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ARCO: entre el circo y la belleza

En Exposiciones por

Creo que si en la muestra de la Sociedad de Artistas Independientes, hace casi ciento cuarenta años, alguien hubiera dicho que el mercado del arte iba a devenir tan excesivamente ecléctico, ni Duchamp mismo se lo hubiera creído. Desde su desafío a raíz de la propuesta de “La fuente” en 1917 hemos visto cómo la provocación artística ha crecido hasta límites insospechados.

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Cold War: la belleza se resiste a morir

En Cine por

En alguna ocasión me he peleado con Dostoievski. ¿Cómo podrá la belleza salvar al mundo, según afirma categóricamente el príncipe Myshkin en su novela El idiota, si es el propio mundo quien se ha encargado de asesinarla? ¿Es acaso este ideal una suerte de ave fénix que emergerá de entre el plástico, la chabacanería, las pantallas electrónicas y el burdo artificio para redimirse y redimir a un hombre que lo vendería por un puñado de monedas? Tras visionar Cold War (2018), la enésima maravilla salida de las manos de ese genio de otro tiempo que es Pawel Pawlikowski, comienzo a entenderlo todo. Sigue leyendo

Doctor Zhivago: esperanza en la belleza

En Cine/Democultura por

El sentimiento trágico es una constante que atraviesa toda la filmografía de David Lean. En sus obras más representativas el personaje protagonista siempre pugna por escapar a su Destino sirviéndose de distintas herramientas. El Puente sobre el río Kwai, por ejemplo,trata de superar la condición de prisionero a través del trabajo, de tal forma que el puente mismo se convierte en un monumento a la lucha por la dignidad moral. El trabajo como medio para alcanzar la libertad interior. En Lawrence de Arabia, concebida como una tragedia en la que su protagonista se debate entre su condición de simple mortal y la tentación de creerse un héroe insuflado de una chispa divina, la intrepidez y el ingenio aspiran a la superación de las contigencias humanas y a la consecución de una libertad absoluta. En Doctor Zhivago, por último, la Belleza se erige como puerto-refugio frente a las fatalidades de la existencia.

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¿Qué belleza salvará el mundo?

En Pensamiento por

Búsquela en el silencio, búsquela en la calma, búsquela en medio de la noche y búsquela también en la aurora. Deténgase a cerrar las puertas mientras la busca, y no se sorprenda si descubre que ella no vive en los museos ni se esconde en los palacios. no se sorprenda si descubre finalmente que la belleza no es solo un qué, sino también un quién. (El despertar de la señorita Prim. Natalia Sanmartín)

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Dos herejías sobre la belleza: Soloviev al rescate

En Pensamiento por

Existe una herejía alarmante muy extendida en Occidente. La densidad especulativa de Disney la ha acuñado en el confuso aforismo “la belleza está en el corazón”. Tratándose del cuento de una doncella que se enamora de una criatura caracterizada como “bestia”, supondré que se trata de la posibilidad de amar a alguien independientemente de su fealdad aparente, cuando en su interior reside el bien.

Todo esto me resulta muy confuso. En primer lugar, está la ambigüedad de un “corazón” en el que debe residir un cierto bien que no sabemos muy bien en qué consiste. No menos preocupante parece ese verbo “estar”. La belleza no “está”, no se sitúa. Se corre el terrible riesgo de etiquetar arbitrariamente la posición de la belleza o, más terrible aún, se corre el riesgo de disolver la belleza en un cierto carácter moral.

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El consuelo de la Belleza

En Asuntos sociales por

Leyendo la prensa estos días, mi atención ha sido atrapada por una noticia: la historia de un matrimonio japonés, el señor y la señora Kuroki, que viven en la región de Miyazaki. Ella se había quedado ciega a consecuencia de una diabetes severa y había caído en una profunda depresión. Para consolarla, durante dos años su marido había plantado en su jardín miles de shibazakura, una variedad de flores minúsculas que desprenden un perfume delicioso. Y la señora Kuroki ha vuelto a sonreír, ya sea por el olor de las flores o por el amor de su marido… La historia y el jardín de flores atraen desde entonces a muchísimos visitantes. Hete aquí el consuelo de la belleza.

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La belleza de aquello que siempre está alrededor

En Democultura/Literatura por

La muerte llama al arzobispo es quizás una de las novelas menos conocidas de Willa Cather. Fue publicada en 1927, es un western bastante sui generis: en lugar de gringos contra mexicanos o pieles rojas contra gringos, aquí se narran los asuntos de un obispo y su vicario en Nuevo México, los intentos de llevar la fe cristiana a un territorio principalmente desértico de casi 160.000 kilómetros cuadrados, en una época –la segunda mitad del siglo XIX– en el que el único medio de transporte eran las mulas, o, para los más afortunados, los caballos. Sigue leyendo

Oda a la gran desconocida

En Filosofía/Pensamiento por

El otro día me topé de nuevo con Pedro Antonio de Alarcón, uno de mis novelistas preferidos. Ahí estaba, en mi mesilla de noche, interpelándome desde el lomo blanco que lo envolvía; “novelas completas”, se podía leer aún. Lo abrí y escogí una de las que todavía me quedaban por leer: El Capitán Veneno. Y entre hojas desenfadas, aun cómicas –que vivamente recomiendo–, me encontré con esta perla: Sigue leyendo

Tres grandes motivos para desempolvar los clásicos

En Democultura/Literatura por

Cuando se dice: “es un clásico del cine”, lo que se insinúa es: “es una película que debes ver”. Cuando se dice: “todo un clásico de la literatura”, se está refiriendo a un libro que se encuentra en casi todas las librerías, puede descargarse gratis en el proyecto Gutenberg y ninguno de los presentes lo ha leído. Ni lo va a leer. A fin de cuentas, casi todos estos clásicos literarios cuentan con una adaptación cinematográfica que, de estar bien realizada, puede convertirse perfectamente en un clásico.

Parece que con el paso del tiempo la literatura clásica se vuelve más y más remota. Entre el hombre del siglo XXI y el caballero de la Mancha o Lanzarote o Aquiles, se abre una brecha cada vez más amplia y más oscura. O, peor aún, hablamos de Aquiles y viene a nuestra mente el rostro de Brad Pitt con el pelo por los hombros y los músculos al aire. Sigue leyendo

Una reflexión a propósito de “Así empieza todo. La guerra oculta del siglo XXI”

En Cultura política por
Así empieza todo: La guerra oculta del siglo XXI

Vivimos tiempos en los que la política se ha convertido en un escupidero de bilis. En la esfera pública no hay nada constructivo ni ilusionante, solo insultos y anatemas moralistas. Por eso se agradece dar con un autor al que no se le puede ubicar en ninguna bandería vigente, y que en lugar de escribir con dedo acusador se limita a analizar con sosiego los problemas actuales.

