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¡Una de democracia!

En Cataluña/Elecciones 27S/España por
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“Nosotros hemos intentado dialogar, pero el Estado Español nos ha fallado, se ha negado a reconocer la singularidad de Cataluña y su encaje dentro del proyecto español. No tenemos nada más que hablar.”

Con palabras similares a estas el presidente de la Generalitat de Catalunya, Artur Mas, pretende darle la vuelta a la tortilla –esto es, a su pretensión de romper con toda legalidad y separarse de España— y vender al mundo entero que su proyecto busca, en realidad, garantizar la democracia frente a la “opresión”.

Huelga decir que tanto la Unión Europea como la ONU, que son perros viejos en materia de democracia pese a todos sus fallos, no pueden sino confirmar que ‘Spain is diferent’ y abrir los ojos como platos ante la patochada del presidente de un órgano regional con representación en el Parlamento nacional (que no el “gobierno de Madrit”, por mucho que se empeñen) y líder de un partido (mantenido en el poder por los catalanes durante 28 años) que ha servido como base para sostener, no a uno, sino a varios gobiernos estatales de PP y PSOE a cambio de cesiones de poder.

¡Vaya opresión la que sufre Cataluña!

Pero hay dos asuntos que causan todavía más intriga: ¿de qué hablará Mas cuando habla de Democracia? y ¿a qué se referirá cuando habla de la “singularidad” catalana?

Ni a ustedes, ni a mi, ni –estoy seguro– a la mayoría de los catalanes (también muchos de quienes piden la independencia) se les ocurriría limitar el significado de democracia al mero procedimiento de votar. Parece claro que la democracia como sistema de gobierno (al menos en el caso de las democracias liberales que se han desarrollado desde el siglo XIX) lleva implícitos unos valores, que son precisamente los que propugnan la igualdad de todos los ciudadanos (ante la ley y en el acceso al poder), su libertad (como límite al poder) y su fraternidad como modo de convivencia. Seguro que hay muchos más, pero como esquema nos puede servir.

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Así pues, parece que la clave del asunto radica precisamente en la palabra “singularidad”: ¿Qué papel juega la “singularidad” de los pueblos en democracia? ¿Qué implicaciones tiene?

La singularidad no es más que el reconocimiento a las particularidades de cada uno de los miembros que forman la unidad, sin que ello altere en un ápice la obligación de avanzar hacia la igualdad de derechos y obligaciones de cada uno de ellos.

De este modo, el reconocimiento a la singularidad de los principios nacionales que componen cada Estado (no solo el español) consiste, no en excepciones a la norma, sino en el reconocimiento a instituciones, normas y manifestaciones culturales genuinas que son válidas para avanzar hacia los fines (y fundamentos) de la democracia: la igualdad, la libertad y la solidaridad.

Sin embargo, en el caso de España, especialmente en lo que se refiere a los territorios vascos y catalanes, ha ocurrido de forma accidental o premeditada que el reconocimiento a la singularidad se ha cruzado con la tendencia descentralizadora que durante el último medio siglo se ha venido produciendo en Europa y que la Constitución de 1978 vino a apuntalar en nuestro país.

Así, lo que había de convertirse en una herramienta para acercar las instituciones a los ciudadanos y garantizar, sin menoscabo a la autoridad del Estado, el principio de subsidiariedad, se ha convertido en un ariete en contra de los principios democráticos, empuñado por nada menos que los defensores de una “singularidad” mal entendida que pretende recuperar privilegios propios de la edad feudal en contra de la igualdad de todos los españoles.

Qué duda cabe de que el Estado ha sido torpe, pero lo fue cuando permitió que los ciudadanos de algunos territorios españoles tuvieran menos obligaciones fiscales que el resto (el concierto vasco), no por no ceder ante quienes quieren repartírselo.

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Ahora bien, lo que no se puede permitir ni debemos aceptar es que se instale la dinámica de que la igualdad entre los españoles consista en que cada uno tenga sus propios privilegios a la carta.

De lo contrario, si –Dios no lo quiera– se impone la parte de Cataluña que quiere romper con todo y los responsables de mantener el imperio de la ley se lo permiten, ¿pedirá Cataluña ingresar en la UE con un estatus especial, acorde con su “singularidad”?

Mucha tontería y poca democracia veo yo.

(@IgnacioPou) Soy un catalán felizmente afincado en Madrid. Agnóstico futbolístico (para mi tranquilidad) pero católico. Periodista, actualmente trabajando en Europa Press y estudiando Ciencias Políticas y Máster en Filosofía. Amante de la filosofía, la antropología y la política, todo ello enmarcado en una vocación por comprender y comunicar más y mejor. En ello consiste la misión de mi vida.

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