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Un no sé qué de febrero

En España por

O la febril historia del tipo que le robó la Luna a Calígula

Existe un no sé qué seudo romántico en los que defienden la ideología como único subterfugio del hombre. Como única vía de realización del proyecto del “bien común”.

Son arquitectos de sueños que con la libertad, la igualdad y la memoria histórica llevan a la acción –porque se consideran los únicos moralmente válidos para titánica tarea-  el proyecto de dibujar lo imposible; contentar al derrotado. Éste se considera de esta condición por la pérdida de “su bando” en el campo de batalla. Si se le pregunta si su derrotismo no puede ser algo fútil de la vida como que no le conteste al WhatsApp la chica deseada, te reclama con mirada encendida y te echa una perorata sobre las relacionas plásticas y la falacia histórica de las identidades sexuales.

Estos tipos, con las levitas en la tintorería y entradas para ver a Abel Azcona en el bolsillo , hace tiempo que aparcaron a Zorrilla, Larra, Bécquer o los cuadros de Friedrich y se quedaron solo con la cáscara; con eso del masticar penurias y pistoletazos en la sien como la pose fundamental para hablar y juzgar el valor artístico de una obra.  Para hablar y juzgar al hombre.

En las tertulias literarias a las que nunca pueden asistir por compromisos de agenda o por andar liados con twitter hablando de judíos y ceniceros, los llaman exaltados.

Seguramente se han topado más de una vez con alguien de similares características. Si todavía no han tenido esta deliciosa experiencia, deben saber que son fácilmente identificables. Después de la tercera caña, te cortan en seco tu explicación sobre porque te gusta “Up” y te comparten su contemplación vital.

– ¿La vida? ¡Déjame que te hable de lo que es la vida! Apura su cerveza y te señala con un dedo. La vida es un cúmulo de desdichas sin propósito alguno. Y el hombre todo lo que puede hacer es oponerse por sistema contra el Estado Asesino y sus aparatos reaccionarios y de consumo. La alienación a la que estamos sometidos permanentemente cada vez que encendemos la televisión es la que nos impide levantarnos con las armas de la cultura libre y luchar por nuestros derechos.

Del dicho al hecho, el estrecho trecho

El quita y pon de la placa conmemorativa de los ocho carmelitas de Carabanchel Bajo, o el querer enterrar  la piedra de Calvo Sotelo en Plaza Castilla, no son más que una metedura de pata anunciada desde hace tiempo por nuestros románticos. Es imposible atinar hablando de bien común cuando no se tiene nada claro lo que es el bien y lo que es de todos o que requiere de la manifestación de todos.

Empecemos por esto último. No hubo nada de común, aunque trató de dibujarse como decisión tomada en el pleno del ayuntamiento, en el quitar la placa conmemorativa a las víctimas de los fusilados de la guerra, tal y como confirmó a El País  la concejala socialista, Mar Espinar . Terminemos por lo de bien. Parece que lo adecuado y educado habría sido hablar o dar algún tipo de explicación al padre Alberto, párroco de la Iglesia de San Sebastián Mártir, donde se encontraba la placa de los beatos y donde le tuvieron que contar como unos operarios la habían arrancado de la pared y la habían echado a una furgoneta.

Me imagino a Celia Mayer a la hora de explicarle la propuesta a Manuela Carmena en el ayuntamiento y recuerdo a Zavalita y Aída en sus diálogos infumables sobre el marxismo en “Conversación en la Catedral” . Todo caliente, todo fogoso, todo “luz y tinieblas”.

Me imagino a las dos muy juntitas, como dos titiriteras, utilizando ceras negras para ir tachando enmiendas en esta suerte de lista de Earl  en la que se han convertido las exóticas ocurrencias del programa de Ahora Madrid.

“Construir el mundo que no nos dejaron imaginar durante la dictadura y hacer nuevas todas las cosas”. Hecho.

La dialéctica de vencedores y vencidos y los revanchismos en el callejero, no contarán la historia de quienes tienen la responsabilidad de contarla. Solamente será  leña de condena para aquellos que vemos como la estupidez humana va derrapando por las esquinas.

Y es que no hay nada más peligroso que un tonto motivado que se arropa en este traicionero febrero con medio millón de votos.

 

Imagen extraída de: pasionpormadrid.blogspot.com.es

(@CroquetaXborda) Hasta la noche del 25 de septiembre de 2019, director de nadie en Democresía. Ahora, parado con los suficientes escrúpulos para solo mentir al médico en eso de que fuma poco y hace ejercicio. Odio a Espinosa Martínez.

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