Esteban Hernández es un columnista de El Confidencial que desde hace un lustro saca un libro al año. El último es “Así empieza todo. La guerra oculta del siglo XXI“, donde indaga en el porqué de los cambios geopolíticos actuales, cómo el Covid-19 no ha hecho más que agudizarlos, y hacia dónde cree que nos dirigimos con este nuevo orden iliberal que padecemos. 

Son diez capítulos y doscientas cincuenta páginas muy bien escritos -con algunos párrafos cincelados de hecho con gran belleza– en los que repasamos entre otras cosas la conversión en pocos años de China de país feudal a superpotencia, la irrupción del teletrabajo y la digitalización, los populismos, y la nueva cultura mainstream individualista y cínica.    

El capitalismo financiero no construye nada concreto, parasita los procesos productivos, requiere flujos de capital globales, y crece mejor entre sociedades desvertebradas y con estados debilitados. 

Hernández entiende que el origen de los fenómenos sociales está en su estructura económica. Nos dice que en nuestro tiempo coexisten dos maneras de entender el capitalismo, por un lado el fordista, que es productivo, industrial, ávido de enraizamientos nacionales y amparo estatal; y por otro lado está el capitalismo financiero, que no construye nada concreto, parasita los procesos productivos, requiere flujos de capital globales, y crece mejor entre sociedades desvertebradas y con estados debilitados. 

Tras la crisis del 2008, el capitalismo financiero, en lugar de hacer propósitos de enmienda, salvó la situación acelerando su dominio sobre el fordista, lo que explica que cada vez las clases medias y bajas occidentales vivan peor y se sientan más excluidas de sistema democrático liberal, que hasta hace poco parecía incontestable. 

El capitalismo fordista generó muchas injusticias y desde luego no es la panacea, pero como nos recuerda Hernández, había llegado a un punto en que elevó el nivel de vida de la población y funcionaba razonablemente bien. En esta forma de orientar la economía, por ejemplo, cuando un empresario quiere abrir una fábrica de muebles en una ciudad, contrata a los vecinos de la misma, activa una economía de arrastre que beneficia al sector servicios local, y sobre todo paga impuestos en el país, que si el Estado es eficiente se convierten en bienestar social. 

El capitalismo financiero sin embargo no funciona así. Sus agentes se mueven entre ciudades globales, buscando territorios donde hacer operaciones financieras que cada vez se relacionan menos con la economía real y que a menudo implican hacer grandes negocios hundiendo sectores productivos. Luego se llevan los beneficios a algún paraíso fiscal sin que no quede nada más que deslocalización económica y resentimiento social en el lugar donde intervinieron. 

El autor se adentra sin muchos prejuicios en el charco de lo políticamente incorrecto. Ve una degradación de la condición humana como consecuencia del capitalismo financiero, que está detrás de las grandes transformaciones sociales de las últimas décadas. Sus aliados para ello están en las dos bancadas políticas de hoy. La izquierda contracultural, lejos de traer la liberación anunciada en el 68, no ha hecho más que hegemonizar los medios de comunicación para difundir una ideología nihilista y antioccidental que ha enajenado a grandes capas de la población más tradicional, que además era ya la más perjudicada por la desindustrialización. Los llamados partidos conservadores tampoco supieron ver lo que merecía la pena conservar -la common decency orwelliana-, y respondieron a la contracultura progresista con una contracultura individualista que también dinamitaba toda forma de comunitarismo y apoyo a los que se quedaban atrás.

La transmutación de los valores

Ambas corrientes, entre las que oscilamos hoy, no buscaron mantener los valores de siempre sino crear unos nuevos.  Como eso no ha funcionado y básicamente han dejado a las personas perdidas y sin referentes morales centenarios (familia, religiosidad, patriotismo…), ahora se acusan mutuamente de todas las calamidades sociales en lugar de ofrecer proyectos constructivos. 

Hernández repite varias veces y de distintas formas que lo que hay que hacer ya para empezar a recuperarnos es restituir los vínculos sociales y los valores conservadores. Para él, este humano apátrida, solitario y volcado hacia una sexualidad cada vez más bizarra que nos imponen los relatos hegemónicos sólo favorece a los especuladores que hacen su agosto entre personas rotas y aisladas. Tenemos que volver a levantar puentes

Nuestro país no parece tener un futuro muy halagüeño en Así empieza todo. Nuestras élites están poco capacitadas para proyectos a largo plazo y se limitan a oficiar de intermediaros con el capitalismo financiero y los poderes regionales. Muchos de nuestros quebrantos tienen que ver además con la dependencia de Alemania, que no ha estado a la altura como cabeza de la Unión Europea, y cuya alianza con unos Estados Unidos en retirada empieza a ser un pesado lastre. 

Pero las propias lógicas del capitalismo igual sí pueden jugar a nuestro favor. Hernández considera inviable que el propio sistema pueda sobrevivir primando su vertiente financiera, ya que necesita un mínimo de productividad real para sustentarse. Entonces sí es posible que afloje un poco su presión y a corto y medio plazo se recupere la economía industrial. Europa podría recuperar su proyecto unificador reactivando la producción y aprovechando la digitalización para refundarse.

Con la llegada de este período de reconstrucción económica la política biliar que nos ha polarizado y enfrentado como sociedad se iría disolviendo poco a poco, y todos estos populismos abrasivos pasarían a ser malos recuerdos colectivos. La economía que produce bienes tangibles a gran escala necesita de redes de cooperación, suma de esfuerzos, buenas comunicaciones, y política eficiente. Requiere que estemos unidos, en suma. 

Si tuviéramos que resumir nuestra conclusión de Así empieza todo en una frase, sería que la vuelta de un capitalismo fordista que nos obligue a fabricar cosas juntos es tal vez la última esperanza de esta sociedad depresiva y rota.         

Qué es obra de arte

En Democultura/Pensamiento por

La pregunta por la naturaleza de la obra de arte y su sentido constituye el núcleo de una incógnita que tiene que ver tanto con la deriva actual del arte como con la intuición de una pérdida: la pérdida de la mirada estética, de un tipo de relación con lo artístico, que permitía que el arte constituyera de algún modo una experiencia completa de verdad, de belleza y de bien.

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El humo entre tú y yo

En Democultura por

Creo que en las facultades de Periodismo se sigue estudiando todavía el efecto denominado como espiral del silencio. Introducida por la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, se trata de una teoría que muestra la opinión pública como una forma evidente de control social en la que los individuos con opiniones diferentes se sienten demasiado intimidados por las opiniones de la mayoría, que son las que asientan lo que se considera como socialmente aceptable. 

