Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Se alquila ciudad (solo por Airbnb)

En Asuntos sociales/Economía/España/Pobreza e inmigración por

Hasta antes de que estallara la crisis económica en el año 2008, cuyo principal desencadenante en España fue la burbuja inmobiliaria, persistía la mentalidad de que alquilar era “tirar el dinero”. Tanto es así, que en nuestro país a día de hoy casi ocho de cada diez personas son propietarias de su domicilio habitual, concretamente un 78,8% de los españoles. Esta cifra, por encima de la media de la Unión Europea (70,1%), hace de España un país de propietarios.

De acuerdo con los datos del último Eurostat, junto a nuestro país se encuentran en la cima de la clasificación Rumanía (96,1%), Eslovaquia (90,3%), Lituania (89,9%), Croacia (89,7%) o Hungría (89,1%), países con tasas de población propietaria muy altas, pero que cuentan con una historia, en cuestiones de propiedad, bien diferente a la de España

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J. Baldoví: “Si nos acostumbramos a vivir con la corrupción la democracia puede estar en peligro”

En Entrevistas/España/Vídeos por

Joan Baldoví ha crecido en un entorno rural y se nota.

Quizás haya quienes tras esta primera línea hayan hecho un aspaviento similar al chiste jocoso y de mal gusto, como si los que se ocuparon en entrevistarle en aquel entonces, buscasen alguna forma de descrédito gratuito del personaje antes de nada.

Pues no es así. Sigue leyendo

Interiorizar el fact-checking para tener una democracia más avanzada

En Periodismo por

No queremos que los políticos nos mientan. No queremos que la posverdad sea algo más que una palabra de moda. No queremos un periodismo complaciente. Y tampoco una audiencia que no escuche de una forma crítica. En definitiva, queremos una democracia más avanzada, y para ello tenemos que interiorizar el fact-checking. Nosotros lo llamamos ‘Pruebas de Verificación’, pero no es más que tener una visión crítica para con el discurso de nuestros políticos. O, dicho de otra forma, hacer un periodismo independiente y honesto. Trabajar para que la opinión pública goce de un filtro de calidad.

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Resiliencia socialista por Navidad

En Andalucía/España por

No es nada fácil sentarse en un banquillo. Bien sea por una trifulca con el casero o bien sea por haber formado parte de la “presunta” mayor causa de corrupción de tu país. Sigue leyendo

El vademecum contra la tiranía de Snyder

En Cultura política/Pensamiento por

Timothy Snyder es profesor en la Universidad de Yale. Hasta hace algunos meses ignorábamos completamente su existencia, pero he llegado hasta él porque quería leer algo inteligente acerca del peligro anti-democrático que constituyen los nuevos modelos políticos occidentales. Era, por lo tanto, inevitable que un título como On Tyranny. Twenty Lessons from the Twentieth Century (en español Sobre la Tiranía, publicado por Galaxia Gutenberg) despertase mi atención. Sigue leyendo

Pedro Sánchez ya es Pedro Sánchez

En España por

La nueva andanza de Pedro Sánchez al frente del Partido Socialista es una continuidad más liviana, en tanto que sus ideas y pretensiones están más depuradas de críticas en el seno del partido. No obstante, esta nueva etapa trae consigo para Pedro Sánchez dos herramientas que, combinadas, creo que ayudan a entender el “estado líquido” desde el que podemos mirar al PSOE hoy: el discurso y la coyuntura.

Se ha roto el maleficio de alianzas entre Pedro Sánchez y Podemos. A golpe de militancia. Como hiciera en diciembre de su primer mandato, se aseguró de contar con el apoyo de los socialistas de calle para que cualquier amago de disensión pusiera al intrépido osado frente a las masas. Sigue leyendo

[RESEÑA] Yo viví en un harén (I)

En Periodismo por

El oficio de periodista es lo suficientemente diverso como para acudir a simplificaciones sobre qué área del periodismo representa más fielmente la esencia de esta profesión. Cronista de sucesos, columnista de opinión, editorialista, director de sección, entrevistador, crítico de espectáculos, reportero, analista… facetas todas de un arte admirable, que nace de la urgencia de comunicar algo a alguien, que exige la convivencia más o menos prolongada con el objeto del artículo, la crónica o la noticia en cuestión y que adquiere relevancia por su valor eminentemente personal. Los productos del periodismo —escrito, radiado, visualizado— podrán transparentar más o menos la personalidad de los autores de sus piezas, pero en todo caso es un oficio que procede de personas que se dirigen a otras personas a las que dan cuenta de distintos aspectos de una realidad común protagonizada por personas. Sigue leyendo

La elección de la identidad

En Cultura política/Mundo por

Nacionalismo identitario vs. liberalismo progresista como dialéctica ideológica en el siglo XXI

Una convocatoria electoral, intrascendente tradicionalmente, señaló la esencia ideológica de la Identidad colectiva en el nuevo tiempo histórico de la Globalización (o Mundialización, en un sentido más completo).

