Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Vente a Alemania, PP

En España por

Hace casi cinco años, la irrupción de Podemos -cinco escaños en el Parlamento Europeo- pilló a la “clase política” con el pie cambiado. Muchos ojos se posaron entonces en el PSOE. Que el entendimiento sería la tónica con Izquierda Unida (IU) se daba más o menos por descontado, pero ¿qué haría el partido mayoritario del centroizquierda con la nueva formación, de tinte tan rupturista respecto al orden (constitucional) establecido? Sigue leyendo

Pablo Casado: el triunfo del apparátchik

En España por

Se detecta entusiasmo ante la elección de Pablo Casado (Palencia, 1981) como nuevo presidente del Partido Popular. No deja de resultar sorprendente: el joven líder representa muchos de los males que se han señalado hasta la náusea durante la última década de desafección política. Es casi un perfecto apparátchik, ese término coloquial de la etapa soviética con el que se designaba a aquellos funcionarios de responsabilidades difusas cuyo único mérito tangible era el correspondiente carnet del Partido Comunista. Los ocho años (1999-2007) que tardó en aprobar la carrera de Derecho dan idea de su ambición académica. El dato ha pasado casi desapercibido, gracias al mayor ruido generado por sus algo dudosas titulaciones de postgrado. Se ha publicado que sólo terminó –en un llamativo sprint final- porque fue la condición que le puso su mentora, Esperanza Aguirre, para incluirlo en las listas de las elecciones autonómicas de 2007. Sigue leyendo

PP y Ciudadanos: la derecha bicéfala

En Cultura política/España por

El pasado 15 de enero, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, dijo que su partido tenía que “aglutinar todo ese voto de izquierdas en torno a la única fuerza que puede ganar a la derecha bicéfala”. Como toda expresión surgida del argumentario de una formación política, tiende a la simplificación. Pero da una idea muy gráfica –esa era, nos tememos, la intención- del nuevo escenario que la irrupción de Ciudadanos ha traído consigo. La frenética sucesión de elecciones del período 2014-2016 ha hecho difícil encontrar el reposo necesario para hacer la digestión de tanta novedad. Ya con cierta perspectiva, unos y otros van asimilando la realidad: el centro-derecha ha dejado de ser propiedad exclusiva del Partido Popular (PP). Sigue leyendo

Don Camilo, don Peppone y la sociedad virtual

En Asuntos sociales por

Si no conocen a Camilo y a Peppone, no saben lo que se pierden. En una Italia post-guerra mundial en la que el comunismo ganaba cada vez más números para ocupar el vacío de poder dejado por el fascismo, un periodista italiano, Giovanni Guareschi, imaginó a aquellos dos magníficos personajes: un reaccionario cura de pueblo, Don Camilo, y su antagonista, el alcalde comunista Don Peppone. A cada cual más bruto, más auténtico, más tierno.

Lo genial de las historias de aquella pareja era su terrible humanidad –siendo ambos como eran un par de cabestros– y el elemento cómico que suponía llevar las grandes luchas ideológicas del siglo XX al ámbito hogareño de un pueblo rural, en el cual su gravedad se tornaba irremediablemente grotesca. Al final, Don Peppone acaba siempre escondiendo en su casa al curita de las masas a las que él mismo ha instigado contra la Iglesia y Camilo –tan reaccionario como es él– no puede evitar sacar de más de un apuro a su enemigo político, jugándosela para preservar el buen nombre del alcalde entre sus cuadrillas de comunistas. Sigue leyendo

“Menos con Bildu y el PP”

En Elecciones 24M/España por

A las cuatro de la tarde del sábado 27 de octubre de 1979 ETA asesinaba a tiros en la localidad de Villarreal de Urrechu (Guipúzcoa) al fotógrafo GERMÁN GONZÁLEZ LÓPEZ, militante del PSOE.

Con el asesinato del senador socialista ENRIQUE CASAS, la banda terrorista ETA culminó su macabra campaña electoral para las autonómicas vascas el 23 de febrero del año 1984, en la que además de asesinar a un candidato del PSOE pidió el voto para HB.

El 28 de abril de 1987 fallecía MARÍA TERESA TORRANO FRANCIA, ama de casa y militante socialista que había resultado gravemente herida en el ataque con cócteles molotov que siete etarras llevaron a cabo contra la Casa del Pueblo de Portugalete (Vizcaya) el 25 de marzo.

JOSÉ LUIS BARRIOS CAPETILLO, hijo de un concejal socialista, fue asesinado la noche del viernes 16 de septiembre de 1988 de un tiro en la cabeza a manos de dos etarras a los que su padre acababa de servirles una cerveza en el restaurante familiar en Santurce. Sigue leyendo

El liberalismo herido: reivindicación de la libertad frente a la nostalgia del autoritarismo

En Cultura política por

Tres detonaciones oscurecen el horizonte del siglo XXI: los atentados del 11 de septiembre de 2001, la crisis financiera mundial de 2008 y la pandemia de la Covid19. Seguridad, prosperidad y salud se tambalean. Entra en escena el miedo, la desesperanza ante al futuro y la desconfianza hacia el otro. La incertidumbre altera la arquitectura de las sociedades democráticas que habían derrotado al fascismo y al nazismo en 1945 y al comunismo en 1989. Entran en escena populismos de signo variado: igualitarios y transversales, libertarios y autoritarios. Se instala la sospecha de la ciudadanía frente a las instituciones. En plena pandemia se produce el asalto al Capitolio, lugar simbólico donde descansa la soberanía del país más poderoso del mundo. ¿Involución? ¿Crisis civilizatoria? ¿Neofascismo?

