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Mujer muda busca monstruo del pantano para lo que surja

En Amor y sexualidad/Cine por

Hubo una época donde los “bichos raros” se agolpaban en torno al televisor por la noche.

En esa franja delirante comprendida entre la 01:30 de la mañana y las 06:00 de la mañana, místicos en calzoncillos, beocios sin remedio, perezosas de toda clase y condición, insomnes empedernidos o padres primerizos con restos de baba neonatal en el pijama, se agolpaban frente a la caja de luz a ver una y otra vez las bondades de determinada lijadora, de una mopa que limpiaba hasta el pasado, un concierto de jazz de tres al cuarto, documentales del cine húngaro de los años 30 o, para los más decididos o más voluntariosamente despistados, una variedad extraordinaria de películas pornográficas;  especialmente burdas y especialmente frecuentes en las cadenas locales y regionales.

Lo que ahora revisa Zuckerberg en cada whatsapp calenturiento, antes se ocupaba un mandao de la programación  de la tele del barrio.

En este último caso, antes de que Tinder nos pusiera a discernir sobre el eros, uno se podía encontrar, entre embestidas y diálogos de lo absurdo, un tablón de anuncios para los ahogados en la soledad más picosa que, como decía Florentino Ariza en lo que Fermina Daza le abría las sábanas de su cama, es la de la carne.

Era en esa franja extraña de la noche donde antes de la aparición de las redes sociales todo se mezclaba. El olor a gato de la casa, la cerveza medio abierta, un calcetín en disposición confesional… Lo que ahora revisa -cuando tiene tiempo- el bueno de Zuckerberg en cada whatsapp calenturiento, antes se ocupaba un mandao, que no cabe hacer distinción de género en la parrilla de la tele del barrio.

Lo que más me despertaba la atención en ese momento, por lo jocoso y la curiosidad impertinente por encima del apetito básico, era que en la pequeña pantalla, ante el aderezo sexual que ocupaba la parte superior del recuadro azul, un hirviente chat primitivo se desarrollaba con vigor y frenesí.  Los mensajes eran escuetos, con su propia mecánica sintáctica y lingüística. La necesaria economización de las palabras a las que nos sometía la dictadura del SMS dotaba a las oraciones simples (o copulativas) -baluarte del flirteo televisivo- un aire sodomita de cantina del lejano oeste o un triste tablón de desaparecidos en la playa.

“Se busca pedazo de carne para ayuntamiento carnal”.

“Activo busca pasivo. Pasivo busca subjuntivo”.

“Hombre moreno, corpulento e interesante busca a delfín madurito. Esta noche en Palencia”.

“Mujer muda busca monstruo del pantano para lo que surja”.

Porque al final, esto es lo que ha quedado de “La forma del agua”, la última producción oscarizada de Guillermo del Toro.

La última travesura del director mexicano no es otra cosa que la clásica historia de amor, bien barnizada, eso sí, por el ingenio intangible y merecidamente reconocido del creador del Laberinto del Fauno o Mimic.

Hay una estética cuidada, una trama con sentido, un universo coherente, un desarrollo de personajes algo dubitativo pero sostenible y de pronto, casi al final, se corre una cortina de baño cincuentero para sobreentender que entre la chica muda y el monstruo del pantano va a haber tema.

Los hay, claro está, que han buscado hacer un atrevido y seguramente acertado razonamiento para la vida moderna sobre esa “conexión sexual” que no conoce de especies ni de géneros. Como una reivindicación de la imaginación fetichista que por fin desembarca en Hollywood tras cruzar el océano nipón, donde el Hentai llevaba fantaseando con plantas y cuerdas sinuosas destinadas para la dominación y el placer femenino desde hace décadas.

En este aspecto cabe resaltar la noticia que ha recogido la sección de “SModa” de El País, donde tras el estreno de “La forma del agua”, se han vendido como roscas recién horneadas consoladores que especulaban con la forma, longitud y aspecto del falo del anfibio antropomórfico.

 

Ahora toca al lector disculpar a los mediocres, simples y “noséquepatriarcales”, que sencillamente hemos visto en la película una historia interesante que tiene como premisa a una mujer muda terriblemente necesitada de amor, cariño y comprensión que se entrega en cuerpo y alma a un monstruo encerrado en una charca metálica. Ahí está el drama de la tensión dramática. Donde, todo sea dicho de paso, en realidad no cabe espetar la relación en cuanto a la posibilidad de encuentro, reconocimiento y afecto. Sin embargo consideramos gratuito o sintomático de una sociedad de juego de braguetas el marcar o evidenciar la relación de la chica muda y el bicho hasta el punto de dotarle de genitalidad. Todo ello cuando no queda muy claro si ese “recurso”  ayuda a contar la historia; dejando un olor pantanoso a fruto ideológico (propio de la Academia y con el que comulga Guillermo del Toro. Veánse los rostros franquistas del Laberinto del Fauno), que termina por despistar y sacar de la película a algunos de sus espectadores. Como los mensajes de alta carga erótica-festiva de mi cadena local.