La elección del nuevo Presidente de Austria en 2016, cargo más honorífico y representativo que ejecutivo, llenó las portadas de la prensa de medio mundo. Norbert Hofer, del nacionalista FPÖ, y Alexander Van der Bellen, del minoritario partido ecologista, se disputaban en una reñida segunda vuelta un cargo que durante medio siglo a casi nadie importó. Por primera vez en la Europa postbélica, un candidato más allá de la derecha tradicional podría convertirse en Jefe de Estado de un país occidental. Sigue leyendo

A pesar de todo, no pasarán

En Elecciones 26J/España por

Baltar, Brugal, Bárcenas, Conde Roa, Fabra, Gürtel, Naseiro, Nóos, Palma Arena, Púnica, Troya… Ningún caso de corrupción ha sido suficiente. También parece que nos ha dado igual la Ley Mordaza, los deshaucios, la fuga de cerebros, los papeles de Panamá, la sede embargada, el rescate a los bancos, la amnistía fiscal, los recortes en educación, en sanidad, en dependencia, y en todo en general, la reforma laboral, el abaratamiento del despido, la privatización de servicios públicos y un largo etcétera. El 26-J, el Partido Popular ha sido, de nuevo, el ganador de las elecciones generales.

Una campaña que comenzó a ritmo de merengue por parte del Partido Popular, y que ha finalizado con el “réquiem por un sueño” de Unidos Podemos, mientras que un Partido Socialista, sin música, trata todavía de afinar los instrumentos de la banda para comenzar la actuación, y Ciudadanos continúa en la búsqueda de músicos. En líneas generales, una campaña con mucho grito, poco debate y menos fundamento. Sigue leyendo

Los experimentos, mejor con Coca-Cola

En Elecciones 26J/España por

Hay una pregunta que desde ayer por la noche retumba con fuerza en las redes sociales, tras conocerse el salto adelante del PP en las urnas en las elecciones generales de este 26 de junio: ¿Por qué?

Mariano Rajoy y el PP, quizá uno de los candidatos y uno de los partidos con los defectos más a la vista de todos los ciudadanos, ha sido el único ganador de la noche. Mientras los demás líderes y formaciones han retrocedido en apoyo o se han mantenido a duras penas, el partido del Gobierno (que ya ganó las anteriores elecciones) no solo ha revalidado su mayoría sino que, contra todo pronóstico, la ha ampliado cómodamente. Sigue leyendo

Hablemos de pederastia: Spotlight

En Asuntos sociales/Cine/Democultura/Religión por

Spotlight ha ganado el óscar a la mejor película en la gala de este año. Y como todo comentario sobre temas candentes (si bien el de los abusos en la Iglesia lo es cada vez menos, que el tiempo amansa las emociones), ha separado en dos bandos a los opinantes. Algunos continúan en la ya clásica y aburrida dialéctica bélica del ataque y la defensa.

Por supuesto que es un debate ideológico. Una gran parte de los que han esgrimido en diestra durante estos años la lacra de la pedofilia contra la Iglesia Católica lo ha hecho por anticlericalismo y obedeciendo ciega y oportunamente intenciones retorcidas. Nadie se cree (ellos tampoco) que determinados medios de comunicación o colectivos sociales hayan puesto el dedo en la llaga por amor a las víctimas de los abusos; más bien por odio frío y manifiesto al agresor. Sus motivos tendrán, o no. La verdad es que me trae sin cuidado. Sigue leyendo

Vayamos poniendo fecha

En Elecciones 20D/España por

Una simple mañana en el Debate de Investidura ha bastado para saber que no va a haber Gobierno posible. Alusiones, reiteraciones, críticas, achaques e incluso descalificaciones han plagado unos discursos más propios de una campaña electoral que de un Parlamento.

Por si había alguna duda, se ha evidenciado la falta de entendimiento suficiente tanto para formar como para permitir formar un Ejecutivo: el Partido Popular y Podemos no van a votar ni abstenerse en favor de la coalición PSOE – Ciudadanos. Esto es política, y la política, tal y como defendían Anthony Downs, Klaus Von Beyme y demás teóricos reduccionistas, tiende más a semejarse a la economía que a la consigna armónica de la unidad en la diversidad.

Pero dejando de lado los ataques e improperios que los representantes de esta sociedad se lanzan de asiento a asiento, el debate evidencia lo que la mayoría de los españoles augurábamos. Primero, que aquí no hay quién se entienda (por más que se alce la voz) y, segundo, que los discursos empiezan a coger un color llamativamente electoral.

Claras son las posturas de Podemos y PP, visto que no consiguen lo que quieren: sillones, carteras y el control de determinadas instituciones como el CIS (ojito a la importancia de esta herramienta para un partido que tan bien ha sabido estudiar el mercado electoral) además de determinadas medidas políticas o, en el caso de los segundos, sea el hecho simple y directo de gobernar.

Con este panorama, ambos quedan en una posición de beneficio cero de cara al acuerdo y les obliga a marcar un discurso aguerrido y directo. La formación de Iglesias ataca duramente al PSOE, acusándole de deslealtad a su ideología y presentándose a sí mismo como el partido puro de la izquierda. Mientras, el PP se mantiene en sus trece argumentando su legitimidad gubernamental en su mayoría parlamentaria e incidiendo en el punto débil de los socialistas: la estabilidad y recuperación económica.

Podemos: acusa de deslealtad al PSOE y se presenta como el partido puro de la izquierda.

