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Elecciones municipales: encontrarán dragones

En España por
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Basta con no padecer agorafobia -miedo a los espacios abiertos- para darse cuenta de que estamos en plena campaña electoral.

El paseo cotidiano, la recogida de los niños del colegio o los recados de última hora se han visto tañidos por las sierras eléctricas, el martillo pilón y demás instrumentos de la orquesta municipal.

A diferencia de la banda popular que alegra los cotarros locales en cada verbena, la orquesta urbana tiene pocos bolos por lo general. Algunos, los más pícaros, dicen que a lo mucho se la consigue ver cada cuatro años en contadas ocasiones; exactamente igual que España en los últimos mundiales.

Revestida del polvo que subyace bajo el día a día, la orquesta sale casi siempre hacia el final de legislatura -da igual el color de la chincheta que gobierne-, mostrando músculo, reventando alquitrán; haciendo entender a los espectadores que están en plena forma, con la cartera libérrima y con una confianza absoluta en que si remueven los cimientos de la tierra conseguirán tu papeleta el próximo 26 de mayo.

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La semana pasada, sin ir más lejos, iba caminando con mi buen amigo Luis Gonzalo Díez por Madrid Río. De camino al parque Tierno Galván nos encontramos con un par de cuadrillas trabajando afanosamente en pavimentar la calle. Más adelante descubrí a otros tantos operarios levantando el firme para hacer una instalación de gas y a trabajadores municipales revisando el Led de las farolas de Carmen que, curiosamente, tenían colgados a los candidatos electorales a modo de reminiscencia ilustrada; prefacio funesto de los futuribles guillotinados políticos. Porque en este juego, como en ‘Los Inmortales’, solo puede quedar uno con el bastón de mando.

Cuando se hace memoria de las veces que se ha visto en su pueblo un despliegue similar de grúas, obreros y sacos de hormigón destinados a obra pública, es inevitable pensar que: o bien esta buena gente estaba atrapada, como los anfitriones averiados de Westworld, en un sótano oscuro a la espera de algún libertador. Si es el caso, mi más sincera felicitación al héroe; o, por el contrario, la clase política se cree a pies puntillas que los ciudadanos somos medio lelos.

A la vista de los hechos, de las aceras descarnada y las vigas traviesas buscando la tibia en cada esquina, apetece que el panorama político quede resuelto cuanto antes con tal de que su búsqueda del tesoro, de los huevos de dragón a los que legar el Trono de Hierro, termine de una vez por todas; pudiendo volver al escalofrío del bache desatendido, a los badenes que necesitan licencia de alpinista para ser superados. Ojalá que pronto podamos volver a quejarnos de que los políticos no sirven para nada y que por fin se nos devuelva nuestro derecho a quejarnos sin consecuencias hasta las próximas elecciones.

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(@RMoralesJimenez) Aventurero en chanclas. Periodista por empeño. Felizmente casado, felizmente padre. Director de Democresía. Cuando me pongo meloso o bruto, escribo por Espinosa Martínez.

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