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1714, 1914, 2014… ¡Feliz Navidad!

En Asuntos sociales/Cataluña/España por
Tiempo de lectura: 3 minutos
Imagen de la Tregua de Navidad de 1914, durante la I Guerra Mundial

Se nos termina 2014. Se acerca la Navidad de un año que ha sido díficil, muy difícil, y en el que la convivencia entre los españoles ha sufrido varapalos importantes. Cabe esperar que muchas sobremesas de Nochebuena sean algo más tensas, quizá incluso tristes, de lo habitual.

Este ha sido un año, además, marcado por las referencias bélicas, entre las que destacan, por encima de todo, el centenario del comienzo de la I Guerra Mundial y, debido al interés político de algunos, el final de la Guerra de sucesión (1714) con el sitio a la ciudad Barcelona.

Aprovechando la cercanía de las fiestas y las conmemoraciones, quería presentarles un suceso, relativamente poco conocido, que tuvo lugar la Navidad de 1914 en el frente occidental de la I Guerra Mundial. En un lugar donde combatían alemanes, escoceses y franceses, cerca de la localidad belga de Ypress, en medio de los mutuos bombardeos, de la suciedad de las trincheras y de los cadáveres congelados, algunos centenares de hombres mugrientos celebraron la Navidad de un modo extraordinario, que ha sido magníficamente adaptado al cine por el director francés Christian Carion.

La tregua de Navidad

Tras casi cinco meses de enfrentamiento y desgaste en las trincheras, la víspera de Navidad se produjo un hecho maravilloso, algo de una humanidad pasmosa. Los propios combatientes acordaron una tregua a espaldas de sus mandos para celebrar la fiesta y acabaron celebrando juntos una Navidad que ha pasado a la historia. Les dejo que vean un momento de la película:


La tregua dio lugar a algunas imágenes inéditas en la historia bélica. Algunos ejemplos son la celebración de una misa del Gallo en pleno frente, la noche del 24 de diciembre, y a la que acudieron los tres ejércitos. O la celebración de partidos de fútbol entre las “selecciones” de los mismos ejércitos que horas antes trataban de matarse. También se produjeron escenas de confraternización y mutuo conocimiento que todavía hoy asombran a quienes las contemplan.

  • Imágenes de la Tregua de Navidad en el frente de Ypres
  • Imágenes de la Tregua de Navidad en el frente de Ypres
  • Imágenes de la Tregua de Navidad en el frente de Ypres
  • Imágenes de la Tregua de Navidad en el frente de Ypres
  • Imágenes de la Tregua de Navidad en el frente de Ypres
  • Imágenes de la Tregua de Navidad en el frente de Ypres
  • Imágenes de la Tregua de Navidad en el frente de Ypres
  • Imágenes de la Tregua de Navidad en el frente de Ypres
  • Imágenes de la Tregua de Navidad en el frente de Ypres
  • Imágenes de la Tregua de Navidad en el frente de Ypres

 

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Una oportunidad de encontrarnos

Muchos de aquellos hombres no serían ya cristianos más que por tradición, con toda seguridad. Tampoco lo es, a un nivel más evidente, la sociedad en la que el nacionalismo pseudo-religioso y las ideologías clasistas tratan de enfrentarnos. Sin embargo, la contemplación del misterio de la Navidad –Dios que se entrega a los hombres como un niño de pecho– les unió aquella noche de forma fraternal.

Para muchos hogares, Navidad no es más que una celebración de la familia y esa sola festividad justifica sentarse a la mesa, por lo menos una vez al año, con parientes, hermanos, primos, tíos, padres, a los que en muchas ocasiones no se estaría dispuesto a soportar en otra circunstancia.

Cada año ocurre que somos capaces de abrazar a algunos que son casi como desconocidos para nosotros en comparación con nuestras relaciones más cercanas, pero a quienes nos sentimos unidos por un vínculo insalvable, un vínculo familiar.

Eso no quita que haya diferencias, ¡vaya si las hay!. Uno puede imaginarse las discusiones que tendrían también aquellos hombres sucios, cansados y cubiertos de manchas de sangre que salieron de sus trincheras aquella noche del 24, pelados de frío, para celebrar la Navidad con el enemigo.

Y, sin embargo, ellos sí fueron capaces de entender aquella noche en qué consiste ser hombre, y de reconocer en el otro a alguien a quien se parecían más que a quienes trataban de enfrentarles. ¿Somos capaces nosotros?

Ojalá que esta Navidad sea ocasión de encontrarnos con los nuestros, sean de donde sean, tanto si es para disfrutar del entrañable clima familiar como para poner de manifiesto las diferencias políticas (o futbolísticas) en las discusiones de sobremesa. La convivencia real con los nuestros es lo único que puede salvarnos de las guerras de puro y salón (ahora también de Twitter), las que son solo ideológicas, las inventadas.

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Si además son ustedes católicos o cristianos de alguna denominación, entonces, todavía más, únanse para celebrar que en palabras del Barioná de Jean Paul Sartre:

«Me desborda la alegría como una copa rebosante. Soy libre, tengo mi destino en mis manos. (…) Tenemos que ser dichosos –le dice a su mujer–: te quiero y Cristo ha nacido».

‘Barioná o el hijo del trueno’. Jean Paul Sartre

¡Qué tengan una feliz Navidad!

(@IgnacioPou) Soy un catalán felizmente afincado en Madrid. Agnóstico futbolístico (para mi tranquilidad) pero católico. Periodista, actualmente trabajando en Europa Press y estudiando Ciencias Políticas y Máster en Filosofía. Amante de la filosofía, la antropología y la política, todo ello enmarcado en una vocación por comprender y comunicar más y mejor. En ello consiste la misión de mi vida.

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