Algo más enrevesada parece la estrategia de Ciudadanos, aunque la intervención de Albert Rivera deja entrever lo que hay bajo el agua. Parecerá difícil de entender su acercamiento al Partido Socialista si, primero, no ha habido ningún guiño especial durante la campaña y, segundo, desde un inicio el propósito de formar gobierno parecía una temeridad. Sin embargo, después de escuchar su discurso en la Cámara y su feroz crítica al PP, el cual se presentaba como un candidato más factible a ofrecer su apoyo que el PSOE y con más opciones de gobernar, ha quedado claro que no ven salida alguna a unas próximas elecciones.

Ciudadanos: primero un acercamiento a la izquierda, después, un ataque al principal partido de la derecha.

Rivera comenzó el asalto a los populares en los puntos flacos tradicionales como la corrupción, el proteccionismo de los intereses empresariales y las puertas giratorias, pero también se lanzó a los puntos que los propios populares utilizan como escudo del miedo en su campaña: unas cifras de paro con las que no nos podemos conformar y la falta a su palabra sobre política fiscal en la campaña de 2011.

¿Es esto una declaración de intenciones? Primero un acercamiento al electorado de la izquierda, cuando tanto se le acusó de ser la marca blanca del PP y después un ataque al principal partido de la derecha. Por si acaso quedaba alguna duda, Rivera volvió a definir a su partido como un partido de centro y liberal. ¿Será esta la estrategia de Rivera ante la quimera de formar Gobierno y al ver que el resto de formaciones ya afila lanzas?

 

FOTO: Pedro Sánchez durante la sesión de investidura de este miércoles. PSOE

ETA

En España por

Hay una  historia que repugna tener que contar. Una historia triste, con héroes olvidados y villanos enaltecidos. Una historia donde los buenos no ganan y los malos no pierden. Una historia que huele a sangre y  a plomo. Una historia de amenazas y chantajes, de secuestros y extorsiones. Una historia de bombas en los coches y tiros en la nuca: la historia de ETA.

Sin embargo, tan infame como la propia historia ETA es la idea que de ella se está contando. El relato que hace pocos años sólo era repetido por los propios terroristas y por los que expresa o tácitamente los apoyaban, ahora ha calado en buena parte de la sociedad española que ha interiorizado muchos de los principios de la cosmovisión abertzale. A tratar de desmontar alguno de ellos dedicaré este articulo.

I. Los comienzos

En primer lugar,  hablemos del mito fundacional. ETA nace en pleno régimen de Franco como oposición armada al mismo. Esto hizo  que muchos españoles que militaban en la causa antifranquista vieran con simpatía unas acciones que interpretaban que iban destinadas a provocar la caída de la dictadura y acelerar, en consecuencia, la llegada de la democracia. Nada más lejos de la realidad. ETA no quiso acabar con la dictadura franquista sino sustituirla. Prueba de ello es que son precisamente los años inmediatamente posteriores a la aprobación de la Constitución en los que ETA despliega todo su potencial criminal.

 

Muchos vieron con simpatía unas acciones que creían que iban destinadas a provocar la caída de la dictadura. Nada más lejos de la realidad.

 

Frustrar la consolidación de un sistema democrático que garantizase la libertad y la igualdad de todos los españoles, que albergase en su seno todas las opciones políticas y que reconociese la diversidad cultural y social del país se convirtió en su principal objetivo.

Aunque el proyecto político de ETA era incompatible con la incipiente democracia se hicieron importantes esfuerzos por tratar de integrar a todos lo que habían militado en la organización. Así, nada más morir Franco, hubo un indulto general  del que se beneficiaron 12.000 presos,900 de ellos presos por razones políticas, en 1976 una amnistía parcial y en 1977 una amnistía general que supuso la liberación de todos los presos de ETA. Es verdad que hubo militantes de ETA que aprovecharon la situación para reconducir sus vidas y abandonar en terrorismo, pero no es menos cierto que la organización aprovechó esta situación para coger fuerza e incrementar de manera despiadada la dinámica criminal.

Además, la estrategia de ETA esos años es especialmente macabra: pone en su punto de mira a militares y guardias civiles, tratando de provocar así una reacción golpista. Había que acabar con la democracia y ETA encontró un instrumento utilísimo para ello en los sectores mas reaccionarios e inmovilistas del régimen anterior.

II. Un proyecto totalitario

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Es importante recordar que ETA es una organización política. Esta es una idea que no por obvia hay que dejar de repetir –más aun cuando vemos las reacciones  que provoca en mucha gente oírla en boca de Pablo Iglesias o Monedero–. Los miembros de ETA no matan por sadismo, odio o perversión. Los asesinatos son fríos y calculados, obedecen a una estrategia. ETA quiere imponer una dictadura identitaria de corte estalinista sobre el País Vasco, Navarra y el llamado País Vasco francés y para ello recurre a la violencia. La violencia es una herramienta, en ningún caso un fin.

 

La violencia es una herramienta, en ningún caso un fin. Su proyecto totalitario sigue siendo el mismo.

 

Por lo tanto, no debemos olvidar que aunque ETA no mate, lo que sin duda es una buena noticia, la izquierda abertzale no ha renunciado a ninguno de sus objetivos. Su proyecto político totalitario sigue siendo el mismo, simplemente considera más eficaz para su consecución dejar la violencia. Estemos atentos, para no dejarnos engañar, por todos aquellos que, diciendo que condenan la violencia ¡venga de donde venga! –desconociendo que uno de los principios básicos de cualquier democracia es el monopolio de la violencia por parte del Estado–, comparten proyecto político con los asesinos. Además,  quien así se pronuncia está legitimando  la actividad terrorista porque ante un violencia injusta la respuesta violenta se vuelve justa.