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Munch: un beso o un mordisco

En Democultura por

El museo Thyssen-Bornemisza, con la colaboración del museo Munch de Oslo alberga, desde el mes de octubre, una amplia exposición pictórica del célebre expresionista noruego, Edvard Munch. Un expresionismo que posee el mérito de haber logrado transformar en arte no sólo los sentimientos más humanos, sino también los presupuestos filosóficos y literarios del existencialismo de Kierkegaard e Ibsen (con un guiño al desmadejado Nietzsche), sin caer en la trampa surrealista de la búsqueda a priori de la pureza, ni en el hechizo de la geometría.

Se trata de una pintura de trazos simbólicos, teátricos, de gran belleza natural y arquitectónica. Pero sobre todo se trata de una pintura que trasciende los valores del color, de la figura y del mismo tema en cuestión para susurrarnos al oído una intuición profunda de ese gran desconocido: el hombre. Sigue leyendo

Sobre Democresía

por

Democresía nace de una inquietud y una experiencia.

La inquietud, por el ruido constante y la tormenta de datos, acusaciones y efectos especiales que inundan el mundo (político, social, cultural) en que vivimos, haciendo verdaderamente difícil hallar un discurso razonable acerca de lo que ocurre y hacia dónde vamos.

La experiencia, la de una autenticidad vivida en otros ámbitos (la relación con un profesor, las conversaciones preocupadas y sinceras con un amigo, la lectura de un gran libro o la experiencia estética de una película) que puede y debe llegar a permear la crítica periodística y el debate político, a menudo tan atascados en el calculismo que no llegan, por no saber o no querer, a tomar en serio las propuestas políticas y culturales que se les presentan.

En una sociedad que destaca por la sobreabundancia de información, de datos, de sucesos, de manifestaciones y fenómenos muy diversos, nuestra misión es contribuir desde el fondo de armario intelectual y filosófico a dar forma y poner en orden la actualidad a través del análisis, la reflexión y la opinión para facilitar su comprensión. Para ello, tomamos la forma de un blog colaborativo apoyado sobre una comunidad de personas de muy distintos ámbitos profesionales y académicos, a las que unen la misma inquietud y la misma experiencia.

Todo el que escribe en estas páginas lo hace de forma voluntaria, sin más compromiso que el de seriedad, rigor y respeto y sin más intención que aportar unas ideas sobre lo que ocurre que pueden y deben ser pensadas, tanto si son acertadas como si no.

¡Gracias por leernos!

Ignacio Pou

(@IgnacioPou)
Fundador y codirector. Soy un catalán felizmente afincado en Madrid. Agnóstico futbolístico (para mi tranquilidad) pero católico. Periodista en retirada para dedicarse al estudio (y volver a la carga). Amante de la filosofía, la antropología y la política, todo ello enmarcado en una vocación por comprender y comunicar más y mejor.

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Ricardo Morales

(@RMoralesJimenez)
Codirector de Democresía. Emprendedor empedernido, narrador omnisciente de novelas negras, aventurero en chanclas… Periodista. Felizmente padre del demogorgon. A veces soy Espinosa Martínez y suelo pasármelo bien.

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Paula Martínez del Mazo

(@paulamartinezdm)

Periodista y editora de Democresía. Actualmente trabaja en Instituto JHN.

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Marcos Nogales

(@MarcosNogales)
Periodista en paro. Estoy aprendiendo siempre. Me apasionan la política, las causas sociales y la literatura. Soy un poco laísta cuando puedo y acentúo los ‘sólo’ cuando significa solamente. Formo parte del equipo de comunicación de la ONG Proem-Aid y del equipo de edición de Democresía.
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Chema Medina

(@ChemaMedRiv)
Grados en Filosofía y en Derecho; a un año de acabar el grado en Teología. Muy aficionado a la buena literatura (esa que se escribe con mayúscula). Mi abuela dice que escribo muy bien. Me cubro cuando llueve porque si no me mojo, y siempre pienso sentado. Hace años compré esta cartera sin monedero y me asombra que aún lo lamento. Hoy visto un jersey oscuro cuyo color no importa (es siempre la misma historia).

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Javier Rubio

(@jrhipola)
Licenciado en filosofía en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma y doctorando de la misma ciencia en el mismo instituto. Me considero, ante todo, un gran lector. Inclinado por naturaleza hacia las humanidades clásicas y la literatura inglesa, y por vocación a la metafísica y a la lógica. Católico tras las huellas de Newman, Chesterton y Benedicto XVI. Filósofo tras las huellas de Santo Tomás de Aquino y de Aristóteles. Y gran aficionado al mundo de Tolkien.

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Santiago Huvelle

Licenciado en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, donde actualmente cursa el programa de doctorado con una tesis sobre el filósofo S. A. Kierkegaard. Desarrollaba su labor investigadora en el (Instituto John Henry Newman) hasta que mudó a Buenos Aires.

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Álvaro Abellán

(@AlvaroAbellan)
Filósofo de la Comunicación, Dr. en Humanidades. Profesor en la UFV. Plumilla, fotero y coach.

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Juan Pablo Serra

Buenos Aires, 1979. Soy “profesor de Filosofía” (los demás juzgarán si soy “filósofo”) en la Universidad Francisco de Vitoria, y trágica e inevitablemente atraído por el pensamiento político, la ficción audiovisual y literaria y, como aficionado, por la música rock. Inspirado por Hannah Arendt, lo que más me interesa es comprender. Lo que más detesto, la palabrería y los tópicos.

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Luis Gonzalo Díez

Profesor y ensayista. Imparte clases en la Universidad Francisco de Vitoria desde el año 2000. Está especializado en la historia de las ideas políticas contemporáneas, campo al que pertenecen sus libros “Anatomía del intelectual reaccionario” (2007) y “La barbarie de la virtud” (2014).

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Valentín Carrera

(@carreravalentin)
Profesor en Next International Business School. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense, en Ciencias Políticas por la UNED, Master en Community Manager y Social Media por la Universidad de Barcelona y Doctorando por la Complutense. Durante mi carrera profesional he desempeñado el cargo de Subdirector de Informativos de Telemadrid. En la actualidad soy miembro de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales, ponente en Congresos Internacionales de Comunicación Política y coautor de varios libros
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Sergio Fernández-Riquelme

(@profserferi)
Profesor de la Universidad de Murcia, es historiador, doctor en política social e investigador acreditado en análisis historiográfico y social a nivel nacional e internacional.
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Juan Rubio

(@j_rubiol)
Licenciado en Com. Audiovisual por la UFV, máster en guión y profesor en la UNAV. Actualmente compagina su carrera de guionista con el mundo académico.
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Arturo Encinas

(@ArturoEncinas)
Responsable del Área Audiovisual y ejecutivo de cuentas en Apóstrofe Comunicación desde 2011. Profesor en los grados de Comunicación Audiovisual y Creación y Narración de videojuegos. Cursó estudios de Humanidades, Comunicación, Cine y Matrimonio y Familia. Coautor de “El antifaz transparente. Antropología en el cine de superhéroes” (Ediciones Encuentro, 2016).
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Alfonso Díaz

Licenciado en CC. Económicas por la Universidad de Alicante y estudiante del Máster en Humanidades por la Universidad Francisco de Vitoria. Trabaja como economista en la Administración Pública..

