[CONTRARRÉPLICA] La inmigración y la aporofobia

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En su libro Teoría de los sentimientos morales, Adam Smith escribe sobre la condición humana, reflexionando sobre la mezcla de matices existentes entre los sentimientos de simpatía y egoísmo hacia los sentimientos ajenos:

“Por más egoísta que quiera suponerse al hombre, evidentemente hay algunos elementos de su naturaleza que lo hacen interesarse en la suerte de los otros de tal modo, que la felicidad de éstos le es necesaria, aunque de ello nada obtenga, a no ser el placer de presenciarla. De esta naturaleza es la lástima o compasión, emoción que experimentamos ante la miseria ajena, ya sea cuando la vemos o cuando se nos obliga a imaginarla de modo particularmente vívido. (…) El mayor malhechor, el más endurecido transgresor de las leyes de la sociedad, no carece del todo de ese sentimiento”.

Al igual que cita Smith y en referencia al acercamiento al extranjero y a lo diferente, en la condición humana existen una mezcla de sentimientos tan compleja que no nos permite ni un análisis generalista ni tampoco llegar a conclusiones meridianas debido a los múltiples sesgos cognitivos (ideológicos y emocionales mayoritariamente) que afectan a la vasta mayoría de la población y que nos impiden creer o hacer lo que de verdad deberíamos creer o hacer según las evidencias de las que disponemos.

La recepción del extranjero con curiosidad y expectación puede ser que esté idealizada siempre y cuando se acepten dichos conceptos como positivos, ya que tanto la curiosidad como la expectación son malos compañeros de viaje si vienen acompañados de  una concepción negativa del papel que esos migrantes van a jugar en la sociedad a la que llegan basadas en prejuicios procedentes de formas de interpretar los flujos migratorios que se apoyan en patrones ideológicos antiguos y que nada tienen que ver con la realidad y con el tipo de sociedad de hoy. Como dirían los psicólogos políticos Huddy, Sears y Levy, “la toma de decisiones políticas con frecuencia está plagada de sesgos que favorecen el pensamiento y la lógica habituales por encima de la consideración atenta de la nueva información“.

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Además, uno de los matices que condiciona esa expectación es el del volumen del flujo migratorio. El tipo de contacto entre el extranjero y la población local es muy importante, ya que el principal problema de esta migración es su carácter masivo. Según los datos del último balance migratorio en las costas andaluzas que realizó APDHA, en 2017 llegaron por vía marítima poco más de veinte mil inmigrantes (treinta mil si le añadimos los que acceden por tierra), y en lo que llevamos de 2018 ya se ha superado la cifra del año anterior, es decir, recibir a una media oscilante según el mes de dos mil personas en una región que padece de una situación social y económica bastante ajustada en algunos rincones, hace que sí que pueda nacer ese concepto de miedo básico hacia lo que viene de fuera si no existe una gestión conjunta institucional adecuada. Como dices en la réplica cuando citas a Derrida, “el propio acto de la hospitalidad no está carente de violencia en virtud de su finitud”.

También es cierto que utilizar el miedo a la diferencia como cajón de sastre en el que todo cabe es en ocasiones una justificación simplista que encubre mil y un matices sobre los propios prejuicios, pero no creo que llegue a ser simplemente retórica, sino un sentimiento humano basado en instintos primarios que provocan “la incomodidad por lo diferente a la que te refieres” y que se ve alentada por recursos manipulados para conseguir ofrecer ese dramatismo y morbo necesario que todas las noticias deben llevar incorporadas hoy y que lo que buscan es dirigirse directamente al estómago del usuario en lugar de a su razón.

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Por ejemplo, si miramos de nuevo las estadísticas de la llegada de migrantes e intentamos hacer un ejercicio de empatía con la población de acogida (la provincia de Cádiz para este ejemplo), la zona ha visto aumentada en un 300% la llegada de inmigrantes a sus costas. Si a eso le sumamos que es la región española con el desempleo estructural más alto de España, se puede llegar a la conclusión de que haya personas que se sientan violentadas porque no terminen de comprender cómo una región con una incapacidad de gestión social tan evidente pueda acoger y dar cabida a semejante volumen de población y en tan corto período de tiempo. Al discurso dirigido a los instintos más básicos carente de reflexión profunda no se le debe considerar baladí en un sistema político como el que tenemos en Occidente. Para muestra, un botón: Salvini y su renovado auge de popularidad.

Pero el problema principal es la inadecuada identificación del sujeto o causa hacia la que hay que dirigir la acción. Al final, estas mismas personas que migran hacia Occidente en busca de mejores condiciones de vida son utilizadas en origen del problema como imagen de la amenaza y posteriormente serán reutilizadas como causas de problemas que ya existían anteriormente, exonerando de culpa a aquellos que ya ejercían la ilegalidad previamente a la llegada de estas personas.

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Wolfgang Sofsky mantiene como idea central en Tratado sobre la violencia  que “lo que mantiene unida a la sociedad no es un impulso irresistible de sociabilidad, sino que es la experiencia de la violencia y el temor a los otros”. Además, esa violencia nace en la libertad absoluta de la que se disfruta en el estado de naturaleza. Dicha violencia está siempre presente, no se crea ni se destruye y “lo que llamamos violencia no es sino una mutación de la misma que la deja intacta aunque más o menos camuflada“.

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Quizá el conflicto que viene tenga sus raíces en la no actuación en unos casos y la sobreactuación en otros sobre estos problemas. Los diferentes conceptos de vida que existen entre los que llegan y los que están, el valor de la vida en unos y en otros y la fragilidad del intercambio cultural crean una dinámica social inestable de la que sacan provecho aquellas voces que reivindican estructuras sociales caducas y modelos de gestión cortoplacistas que no conducen más que al estancamiento moral e intelectual.

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Docente por vocación y disfrutando del grado en Ciencia Política. Muy seguro de que la vida nos ofrece tantas oportunidades como ganas tengamos de vivirlas"