El profesor español José María Lasalle asegura que nos encontramos ante un “momento refundacional de la humanidad”. En su libro El liberalismo herido, publicado por Arpa, el autor realiza un profundo análisis sobre lo que está en juego, partiendo de una idea fuerza: el liberalismo está siendo eclipsando por el neoliberalismo. El libro es una continuación de otras dos obras: Contra el populismo (2017) y Ciberleviatán (2019). Sigue leyendo

Gregorio Luri en TRIÁLOGOS: “El psicólogo más grande de Europa era Lope de Vega”

En Entrevistas por
Gregorio Luri en TRIÁLOGOS:""

Bajo la hegemonía progresista parece obligatorio abominar de todo legado y tradición. Lo nuevo es bueno por ser nuevo, y todo lo heredado es intrínsecamente perverso por el mero hecho de serlo. Se nos dice que tenemos que reinventarnos constantemente y practicar una política de tierra quemada con cualquier vestigio de sabiduría transgeneracional; nos imponen un adanismo perpetuo, un reinicio diario, con lo que esto tiene de desarraigo y desestructuración social. En lugar de comunidades fuertes y solidarias, de las que cobijan, se prima el seccionarnos en grupos de afinidad enfrentados entre sí y perpetuamente resentidos; quedamos así abocados a luchas identitarias que hacen inevitable la mediación del Estado para gestionar tanta colectividad ofendida.

Como ciudadanos, podemos dejarnos llevar por la corriente, y buscar ansiosos el reconocimiento individual acumulando likes en la red de gente que no abrazaremos nunca, y hacer nuestros los tópicos políticos progres con los que nos bombardean los medios. También podemos declararnos víctimas del mundo y esperar en algún lugar tranquilo a que nos otorguen el derecho a tener más derechos que nuestros vecinos.

O  podemos elegir el camino difícil, el de la ética, el de la common decency orwelliana: abrazar la realidad sin aclamar sus injusticias, no deslumbrarnos por lo novedoso por sistema, ser críticos con la modernidad y quedarnos con lo que ésta que tenga de liberadora mientras rechazamos sus esclavitudes… O sea, ser simple y llanamente un conservador, alguien que está más abierto a lo bueno que a lo nuevo.  

Claridad e impacto de un pensamiento abandonado

En los podcasts de Triálogos seguimos contando con invitados de excepción. En esta nueva entrega el pedagogo y filósofo Gregorio Luri ha desarrollado los temas que trata en su imprescindible obra La imaginación conservadora.

Vivimos tiempos de polarización política y debates histéricos. Por lo que se agradece escuchar el hablar amable y reposado de un conservador sin estridencias, alguien que no acepta las imposiciones del progresismo ambiental, pero tampoco sueña con cargas de húsares restableciendo algún periclitado poder imperial. 

Luri es profesor y se nota en su claridad expositiva. También hay cierta honestidad en sus propuestas, ya que rehúsa a darnos una fórmula infalible para actuar políticamente. Ser conservador es una actitud escéptica que se modula según el territorio y la tradición que se habita, por lo que difícilmente se puede promulgar un catecismo universal conservador. 

Aquí le escuchamos derrochar su amable sabiduría, ajena a los academicismos o las petulancias postmodernas. Por ejemplo como cuando suelta joyas tipo que “el psicólogo más grande de Europa era Lope de Vega”, que es lo menos canónico que se puede decir hoy. O cuando defiende sin complejos la libertad educativa frente a las imposiciones estatales, que es una herejía tal y como está el tema en nuestra época.

En definitiva, este programa 35 de Triálogos versa sobre qué significa ser conservador hoy en España, pocos temas son más actuales.  

Leprosos: La difamación como relato emocional

En Asuntos sociales por

Si murmurar la verdad aún puede ser la justicia de los débiles, la calumnia no puede ser otra cosa que la venganza de los cobardes.

Jacinto Benavente.

Cuando los medios de comunicación deciden echarse en brazos del relato emocional, dejando de lado la enorme responsabilidad que conlleva informar desde el rigor y la imparcialidad, lo hacen siempre con el objetivo de servir a algún tipo de ideología para fabricar estados de emoción que forjen adoctrinamiento a través de una agitación intencionada. Cuando esto ocurre, se dispara directamente a la línea de flotación de los más básicos valores democráticos de toda sociedad, donde el estado de derecho, cuyo sistema garantista es la expresión máxima de los derechos y libertades que lo conforman, se ve amenazado de tal manera, que las consecuencias son tan inquietantes como impredecibles. La libertad de comunicación, por la que tanto lucharon generaciones, es un valor imprescindible de toda democracia solvente que sólo se ve dignificada cuando se ejerce tanto desde la responsabilidad individual como la colectiva, lejos de ser manipulada con fines sectarios o partidistas. 

Todo es ya un relato. La falacia es un peligroso valor al alza cuando la culpa o la inocencia las determina una ideología. Utilizar la vida como un drama del que anhelamos ser víctimas, es una trampa para colectivizar a través del dolor, la llegada a un efímero éxito construido en la ofensa, la tragedia y la autocomplacencia.

Nos hemos acostumbrado a vivir entre ficciones y a fabricarlas para ser nuestros propios protagonistas y así de paso, crear los antagonistas a nuestro antojo. Da igual que sea mentira, lo importante es el espectáculo que fomenta y al que sirve. Por eso, se maldice más que se dice y se miente más que habla. 