III. No es democracia

Ante el relato que  nos habla de bandos enfrentados, victimas de todas partes y sufrimiento colectivo es imprescindible plantarse y poner pie en pared. Digámoslo claro: la democracia no ha tenido una oportunidad en el País Vasco desde antes de la guerra civil. A los cuarenta años de régimen de Franco hay que sumarle otros cuarenta mas de totalitarismo etarra. No hay democracia en donde te expones a que te peguen un tiro si te sales de la ortodoxia nacionalista. No hay democracia donde la gente huye  de sus pueblos y ciudades por pensar diferente. No hay democracia donde la gente habla en voz baja de política, o no habla directamente. La opresión social, política e institucional ha sido tan fuerte que se cuentan por decenas de miles los exiliados. Si a ellos les sumamos los centenares de muertos y el incontable numero de sometidos por el terror vemos que ha tenido lugar es un verdadero intento de limpieza étnica y política.

 

Ha habido un verdadero intento de limpieza étnica y política en el País Vasco.

 

Esta situación pone aún más en valor la actitud de algunos ciudadanos que han plantado cara al terror y se han atrevido a condenar públicamente los crímenes que se estaban cometiendo. Mientras muchos miraban –bien por complicidad, bien por cobardía– para otro lado , hubo héroes que se atrevieron a salir a la calle, jugándose y perdiendo la vida, a plantar cara a los asesinos. Son una minoría a la que además se sigue intentado silenciar. Antes molestaban a los asesinos y sus cómplices, ahora a los profetas del nuevo “tiempo de paz”.

Tiene lógica que aquellos a los que el terror etarra les daba importantes réditos en forma de votos o  de puestos de trabajo quieran que se pase página rápido y no se rebusque entre la basura (no vaya a ser que descubramos como se beneficiaron del sufrimiento de tanta gente). También que aquellos cuyo silencio cómplice, y dinero, se tradujo en estrellas Michelin o fama internacional nos intenten contar una narración de los hechos tan falsa como inmoral. Pero no la tiene la rapidez con la que el resto hemos asumido ambas cosas.

Fernando Savater escribió un articulo, que a todos recomiendo, al hilo de la casi victoria de los partidos constitucionalistas en las elecciones autonómicas vascas del año 2001.  El Partido Socialista y el Partido Popular fueron de la mano para ofrecer una alternativa no nacionalista. Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo lideraron el proyecto, acompañados en el ámbito civil del propio Savater. En los años anteriores ETA había asesinado a Gregorio Ordóñez, a Miguel Ángel Blanco o a Fernando Buesa. Como en la Transición los militares o guardias civiles, o después jueces o fiscales, ahora los políticos de alguno de esos dos partidos se habían  convertido en objetivo prioritario. Las elecciones no se ganaron, pero abrieron, a pesar de la frustración, una rendija a la esperanza.

El articulo se titula “Viva el perder” y quiero que su ultimo párrafo sea también el de este artículo:

Sentirse animado o desanimado ahora es ya cuestión de carácter. Comprendo muy bien a los que, ante el olor y el color de lo que han sacado a flote estas elecciones, sienten la tentación de tirar de la cadena y marcharse dignamente. Pero yo prefiero acordarme de aquel ácrata, ‘tipógrafo que fue de La Moderna’ en el bello poema de Félix de Azúa, que gritó ante el pelotón de fusilamiento: ‘¡Viva el perder!’. Y permanezco junto a los que siguen jugando, aun sabiendo que hay tantas cartas marcadas. A los acomodaticios, a los resignados, a los amonestadores que todo lo adivinaron antes que nadie pero procuraron decirlo después, a quienes nos preguntan: ‘¿Habéis aprendido la lección? ¿Os arrepentís?…’, les responderemos la palabra sagrada con la que empieza la libertad: ‘¡No! Claro que no’.

Podemos: entre el fracaso y la consolidación

En Elecciones 20D/España por

La consultoría electoral persigue desesperadamente alcanzar el momento indicado en el que la opinión pública y el contexto responden positivamente a las acciones que los partidos y candidatos llevan a cabo. La demoscopia permite identificar aquellos temas que en la agenda pública y posibilita la realización de actividades alineadas con los intereses con mayor potencial electoral.

Hace no más de un año, tras el excelente inicio en una candidatura europea, las puertas de la Moncloa parecían abiertas al profesor y tertuliano devenido en político, Pablo Iglesias. La crisis y el desencanto de los españoles promovió el crecimiento exponencial de Podemos otorgándole 5 eurodiputados a tan sólo pocos meses de la creación del partido.

