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Las trampas dialécticas de Sánchez: ¿Qué votaron los españoles el 20D?

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¿Qué votaron los españoles el pasado 20 de diciembre? Hay muchos tipos de respuesta a esta pregunta. Unos aseguran, insistentemente, que se votó “cambio”. También se ha repetido, desde muchos foros, que los españoles han impuesto a los diputados la “obligación” de “dialogar y entenderse”, para llegar a “acuerdos y pactos”, sin que haya consenso en quién debe formar parte de ese diálogo y ese entendimiento.

Lo mejor, pues, para dar respuesta a esta pregunta es bajar a lo concreto y empezar por los datos ciertos. Estos nos dicen que los españoles votaron:

  • PP: en 7.236.965 de los casos.
  • PSOE: en 5.548.315.
  • Podemos: en 3.198.584.
  • En Comú: en 929.880.
  • Podemos – Compromís: en 673.549.
  • Podemos – En Marea -Anova -EU: en 410.698.

(Suponiendo la suma de Podemos y sus confluencias o satélites 5.212.711 casos).

  • Ciudadanos: en 3.514.528.
  • Unidad Popular – IU – Unidad Popular en Común: 926.783.
  • ERC: 601.782.
  • Democràcia i Llibertat: 567.253.
  • Etcétera.

Bien. Digamos que esta es la respuesta más objetiva que podemos dar a la pregunta del titular, pues el voto es un acto de la voluntad individual. El votante no ha de ponerse de acuerdo con los otros votantes para decidir lo que vota y, si lo hace, esto no tiene consecuencias jurídicas ni políticas.

De la suma de votos individuales se pueden deducir algunas voluntades colectivas, es decir: un colectivo de 7,2 millones de votantes apuesta por el PP, otro colectivo de 5,5 millones por el PSOE, etc. Ahora bien, deducir una voluntad “mayoritaria” o única es sumamente peligroso, cuando no directamente falso. Porque hablar de lo que han votado los españoles en sentido abstracto supone entrar en el campo de las interpretaciones.

Una de las interpretaciones más repetidas es la del “cambio”, probablemente porque Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, se ha encargado de venderla insistentemente. Según este, “la mayoría de los españoles ha votado por el cambio”. Un mensaje simple, fácilmente asumible por los superficiales o los incautos. Sin embargo, a poco que se rasque sobre él, resulta una trampa dialéctica y conceptual impropia del líder de un gran partido a nivel nacional.

Por desenmascarar el artificio de la trampa (no es que tenga un mecanismo complicado, pero quizá muchos españoles no se han parado a pensar en ello), este consiste en buscar un denominador común a varias voluntades colectivas distintas, y utilizar ese denominador común para mostrar una superioridad numérica sobre otra voluntad colectiva. ¿Qué tienen en común el PSOE, Podemos y Ciudadanos? Que no son el PP. De la misma manera que el PP, el PSOE y Ciudadanos tienen en común que no son Podemos; el PP, Ciudadanos y Podemos no son el PSOE; y el PP, PSOE y Podemos no son Ciudadanos. Es obvio, es igual para todos y, por lo tanto, es un argumento absurdo.

Utilizando solo a estos cuatro partidos para el juego, otros podrían sacar denominadores comunes según sus propios antojos o intereses: si se excluye a Podemos, la mayoría de los españoles ha votado “moderación”, como han alegado, siquiera tímidamente, desde el PP. Otros podrían decir que la mayoría ha votado “vieja política” (pues suma más que la nueva). Otros, en fin, podrían asegurar que lo que está claro es que la mayoría no quiere de nuevo un Gobierno del PSOE.

Sánchez, que es un orador locuaz y cambiante, se ha atrevido a ensayar otras formulaciones de la voluntad mayoritaria de los españoles, que no son sino variantes de la misma interpretación: “La mayoría de los españoles no quiere cuatro años más de Mariano Rajoy”. Algunos podrían contestar: mayor es la mayoría que no quiere que Pedro Sánchez presida el Gobierno; y aún más: mayor es la mayoría que no quiere que Pablo Iglesias presida el Gobierno; y mayor es la mayoría que no quiere que Albert Rivera presida el Gobierno.

(El problema de fondo de la situación política actual radica en que, por primera vez en la democracia reciente, las izquierdas y las derechas han empatado –PP y Ciudadanos suman 10,7 millones de votos y PSOE y Podemos suman 10,7 millones de votos–, tomando como derechas a Ciudadanos que, no lo olvidemos, se definían de centro-izquierda en sus orígenes y se definen de centro en la actualidad. Esta situación de ‘Parlamento colgado’ solo se romperá cuando se rompa el empate o cuando se realice un “mestizaje ideológico” de Ciudadanos con las izquierdas o del PSOE con las derechas).

¿Cómo, pues, escrutar el sentido misterioso de las voluntades colectivas, si es que estas existen? Una posibilidad es traer a España la herramienta electoral de la segunda vuelta, que funciona en Francia para alivio de anti-lepenistas. Por otra parte, cabe imaginar un futuro en el que se amplíe y desarrolle el contenido del voto; por ejemplo, añadiendo a la elección del partido con cuál otro querría el votante pactar (para lo cual sería de inestimable ayuda digitalizar el voto). Mientras tanto, tenemos las consultas a los militantes, que son una aproximación incompleta y por lo tanto incorrecta, porque los votantes de un partido no son solo sus militantes.

(@FcoDelgadoIrib) Licenciado en Derecho porque sí y Máster en Periodismo porque me apasiona desde poco después de tener uso de razón. Con vocación de periodista-escritor, he publicado libros de poesía satírica, de poesía lírica, de humor, de viajes y de columnas de opinión. Me interesa mucho la política y casi nada de lo humano me es ajeno.

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