Porque ahora se escriben ficcioticias o psicotícias, una suerte de relatos emocionales cuya carga argumental es un compendio de estados emocionales narrados al servicio del suceso con la única intención de alimentar sospechas, deformar situaciones y crear universos ideológicos que predispongan las sensaciones hacia el objetivo de la sinrazón, la ira, la vulnerabilidad, la empatía dirigida y, por ende, la zombificación social. 

Una sociedad obsesionada por tribalizarse, por identificarse de manera compulsiva con algo, con alguien. Esa adicción identitaria es la consecuencia de un sistema que no acepta la existencia individual como un reto cuyo proceso empieza en la madurez personal para luego encontrar su lugar en el grupo. 

Ahora, ante la imposibilidad del discernir, se nos dice continuamente desde todos los frentes mediáticos como tenemos que pensar, como tenemos que hacer y, sobre todo, qué y cómo tenemos que sentir. Ante la falta de una respuesta propia sobre la realidad, el individuo, desorientado, busca y rastrea de manera compulsiva deformaciones ideológicas a través del colectivo en el que mimetizar sus miedos y sentirse protegido emocionalmente amoldándose al discurso oficial.

https://youtu.be/O6o0lxowFaw

La emoción narrada, es la nueva quimera de una sociedad que no acepta la incertidumbre intrínseca de la propia existencia y sus dilemas. El miedo al fracaso entendido como una aceptación por parte de los demás y no por parte de uno mismo, nos hace buscar la pertenencia compulsiva al colectivo o la tribu. 

La metáfora está por encima del marco analítico. La sospecha por encima del hecho jurídico. El pensador de Rodin, es hoy una estatua derribada cuyo pedestal ocupa ahora un sentimiento victimista, una ofensa indefinida, un recuerdo sensacionalista. Una sociedad revisionista por miedo a enfrentar el futuro de manera natural, que utiliza un neolenguaje lleno de axiomas y eufemismos con el único objetivo de hacer que las emociones, y no las razones, construyan un mensaje narrativo, seductor y ficticio, para predisponer al espectador a tomar una posición sesgada fuera del argumento constructivo.

El tiempo ya no es real, es diferido. Cualquier afirmación fraudulenta, es ahora sentencia. La palabra señala, la frase mancha y la historia sentencia. Lo espectacular está al servicio del suceso. El relato fomenta la dependencia de la superestructura ideológica y del obsesivo consumo que se controla y regula través de la narrativa. 

Todo es una emoción, una sensación. Nada es una reflexión, una razón.

Todo en el relato actual, se ha convertido en exordio y peroración en detrimento del argumento y el análisis crítico. 

Los maldicientes se sacian retozándose en la cultura de la cancelación, la nueva herramienta inquisitorial en la que se regodea una sociedad que, perdida la ética, ya sólo se viste en el armario de la estética. Algunos, ya no encuentran más alimento que el lamento, haciendo de él su único argumento. Frágil, letal, engañoso, certero. Relata que algo queda. La democracia no puede ser un relato mal escrito, una historia falsa, un panfleto al aire o un cuento para dormir niños. No podemos conceder ni ceder la decisión de lo que es verdad a las apariencias, al libelo y a la argucia de un titular envenenado. Ni mucho menos, a una audiencia ansiosa de ello. 

Sello de la Asociación Neoyorkina de supresión de los vicios (s. XIX) representando las ideas del castigo y la quema 

 

La hiper-emoción es Saturno devorando a su hijo. Las redes sociales, son la nueva hoguera de las vanidades donde quemar y cancelar todo lo potencialmente ofensivo bajo las soflamas inequívocas de un nuevo autoritarismo digital disfrazado de causa noble y piel muy fina. En ellas mismas, se construyen una red de desarraigos y frustraciones que vomitan los complejos en forma de exabruptos, quejidos y señalamientos. 

La palabra se hace verso para adornar el perjuicio y la sospecha.

Es la sociedad de la apariencia que abandona a la de la eficiencia. Somos una sociedad vigilada y vigilante, estimulada más por lo visual que por lo intelectual. Somos inquisitoriales, maestros de una moralidad propia que siempre aplicamos a lo ajeno. Alguien nos ha convencido de estar siempre en el lado injusto de la vida y pensar que por ello, somos víctimas de algo o de alguien. Incapaces de asumir nuestras propias decisiones, hemos tomado nuestros anhelos como derechos, y a nuestros complejos, como emociones. 

La neodifamación, convertida en herramienta usual en la era digital, es la que ennegrece con la sospecha todo aliento de verdad. Por ello, el relato, ese maravilloso relato de la emoción, debe quedarse en su hábitat natural que es el espacio de la ficción. 

Los difamados rebosan de llagas que supuran a pesar de la mentira mediática que las origina. Ante la calumnia, el corazón late, pero el alma se para. Por la herida de la injuria, sangran en silencio. Ante la impostura, el momento doloroso convertido en una farsa contada en forma de emociones y narraciones manipuladas. Ya proscritos, el mundo que conocían desaparece con las primeras luces de la infamia. 

Saben que la verdad, siempre terminará emergiendo. Pero no saben cuánto tardará en hacerlo. Así que un buen día, decidirán coger toda la basura que les han lanzado y la reciclarán para hacer que sus vidas merezcan aún más la pena. 

Despojémonos pues del traje de la sospecha, para empezar a valorar un humanismo mediático y narrativo más respetuoso con nuestra dignidad, que nos haga vivir en consonancia con lo que somos y con lo debemos ser.