Durante toda la segunda mitad del año 2014 y la primera mitad de 2015, Podemos llegó a posicionarse como el segundo partido político en preferencia nacional (llegando incluso a convertirse en primera fuerza en las estimaciones durante los dos primeros meses de 2015). Hoy el panorama se ve diferente, siendo desplazado por el PSOE y por Ciudadanos en su carrera por convertirse en cabeza de la oposición y alternativa a un nuevo gobierno del Partido Popular. Sigue leyendo

Rajoy y la lucha por resistir

En Elecciones 20D/España por

Hay países donde la situación económica determina el resultado de una elección. Así, hasta la victoria de Obama en 2012, ningún presidente norteamericano había sido reelecto con un nivel de desempleo superior al 10%. La economía puede ser decisiva para la política, pero no constituye un lastre imposible de superar. Otros países se manejan en clave internacional, un entorno económico muy positivo no bastó al PP para superar el problema de 2004 y la crisis producto de la intervención española en Irak.

Las cifras van y vienen, pero las elecciones son constantes. Un adelanto de las elecciones en 2011 permitió al PP hacerse con su segunda mayoría histórica, y el inicio de lo que parecía ser un nuevo ciclo político. Recordemos que meses atrás, el Partido Popular había arrasado en las elecciones municipales, relegando a su rival histórico a las Provincias de Andalucía (donde también gobernaba a nivel autonómico) y Asturias. Salvo los tradicionales feudos inexpugnables de Cataluña y País Vasco, los populares parecían gozar de un poder total.

Mariano Rajoy, siendo un hombre de partido, despuntó por liderazgo organizacional, más que por carisma (apartado por el que siempre es criticado). Y fue precisamente esa fortaleza organizativa (que aprovechó la fuerte caída del PSOE), lo que permitió al PP ganar de forma aplastante en 2011. Sin embargo, una crisis heredada comenzó a hacer mella en la popularidad. Sigue leyendo

Debate a cuatro

En Elecciones 20D/España por

Esta noche, los representantes del Partido Popular, Partido Socialista, Ciudadanos y Podemos se medirán en un debate histórico.

Nunca antes en la historia democrática de nuestro país se ha visto una confrontación, directa y en el mismo plató, entre cuatro partidos políticos en la televisión por ganarse el voto de la población. Principalmente porque nunca antes cuatro partidos se presentaban con opciones a la Presidencia, o al menos de influir determinantemente, si tenemos en cuenta los resultados de las últimas encuestas. De inicio, el encuentro ya ha dado mucho de qué hablar.

La defensa del PP estará delegada a Soraya Sáenz de Santamaría, de quien son más que conocidas sus tablas dialécticas en el Congreso. El resto de los partidos estarán representados por sus líderes – Sánchez, Rivera e Iglesias –  que tratarán de apretar el ritmo en una etapa clave de esta carrera de fondo. Sigue leyendo

Revolcarse en la miseria

En Elecciones 24M/España por

rajoy y sánchez“La primera conclusión de estas elecciones es que el Partido Socialista ha alcanzado al Partido Popular”, dijo Pedro Sánchez ayer al empezar su valoración de los resultados electorales en España. Es cosa sorprendente. Cualquier otro menos creativo habría dicho algo así como “La primera conclusión de estas elecciones es que el Partido Popular ha alcanzado al Partido Socialista”.

El PSOE obtuvo en las elecciones municipales de 2011 un total de 6.276.087 votos, mientras que ayer le votaron 5.587.084. En torno a un 11% menos. Por otra parte, el PP obtuvo hace cuatro años un total de 8.474.031 votos, mientras que ayer recibió el apoyo de 6.032.496 personas. Casi un 29% menos.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que ambas formaciones concurrieron en 2011 en una situación excepcional: el PP obtuvo un apoyo muy superior al que acostumbraba, debido a que el PSOE estaba en sus peores horas.

Desde esta perspectiva, lo lógico sería mirar la evolución de los resultados desde 2007, si aceptamos que estas tuvieron lugar en un momento político de relativa estabilidad. Mirado así, la interpretación de lo ocurrido este domingo podría ser perfectamente la de una relativa vuelta de las aguas a su cauce para el PP, sin dejar de tener en cuenta el desgaste importante que ha sufrido (pierde 1,8 millones de votos en lugar de 2,44 millones de votos) y la de un estancamiento del PSOE en su peor momento (de 2007 a 2011 perdió 1,48 millones de votos y de entonces a esta parte ha perdido 689.003 votos más).

No el balde, el PSOE pedía el pasado 19 de mayo que “no había que comparar los resultados con los 2011” porque la situación “es muy diferente”. En realidad no lo es. El PSOE no solamente no ha sido capaz de remontar sino que sigue cayendo, y ahora sus votos los recogen en buena medida quienes sí han sabido tocar las las teclas para hacer bailar a los ciudadanos.

Por suerte para Pedro Sánchez, la espada de damocles que pendía sobre su cabeza hasta hace unos meses ha quedado mellada, al estrellarse contra unos malos resultados en Andalucía por su incapacidad para formar Gobierno. Susana Díaz ha mostrado sus cartas y no tenía más que doble pareja.

Por su parte, el PP se ha pasado de frenada y, pese a haber ganado las elecciones, va a tener que mancharse las sandalias y bajar a la arena política para conservar el suelo bajo sus pies. De no hacerlo, podría encontrarse en cuestión de una semana con que ha perdido prácticamente todo el poder territorial de un plumazo.

Más allá del “aviso” que algunos dirán que ha recibido (yo no estoy del todo seguro que haya sido un voto de castigo tanto como un verdadero cambio de liderazgo), quizá no sea un mal resultado para los populares (no hay que olvidar que han ganado y que son la primera opción de gobierno), y sea más bien una oportunidad para bajarse del caballo y empezar a hacer las cosas bien. No les queda otra.

