Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Dostoievski

Dos herejías sobre la belleza: Soloviev al rescate

En Pensamiento por
Tiempo de lectura: 6 minutos

Existe una herejía alarmante muy extendida en Occidente. La densidad especulativa de Disney la ha acuñado en el confuso aforismo “la belleza está en el corazón”. Tratándose del cuento de una doncella que se enamora de una criatura caracterizada como “bestia”, supondré que se trata de la posibilidad de amar a alguien independientemente de su fealdad aparente, cuando en su interior reside el bien.

Todo esto me resulta muy confuso. En primer lugar, está la ambigüedad de un “corazón” en el que debe residir un cierto bien que no sabemos muy bien en qué consiste. No menos preocupante parece ese verbo “estar”. La belleza no “está”, no se sitúa. Se corre el terrible riesgo de etiquetar arbitrariamente la posición de la belleza o, más terrible aún, se corre el riesgo de disolver la belleza en un cierto carácter moral.
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El mal y la redención: los Demonios de Dostoyevski

En Democultura/Literatura por
Tiempo de lectura: 11 minutos

El ser humano conoce el mal, sabe usarlo, en muchas ocasiones lo justifica como necesario o inevitable, e incluso lo llega a equipar con el bien. Pero sabe también que, tarde o temprano, todo mal conlleva una pena, propia o ajena, por la vía del castigo social o por la dolorosa redención personal, muriendo para renacer.

Fiódor Mijáilovich Dostoyevski [1821-1881] comprendió esta realidad en su propia vida y en la de los personajes que construyó para identificar los Demonios de su época; desde ese estudio tan profundo y tan citado del alma humana, y en concreto de una pretendida como singular “alma rusa” (por geografía, por historia, por cultura) que su coetáneo Lev Tolstoi intentó cambiar desde el ejemplo (y al que la posterior Unión soviética ensalzó como promotor, mientras censuraba al “reaccionario” Dostoyevski).

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La insoportable necesidad de tener razón (I)

En Asuntos sociales por

Tiempo de lectura: 6 minutosVivimos en una sociedad que ha desterrado la necesaria posibilidad de estar equivocado, de errar y de, por qué no, aceptar la probabilidad del fracaso en aquello que se comienza. Todo se nos debe ofrecer y todo ha de ser conseguido sin asomarnos a la posibilidad de lo contrario, pues se nos ha inoculado de manera incesante el axioma que obliga a la vida a hacernos perennemente felices por la única razón de creernos merecedores de ello.

De un tiempo a esta parte, el discurso político-social se ha radicalizado, y no sólo en estas vertientes, sino que lo ha hecho en cualquier lugar donde la sociedad haya colocado su imperfecta presencia. Hemos elevado nuestras causas a los altares de las verdades irrefutables que no pueden, bajo ningún concepto, dar espacio a lo contrario. Sigue leyendo

La piedra desechada de la Eurocopa

En Cuero por

Tiempo de lectura: 3 minutosNos produce un gozo celestial, casi lo mismo que una buena rascada de barriga, ver al humilde vencer. Aunque sea sólo una vez al año. Claro que esto se cumple exclusivamente en el fútbol y con nuestro círculo de amistades más cercano. El resto de los días, cargado de matices y salivazos sucios, somos más de la hornada de los Karamazov de Dostoievski; donde el Starets Zosima anunciaba con acierto “que los hombres se alegran de la caída del justo y  de su deshonor”.  En lo cotidiano, por norma general, nos sale un topo negro y feo de las entrañas que se ocupa de hablar por nosotros. Sigue leyendo

Gógol y la corrupción política

En Democultura/Literatura por

Tiempo de lectura: 8 minutos

Soy un escritor, y el deber de un escritor no es únicamente proporcionar un pasatiempo placentero al intelecto y al gusto; será castigado severamente si de sus obras no se difunde algún tipo de beneficio para el espíritu y si no hay en él alguna lección para la humanidad“. De una carta de Gógol a un amigo.

Nace en 1809 Nikolái Gógol, un diminuto ucraniano de ascendencia polaca, en el seno de un Imperio Ruso a punto de ser invadido por las hordas imperialistas de Napoleón. Surgía un cacho de carne de tres kilos que llegaría a eclipsar al sol con su opaca y mordaz baba; un sol que paría, ayer allí como hoy aquí, una estructura social de sangüijuelas y leones del diablo. Sigue leyendo

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