Aunque nos guste el relato, también debe gustarnos la vida real, nuestra esencia y existencia y el espacio que ocupamos en ella. Y si no, luchar por cambiarla, pero no hacerlo nunca desde la impostura de fabricar lo que no somos. Y lo que es peor, contar de otros lo que no son, ni lo que fueron ni lo que serán

Un refugiado en Europa: el efecto ilusorio de estrenar mundo

En Internacional por

Ilusión. Esa es la diferencia de caminar por el Paseo de Gracia o por un camino de tierra en los arrabales de Kampala. De asombrarse con las figuras que decoran los adoquines de Barcelona o con el color rojizo de la tierra en Uganda. Es la forma en la que nuestros ojos decoran lo que ven y la manera en que rellenamos aquello que no alcanzamos a ver. La ilusión se alimenta de olores, sonidos y sensaciones, y los deja en algún rincón de nuestra mente, para que esta recurra a ellos sin previo aviso, cuando necesita rellenar los vacíos de la incomprensión. Es la realidad decorada con nuestros miedos y deseos.

Cuando llegué al campo de refugiados de Rwamwanja, en Uganda, tuve que mostrar mi credencial de periodista ante las autoridades. Como el director del campo – allí se denomina ‘Comandante’ – estaba fuera, me vi en la tesitura de esperar prácticamente todo el día a que volviese, así que decidí dejar mis cosas en la oficina de su secretaria y salir a dar una vuelta por los alrededores.

En aquel pueblo colindante al campo encontré un mercadillo, de esos semanales que parecen conseguir congregar a todos los habitantes del pueblo, ya sea en África o en Europa. Un mercadillo africano llama la atención porque puedes encontrar animales atados o enjaulados, y porque la mayoría de vendedores no tienen puesto; les basta con poner una mesa sobre la que enseñar sus productos. A algunos ni eso: lo ponen directamente sobre el suelo.

Me impresionó una señora tumbada junto a una montaña de restos de pescado: cabezas, raspas, colas y tripas devoradas por las moscas. Era la vendedora. Me impactó que eso se vendiese; que eso se comprase. La vendedora casi podía dormir sobre ese montón de restos y a mí se me hacía casi imposible no cubrirme la nariz con la camiseta. Me sorprendió que alguien pudiese sobrevivir a comerse eso, y más aún que la secretaria del Comandante me dijera que no pasaba nada, “que ese pescado está perfectamente”. Era una imagen que pasaba desapercibida para casi todos los transeúntes, pero a mis ojos era lo más excepcional que ofrecía aquel mercado; por lo chocante, por la intensidad del olor, por el zumbido de las moscas y por que alguien pudiese dormir abrazado a todo aquello, rodeado de un constante tráfico de ruido, polvo y personas. Supe entonces que lo que hacía de esa imagen algo especial eran las expectativas que llevaba conmigo. Era la sensibilidad que se despierta en el viajero cuando se enfrenta a una realidad desconocida, cuando camina cargado de sueños ante una primera vez.

Europa: todo demasiado ordenado y silencioso

Cuando Roger llegó a Barcelona, procedente de aquel campo de refugiados, y salió por primera vez a la calle, lo primero que dijo es que no sabía qué decir, “que todo era como un sueño”, que le impresionaba que todo estuviera tan limpio, que hubiese luz en todas las calles. Así que terminó preguntándome él a mí que cómo había hecho para moverme por Uganda.

Era una tarde de Navidad, de esas que casi nacen siendo noche, pero con la excepción de ser un diciembre atípico, sin bares ni mucha vida en la calle. Una tardenoche en la que Roger conoció el frío, y lo dijo como si fuese un invento de más allá del trópico, y a mí me recordó a cuando Aureliano Buendía recuerda el día que su padre le llevó a conocer el hielo. Le pareció que en Europa todo era demasiado ordenado y demasiado silencioso. Entonces recordé las misas de noche en el campo de Rwamwanja, su música atronadora y las plegarias cantadas que parecían salir de la oscuridad de la montaña y que yo, desde mi habitación del hostal, imaginaba como una enorme fiesta de danzas y rituales africanos bajo la fría luz de los fluorescentes. Mi cabeza mezclaba imágenes del espiritualismo africano, que siempre despierta de noche, y las pintaba con los colores eléctricos de la obsoleta precariedad tecnológica del (‘Tercer’) mundo rural.

Roger parece haberse hecho a vivir rodeado de blancos, a mirar las luces de los semáforos para cruzar la calle, a perderle el miedo a las escaleras mecánicas.

Son colores artificiosos, llenos de contrastes, parecidos a los de la fuente iluminada de Gran Vía de les Corts. Cuando Roger la vio por primera vez la vio tan azul que me preguntó si realmente era agua. Le dije que sí, que “solo es un efecto de luz”. Me pidió que le tirara una foto; imagino que para enseñársela a sus amigos de Uganda y mostrarles cómo es el mundo en Europa. Imagino que aquel azul intenso y artificioso cuadraba con su imaginario de la excepcionalidad tecnológica de Europa, como si esa unión de color, coreografía y luz evidenciase las diferencias con su mundo africano. Pensé que la realidad estaba respondiendo a su ideal y el ideal se estaba convirtiendo en belleza, igual que yo con aquella mujer que dormitaba junto al pescado.

El animal que más ha impresionado a Roger en Europa es el perro. Primero porque “en Uganda todos son callejeros” y aquí van atados; y segundo, porque jamás pensó que pudiesen existir tantas razas, ni que un perro pudiese ser viejo y pequeño al mismo tiempo.