En defensa del Parlamentarismo: de los espacios de copertenencia a la representación indirecta

En Cultura política por
Parlamentarismo Cortes de Cádiz Salvador Viniegra

Desde hace algunos años se recurre mucho a la comparación de los acontecimientos de nuestro siglo con los del periodo de Entreguerras del anterior. En términos generales, el populismo de derechas se ha identificado con el fascismo y el de izquierdas con el comunismo, y dentro de nuestras fronteras, se buscan parecidos de políticos conservadores con Franco, se analiza la “podemización” del PSOE a la luz de la “bolchevización” de este partido en los años treinta, o se rastrea la conexión entre Puigdemont y Torra con Macià y Companys. Todo ello en función de la ideología del analista, a veces con acierto y otras con propaganda, y no solamente en la política: gran parte del mundo ha redescubierto la mal llamada “Gripe Española” de 1917 a raíz del Coronavirus, y algunas marcas han resucitado en sus anuncios comerciales el espíritu de los Felices Años Veinte para transmitir optimismo en la venta de sus productos.

Estos análisis son muchas veces derivación del anacronismo, una tentación que siempre acecha al observador del mundo. Pero como escribía Jacques Maritain, “todo error encierra una verdad”. Es decir, todo lo malo o equivocado suele tener un atisbo de bien, indicándonos una tendencia del ser humano que, por la razón que fuere, no se ha desarrollado correctamente. En el caso del pensar anacrónico, nos anuncia que la persona es un animal histórico, y detectarlo a tiempo nos invita a buscar similitudes con el pretérito que hagan de la historia Magistra vitae en lugar de arma política. Con esta intención me gustaría reflexionar sobre un aspecto que me parece de los más característicos de la política actual, y que se presenta al comenzar los años veinte del siglo XXI con unas notas similares –aunque por supuesto, para nada idénticas– a las que eran evidentes en los del XX: la crisis del parlamentarismo. Y lo haré esencialmente de la mano de alguien que lo analizó por aquel entonces, y cuyas reflexiones siempre intento traer a colación por lo perspicaces que fueron: José Ortega y Gasset.

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La filosofía de Byung-Chul Han, una aproximación

En Antropología filosófica/Pensamiento por
filosofía de byung-chul han

La filosofía quizá no está de moda, pero el filósofo surcoreano Byung-Chul Han sí. Y es que existen pocos pensadores vivos tan mediáticos, como este coreano educado y afincado en Alemania. Su éxito radica en que ha sido capaz de explicar, con una claridad que se agradece, la situación existencial del hombre del siglo XXI. Byung-Chul Han es ante todo un radiólogo de las sociedades occidentales, un pensador atípico, un romántico con alma oriental. Sus ensayos breves, con un tono divulgativo que huye del academicismo, así como su lenguaje claro y repetitivo, le convierten en un autor accesible y popular. 

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Algunas pinceladas sobre Carl Schmitt y El concepto de lo político

En Cultura política/Pensamiento por

Carl Schmitt (Plettenberg, Alemania, 1888-1985) es conocido fundamentalmente por dos rasgos que contribuyen a agigantar su caricatura: primero, el hecho de que su obra principal (El concepto de lo político, 1927) propusiera que no había nada más político que distinguir a los hombres entre amigos y enemigos; segundo, la circunstancia de que fue uno de los grandes apoyos intelectuales del Tercer Reich (por lo menos en un inicio). Juntos, estos dos datos parecen proyectar la silueta de un pensador sanguinario, capaz de colaborar sin despeinarse con crímenes tan grandes como las que se cometieron en la Alemania de los años 30 y 40.

No obstante, para cualquiera que conozca algo acerca de él más allá de estas dos sentencias, Carl Schmitt es uno de los filósofos políticos más originales y audaces de los últimos siglos. Para discutir con él no basta con una reductio ad hitlerum que, aunque pudiera resultar sencilla, dejaría intactos buena parte de sus argumentos que siguen vivos en nuestra reflexión política. Por eso, sin intención de justificar los rasgos de su biografía que resulten injustificables, lo traemos aquí como una figura tremendamente influyente en el pensamiento político contemporáneo: así lo reconocieron desde Walter Benjamin o Laclau, muy populares en la izquierda marxista, hasta Leo Strauss, a quien los exaltados acusan de ser el padre del neoconservadurismo. A partir de Schmitt, casi todos los grandes pensadores políticos han tenido que contar con él, bien sea como interlocutor a batir o como cooperador necesario.

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China global: comunismo, capitalismo y nacionalismo

En Economía/Mundo por

Estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro

Kung Fu Tzu (Confucio)

Globalización china

Fueron los primeros en padecerla y los primeros en controlarla. En China nació la pandemia del Coronavirus, que superó rápida y eficazmente con supuestamente pocas victimas (en comparación con otros grandes países) y con secretos oficiales que supuestamente nunca existieron; e incluso se daban el lujo de enviar ayuda sanitaria a naciones necesitadas, a ganar dinero con las mascarillas y respiradores tan deseados, y reírse públicamente de los afectados y divididos EEUU de Donald Trump.

