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The Newsroom (I), una lección de periodismo

En Dialogical Creativity/Periodismo por
Tiempo de lectura: 5 minutos

Aaron Sorkin es uno de esos creadores exagerados y, por eso, aunque merece toda mi confianza, he esperado tres capítulos para decir con rotundidad y en titular una intuición que deseaba que fuera cierta: The Newsroom merece ser considerada como un material de referencia para el aprendizaje de la teoría y la práctica del Periodismo en las universidades. Si el primer capítulo planteaba con firmeza los ideales del gran periodismo anglosajón, el segundo se volcaba en los cómos y el tercero muestra con radical crudeza un antiguo dilema que tal vez no sea tal: o buen periodismo o rentabilidad.

También desearía que fuera -como ha ocurrido con otras series y profesiones- un despertador de la vocación dormida de muchos jóvenes, que sólo necesitaba para despertarse -como todas las vocaciones- un ejemplo concreto de que algo así existe y merece la pena luchar por ello. No importa estar a favor o en contra de las tesis sobre el periodismo (o la política) que se defienden en la serie. Eso puede discutirse. Lo importante es que por lo general se plantean con la altura moral e intelectual como para poder discutir en serio.

Como amante de la narración audiovisual debo decir que la serie me parece de una calidad notable. La elección de los personajes y los arquetipos, el planteamiento y la resolución de los conflictos, el guión, la realización, el ritmo… quien conozca El ala oeste de la Casa Blanca reconocerá en el espíritu y en los aspectos formales la huella de Sorkin. Otros más sabios que yo en este campo (y que han visto ya los 10 capítulos de la primera temporada) han escrito sobre la serie. Alberto Nahum no le perdona una, y por eso les recomiendo leer su exhaustiva crítica. Conecto más con las apreciaciones de Mar Guerrero (@Jaina_S). En todo caso, las críticas formales de ambos no invalidan lo que expongo en los párrafos anteriores.

Termino, por lo tanto, con un propósito: incorporar en este blog, bajo la etiqueta #TheNewsroom, la transcripción de algunas de las secuencias dela serie que sean auténticas joyas para el aprendizaje y el debate sobre el valor del periodismo. Como la tarea no es poca, y la selección puede ser subjetiva, os animo a añadir en comentarios las vuestras.

 

Discurso inaugural

El vídeo recoge la primera secuencia del primer capítulo de la serie The Newsroom y es una declaración de intenciones en toda regla. La escena es la siguiente: Will McAvoy, Louise y Sharon, tres referentes del periodismo profesional, acuden a una escuela de Periodismo para responder a las preguntas de los estudiantes. El encuentro se retransmite en directo y un profesor ejerce de moderador.

Las preguntas de los estudiantes y la insistencia del profesor para que Will se moje provocan en el protagonista una reacción que no sólo inspira el tono de la serie, sino que plantea las cuestiones más difíciles sobre el sentido del Periodismo:

  • ¿Debe el periodista ser neutral?
  • ¿Debe el periodista estar al servicio de una ideología?
  • ¿Qué papel juega el periodismo en la democracia y/o en la grandeza de un país?

Lo que sigue, es la transcripción entera del diálogo de esa primera secuencia.

«Steven [desde el público]: Me llamo Steven, estoy en primero y mi pregunta es para Will McAvoy. ¿Se considera usted demócrata, republicano o independiente?

Will: Me considero seguidor de los New York Jets, Steven.

[Risas del público]

Profesor: Ya que sacamos el tema, ha evitado sistemáticamente expresar o incluso sugerir su filiación política. ¿Es porque como presentador de noticias cree que la integridad de su emisión se vería dañada?

Will: Eso parece una buena respuesta, la hago mía.

Profesor: Apareció una columna en la web de Vanity Fair de Marshall Westbrook, la habrá visto, en la que lo llama “el Jay Leno de los presentadores de noticias: es popular porque no molesta a nadie”.

Will: Sí.

Profesor: ¿A usted qué le parece?

Will: Envidio las cifras de audiencia de Jay.

Profesor: ¿Estaría dispuesto a decir esta noche si se decanta por la izquierda o por la derecha?

Will: He votado a candidatos de ambos partidos mayoritarios.

Profesor: Pasemos a la siguiente pregunta.

Jenny: Hola, me llamo Jenny, estoy en segundo y la pregunta es para los tres. ¿Pueden decir en pocas palabras…? [Risas del público] Bueno, ya me entienden: ¿pueden decir por qué América es el mejor país del mundo?

Sharon: Diversidad y oportunidad.

Profesor: ¿Louis?

