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Un 20D decisivo para la reconstitución de nuestra democracia

En Elecciones 20D/España/Tribuna por
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Hace un año exactamente un grupo de amigos con inquietudes socio-políticas comenzamos a pensar en cómo contribuir desde la sociedad civil a la mejora de la política española. Había expectación ante el crecimiento de Podemos, desconexión entre los partidos “tradicionales” y sus votantes, frustración ante al ahondamiento de los problemas sociales y la falta de oportunidades, asombro ante la inexistencia de medidas reales de lucha contra la corrupción, el amiguismo y el despilfarro… Además, se nos echaba encima un ilusionante e incierto año electoral, en el que podría –y todavía puede– pasar cualquier cosa. Ante este panorama, preparamos diez propuestas en torno a dos ejes: la reconstitución de nuestra democracia y la superación de la cultura del descarte que afecta a las personas en situaciones de vulnerabilidad. Y en torno a estas diez propuestas hemos reunido a más de 600 miembros en una plataforma ciudadana con más de 7000 seguidores; y promovido diferentes iniciativas y eventos de debate por toda España. Todo ello con la única intención de no ser excluidos del debate político por la aparentemente incorregible dinámica de los partidos.

Tampoco ahora vemos nuestras propuestas reflejadas completamente en ningún programa. Está claro que –como decía Julián Marías– votar a un partido no significa identificarse totalmente con esa organización (eso sería totalitarismo): cada voto tiene muchas interpretaciones posibles, y puede responder a razones muy diversas. Pero precisamente por ello, y ante la incertidumbre sobre el mapa político que saldrá del 20D, es más necesaria que nunca una sociedad civil fuerte, capaz de ser escuchada por los poderes públicos que salgan de las urnas.

 

Ante la incertidumbre del mapa político, es más necesaria que nunca una sociedad civil fuerte capaz de ser escuchada.

 

En una democracia parlamentaria hay que saber pasar de una fase de campaña electoral y confrontación de ideas, a una etapa de ejercicio de la política como arte de llegar a compromisos que garanticen la convivencia en paz, libertad y justicia. Solo en este marco es posible un crecimiento económico, imprescindible para poder atender las necesidades sociales, centrado en la persona y en su desarrollo individual y social.

En este momento de campaña parece imposible pensar en grandes pactos basados en unos principios comunes mínimos, que superen los actuales desencuentros en materia social, territorial e institucional. Por eso nuestro mensaje es el siguiente: hagamos campaña, votemos, e interpretemos los resultados no solo pensando en ganar al adversario y ver quién supera a quién, sino, sobre todo, pensando en cómo podemos sumar a una gran mayoría de los ciudadanos en un proyecto común, que necesariamente pasará por el pacto y el compromiso.

Confiamos en la madurez de los políticos y de la opinión pública para lograr que tras el 20D sea posible un gobierno estable, que permita avanzar en la recuperación económica y hacer que esta llegue a toda la sociedad. Pero también esperamos que en 2016 sea posible abordar los grandes temas de regeneración y justicia política y social que se han planteado desde muy diferentes sectores, y realmente se avance hacia la reconstitución de nuestra democracia. Reconstitución que no significa empezar de cero, ni querer resolver todos los problemas con soluciones imposibles, sino una disposición del nuevo gobierno a abrir el debate a todos y a hacer las profundas reformas que se revelan necesarias para actualizar los principios de nuestro estado social y democrático de Derecho, lo que solo es posible si se afrontan las reformas necesarias en materia de justicia política.

 

Reconstitución no significa empezar de cero, sino tener la disposición a abrir el debate y hacer profundas reformas.

 

¿Cuál es la distribución de escaños en el Parlamento que mejor contribuiría a la reconstitución? Es discutible, evidentemente, pues hay factores muy interpretables como el del desafío independentista, la desconfianza en las instituciones, la realidad de la corrupción y el clientelismo, la necesidad de estabilidad que permita la gobernabilidad, etc. Y el problema se complica porque en esta ocasión el voto no es fundamentalmente binario, sino que hay cuatro partidos con posibilidades reales de ganar las elecciones o de al menos ser decisivos en la constitución de un nuevo gobierno. Y cuatro candidatos sometidos a una fuerte tensión: la de tener que elegir qué hacer prevalecer, entre el interés general, el interés de su partido, o, incluso, su propio interés.

Las deficiencias del sistema electoral y las incertidumbres en el momento de votar dejan claro que la participación política no puede limitarse al momento de las elecciones. Estas son una expresión de voluntad decisiva, pero muy coyuntural y sometida a demasiados condicionantes. Es preciso aprovechar el 20D para preguntarse: y después, ¿qué voy a hacer para contribuir a la reconstitución? ¿Cómo hacer que los partidos sean más receptivos a las exigencias de justicia política y social? ¿Qué formas de compromiso ciudadano son más adecuadas para lograr estos objetivos?

Es tanta la expectación que ha creado este año electoral, que 2016 corre el riesgo de ser decepcionante. Pero no lo será si afrontamos con realismo estas preguntas y con determinación la respuesta que les hayamos dado, sabiendo que, a pesar de nuestro voto, el 21D no habrá nada decidido: ni sobre quién va a gobernar España; ni, desde luego, sobre cómo lo hará.

María José Rodríguez Becedas

Presidenta de Principios

 

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