Tiempo después, Roger parece haberse hecho a vivir rodeado de blancos, a mirar las luces de los semáforos para cruzar la calle, a perderle el miedo a las escaleras mecánicas y a moverse en metro siguiendo los colores. También hay realidades que sigue resolviendo con su imaginación, como la de los africanos que encuentra por la ciudad, hablando en plazas o cargando carros de chatarra. Piensa que pueden ser mafias y teme que le quieran meter en su sistema, así que evita acercase a ellos.

En lo poco más de tres meses que Roger ha dejado de ser refugiado en Uganda para ser estudiante en Barcelona, la ciudad ha cambiado mucho a sus ojos. Aún hay muchas cosas que no termina de entender y que, seguramente, en su silencio, va rellenando con su propia imaginación, dejando que su subconsciente complete los huecos del desconocimiento con miedos e ilusiones. Algo parecido a lo que hacemos todos al proyectar nuestro futuro. Probablemente, en el caso de Roger su imaginario sea muy distinto al de hace un año, cuando solo era un refugiado en el Tercer Mundo, y ahora se permita soñar con ser diplomático y conseguir un trabajo digno. De ahí que, en ocasiones, ilusión signifique lo mismo que esperanza.

Puedes conocer la historia completa de Roger en Refugio, el documental de Manuel González. Disponible en Filmin y Amazon Prime.

Tienes que añadir un widget, una fila o un diseño preconstruido antes de que puedas ver algo aquí. 🙂

A vueltas con los héroes

En Democultura/Literatura por

En casa, pese a las advertencias que en su momento hicieron los puritanos, está triunfando Harry Potter. Tengo a Harry instalado en el sofá, con mi primogénito, cuando me levanto. O cuando me voy a dormir y le encuentro tirado sobre unos cojines junto a la librería de casa, porque, ¿cómo se iba a acostar dejando a su compañero en la situación en la que está? Como Bastian y Atreyu, mi hijo le va acompañando en su aventura hasta llegar al punto al que Bastian debe llegar, pasando por los aprendizajes que debe adquirir. Hasta que le toque a él ser protagonista. Y me parece bien que así sea.

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En defensa del Parlamentarismo: de los espacios de copertenencia a la representación indirecta

En Cultura política por
Parlamentarismo Cortes de Cádiz Salvador Viniegra

Desde hace algunos años se recurre mucho a la comparación de los acontecimientos de nuestro siglo con los del periodo de Entreguerras del anterior. En términos generales, el populismo de derechas se ha identificado con el fascismo y el de izquierdas con el comunismo, y dentro de nuestras fronteras, se buscan parecidos de políticos conservadores con Franco, se analiza la “podemización” del PSOE a la luz de la “bolchevización” de este partido en los años treinta, o se rastrea la conexión entre Puigdemont y Torra con Macià y Companys. Todo ello en función de la ideología del analista, a veces con acierto y otras con propaganda, y no solamente en la política: gran parte del mundo ha redescubierto la mal llamada “Gripe Española” de 1917 a raíz del Coronavirus, y algunas marcas han resucitado en sus anuncios comerciales el espíritu de los Felices Años Veinte para transmitir optimismo en la venta de sus productos.

Estos análisis son muchas veces derivación del anacronismo, una tentación que siempre acecha al observador del mundo. Pero como escribía Jacques Maritain, “todo error encierra una verdad”. Es decir, todo lo malo o equivocado suele tener un atisbo de bien, indicándonos una tendencia del ser humano que, por la razón que fuere, no se ha desarrollado correctamente. En el caso del pensar anacrónico, nos anuncia que la persona es un animal histórico, y detectarlo a tiempo nos invita a buscar similitudes con el pretérito que hagan de la historia Magistra vitae en lugar de arma política. Con esta intención me gustaría reflexionar sobre un aspecto que me parece de los más característicos de la política actual, y que se presenta al comenzar los años veinte del siglo XXI con unas notas similares –aunque por supuesto, para nada idénticas– a las que eran evidentes en los del XX: la crisis del parlamentarismo. Y lo haré esencialmente de la mano de alguien que lo analizó por aquel entonces, y cuyas reflexiones siempre intento traer a colación por lo perspicaces que fueron: José Ortega y Gasset.

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Kentucky Route Zero: siete años para viajar de vuelta a casa

En Videojuegos por

Un viejo transportista de una tienda de antigüedades tiene un último encargo. Sabe la dirección pero no encuentra la ruta que debe tomar que, no es otra, que la carretera cero. 

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Un viejo transportista de una tienda de antigüedades tiene un último encargo. Sabe la dirección pero no encuentra la ruta que debe tomar que, no es otra, que la carretera cero. 

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Un viejo transportista de una tienda de antigüedades tiene un último encargo. Sabe la dirección pero no encuentra la ruta que debe tomar que, no es otra, que la carretera cero. 

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Ignatius Reilly Jr.: “La guerra cultural se acabará cuando se extingan los progres”

En Asuntos sociales por
carrito perro

Nota del editor: Reaparecen en estas líneas dos viejos conocidos democresianos en un diálogo que acaso nunca haya tenido lugar pero que, por su interés, nos dignamos a reproducir. Se trata de una entrevista que el abominable Gregorio Samsa, responsable de algunas polémicas, como la que encendió al mismísimo Jorge Bustos, mantiene con otro personaje despreciable que figura entre nuestros colaboradores: don Ignatius Reilly Jr. Tras algún tiempo sin dejarse ver por estas páginas, nos afligen con una intervención conjunta que ofrecemos al lector para que haga con ella lo que juzgue conveniente.