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Juan Serrano

(@pakotiya)
Doctor en Humanidades. Profesor en la UFV.
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Borja Negrete

(@Borjanegrete)
Actualmente escribo para el diario El Mundo sobre temas de cine y sociedad. Soy ejecutivo junior en una agencia de comunicación y también colaboro en Radio Internacional. Lector empedernido y lleno de inquietudes. Aprendiz de Humphrey Bogart y de Han Solo. Graduado en Relaciones Internacionales y máster en Comercio Internacional y en Periodismo. He vivido en Nueva York, donde trabajé en el Consulado de España. Mi pasión por las palabras y la escritura tuvo como resultado la publicación de mi primera novela a los 22 años.
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Ana Llabrés

(@Anallab16)
Jurista con espíritu de Mafalda. Apasionada de la literatura y del cine. Siempre dispuesta a salir al encuentro.
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Manuel García-Castellón Álvarez

Nací en Valladolid pero pronto vine a Madrid. Estudié en el Liceo Europeo y en la Universidad Pontificia de Comillas me hice abogado. Por lo tanto, entre los principios de la Institución Libre de Enseñanza y los Jesuitas ha transcurrido mi formación. Lector. Liberal. Orgulloso de poder formar parte de este proyecto.

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Manuel González López

Periodista, politólogo y aventurero a tiempo completo. Afincado en Boadilla del Monte. Amante de la literatura y del cine de verano.

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Íñigo Urquía

(@Inigourquia)
Mientras algunos buscan "El Dorado" de la objetividad en los medios de comunicación, juguemos a analizar qué horizontes de sentido nos presentan sus titulares y mensajes.

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Aarón Cadarso

(@AaronKadars)
 Licenciado en Comunicación Audiovisual con Máster en Cinematografía es un hombre tritema desde que empezó a ir al cine, jugar a la Super Nintendo y chutar violentamente una pelota contra una ventana. Cree que toda película/videojuego/gol debe aspirar a un anhelo trascendente. Se esfuerza cada día en ser el pensador que no piensa en nada. Actualmente oposita para metaforista. En otra vida fue un koala.
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Stefano Cazzanelli

(@Cazza_ste)
Profesor de Filosofía en la Universidad Francisco de Vitoria. Padre, marido y ávido lector. Escribo ocasionalmente en Margini.org.
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Ignacio Medina

Estudiante profesional de Ingeniería de Telecomunicaciones en la Universidad Politécnica de Madrid y profundo admirador de la literatura, aunque ella no me admire a mí. Los que son mis amigos y han sobrevivido para contarlo saben que poseo un gusto alarmante por el cine y todos los beneficios que conlleva.

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Rafael Pou LC

Felizmente consagrado a Dios como religioso legionario de Cristo. INFJ, Libra, 0 negativo; 2% práctico. Entre mis aficiones: amar a Dios, servir a los hombres, conquistar el mundo para Cristo.
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Francisco Delgado-Iribarren

(@FcoDelgadoIrib)
Licenciado en Derecho porque sí y Máster en Periodismo porque me apasiona desde poco después de tener uso de razón. Con vocación de periodista-escritor, he publicado libros de poesía satírica, de poesía lírica, de humor, de viajes y de columnas de opinión. Me interesa mucho la política y casi nada de lo humano me es ajeno.
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Sophie Grimaldi

(@_sophiegrimaldi)

Investigadora y Periodista. Tech & Filosofía. Mis artículos aquí

Diego Martínez Gómez

(@diegomrtg )
Estudio Derecho y Periodismo. Interesado en geopolítica, arte y cultura. Emprendiendo mi viaje a Ítaca.

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David Ortega

(@DavidKatabatik )

Licenciado y Máster en Filosofía. Aventurero nato y amante de los clásicos. Ideológicamente neutro. Mis artículos, aquí aquí

Camilo Porta

Graduado en Derecho y Periodismo. Amante indómito. La literatura, la escritura, el cine y la música guían mis pasos. Colaboro en Radio Internacional y también he publicado una novela titulada Tormenta de verano. Actualmente busco la gran belleza en el fondo de los vasos y ceniceros. Mis artículos, aquí aquí

Irene Solís

(@IreneSolisCobo )
Humanista y Gestora Cultural por la Universidad Carlos III de Madrid. En la actualidad aprendiendo a gestionar el arte en el museo Thyssen de Madrid.
Apasionada por el Patrimonio Cultural que cuenta la historia de cada lugar. Como Harry Potter, soy 'buscadora de la snich dorada', de la bondad del hombre en las humanidades..

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Rocío Linares

(@RLinaresR )

Licencia en periodismo. Entusiasta por naturaleza. Siempre en búsqueda. Mis artículos aquí

Bárbara Barón

(@Barbara_Baron)
Periodista y licenciada en Derecho. Madrileña. Lectora y viajera incansable, aprendiz perenne y discutidora apasionada.
Corresponsal en España de L'Observateur du Maroc y de Pouvoirs d'Afrique y redactora de La Información.

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Jesús Roque Orellana

(@licorellana )
Orgulloso nativo de la Ciudad de México. Abogado de profesión, burócrata por ocupación, luterano, estudioso de la Filosofía, la Teología y la Psicología. Apasionado de las letras, la narrativa histórica, el terror y el horror cósmico, lector asiduo de Nietzsche, Kafka y Lovecraft. Combino la docencia universitaria con la política, atento a Octavio Paz, guardando distancia con el príncipe. Seguidor de Schopenhauer, pero creyente en Facundo Cabral.

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Luis María Ferrández

(@LuisMFerrandez )

Luis María Ferrández, (Madrid, 1977), es Doctor en Ciencias de la información por la Universidad Complutense de Madrid. Compagina su carrera docente con la profesional como guionista y realizador. Es profesor en la universidad Francisco de Vitoria donde imparte varias asignaturas relacionadas con la cinematografía y la narrativa audiovisual. A su vez, es profesor de cine en la escuela de arte TAI. Como guionista, productor y director ha hecho dos películas: “249, la noche en que una becaria encontró a Emiliano Revilla” y “La pantalla herida” y varios cortometrajes de ficción. Ha trabajado en los equipos de dirección de varias películas además de desarrollar proyecto de cine y TV en varias productoras. Es analista de guiones con más de 50 producciones asesoradas en los últimos años. Mis artículos aquí

María Hernández

(@HerMarGat )
El tiempo que empleo en el Periodismo y las Relaciones Internacionales esconde inquietud, un deseo de búsqueda, profundidad y encuentro. Soy algo intensa. Me apasiona conversar, contar historias, abrazar lo ordinario y querer lo extraordinario. Persigo los detalles y la poesía.