Dicho lo cual, acudan raudos al cine. Se sorprenderán (si es lo que piden al comprar una entrada).

 

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Si te gusta el flamenco, te encantará el rebétiko

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rebétiko

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Negar la Transición

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A mediados de los años 60, un desconocido Gabriel García Márquez se puso a escribir. Dedicó 18 meses a dar forma a Cien años de soledad. Era una historia que llevaba dentro, que había madurado durante una década en su interior. Necesitaba contar esa historia. Pero el colombiano nunca pensó que estaba escribiendo el libro más importante, tal vez, del siglo XX.

A principios del siglo XVI, cumplidos ya los 50, Leonardo Da Vinci comenzó a dar forma al Retrato de Lisa Gherardini. Era un retrato más, otro retrato por encargo de los muchos que había creado a lo largo de su próspera vida. Puso lo mejor de sí pero seguro que el florentino no pensó en pintar el cuadro más reproducido, más admirado y más popular de la historia.

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Desconexión total

En Viñetas por
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Muchos dicen que cuando estamos conectados estamos hablando con otros. Pero, ¿conectarnos con otros no será una excusa para reafirmar que estamos encantados de conocernos a nosotros mismos? Al final, la soledad. Desconexión total.

Viñeta publicada originalmente en Don Castulo Daily Online y reproducida con permiso del autor.

Pastoral americana: rebelarse contra el vacío

En Democultura/Literatura por

La pastoral americana es el ideal de quienes, tras la Segunda Guerra Mundial, creían que la vida en los Estados Unidos era un paseo por un prado de hierba, en el que todo es orden, paz y tranquilidad. La pastoral americana es una existencia fundada en la libertad de hacer aquello que uno desea sabiendo que, en el fondo, lo que uno quiere es aquello que todos quieren. Pero la pastoral americana se terminó con una bala en la cabeza de John F. Kennedy el 22 de noviembre de 1963. El sueño se transformó en la pesadilla real de la Guerra de Vietnam o, en las Torres Gemelas reducidas a un montón de escombros el 11 de septiembre de 2001.

Hoy en día, la pastoral americana no es más que el pavo de ‘Thanksgiving Day‘, lo único capaz de poner de acuerdo a millones de americanos durante 24 horas, capaz de suspender el malestar y las incomprensiones, cubriéndolas con aquella máscara de serenidad y seguridad que caracterizaba la vida de sus padres. Sigue leyendo

La Libertad y una estatua solitaria

En Pensamiento por

En Liberty Island, en el puerto de Nueva York, se alza la estatua más colosal del mundo. Desde allí Libertad, vestida de diosa romana, alza en su mano derecha una antorcha iluminando el mundo y sostiene una tabula ansata en la izquierda, defendiendo la ley y la autodeterminación de los pueblos. Su rostro es sereno, imperturbable, con una gravedad que parece juzgar el mundo violento en el que vivimos y encontrar sus muchas carencias. O simplemente observar indiferente el monótono ir y venir de las vidas de los hombres.

Sus símbolos se agotan rápidamente y nos dejan insatisfechos. Apreciamos su monumentalidad y su valor para la humanidad. Proclama el valor de la libertad desde las costas de un pueblo que ha asumido históricamente la tarea de defenderla en todo el mundo. Sigue leyendo

Un mundo conversable

En Cultura política/Pensamiento por

En ese fondo inabarcable de relatos que nos legó Grecia, hay uno que cuenta que Zeus, apiadándose de Alcyone y Ceyx –a quienes había condenado a tomar la forma de pájaros alciones–, decretó que durante unos pocos días del solsticio de invierno, en medio de las inclemencias de la estación, se produjera la calma para que pudieran construir sus nidos y resistir así a los embates del clima.

