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Que sustituyan a Guardiola

En Cataluña por
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Carles Puigdemont no ha sido recibido en Bruselas ni Marruecos, Venecia le dio largas y Estados Unidos se desentendió de él. Es normal que ahora Cataluña tenga que buscar un representante internacional que sí sea recibido por otros mandatarios. Pero este afán les ha precipitado a delegar este rol de importancia a alguien del mundo del deporte, ¿creará la república catalana un ministerio de deportes antes que de gobierno? Al fin y al cabo han asumido que esta faceta tiene mayor calado que su esfera política.

Pep Guardiola formó parte del mítico dream team del Barcelona, el que levantó la primera Copa de Europa para el equipo culé con gol de Koeman en la prórroga ante la Sampdoria en Wembley. El mismo combinado que sembró sueños en el césped cosechó frustración ante un Camp Nou con uno de sus peores registros de asistencia en el homenaje a esta generación por el 25 aniversario de la hazaña.

Es normal que Guardiola buscase resarcirse del eco del Camp Nou en tan señalada fecha con un baño de multitudes, aunque el coste de oportunidad fuese tachar a España de Estado autoritario y secuestrador de la voz de la democracia. Sabrá Guardiola mucho del fuera de juego, de táctica y estrategia, pero poco del estado de derecho requerido para que se sustenten las decisiones democráticas que solicita.

Después de toda la zozobra de los últimos meses por escándalos e indefiniciones de acción y problemáticas entre los partidos, sumado todo a la ausencia de repercusión internacional; el secesionismo, como el Barcelona post Guardiola, requería reconvertirse. Los espacios políticos mediáticos han sufrido un desgaste con la actualidad política de los últimos meses y la cuestión catalana es el nuevo día de la marmota tras las elecciones generales del pasado año.

Es por ello que Guardiola es el tiro con el que procuran matar dos pájaros: copar también los espacios deportivos que la directiva del Barcelona no ha logrado declarando su apoyo al referéndum y ganar repercusión más allá del pirineo catalán. Lástima que haya coincidido esta exposición con el poco reconocimiento recibido por la institución a la que hizo campeona de Europa.

El manifiesto soberanista no se escondió, alardeó y se cimentó sobre el mayor problema de España para con el problema catalán. “Todos conocemos los intentos para acabar con el modelo de escuela catalana, pilar de la cohesión social” proclamó el de Sampedor. Sabe bien el redactor del discurso que si esto pasase, sería el talón de Aquiles de la ensoñación catalana. Para situarnos: La OCDE señaló este enero que los centros educativos españoles ocupan el puesto 31 de un total de 35 en cuanto a autonomía en una enseñanza dependiente de los regionalismos. Lo que se traduce en una dependencia absoluta a la autoridad competente, los gobiernos autonómicos.

Esto significa que en una región como Cataluña, los centros no pueden evadirse de que se enseñen mentiras históricas, sociales y hasta geográficas. Mentiras, tal y como mostró en su informe la Asociación por la Mejora de la Educación Secundaria (AMES) este mes de abril que no dudó en titular dicho documento como “Adoctrinamiento ideológico”.

No hace falta escudriñar mucho más el discurso pronunciado por Guardiola, basado en la acusación porque se cumplan los requisitos constitucionales. Tampoco señalar lo ridículo de tener que acudir a una personalidad que mueve masas, sí, pero poco tiene que ver con el manifiesto que leyó; que ya es por todos sabido. Ahora toca pedir que, como aquel 20 de mayo del 92 en Londres, en el minuto 113, dos minutos tras el gol de Koeman, sustituyan a Guardiola y que se atreva a jugar Puigdemont.

Periodista en CESAL. Estoy aprendiendo siempre. Me apasionan la política, las causas sociales y la literatura. Soy un poco laísta cuando puedo y acentúo los 'sólo' cuando significan solamente. Formo parte del equipo de Democresía.

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