La República popular de China quería, y quiere, ser la primera potencia global y esta pandemia global era otra oportunidad. Porque durante el siglo XXI ha lanzado un gran proyecto económico, político, tecnológico y propagandístico para conseguirlo. El tercer país más grande del mundo por territorio, y el segundo por población, quiere sustituir a los EEUU como líder internacional, demostrando que una nación aún definida como comunista puede ser fortaleza capitalista (desde su peculiar versión) y referente nacionalista a nivel geopolítico (frente al hegemónico eje euroatlántico y sus miembros liberal-progresistas)

La Globalización parece que le ha venido como anillo al dedo. Al contrario de sus “hermanos soviéticos”, la China comunista sobrevivió a la caída del Muro del Berlín (como su vecina Vietnam), pero no como país colectivista subdesarrollado (de Cuba a Corea del Norte) sino como peculiar artefacto comunista-capitalista-nacionalista, capaz de adaptarse a un entorno aparentemente hostil no solo para subsistir, sino para vencer, e incluso convencer, ante la simple necesidad de usar y tirar (de bienes a relaciones, de valores a lealtades) en la que parece haberse convertido el mundo globalizado.

Existen tres claves interrelacionadas que harían obsoletos los manuales clásicos de ciencia política: comunismo, capitalismo y nacionalismo. Pero, ¿puede ser un Estado que apela al socialismo de partido único tener un sistema productivo más o menos capitalista?, ¿pueden capitalismo y comunismo encontrar puntos de encuentro sin desafiar a la lógica?, ¿y un régimen de supuesta naturaleza proletaria e internacionalista puede ser orgullosamente nacionalista o realmente no es ni verdadero comunismo ni auténtico capitalismo, sino solo un nacionalismo autoritario de élite restringida que se aprovecha del pasado y del presente para mantenerse?.

Posiblemente la respuesta a estas preguntas sea que no interesa una respuesta: pese a las diferencias ideológicas o a los distintos derechos humanos defendidos, da igual lo que sea o pueda ser quién nos fabrica nuestros artilugios, quién nos vende nuestras necesidades o quien nos enriquece con sus costos. Ahora y casi siempre.

Comunismo

“La vía china al socialismo”. Este es el lema de un régimen doctrinal, simbólica e institucionalmente comunista desde su fundación, que en el art. 1 de la Constitución se autodefinía, ni más ni menos con los ojos de hoy, de la siguiente manera: “la  República Popular China (RPCh) es un Estado socialista bajo la dictadura democrática popular, dirigido por la clase obrera y basado en la alianza obrero-campesina”.

El 1 de octubre de 1949, el líder comunista Mao Zedong proclamó el nacimiento de la RPCh. Tras la mítica “Larga Marcha” y la victoria de su Ejercito popular de Salvación en la Guerra civil china (1927-1949) frente al Kuomintang (o Partido Nacionalista Chino), se implantó una variante del comunismo estalinista en boga en las tierras del legendario Imperio (Zhōnghuá dìguó).

Hasta 1976 el país estuvo bajo el férreo control del “fundador” Mao y sus sueños de una total, revolucionaria y utópica transformación colectivista de la China rural, tradicional y atrasada. Llamado como el “gran timonel”, Mao aplicó una ingeniería político-social sin ningún tipo de escrúpulo moral, entre la colectivización a gran escala y la depuración sistemática de todo real o posible disidente, como se demostró en sus grandes campañas represivas: la primera estrategia “para suprimir contrarrevolucionarios”, el posterior programa “Tres Anti y Cinco Anti”, el sistemático “Movimiento antiderechista”, el tremendo “Gran Salto Adelante”, y la final y dramática “Revolución Cultural”.

Ante las evidentes dificultades económicas del sistema y la represión masiva insostenible, su sucesor Deng Xiaoping (1978-1989) encabezó un gobierno limitadamente aperturista (especialmente en lo económico, como veremos) que mostró sus contradicciones tras la persecución de las revueltas estudiantiles de Tiananmen. Por ello Jiang Zemin (1989-2002), Hu Jintao (2002-2012) y Xi Jinping (desde 2012) buscaron mantener la supervivencia del sistema acrecentando el contenido capitalista (bajo especial control del Estado) y nacionalista (sobre la mayoritaria etnia Han) del mismo. Desde el crecimiento económico como legitimación popular, la propaganda pública masiva como adoctrinamiento, la cooptación de elites empresariales en el seno del PCCh, la influencia geopolítica en el pretendido mundo multipolar, y una represión más selectiva apoyada en los comités vecinales y la censura oficial (especialmente desde 1996 con el llamado “Gran cortafuegos” de internet).

Capitalismo

La gran fábrica del mundo. Bajos salarios, escasas condiciones laborales, pocos controles medioambientales, disciplina productiva férrea, imitación a gran escala o uso intensivo de recursos naturales; condiciones que hacían de China el productor bueno, bonito y barato que inundaba de productos nuestras estanterías.