***

Ignatius, hace ya algún tiempo abandonaste la primera línea de fuego en esta batalla cultural, y somos muchos los que nos preguntamos: ¿por qué lo dejaste? 

Hice números.

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Los felices: la cita trágica con la realidad de la generación de los 90

En Pensamiento por

Si naciste al final de la década de los ochenta o al comienzo de los noventa, puede que experimentes el colapso de la civilización occidental tal y como la conocemos hoy.

Este es el augurio que hace el catedrático Jesús G. Maestro en algunas de sus exposiciones públicas, como en la serie de vídeos relativos al análisis de la obra hispanoamericana ‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez. Esta, también, es la premisa del primer capítulo de la serie Colapso.

Cine y literatura, una vez más, confluyen en un mismo punto: las consecuencias que pagarán “los felices”; los hijos de la abundancia, del milenarismo, la pandemia, la extirpación del hecho religioso y de las dos crisis económicas mundiales cuando el sistema democrático moderno acabe fagotizado por sus propias dinámicas e incercias.

Realidad o idealismo: las dos perspectivas desde las que encarar el presente

A través de la exposición de su pensamiento -marcadamente influenciado por el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno- Maestro no deja lugar a dudas en su interpretación sobre la situación general que está viviendo la generación milénica, también conocida como generación Y, que, literariamente, podría encontrar a su máximo representante en Meme Buendía y que en la realidad está referenciada en cada hogar que albergue a un tipo o tipa -aquí no hay distinción que valga-, que roce o supere por poco la treintena y que haya creído a pies puntillas los mandamientos del régimen democrático actual.

Hablamos de un bloque de gente que biológicamente llega a la edad adulta desvinculada de la cultura del esfuerzo. Adolescentes tardíos, afectivamente reventados, que todavía viven con sus padres. Que no tienen ni pueden acceder a puestos de trabajo acordes a la formación que el propio sistema, a través del clientelismo universitario importado del mundo anglosajón, les ha ofertado. Que están al calor del regüeldo que deja la élite del capitalismo cognitivo –término trabajado por Gregorio Luri-. Que prefieren las gratificaciones del mundo virtual que citarse con su realidad. Que diluyen su verdadero proyecto vital en excusas que intensifican su cobardía ante los hechos. Individuos, en definitiva, atiborrados de los estímulos y falsas profecías repetidas a bombo y platillo por vende humos “estartaperos” y sopla gaitas “de influencia efímera”, que sobreviven en su día a día a base de cafés descafeinados con leche desnatada en cuyas tazas serigrafiadas se pueden encontrar frases del tipo: “¡Ánimo! Tú puedes con todo. Que nadie se entrometa en tu búsqueda de la felicidad”.

Cuando en un Estado se alcanza el pico máximo de idiotización al que hemos llegado; donde hay que desilusionar a una masa de gente que cree que del cielo lo que cae es plástico blanco y no nieve; donde las instituciones boicotean diariamente y con impunidad manifiesta su propia credibilidad mediante la dialéctica de las siglas políticas, televisivas, culturales y genitales; donde la opinión pública se alimenta en el supermercado de las ocurrencias que son los nuevos tugurios digitales, donde se expresan en pobrísimo español “pensamientos” peregrinos sobre la comunidad, la amistad, el sexo, el amor, la vida, las drogas, el trabajo, el fútbol o la educación; y donde se dispensa en las farmacias Lexatin y Seroxat con vivo entusiasmo en plena simbiosis con el sistema sanitario; es en este estado general de las cosas cuando podemos decir, con la realidad de nuestro lado, que nos vamos al carajo.

Este es el perfil de persona y panorama general que quedará para enfrentar el día de mañana. Para estos sujetos se preparan las distopías culturales que arrasan en la nueva mutación online de las fórmulas televisivas de toda la vida. Este es el ocio que se consume hoy y se ensalza como obras elementales para entender el momento que nos está tocando vivir. Zombies que asolan a las comunidades organizadas, perros robots que persiguen a las personas hasta aniquilarlas o el circo tiránico de turno que se acerca a los gulags desideologizados para escoger al azar a los héroes de los juegos del hambre. “Granizo y fuego mezclados con sangre” en papel y en formato audiovisual.

Colapso en directo

No es baladí, por tanto, los esfuerzos de algunos creadores a la hora de recordar, mediante la aplicación narrativa, las consecuencias trágicas que devienen del triunfo del idealismo en la organización política y cultural. Por eso se siguen produciendo a granel historias del salvajismo colonial de los hijos de la Reforma o de la exploración de los límites de la crueldad humana por parte de aquellos que tecnificaron la muerte en los campos de exterminio alemanes. El objetivo es claro: recordarnos a dónde nos llevan los ejercicios de ilusionismo cuando se escapan del contexto artístico y se busca aplicación en la realidad. Recordando a Jesús G. Maestro, hablamos, en definitiva, de una comunidad de psicópatas, muchas de las veces altamente cualificados por vía académica, “que buscan las pisadas de don Quijote por los caminos de La Mancha”.

Reseñable en este propósito de desmitificar a todos los hijos del idealismo es el primer capítulo de la serie francesa Colapso, en cuya presentación, los personajes comprendidos en el rango de edad presentado con anterioridad, se enfrentan absolutamente desprovistos de herramientas al final del sistema democrático en el que se amparaban.

Realizada por el colectivo Les Parasites, esta serie ha cosechado un éxito rotundo en tiempos de pandemia recogiendo con menos artificio y más sutileza la experiencia de otros productos como The Walking Dead, Black Mirror o The Handmaid´s Tale.

