El último verano de Franco en el Valle de los Caídos

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El Valle de los Caídos tiene los días contados. Al menos, con la estructura y el sentido que, hasta ahora, por una razón u otra ha adquirido. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, fue raudo y dijo, poco después de deshacer la maleta en La Moncloa, que el dictador Francisco Franco ha de desalojar el lugar para que se puedan cerrar las heridas todavía abiertas de la Guerra Civil.

Como si se tratase del ‘gaztetxe Maravillas’ (en Navarra), Sánchez no dudó en adelantar en junio que, para este Ejecutivo, era fundamental sacar los restos de Franco, y, sin querer -o queriendo-, dio a la prensa y al resto de formaciones políticas un tema bastante jugoso con el que sobrevivir a la marea baja informativa.

Han pasado algo más de dos meses desde aquel prematuro anuncio y el Consejo de Ministros del pasado viernes ha acordado proceder al traslado de los restos del dictador y zanjar el asunto antes de final de año, aunque, según ha explicado la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, la cuestión podría extenderse hasta mediados de 2019.

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Entre tanto, las visitas al recinto se han multiplicado exponencialmente. Sin duda, el anuncio de Sánchez ha movilizado a los defensores de mantener como hasta ahora el Valle de los Caídos y a los curiosos de todas las ideologías, que, ante la incertidumbre, han visto en el tiempo veraniego un buen momento para visitar el monumento por primera vez antes de que lo alteren.

En concreto, 7.951 personas han acudido al complejo entre los dos primeros fines de semana del mes de julio. Según Patrimonio Nacional, desde que Sánchez mostró sus intenciones, se ha registrado un crecimiento de las visitas del 45%, respecto a las cifras de 2017, cuando la asistencia media por fin de semana en ese mes era de 2.800 personas.

Aunque la intención inicial de Sánchez fue sacar los restos de Franco el 18 de julio, al presidente del Gobierno no le quedó otra opción que salir ante la prensa en el balance del curso, el 3 de agosto, para pedir un poco más de tiempo. “Lo vamos a hacer muy pronto”, dijo en la que fue su primera rueda de prensa desde que tomó posesión del cargo, el 2 de junio.

En aquel instante, el socialista demostró que se había chocado con una realidad de peso con la que, por las prisas, seguramente no contó en un primer momento: la familia del dictador no quería, ni por asomo, sacar los restos de la tumba en el Valle de los Caídos. Por eso, aquel día, prometió cumplir con su palabra, y parece que ya ha dado con la manera.

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“Parece ser, que la fórmula más adecuada es un decreto ley que modifique puntualmente la Ley de Memoria Histórica para evitar que las demandas judiciales paralicen la medida”, adelantó a principios de semana el ministro de Cultura y Deporte, José Guirao. Sin embargo, esta argucia jurídica del Ejecutivo tendrá que pasar por el Congreso, en un plazo de 30 días, y superar los recursos que puedan surgir de la familia del dictador.

Valle de los Caídos

Entre la cruz y la concordia

Durante este tiempo de nuevo Gobierno, Izquierda Unida, Compromís y el Partido Nacionalista Vasco (PNV) no solo han pedido la exhumación, sino que también han reclamado la destrucción del monumento. Más que desear sacar a Franco, lo que estas formaciones han manifestado querer es quitar la enorme cruz de 150 metros de altura que destaca sobre la tumba del dictador.

Junto con estos, un sector de Podemos también ha compartido esta mirada sobre el futuro del complejo. Sin embargo, al final, ha optado -al igual que el PSOE- por defender la idea de dar un papel al Valle de los Caídos como el que, actualmente, tiene Auschwitz. Así lo expresó el pasado miércoles el secretario general de Unidos Podemos en el Congreso, Txema Guijarro.

No obstante, aunque la postura oficial de la formación ‘morada’ dista con la de sus socios en la Cámara Baja, sí que comparte la idea de que el Valle de los Caídos, con Franco, es un lugar para el “fascismo” y el nacionalsocialismo de Hitler. Así lo ha indicado, por ejemplo, el secretario de Organización del partido, Pablo Echenique, quien ha pedido el desalojo “para estar a la altura” de la modernidad.

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Por su parte, el PP ha abogado por dejar a los muertos en paz y preocuparse en trabajar por los vivos. De hecho, tras conocerse la táctica jurídica del Gobierno, el presidente de la formación, Pablo Casado, ha reiterado que, con esto, lo único que va a conseguir el Ejecutivo es reabrir las “viejas heridas” del pasado, cuando hay otras cuestiones que tienen más relevancia.

Esta opinión también la ha compartido Ciudadanos, que, antes de conocer la decisión del Ejecutivo de actuar a golpe de real decreto, se postuló como posible aliado temporal para resolver esta cuestión si, en aquel supuesto, Sánchez le hubiese propuesto al presidente de la formación, Albert Rivera, una reunión con un proyecto sobre la mesa.

“Deje de boxear con el fantasma de Franco”, le ha increpado Rivera a Sánchez, quien cree que, si se ha de tocar el Valle de los Caídos, ha de hacerse para “convertir” el lugar en un “monumento a la concordia”. No obstante, esta propuesta -que no es exclusiva de la formación ‘naranja’- no se ha visto reflejada, de momento, en un proyecto concreto.

Viñeta de Don Cástulo

Familia, Iglesia y ciudadanos

En medio de todo este berenjenal político, existen dos factores a considerar: la familia y la Iglesia.

Tras el Consejo de Ministros, los primeros han asegurado que se van a ocupar de los restos. “Nos haremos cargo de nuestro abuelo, no lo vamos a dejar en manos del Gobierno”, ha explicado Francis Franco, nieto del dictador, quien, días antes, recriminó a Sánchez que utilice un decreto ley para “tomarse la revancha 42 años después”. Ahora bien, con la aplicación de esta medida, la familia se ha quedado sin voto para seguir en su enroque por evitar la exhumación.

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Por su parte, el prior benedictino del Valle de los Caídos, Santiago Cantera, tras mucho tiempo de negativas, ha dado el visto bueno a que se saquen los restos. Así lo ha manifestado después de que el Arzobispado de Madrid haya indicado que exhumar los restos de Franco es una decisión que le corresponde al Gobierno y a la familia del dictador, y no a la Iglesia.

Y, aunque la familia ha indicado que la autorización ha de venir del Vaticano, en este caso, no es necesario. De hecho, los nietos de Franco le han hecho llegar al Papa Francisco una carta en la que le han pedido que intervenga. Sin embargo, todo parece indicar que ha sido en vano, porque la Iglesia española ya se ha manifestado y dado su visto bueno.

Este ha sido el último verano de Franco en el Valle de los Caídos. Así lo ha querido Sánchez. Puede que sea una ‘hipoteca’, que sea una promesa cumplida para las elecciones generales de 2020 o que, realmente, sea parte de su programa. Lo que está claro es que, cuando abandone su nueva residencia, podrá incluir en su discurso, como hace ahora el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero con la cuestión feminista, que él fue el hombre que mandó exhumar los restos del dictador, quien lleva 43 años muerto. El tiempo dirá si, después de todo este jaleo, logrará traer algo de paz a los vivos.

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