone su hacedor.

Este acto de fe, que en otras palabras llamamos dignidad humana, no es solamente condición necesaria para hacer posible que en nuestras sociedades exista la libertad, sino condición indispensable para que, además, con un poco de esfuerzo, pueda producirse el Bien.

Por eso, más allá del simbolismo que, a la luz de los últimos sucesos, han cobrado las viñetas publicadas por Charlie Hebdo sobre Mahoma, es infantil pretender que el insulto (la crítica es otra cosa) sea el signo de la libertad. Por eso, pese a que los propios medios hemos adoptado la reacción de republicar las viñetas de la revista francesa como desafío al terror, declaro firmemente que “Yo no soy Charlie Hebdo”.

En lugar de ello, les propongo una cita apócrifa de otro francés:

“Je déteste ce que vous écrivez, mais je donnerai ma vie pour que vous puissiez continuer à écrire.”

“Detesto lo que escribes, pero daría mi vida porque pudieras continuar escribiendo.” (atribuida a Voltaire)

 

 

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