Louis: Libertad y libertad. Y espero que siga así.

Profesor: ¿Will?

Will: Los New York Jets.

[Risas del público]

Profesor: No. Le pido que conteste a esto. ¿Qué hace que América sea el mejor país del mundo?

Will: Bueno, Louis y Sharon ya lo han dicho: diversidad y oportunidad y libertad y libertad. [Breve silencio. Una mujer le muestra un cartel desde el fondo de la sala: “No lo es, pero puede serlo”].

Profesor: No dejaré que se vaya sin contestar a la pregunta.

Will: Bueno, nuestra constitución es una obra maestra. James Madison era un genio. La declaración de Independencia es para mí lo mejor que se ha escrito en América. [El profesor le mira intensamente]. No le veo satisfecho.

Profesor: Una es un corpus legal y la otra es una declaración de guerra. Quiero me dé un momento humano. ¿Qué hay del pueblo? ¿Por qué América…?

Will: ¡No es el mejor país del mundo!, profesor, esa es mi respuesta.

Profesor: ¿Quiere decir…?

Will: ¡Sí!

Profesor: [Busca cambiar de tema] Hablemos de…

Will: ¡Vale! ¡Sharon! Los editores son unos pringados, sí, hablamos de un centavo de nuestra nómina, pero te golpean con eso siempre que quieren. No cuestan dinero, cuestan votos. Cuestan tiempo de radio y columnas de prensa. ¿Sabes por qué no gustan los liberales? Porque pierden. Si esos cabrones son tan listos, ¿cómo es que pierden siempre, joder?

[Ahora mira a Louise] ¿Vas a decirles sin reírte a los estudiantes que América es tan maravillosa y cuajada de estrellas que somos los únicos en el mundo que tenemos libertad? ¡Canadá, tiene libertad! ¡Japón, tiene libertad! El Reino Unido, Francia, Italia, Alemania, España, ¡Australia!, Bélgica, tienen libertad. Hay 207 estados soberanos en el mundo y 180 tienen libertad.

Profesor: Veamos…

Will: En cuanto a ti [señala a la alumna que formuló la pregunta], ah, pijilla, por si casualidad entras en una cabina a votar, hay varias cosas que deberías saber y una de ellas es que no hay una sola prueba que apoye la afirmación de que somos el mejor país del mundo. Somos el séptimo en alfabetización [la gente del público empieza a grabar a Will con sus smartphones]. El vigésimo segundo en ciencia [Nota del Transcriptor: no me digáis que no es una delicia leer “vigésimo segundo” en lugar de “veintidosavo”], el cuadragésimo noveno en esperanza de vida, el 178 en mortalidad infantil, el tercero en ingresos por hogar, el cuarto en mano de obra y el cuarto en exportaciones. Somos líderes mundiales en sólo tres categorías: número de encarcelados per capita, número de adultos que creen que los ángeles existen y en gastos de defensa, ya que gastamos más que los 26 siguientes juntos, 25 de los cuales son aliados.

Ahora bien, de esto no tiene la culpa una universitaria de 20 años, pero perteneces, sin embargo y sin duda alguna, a la peor generación que haya existido jamás, así que cuando me preguntas por qué somos el mejor país del mundo, no sé de qué coño me estás hablando. ¿De Yosemite?

[Largo silencio en toda la sala].

Claro que lo éramos. Defendíamos lo que era justo. Luchábamos por razones morales. Establecíamos leyes y las derogábamos por razones morales. Librábamos guerras contra la pobreza, no contra los pobres. Nos sacrificábamos. Nos preocupábamos por nuestro prójimo. Poníamos dinero en lugar de hablar y nunca nos jactábamos de ello. Construíamos grandes cosas. Realizábamos avances tecnológicos increíbles. Explorábamos el universo, curábamos enfermedades y cultivábamos los mejores artistas del mundo y también teníamos la mejor economía.

Nos dirigíamos a las estrellas.

Actuábamos como hombres, aspirábamos a la inteligencia, no la despreciábamos, no nos hacía sentirnos inferiores. No nos identificábamos por a quién habíamos votado en las últimas elecciones, y no, no teníamos miedo. Éramos capaces de ser y hacer todas esas cosas porque estábamos informados por grandes hombres. Hombres reverenciados. El primer paso para resolver un problema es reconocer que existe. Así que América ya no es el mejor país del mundo. [Se queda mirando al profesor]. ¿Suficiente?».

Aquí tienes el corte de la serie con el discurso doblado al castellano:

 

  • Este es el primero de una serie de artículos publicados originalmente en Dialogical Creativity y reproducidos con permiso del autor.

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