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Miguel García Barea

(@miguelGbarea )
Periodista e Historiador formado en la Universidad de Navarra y en la Universidad de Granada. Apasionado de la literatura de no ficción y de las lenguas extranjeras. Puedes leerme en distintos medios digitales o en mi blog: www.miguelgbarea.com

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Pablo Velasco

(@pavelaquin )

Soy editor (¡uhmmm!) de una editorial académica (¡buuuaah!). Acabo de defender una tesis sobre patrimonio cultural inmaterial (lo que hace dudar de la existencia de la misma). Fundador del Tea Party Dylaniano. Aporreo cualquier cosa con cuerdas con mis compinches en The Free Folking. Junto con mi Tercio español persigo ese minuto donde lo Eterno viva, y a veces lo cuento a cuatro manos en Raíz y Copa. Mis artículos aquí

Ricardo Ruiz de la Serna

(@RRdelaSerna )
Profesor en la Universidad CEU San Pablo e investigador asociado del Instituto CEU de Estudios Históricos.

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Augusto Manzanal

Licenciado en ciencia política y de la administración, nací en Buenos Aires y tengo ciudadanía italiana pero mi vida la he hecho en Barcelona donde estudié. Ahora vivo temporalmente en Santo Domingo ya que trabajo en su Ministerio de educación.

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J. Lemon

Arquitecto de la Politécnica de Madrid. He tenido la suerte de trabajar en distintos proyectos en EE.UU. y Alemania. Fotógrafo a medio tiempo y dibujante nocturno.
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Esta revista es editada en Las Rozas, Madrid, por Ricardo Morales  e Ignacio Pou bajo el nombre comercial de La Pipa de Chesterton (NIF:53668025D). ISSN 2605-3810

Un refugiado en Europa: el efecto ilusorio de estrenar mundo

En Internacional por

Ilusión. Esa es la diferencia de caminar por el Paseo de Gracia o por un camino de tierra en los arrabales de Kampala. De asombrarse con las figuras que decoran los adoquines de Barcelona o con el color rojizo de la tierra en Uganda. Es la forma en la que nuestros ojos decoran lo que ven y la manera en que rellenamos aquello que no alcanzamos a ver. La ilusión se alimenta de olores, sonidos y sensaciones, y los deja en algún rincón de nuestra mente, para que esta recurra a ellos sin previo aviso, cuando necesita rellenar los vacíos de la incomprensión. Es la realidad decorada con nuestros miedos y deseos.

Cuando llegué al campo de refugiados de Rwamwanja, en Uganda, tuve que mostrar mi credencial de periodista ante las autoridades. Como el director del campo (que allí denominan ‘Comandante’) estaba fuera, me vi en la tesitura de esperar prácticamente todo el día a que volviese, así que decidí dejar mis cosas en la oficina de su secretaria y salir a dar una vuelta por los alrededores. En el pueblo colindante al campo encontré un mercadillo, de esos semanales que parecen conseguir congregar a todos los habitantes del pueblo, ya sea en África o en Europa. Un mercadillo africano llama la atención porque puedes encontrar animales atados o enjaulados, y porque la mayoría de vendedores no tienen puesto; les basta con poner una mesa sobre la que enseñar sus productos. A algunos ni eso; lo ponen directamente sobre el suelo. Me impresionó una señora tumbada junto a una montaña de restos de pescado: cabezas, raspas, colas y tripas devoradas por las moscas. Era la vendedora. Me impactó que eso se vendiese; que eso se comprase. La vendedora casi podía dormir a su vera y a mí se me hacía casi imposible no cubrirme la nariz con la camiseta. Me sorprendió que alguien pudiese sobrevivir a comerse eso, y más aún que la secretaria del Comandante me dijera que no pasaba nada, “que ese pescado está perfectamente”. Era una imagen que pasaba desapercibida para casi todos los transeúntes, pero a mis ojos era lo más excepcional que ofrecía aquel mercado; por lo chocante, por la intensidad del olor, por el zumbido de las moscas y por que alguien pudiese dormir abrazado a todo aquello, rodeado de un constante tráfico de ruido, polvo y personas. Supe entonces que lo que hacía de esa imagen algo especial eran las expectativas que llevaba conmigo. Era la sensibilidad que se despierta en el viajero cuando se enfrenta a una realidad desconocida, cuando camina cargado de sueños ante una primera vez.

Europa: todo demasiado ordenado y silencioso

Cuando Roger llegó a Barcelona, procedente de aquel campo de refugiados, y salió por primera vez a la calle, lo primero que dijo es que no sabía qué decir, “que todo era como un sueño”, que le impresionaba que todo estuviera tan limpio, que hubiese luz en todas las calles. Así que terminó preguntándome él a mí que cómo había hecho para moverme por Uganda.

Era una tarde de Navidad, de esas que casi nacen siendo noche, pero con la excepción de ser un diciembre atípico, sin bares ni mucha vida en la calle. Una tarde-noche en la que Roger conoció el frío, y lo dijo como si fuese un invento de más allá del trópico, y a mí me recordó a cuando Aureliano Buendía recuerda el día que su padre le llevó a conocer el hielo. Le pareció que en Europa todo era demasiado ordenado y demasiado silencioso. Entonces recordé las misas de noche en el campo de Rwamwanja, su música atronadora  y las plegarias cantadas que parecían salir de la oscuridad de la montaña y que yo, desde mi habitación del hostal, imaginaba como una enorme fiesta de danzas y rituales africanos bajo la fría luz de los fluorescentes. Mi cabeza mezclaba imágenes del espiritualismo africano, que siempre despierta de noche, y las pintaba con los colores eléctricos de la obsoleta precariedad tecnológica del (Tercer) mundo rural.

Roger parece haberse hecho a vivir rodeado de blancos, a mirar las luces de los semáforos para cruzar la calle, a perderle el miedo a las escaleras mecánicas.

Son colores artificiosos, llenos de contrastes, parecidos a los de la fuente iluminada de Gracia y Gran Vía de les Corts, en Barcelona. Cuando Roger la vio por primera vez la vio tan azul que me preguntó si realmente era agua. Le dije que sí, que “solo es un efecto de luz”. Me pidió que le tirara una foto; imagino que para enseñársela a sus amigos de Uganda y mostrarles cómo es el mundo en Europa. Imagino que aquel azul intenso y artificioso cuadraba con su imaginario de la excepcionalidad tecnológica de Europa, como si esa unión de color, coreografía y luz evidenciase las diferencias con su mundo africano. Pensé que la realidad estaba respondiendo a su ideal, y el ideal se estaba convirtiendo en belleza, igual que yo con aquella mujer que dormitaba junto al pescado.