La serie, narrada en pequeños capítulos, viene a explicar qué ocurriría si las democracias modernas -y por ende todos sus sucedáneos- terminaran por derrumbarse en lo que los ingenuos denominarían “de la noche a la mañana”. A diferencia de otros artefactos distópicos, la presentación de dicho colapso no se da con tintes orwellianos en tiempos más o menos lejanos, al más puro estilo de Bradbury, Cuarón o Huxley, sino que tienen pie y medio apoyados en un presente narrativo con demasiados paralelismos con la realidad. No es de extrañar, por tanto, que al ver la serie nos sintamos, de alguna manera, como los romanos que asistieron a la destrucción de su propia civilización, con las hordas de bárbaros arramplando por el Foro, tal y como en las primeras páginas de su libro “La opción benedictina”, nos recuerda Rod Dreher.

La mirada crítica ante el mundo que nos espera

Los católicos que critican esta obra, publicada por Ediciones Encuentro en 2018, se han quedado con la visión ofuscada que el libro plantea hacia el final del mismo, que no es sino una pulsión de naturaleza religiosa que encuentra su sublimación en pequeñas comunidades que incurren en el feudalismo endogámico. En cualquier caso, aquellos que han “ridiculizado” la obra hacia el final de sus páginas, parecen haber obviado de sus análisis la densidad que proporciona Dreher a la hora de narrar la historia de aquellos que asistieron al final de su modo de vida y que lejos de sucumbir a la barbarie, decidieron alejarse a las montañas a fundar monasterios donde salvaguardarse y esperar, si es que así debía de ser, el apocalipsis. Una nueva forma de vida ante el colapso de otra.

Y lo que sobrevino no fue el fin del mundo, sino el comienzo de una nueva era.

El fin de la democracia posmoderna no significará el fin del Estado ni del comercio pero sí supondrá de una exigencia descomunal para quienes heredarán el mañana y tendrán que definir nuestro papel en el tapete de la nueva guerra cultural, que tendrá a la República Popular China y sus aliados como agentes decisivos a la hora de marcar el nuevo orden mundial. A esta cita con la historia podemos llegar fortalecidos o desinflados. Podemos llegar haciendo halago de nuestra memoria, defendida a fuego y sangre, o dejarnos sabotear por las actuales clases dirigentes, fascinadas por la ilusión de reinventar al hombre -empeñadas en la inclusión de los nacionalismos desvertebradores- sin atender a las amenazas reales que asolaran nuestras fronteras en las próximas décadas. El perpetuo duelo a garrotazos con el prójimo sin atender a lo que hay al otro lado de la estepa.

Sea como sea, a la hispanidad se nos exigirá afrontar con valentía los envites que puedan venir por parte de sus enemigos. Pero para ello es esencial, por un lado, la identificación de los mismos y, por otro lado, la aniquilación de la leyenda negra que nos tilda históricamente, como a ingleses o franceses, de ser un “imperio depredador”. España y sus provincias de ultramar -hasta la llegada de los borbones afrancesados- fue un imperio generador de cultura, de ciencia y de mestizaje, no excluido de episodios más o menos avergonzantes, pero que, haciendo balance, es indiscutible el valor que lega en sus casi tres siglos de dominio continental dejando para la posterioridad las más altas cotas de excelencia artística.

Es por ello que resulta absolutamente necesario que la generación de los 90, “los felices”, afilen y preparen una mirada crítica, desprovista de espejismos y fanatismos, capaz de mirar con arrojo y valentía a la realidad tal y como es: cruda y feroz cuando se despliega a través de la naturaleza pero absolutamente sobrecogedora y de una belleza palpable en la cotidianeidad de sus días.

Habitar la propia vida: el espacio, las personas, el presente

En Antropología filosófica/Pensamiento por
habitar la propia vida

El ser humano es por naturaleza un ser que habita, un ser que transforma la realidad no solo con el fin de obtener cosas útiles, sino con el afán de dejar su huella en el mundo, de dejar algo de sí mismo en la realidad. Vosotros mismos cuando habéis llegado a vuestro cuarto, aquí en el Colegio Mayor lo habéis habitado, lo habéis llenado de fotos de vuestros seres queridos y de objetos que siendo poco útiles os son muy preciados pues forman parte de vosotros, dicen algo de vosotros, de quiénes sois y de qué es lo que os importa en este mundo; desde la bufanda del Real Madrid que cuelga del corcho de la pared, hasta la claqueta que adorna el escritorio recordando las noches de Butaca C. Allá donde moramos dejamos huella, imprimimos algo de quiénes somos en la realidad, la hacemos nuestra, nos pertenece a la par que le pertenecemos a ella.

[Este texto procede de la lectio inaugural del curso 2020-2021 del Colegio Mayor UFV, que ha sido editada para su publicación aquí]

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Frankenstein: el mito de la educación como fabricación

En Asuntos sociales/Dialogical Creativity/Educación por
frankenstein educación fabricación

«Hemos “hecho” un niño y queremos “hacer de él un hombre libre”… ¡como si eso fuese fácil! Porque, si se le “hace”, no será libre, o al menos no lo será de veras; y si es libre, escapará inevitablemente a la voluntad y a las veleidades de fabricación de su educador» (Frankenstein educadorPhilippe Meirieu, Ed. Laertes, Barcelona, 2008, p. 17).

