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El ejercicio de la caridad

En Ética por
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No entendemos muchas cosas, entre ellas, la caridad, y todo lo que se deriva de ella, y las cosas al no entenderse, se sacan de quicio.

Sin entrar en creencias de ningún tipo, la caridad es un bien preciado, aunque muchas veces despreciado por la sociedad.

Normalmente nos suele gustar, y más que un gusto es, muchas veces, una necesidad, entender aquellas cosas que vemos. Para entender la caridad y los actos que se derivan de ella, tenemos que ir a la base que construye la caridad.  La caridad se basa en el amor desinteresado. Desinterés. Hacer algo por amor al arte, que se suele decir.

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Al ver actos de caridad a nuestro alrededor, solemos pensar de dos maneras; desconfianza sobre el acto en sí y sobre la propia persona que lo realiza; pensando que es claro que detrás de esa acción se está buscando una finalidad (egoísta), que ese acto está enfocado a saciar una necesidad exclusiva del que realiza dicha actividad.

La otra idea que nos suele venir a la mente es que esa persona es estúpida. Que ese sujeto es un pobre inocente y no sabe de qué va la vida. Utilizando el término de inocente con una connotación peyorativa.

La caridad es el resultado final de otros muchos hábitos. Es decir, un músculo que debe ser ejercitado, y donde todos esos ejercicios necesarios para conseguir un fuerte y bonito six pack son los hábitos precisos para alcanzar la caridad.

Ahora en serio, si miramos a nuestro alrededor, tal vez no nos cueste tanto esfuerzo encontrar ejemplos de este amor desinteresado. Como seres sociales que somos, vayámonos a la raíz, a la base de la sociedad nuestra en la que vivimos. ¿Y qué nos encontramos? La familia, y es aquí donde se practican una gran cantidad de estos actos derivados de la virtud de la caridad y donde nosotros aprendemos lo que es el amor desinteresado.

Pues bien, para aquellos que no entiendan los actos desinteresados que ciertos sujetos realizan por amor a su sociedad y a aquellos que viven en ella, tal vez, un buen ejercicio que podrían hacer sería pararse a pensar qué actos de caridad realizan ellos, que efectivamente alguno realizarán, aunque sea dentro de su propia familia, y preguntarse el por qué los hacen.

Al ver actos de caridad a nuestro alrededor, solemos pensar de dos maneras; desconfianza sobre el acto en sí o que esa persona es estúpida”.

Cuando lleguen a la respuesta, que seguramente será por amor desinteresado, entenderán que, efectivamente, sí que existe esta realidad preciosa; actos cuyo único fin es mejorar la vida del que se tiene al lado, sin que, necesariamente, el autor de dicho acto sea un personaje egoísta con deseos maquiavélicos, o un pobre idiota e inocente que no se entera de cómo funciona el juego. Cuando muchas veces es, efectivamente lo contrario.

 En este mundo con ricos y pobres, el que los ricos practiquen actos de caridad (desinteresados), admirables por cierto, no debiera ser algo criticable, sobre todo cuando los beneficiarios de estas acciones son enfermos de cáncer. Sino que debiera ser un hecho ante el cual aplaudir, agradecer, y por qué no, del que aprender.

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Segoviana y graduada en Derecho, buscando un hueco en el mundo (en Liverpool). Me gusta disfrutar y hacer disfrutar. Sin humor y sin música la vida sería un aburrimiento, así que sube el volumen.

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