En Europa, el animal que más ha impresionado a Roger ha sido el perro. Primero porque “en Uganda todos son callejeros” y aquí van atados; y segundo, porque jamás pensó que pudiesen existir tantas razas, ni que un perro pudiese ser viejo y pequeño al mismo tiempo.

Tiempo después, Roger parece haberse hecho a vivir rodeado de blancos, a mirar las luces de los semáforos para cruzar la calle, a perderle el miedo a las escaleras mecánicas y a moverse en metro siguiendo los colores. También hay realidades que sigue resolviendo con su imaginación, como la de los africanos que encuentra por la ciudad, hablando en plazas o cargando carros de chatarra. Piensa que pueden ser mafias y teme que le quieran meter en su sistema, así que evita acercase a ellos.

En lo poco más de tres meses que Roger ha dejado de ser refugiado en Uganda para ser estudiante en Barcelona, la ciudad ha cambiado mucho a sus ojos. Aún hay muchas cosas que no termina por entender y que, seguramente, en su silencio, va rellenando con su propia imaginación, dejando que su subconsciente complete los huecos del desconocimiento con miedos e ilusiones. Algo parecido a lo que hacemos todos al proyectar nuestro futuro. Probablemente, en el caso de Roger su imaginario sea muy distinto al de hace un año, cuando solo era un refugiado en el Tercer Mundo, y ahora se permita soñar con ser diplomático y conseguir un trabajo digno. De ahí que, en ocasiones, ilusión signifique lo mismo que esperanza.

Puedes conocer la historia completa de Roger en Refugio, el documental de Manuel González. Disponible en Filmin y Amazon Prime.

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Los felices: la cita trágica con la realidad de la generación de los 90

En Pensamiento por

Si naciste al final de la década de los ochenta o al comienzo de los noventa, puede que experimentes el colapso de la civilización occidental tal y como la conocemos hoy.

Este es el augurio que hace el catedrático Jesús G. Maestro en algunas de sus exposiciones públicas, como en la serie de vídeos relativos al análisis de la obra hispanoamericana ‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez. Esta, también, es la premisa del primer capítulo de la serie Colapso.

Cine y literatura, una vez más, confluyen en un mismo punto: las consecuencias que pagarán “los felices”; los hijos de la abundancia, del milenarismo, la pandemia, la extirpación del hecho religioso y de las dos crisis económicas mundiales cuando el sistema democrático moderno acabe fagotizado por sus propias dinámicas e incercias.

Realidad o idealismo: las dos perspectivas desde las que encarar el presente

A través de la exposición de su pensamiento -marcadamente influenciado por el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno- Maestro no deja lugar a dudas en su interpretación sobre la situación general que está viviendo la generación milénica, también conocida como generación Y, que, literariamente, podría encontrar a su máximo representante en Meme Buendía y que en la realidad está referenciada en cada hogar que albergue a un tipo o tipa -aquí no hay distinción que valga-, que roce o supere por poco la treintena y que haya creído a pies puntillas los mandamientos del régimen democrático actual.

Hablamos de un bloque de gente que biológicamente llega a la edad adulta desvinculada de la cultura del esfuerzo. Adolescentes tardíos, afectivamente reventados, que todavía viven con sus padres. Que no tienen ni pueden acceder a puestos de trabajo acordes a la formación que el propio sistema, a través del clientelismo universitario importado del mundo anglosajón, les ha ofertado. Que están al calor del regüeldo que deja la élite del capitalismo cognitivo –término trabajado por Gregorio Luri-. Que prefieren las gratificaciones del mundo virtual que citarse con su realidad. Que diluyen su verdadero proyecto vital en excusas que intensifican su cobardía ante los hechos. Individuos, en definitiva, atiborrados de los estímulos y falsas profecías repetidas a bombo y platillo por vende humos “estartaperos” y sopla gaitas “de influencia efímera”, que sobreviven en su día a día a base de cafés descafeinados con leche desnatada en cuyas tazas serigrafiadas se pueden encontrar frases del tipo: “¡Ánimo! Tú puedes con todo. Que nadie se entrometa en tu búsqueda de la felicidad”.

Cuando en un Estado se alcanza el pico máximo de idiotización al que hemos llegado; donde hay que desilusionar a una masa de gente que cree que del cielo lo que cae es plástico blanco y no nieve; donde las instituciones boicotean diariamente y con impunidad manifiesta su propia credibilidad mediante la dialéctica de las siglas políticas, televisivas, culturales y genitales; donde la opinión pública se alimenta en el supermercado de las ocurrencias que son los nuevos tugurios digitales, donde se expresan en pobrísimo español “pensamientos” peregrinos sobre la comunidad, la amistad, el sexo, el amor, la vida, las drogas, el trabajo, el fútbol o la educación; y donde se dispensa en las farmacias Lexatin y Seroxat con vivo entusiasmo en plena simbiosis con el sistema sanitario; es en este estado general de las cosas cuando podemos decir, con la realidad de nuestro lado, que nos vamos al carajo.

Este es el perfil de persona y panorama general que quedará para enfrentar el día de mañana. Para estos sujetos se preparan las distopías culturales que arrasan en la nueva mutación online de las fórmulas televisivas de toda la vida. Este es el ocio que se consume hoy y se ensalza como obras elementales para entender el momento que nos está tocando vivir. Zombies que asolan a las comunidades organizadas, perros robots que persiguen a las personas hasta aniquilarlas o el circo tiránico de turno que se acerca a los gulags desideologizados para escoger al azar a los héroes de los juegos del hambre. “Granizo y fuego mezclados con sangre” en papel y en formato audiovisual.

Colapso en directo

No es baladí, por tanto, los esfuerzos de algunos creadores a la hora de recordar, mediante la aplicación narrativa, las consecuencias trágicas que devienen del triunfo del idealismo en la organización política y cultural. Por eso se siguen produciendo a granel historias del salvajismo colonial de los hijos de la Reforma o de la exploración de los límites de la crueldad humana por parte de aquellos que tecnificaron la muerte en los campos de exterminio alemanes. El objetivo es claro: recordarnos a dónde nos llevan los ejercicios de ilusionismo cuando se escapan del contexto artístico y se busca aplicación en la realidad. Recordando a Jesús G. Maestro, hablamos, en definitiva, de una comunidad de psicópatas, muchas de las veces altamente cualificados por vía académica, “que buscan las pisadas de don Quijote por los caminos de La Mancha”.