Toda educación humana implica por naturaleza eso que algunos llaman «socialización» o «normalización». Este proceso es necesario tanto para la supervivencia inmediata como para la continuidad histórica de una sociedad: se trata de introducir al recién llegado, al menos, en el «sistema de vigencias» de la sociedad a la que es convocado, presente en ese acto que llamamos «tradición». Pero es también necesario para el recién nacido, para que éste pueda «introducirse» en la realidad humana, que es siempre una realidad social e históricamente mediada. Algo de esto comentamos al hablar del sistema de vigencias, clave para comprender cualquier realidad social.

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El hit de un verano de pandemia

En Distopía/El astigmatismo de Chesterton por

Ahora que todos estamos preparando la maleta con los libros que vamos a leer este verano, se hace más necesaria que nunca una biblia entre el tubo de la pasta de dientes y las cangrejeras.

Leer Apocalipsis al calor del telediario es ponerle subtítulos a las noticias. Y con esto, más que nunca si cabe, alguien tiene que llamar a la alegría en tiempos de mascarillas.

Cuando el día va mal suelo ponerme, el éxito de KC & The Sunshine Band.

Esta versión remasterizada es un deleite para los tobillos.

Cojen rápido el compás y se arrastran por el parqué volviendo a Forrest Gump, a tu padre con Barón Dandy, a tu madre y sus Ducados.

Si hubiese que pelearse con alguien en un bar por elegir el mejor tema de la noche, esta canción bien merecería un palazo en las costillas.

Batalla tecnológica

En Distopía por
Spider-Man Homecoming traje tecnológico

Después de tanta ventaja absoluta estadounidense en el campo de la tecnología con monstruos como Apple, IBM, Facebook, Microsoft, Amazon o Alphabet, China, por medio de Huawei, podría lograr un gran triunfo en la carrera hacia el 5G y superar ampliamente las extraordinarias ganancias obtenidas por Estados Unidos con el 4G.

Sin embargo, Washington se empeña en la competencia tecnológica mediante restricciones para estrangular a Huawei. Además, la respuesta a la utilización de componentes estadounidenses por parte de las empresas chinas se hace reversible a través de la colaboración con la japonesa Rakuten Mobile, el primer operador completamente virtualizado del mundo. La alianza entre el único imperio global y el único nominal sigue vigente.

Asimismo, las sanciones empujan al Reino Unido a prohibir los equipos de Huawei en su red 5G: Londres apunta a la incapacidad de la compañía china para acceder a los chips estadounidenses. Tanto la sueca Ericsson como la finlandesa Nokia se frotan las manos y Washington respira con la satisfacción de haber ganado una partida crucial.

Otro ejemplo claro de esta competencia con sus diferentes propuestas se observa en la pugna por construir las computadoras más poderosas: el proyecto Top500, un ranking de las 500 supercomputadoras con mayor rendimiento del mundo, ha sido liderado por un ordenador estadounidense en 28 de las 51 ediciones, pero China ha empezado a acercarse a la cima y es el país que más aporta. Lo cierto es que las máquinas americanas no solo siguen siendo más potentes que las chinas, sino que la tecnología china en gran medida se nutre de la americana. Así pues, China ofrece cantidad y Estados Unidos calidad; el superordenador más potente del mundo, mientras tanto, está en Japón.

Estados Unidos siempre debe recordar que sus mecanismos y circuitos son autónomos dentro de una maquinaria abierta, se miden entre sí y electrifican a otros para alumbrarse hacia la máxima potencia. China, por su parte, ha de tener presente que las propulsiones del motor central suelen ser inicialmente imponentes hasta que terminan sobrecalentando y averiando el sistema; el generador estatal y la industriosa imitación no alcanzan para erigirse en el supremo referente galvanizador. En este sentido, la estrategia básica del Estado para evitar el falso contacto consiste en blindar los  propios intereses e irradiar influencia.

Si la energía constante en las conexiones mantiene pulsado el botón de una carrera tecnológica cada vez más competitiva y realista, esta se automatiza automatizando y activa el desarrollo de cada país en diferentes formas: Japón, entre la cúspide tecnológica y la supeditación geopolítica, es uno de los actores recurrentes de esta dinámica.

“Todavía tengo un sueño”

En Mundo por

Cada cierto tiempo asistimos a hechos que, sin ser realmente conscientes de ellos, sentimos que marcarán un antes y un después en la historia. Probablemente no lo supiera Andrés Fernández de Andrada cuando escribió la Epístola moral a Fabio, que inaugura la literatura barroca en España y consigue condensar todo el espíritu humanístico de la época. En esta carta, Andrada invita a su amigo Alonso Tello de Guzmán a que, en medio de un clima tan convulso como es la Europa de principios del siglo XVII, encuentre en la sencillez y en la tranquilidad, la verdadera felicidad, siguiendo los preceptos estoicos que sustentan la filosofía de la escuela de Sevilla, a la que Andrada pertenecía.

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El ser humano y su condición indigente: una interpretación de la Pandemia

En Distopía/Pensamiento por

Todas las crisis de la Historia –ya sean políticas, económicas, sociales o ecológicas– han tenido repercusiones inesperadas, tan difíciles de prever y lidiar como sus propios orígenes. Sin embargo, podemos decir con Ortega y Gasset que siempre han tenido algo en común: el pertenecer a uno de dos tipos. O bien han sido crisis “vespertinas”, es decir, momentos oscuros que han sido el preludio de noches todavía más largas; o por el contrario, crisis “matutinas”, que como la muerte de Jesucristo –esta comparación es mía, no del agnóstico filósofo – han permitido el desarrollo de oportunidades más fecundas para la humanidad. La crisis generada por el Covid-19 no será diferente: también sus efectos serán imprevistos, y podrán ser totalmente nocivos o generar una nueva esperanza.

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