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¡Vivan los mediocres!

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Esta mañana, a las 7 horas de Madrid, ha fallecido de un infarto de miocardio la que fuera durante 25 años alcaldesa de Valencia y hasta hoy, senadora del grupo Mixto, Rita Barberá.

Los servicios del Summa acudieron al hotel Villa Real cuando recibieron una llamada de emergencia de una paciente de 68 años que estaba sufriendo un accidente cardiovascular. Después de 30 minutos tratando de reanimarla, se ha confirmado el fallecimiento de la política valenciana.

Una hora después, cuando la noticia ya estaba en redes y principales cabeceras, la ciénaga moral española ha empezado con sus efluvios. Y, como no podía ser de otra manera (por la fauna ibérica que mordisquea los butacones de la política), le ha seguido el Congreso de los Diputados.

Mientras la cámara baja guardaba un minuto de silencio, los parlamentarios de Unidos Podemos han abandonado el hemiciclo, cada cual urdiendo sus propias justificaciones.

 

Resaltar que las respuestas de la mayoría de los políticos de cualquier espectro ideológico, de la ciudadanía en general y de los medios alternativos que hasta ahora se han pronunciado son ejemplares. Es el caso de la revista Jot Down que le ha marcado a Garzón correctamente que “un minuto de silencio no es un homenaje”. Se trata de una muestra de respeto por una colega que ha fallecido. O la llamada de Herrera a Ximo Puig, presidente de la Comunidad Valenciana, que ha expresado su dolor por esta “mala noticia” y ha reconocido la impronta y huella que la senadora Rita Barberá ha dejado, para bien, en la ciudad de Valencia.

La podredumbre moral de aquellos que, embebidos en un tacticismo político para necios, optan por no mostrar respeto por una persona recién fallecida es reseñable y condenable desde todos los puntos de vista posibles.

No contemplo que ante un desafortunado e indeseable accidente de Garzón o Iglesias, cualquier político, medio o tertuliano serio festejase la noticia o hiciera teatrillo de marionetas negras para anunciar a la ciudadanía su arenga política.

Rita Barberá era inocente. De imperiosa necesidad es recalcar que hasta la fecha no había sido condenada por ningún tribunal a pesar de tener varias causas abiertas. El juicio mediático al que durante los últimos meses se ha sometido a la exalcaldesa, conservando su presunción de inocencia en un cubo de basura, ha sido abominable y tedioso.

Todo este odio viene por no comprender el significado y aplicación de la política

Black Mirror, la distopía hecha pan de cada día de Netflix, en el último capítulo de la tercera temporada, nos presenta un escenario extravagante pero con paralelismos peligrosos a lo que ha sucedido esta mañana en España. El capítulo se titula “Odio Nacional“. No deja de ser una ficción que juega a coquetear con la realidad. Pero coquetea con algo sólido, como son las pulsiones por decir estupideces propias y ajenas desde tu pequeño altavoz que suma una tendencia macabra.

 

 

Cuando vuelcas todo tu anhelo trascendental en algo caduco y repleto de ambigüedades, lo normal es que se te escape por la boca y las manos el norte

Todo este odio, alegría de muertos, viene en última instancia –y es opinión personal– por no comprender bien el significado y aplicación de la política. Empezando por los políticos más extremistas, que tratan de satisfacer a través de esta virtud moral, tal y como la consideraba Platón, ámbitos que no competen a esta ciencia. Cuando vuelcas todo tu anhelo trascendental en algo caduco y repleto de matices y ambigüedades, lo normal es que se te escape por la boca y las manos el norte, y no sepas atinar, distinguiendo el ámbito político (o mal entendido político) y el campo de la educación más elemental: respetar a los que ya no están aquí.

El puritanismo rancio, el fariseísmo de los injustos representantes que quieren abanderar la “izquierda” en su conjunto, pulula por doquier, con grandes y sonoros hashtags sobre cómo la justicia y el deber para con los ciudadanos está por encima de todo, por encima incluso de la vida, siendo esta la contradicción más estúpida que me tengo que llevar a los ojos cada vez que veo los comentarios de Ignacio Escolar y otros perturbadores sociales.

Sin embargo, hay esperanza porque a fin de cuentas todos somos mediocres. Todos metemos la pata en cualquier momento. Y todos tenemos la posibilidad de rectificar y de volver a la casilla cero del encuentro. O al menos intentarlo. En esa miseria compartida podemos encontrar razón para pasar por el corazón las desdichas y empatizar con el sufrimiento del otro. Rita Barberá fue hija, hermana y amiga. Periodista y humorista casi a tiempo completo. Debe haber gente que la esté llorando en este momento. Que no se nos olvide.

Alberto Garzón, media hora después de sus exabruptos tuiteros, ha declarado sus condolencias a la familia. Y le honra. Porque sin aceptarlo, reconoce su mediocridad. Esperamos que Pablo Iglesias haga algo más de lo mismo.

La muerte se sucede de forma permanente y nadie pasa impune ante ella. Cada uno lleva su propia carga. No contribuyamos a escenarios donde nuestro mayor anhelo sea odiar a los que odian que odian porque les dicen que tienen que odiar.

(@RMoralesJimenez) Aventurero en chanclas. Periodista por empeño. Felizmente casado, felizmente padre. Director de Democresía. Cuando me pongo meloso o bruto, escribo por Espinosa Martínez.

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