Reseñable en este propósito de desmitificar a todos los hijos del idealismo es el primer capítulo de la serie francesa Colapso, en cuya presentación, los personajes comprendidos en el rango de edad presentado con anterioridad, se enfrentan absolutamente desprovistos de herramientas al final del sistema democrático en el que se amparaban.

Realizada por el colectivo Les Parasites, esta serie ha cosechado un éxito rotundo en tiempos de pandemia recogiendo con menos artificio y más sutileza la experiencia de otros productos como The Walking Dead, Black Mirror o The Handmaid´s Tale.

La serie, narrada en pequeños capítulos, viene a explicar qué ocurriría si las democracias modernas -y por ende todos sus sucedáneos- terminaran por derrumbarse en lo que los ingenuos denominarían “de la noche a la mañana”. A diferencia de otros artefactos distópicos, la presentación de dicho colapso no se da con tintes orwellianos en tiempos más o menos lejanos, al más puro estilo de Bradbury, Cuarón o Huxley, sino que tienen pie y medio apoyados en un presente narrativo con demasiados paralelismos con la realidad. No es de extrañar, por tanto, que al ver la serie nos sintamos, de alguna manera, como los romanos que asistieron a la destrucción de su propia civilización, con las hordas de bárbaros arramplando por el Foro, tal y como en las primeras páginas de su libro “La opción benedictina”, nos recuerda Rod Dreher.

La mirada crítica ante el mundo que nos espera

Los católicos que critican esta obra, publicada por Ediciones Encuentro en 2018, se han quedado con la visión ofuscada que el libro plantea hacia el final del mismo, que no es sino una pulsión de naturaleza religiosa que encuentra su sublimación en pequeñas comunidades que incurren en el feudalismo endogámico. En cualquier caso, aquellos que han “ridiculizado” la obra hacia el final de sus páginas, parecen haber obviado de sus análisis la densidad que proporciona Dreher a la hora de narrar la historia de aquellos que asistieron al final de su modo de vida y que lejos de sucumbir a la barbarie, decidieron alejarse a las montañas a fundar monasterios donde salvaguardarse y esperar, si es que así debía de ser, el apocalipsis. Una nueva forma de vida ante el colapso de otra.

Y lo que sobrevino no fue el fin del mundo, sino el comienzo de una nueva era.

El fin de la democracia posmoderna no significará el fin del Estado ni del comercio pero sí supondrá de una exigencia descomunal para quienes heredarán el mañana y tendrán que definir nuestro papel en el tapete de la nueva guerra cultural, que tendrá a la República Popular China y sus aliados como agentes decisivos a la hora de marcar el nuevo orden mundial. A esta cita con la historia podemos llegar fortalecidos o desinflados. Podemos llegar haciendo halago de nuestra memoria, defendida a fuego y sangre, o dejarnos sabotear por las actuales clases dirigentes, fascinadas por la ilusión de reinventar al hombre -empeñadas en la inclusión de los nacionalismos desvertebradores- sin atender a las amenazas reales que asolaran nuestras fronteras en las próximas décadas. El perpetuo duelo a garrotazos con el prójimo sin atender a lo que hay al otro lado de la estepa.

Sea como sea, a la hispanidad se nos exigirá afrontar con valentía los envites que puedan venir por parte de sus enemigos. Pero para ello es esencial, por un lado, la identificación de los mismos y, por otro lado, la aniquilación de la leyenda negra que nos tilda históricamente, como a ingleses o franceses, de ser un “imperio depredador”. España y sus provincias de ultramar -hasta la llegada de los borbones afrancesados- fue un imperio generador de cultura, de ciencia y de mestizaje, no excluido de episodios más o menos avergonzantes, pero que, haciendo balance, es indiscutible el valor que lega en sus casi tres siglos de dominio continental dejando para la posterioridad las más altas cotas de excelencia artística.

Es por ello que resulta absolutamente necesario que la generación de los 90, “los felices”, afilen y preparen una mirada crítica, desprovista de espejismos y fanatismos, capaz de mirar con arrojo y valentía a la realidad tal y como es: cruda y feroz cuando se despliega a través de la naturaleza pero absolutamente sobrecogedora y de una belleza palpable en la cotidianeidad de sus días.

Prometeo contra Avatar: por qué necesitamos una ecología católica

En Asuntos sociales/Bioética/Pensamiento por
avatar ecología

En la actualidad, sigue sin estar clara cuál debe ser la postura de los católicos respecto de la cuestión de la ecología. No será porque no se haya hablado sobre el tema en los últimos tiempos, especialmente desde que el Papa Francisco publicara su encíclica Laudato Si en 2015 y cuya recepción en la Iglesia ha sido bastante desigual.

Es muy posible que, tras muchas de las lecturas que se han hecho de la carta magisterial (tanto a favor como en contra), puedan esconderse distintas máscaras de una cosmovisión que tiene mucho de moderna y poco de católica y que encuentra su síntesis en un planteamiento dialéctico sobre la relación naturaleza-cultura humana.

Para tratar de ilustrar estas desviaciones, he elegido dos imágenes (el mito griego de Prometeo y la película Avatar, James Cameron, 2009) que pueden servirnos para reflexionar acerca de los presupuestos ideológicos presentes en nuestra cultura y para arrojar luz sobre qué puede aportar una cosmovisión católica a la cuestión de la ecología. Esto último es lo que intentaremos esbozar al final del texto.

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La filosofía de Byung-Chul Han, una aproximación

En Antropología filosófica/Pensamiento por
filosofía de byung-chul han

La filosofía quizá no está de moda, pero el filósofo surcoreano Byung-Chul Han sí. Y es que existen pocos pensadores vivos tan mediáticos, como este coreano educado y afincado en Alemania. Su éxito radica en que ha sido capaz de explicar, con una claridad que se agradece, la situación existencial del hombre del siglo XXI. Byung-Chul Han es ante todo un radiólogo de las sociedades occidentales, un pensador atípico, un romántico con alma oriental. Sus ensayos breves, con un tono divulgativo que huye del academicismo, así como su lenguaje claro y repetitivo, le convierten en un autor accesible y popular. 

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Cuando los premios Oscar molaban

En Cine por

Este que les escribe empezó amando el cine gracias a un libro sobre los premios Oscar que encontró en una pequeña biblioteca de pueblo a una edad bien temprana. Un momento que cambió mi vida, y me hizo interesarme por películas en las que, de otro modo, nunca me hubiera fijado. Era tan joven e inocente, que creía verdaderamente que las películas premiadas en los Oscar eran las mejores posibles. Mi desconocimiento llegaba a tal extremo, que creía que estar ‘nominado’ significaba, de facto, estar premiado. 