Desde entonces, los días alciónicos han sido imagen recurrente para referirse a esos momentos de aparente inactividad, de tregua con las duras pruebas del día a día, que resultan sin embargo fundamentales para acometer la tarea de vivir y sobrevivir en medio de esto en lo que consiste ser-humano, que es primordialmente ser-en-relación o, mejor aún, ser-en-conversación. Sigue leyendo

Lucha que te lucha

En Asuntos sociales/Cultura política/Educación por

Este artículo se propone una tarea novedosa: utilizar el razonamiento de la filosofía política no para atacar las grandes cuestiones generales sino para responder a los problemas pequeños, aquellos que pueden ser confrontados con los datos. Hacer algo así como filosofía política a nivel municipal, a partir de una problemática concreta: la que gira en torno al pago de las actividades extraescolares.

Soy profesor universitario y padre de niños en edad escolar así que, posiblemente, haya sesgo subjetivo en lo que voy a decir pero… el inicio de curso me resulta fascinante. Diera la sensación de que la vida misma coge impulso en cada nuevo septiembre y, pese a que fácticamente sabemos que no es del todo así, no deja de ser esperanzador el que unos pocos cambios y movimientos en nuestras existencias sean capaces de generar tantas ilusiones. Sigue leyendo

Taxi Driver, hombre occidental en busca de sentido

En Cine por

“Por la noche salen bichos de todas clases: furcias, macarras, maleantes, maricas, lesbianas, drogadictos, traficantes de droga… Tipos raros. Algún día llegará una verdadera lluvia que limpiará las calles de esta escoria”. Este demoledor texto surgió de la alcoholizada mente de Paul Schrader en 1973.

‘Taxi Driver’ (1976), la obra maestra de Martin Scorsese, se gestó en la perturbada psique de un Schrader divorciado, desempleado, perdedor, alcohólico y “a punto de volverse un psicópata”, en sus propias palabras. Bien es cierto que las drogas han sido fuente de inspiración para exultantes autores, como Hemingway o Bukowski. Aunque también es verdad que a otros, como Edgar Allan Poe, les anulaba por completo. Sigue leyendo

Amistades II: la necesidad de construir una comunidad

En El astigmatismo de Chesterton por

De pequeño marzo era un mes malo.

Demasiado frío para correr en el patio, demasiado embarrada la tierra como para llevar el vaquero al suelo y hurgar con un palo en los poros de la roca. Siempre, el joven homo sapiens sapiens, en búsqueda activa de arcilla con la que pringarse las manos.

Las peonzas no rodaban, los gogos se manchaban y arañaban, los tazos se perdían en los charcos y las Magic, los cromos de la Liga y los Pokemon de cartón perdían color y la textura propia de sobre nuevo recién abierto. Obviamente, este problema era cosa ajena a los que tenían el mazo plastificado. Benditas madres. Sigue leyendo

5 razones que hacen de Moonlight una buena película… ¿Pero para un Oscar?

En Cine/Democultura por

Después del jaleo de sobres coprotagonizado por Faye Dunaway y el guaperas de los 60 Warren Beatty , “Moonlight”, la película de Barry Jenkins, fue elegida como el mejor film del año pasado en el bochorno planetario de los Oscar.

Con la distancia prudencial que nos otorga el espacio-tiempo, que nos ayuda a alejar a los haters incondicionales garantes del dogma de la academia hollywoodiense, me encuentro en disposición de comentar cinco puntos que hacen de Moonlight una película importante pero no merecedora del máximo galardón del cine actual por toda la controversia que lleva varios años girando alrededor de la Academia. Sigue leyendo

El gran combate: del deporte a la ideología

En Cuero/Pensamiento por

Cuando un ensangrentado y heroico Rocky Balboa (Sylvester Stallone) tiró a la lona a Ivan Danko (Dolph Lundgren) había vencido el “sueño americano”. El humilde dreamer de origen italoamericano, forjado en los suburbios al calor del tema “Eye of the Tiger” (Survivor), derrotaba en la cuarta parte de la saga al hierático y tecnificado mundo soviético. Sigue leyendo

Oscar Wilde y la decadencia de la mentira

En Democultura/Literatura por

Oscar Wilde es una de las figuras literarias más influyentes del siglo XIX. El autor de origen irlandés (de una Irlanda que en aquella época pertenecía al imperio británico) es principalmente conocido como dramaturgo y cuentista, pero muchos creen que el Wilde más brillante, astuto y complejo se esconde en su faceta ensayística.

‘La Decadencia de la Mentira‘ forma, junto con otros títulos, la biblioteca de ensayos de este importante escritor victoriano. En ella, Wilde se sirve de una fructuosa conversación entre dos amigos, los sagaces Cyril y Vivian, para entonar una apología del esteticismo y del “arte por el arte”.

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