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El ocaso de los ídolos

En Pensamiento por

En la adaptación cinematográfica de Luciano Visconti de Muerte en Venecia (novela homónima de Thomas Mann), podemos ver cómo el eje de la cinta gira en torno al proceso de destrucción espiritual del protagonista, Aschenbach, por su enamoramiento de un joven polaco durante su estancia en Venecia. Durante los compases finales de la película vemos cómo Aschenbach, quien para la belleza era fruto de la mesura y el equilibrio moral, queda derrotado por Tadzio que, como Dionisos, representa el éxtasis y el desorden moral. La muerte del compositor representa simbólicamente la muerte de la Europa que había reinado hegemónicamente, cultural e intelectualmente, hasta el siglo XX.

Fiedrich Nietzche, quien oponía el concepto de cultura al de civilización, nos alerta en su obra El ocaso de los ídolos o cómo se filosofa a martillazos (1887), que la cultura occidental está viciada desde su origen, porque tiende hacia la racionalidad y el dogmatismo, donde el ser no puede expresar su voluntad artística de manera plena, revelada en el terreno de lo irracional. La civilización moderna solo había traído, para el filósofo alemán, un mundo estéril donde el ser humano queda constreñido a un Estado que corrompe su alma. Precisamente el mensaje final de Zaratustra apunta hacia el mismo camino: naturalizar al hombre y liberar su cuerpo.

El triunfo de Tadzio sobre Aschenbach es el triunfo de lo dionisiaco sobre lo apolíneo, que, para Nietzsche, significa la muerte de Dios y el reconocimiento de que el cuerpo es lo único real (relacionado con el concepto de “superhombre”). De esta manera, Nietzsche funde la “filosofía de la vida” como afirmó Max Scheler y Heidegger; un proyecto de cariz vitalista.

En un texto publicado póstumamente, La voluntad de poder, Nietzsche predice lo que sucederá en la sociedad moderna en unos siglos: el advenimiento del nihilismo. Ello traerá la muerte de Dios y la destrucción de los grandes metarrelatos que habían sostenido los pilares de la civilización europea desde Kant, confiando en la ciencia como único medio para alcanzar el progreso. De esta forma, el hombre requiere de nuevos valores, y, por consiguiente, debe experimentar el nihilismo de la pérdida de los viejos. Esto provoca la búsqueda de un nuevo propósito, algo imposible de discernir en el mundo posmoderno, en permanente estado de inestabilidad, donde el ser humano queda arrinconado por una era tecnológica que avanza a mayor velocidad que su voluntad.

Como luego apuntaría Camus, Nietzsche señaló que la energía destructiva no era suficiente: era necesario un eros creativo guiado por un proyecto vital sólido. Un proyecto que implicara una libertad absoluta alejada de la tiranía social que, en muchos casos, puede derivar hacia populismos estériles y destructores si esa tiranía es alentada por los poderes fácticos del Estado y la mass media del país para sacar rédito del sujeto; esa “tiranía de los hombres malos” que Quentin Tarantino señalaría en la cinta Pulp Fiction y pondría en boca de Jules Winnfield, interpretado de manera magistral por Samuel L. Jackson.

El sistema actual, los medios de comunicación y las redes sociales alientan esa tiranía social que puede llevar a destruir nuestro pasado y nuestro contexto, que, al fin y al cabo, es lo que constituye nuestro ser, como afirmara Ortega y Gasset siguiendo la estala dibujada por Nietzsche. Ese nihilismo destructor, y no creador, es el que vemos desde hace unos años en la civilización moderna. Primero, desde la interpretación extremista y violenta que se hace del Corán por parte del yihadismo, que ha traído consigo la destrucción de todo el territorio islámico, desde un punto de vista moral, espiritual y artístico. Segundo, desde diferentes grupos del establishment nacionalista, destruyendo cualquier huella cultural que no favoreciera la construcción de un relato propio, imprescindible para satisfacer sus aspiraciones por alcanzar el poder político, económico y cultural. Y tercero, de manera más reciente, retirando las estatuas que representan las figuras más relevantes de la historia moderna y que nos recuerdan quiénes somos.

Ahora toca en Estados Unidos, donde se retirará, a petición de los demócratas de California, una estatua de mármol que muestra a Cristóbal Colón pidiendo financiación a la reina Isabel la Católica para su viaje a América. Con la muerte George Floyd, Estados Unidos, ese país en el que, como diría el propio Lorca cuando viajó por primera vez a Nueva York, todo resulta demasiado confuso, se embarca en un nuevo crepúsculo. Como reclamó recientemente el hermano de George Floyd, “cesen su empeño en crear una guerra valiéndose de la sangre de mi hermano”. Sin embargo, desde el otro lado del Atlántico presenciamos atónitos cómo, al igual que Herbert en La caída de los dioses (1969) de Visconti, el ocaso de los ídolos simboliza la destrucción del ser-en-el-tiempo, de la misma manera que el protagonista de la cinta veía como su familia era destruida por el nazismo. Tal y como señaló recientemente el escritor francés Michel Houellebecq, el fin del confinamiento puede sumergirnos en un nuevo mundo, un mundo algo peor, como la civilización europea de los años 30 tras el Crack del 29. El resto, como siempre, es historia. Y desventurado aquel que viaje hacia lo dionisiaco sin conocer su legado porque jamás alcanzará Ítaca.

El sueño racionalista: bienvenidos a Westworld

En Antropología filosófica/Series por

Lo justo es lo debido, que diría ese racionalista llamado Baruch Spinoza. Durante el confinamiento, el consumo de series ha aumentado considerablemente, y muchos espectadores han visto saciada su sed de cualesquiera series que estaban viendo. Entre ellos, nos encontramos los seguidores de la que, probablemente, sea la mejor producción de HBO desde la cuarta temporada de Juego de Tronos. Eso sí, con la diferencia de que a Juego de Tronos le fueron pagadas sus deudas; mientras que, en nuestro caso, la Justicia no se ha visto satisfecha, y tenemos a Baruch Spinoza –e incluso a alguno más– revolviéndose en su tumba por la infinidad de críticas negativas que se han vertido contra la tercera temporada de Westworld, ya terminada. Un pesimismo generalizado tanto por los números de audiencia, como por su argumento y por “haberse vendido”, realizado tanto desde las redes, como desde medios de comunicación especializados en cine o periódicos con gran difusión.

Pero el mensaje parece no haber llegado, así que este artículo repleto de spoilers y solo apto para haterspretende dar una visión concreta, una lectura alternativa hecha por un abogado del diablo, de lo que es Westworld, no como proyecto audiovisual –ya que sobre eso no hace falta decir nada más– sino como historia, como dilema, como cuestión filosófica y política, y situarla en la posición que se merece. Al César, lo que es del César.

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