Todo comenzó en 1979, con un programa radical de reformas económicas ante la crisis casi terminal a la que abocó el sueño de Mao. Programa inscrito dentro del plan del periodo llamado como “Boluan Fanzheng” (o “eliminar el caos y volver a la normalidad”), impulsado por la facción reformista del PCCh, con el objetivo de superar los errores brutales de la “revolución cultural” de Mao y dar bienestar a la ciudadanía empobrecida a cambio de renovada lealtad. De la mano de Deng Xiaoping se aprobó el nuevo programa definido bajo el ideal de “socialismo con características chinas”, buscando transitar progresivamente de la estricta planificación colectivista (que hundía todos los indicadores) a una peculiar economía socialista de mercado (que garantizase primero el suministro básico, y después cierta expansión). Las hambrunas masivas y los problemas de financiación de esa época permitieron a esta nueva generación impulsar la inevitable aunque restringida transformación: inicialmente mediante la descolectivización urgente de la agricultura, la búsqueda de inversores extranjeros y el primer permiso para abrir pequeñas empresas privadas; y años más tarde con la privatización un notable porcentaje de la industria estatal, la eliminación del control de precios, y la exigida apertura de las políticas proteccionistas. Un proceso siempre dirigido por el PCCh que, entre avances y retrocesos (como tras la represión de Tiananmen, o bajo la etapa más estatista de la administración “Hu-Wen” de Jintao y Jiabao), entre 1978 y 2010 llevó a un crecimiento histórico de la economía china con una media del 9,5% anual, y al país desde 2014 al primer puesto como potencia industrial y exportadora y al segundo puesto de la lista mundial de PIB nominal. Un proverbio chino podría ser claro al respecto: “cuando el dinero habla, la verdad calla”.

Pero ésta fábrica comenzó a tener tiendas. Ya no solo fabricaban para las empresas occidentales a bajo costo, sino que sus negocios eran parte de nuestra vida, desde el ya muy habitual restaurante chino de menú económico y estándar, al bazar chino de horarios imposibles y amplísima oferta o al polígono de almacenes chinos donde se puede comprar de casi todo; e incluso sus marcas empezaban a ser referentes de nuestra elección por sus precios supuestamente baratos: móviles de Xioami o Huawei, electrónica de Lenovo o Anker, electrodomésticos de Haier o Hisense, videojuegos de Cheetah o Elex, y comercio en las aplicaciones de AliBaba. Y fábrica que se usaba también, al estar bajo supervisión o bajo capital estatal, como herramienta de influencia geopolítica mundial, especialmente bajo la presidencia de Xi Jinping; a ello respondían las impresionantes inversiones en África en búsqueda de recursos naturales (como las “tierras raras”), o el sueño de la “Nueva ruta de la Seda” para interconectar, más económica y rápidamente, Europa y Asía.

Nacionalismo

Comunismo y capitalismo necesitan de una Nación a la que dominar y representar, y a la que poner a trabajar y a consumir. Una Nación que debía ser la continuación de una civilización milenaria, que tenía que ser uniforme internamente (en su lengua y sus símbolos), que debía ser diferenciada de vecinos y adversarios, y que tenía que proteger su “espacio vital”.

En primer lugar mediante una identidad uniforme, construida y difundida a través de la lengua común y oficial, como el “mandarín” (frente al chino yue o cantonés, y a dialectos variados y minoritarios), y con una etnia mayoritaria, como los “han” (con la que “repoblar” tierras uigures o tibetanas, y asimilar a los manchúes, miao o zhuang). Y en segundo lugar, dominando el llamado “espacio vital chino”, que comprendía la integridad territorial de un vasto país y sus zonas tradicionales de influencia. Controlando por ello, y directamente, las lejanas y diferenciadas regiones, como la montañosa zona del Tibet o Xīzàng (de originaria etnia budista) y la fronteriza provincia del Turquestán o Xīnjiāng (de originaria población uigur y musulmana); regiones sin autonomía propia y sometidas a un profundo proceso de aculturación (demográfica, lingüística y religiosa). Integrando paulatinamente a las supercapitalistas ciudades-estado de Macao y Hong-Kong, antiguas colonias europeas recuperadas como “regiones administrativas especiales” (bajo el lema “un país, dos sistemas”); tomando el control del llamado Mar de China meridional, creando islas artificiales para ampliar y delimitar su zona de control (pese a las quejas de Brunei, Filipinas, Malasia, Singapur o Vietnam); e intentando aislar a la independiente República china de Taiwán (isla de Formosa) de reconocimiento internacional al reclamar que de iure es parte integral de la China continental (separada, de facto, tras el triunfo de la revolución comunista y el exilio a la isla del gobierno nacionalista en 1949).

China sabe vender y sabe venderse. Nacionalismo difundido dentro y fuera de sus fronteras como no expansivo y muy equilibrado entre la tradición y la modernidad, en un ejercicio que puede parecer imposible, o cuando menos curioso, para la mentalidad liberal-progresista occidental. Una fusión sin paragón, y con interpretaciones diversas, que aspira a conectar la herencia territorial imperial con la dominación actual comunista, cierta espiritualidad milenaria con la pretendida ética socialista patria, los valores familiares de siempre con un capitalismo superproductivo e hiperconsumista, la soberanía de las naciones con la represión de las autonomías internas, los derechos de propiedad individual con la tutela pública final (como recoge el primer Código civil unificado de 2020).

Y en esta venta son unos maestros: un país friendly en tiempos de conflicto, que no molesta y que no quiere molestar. Para que no le molesten; no participa en guerras externas (por ahora) y no quiere cambiar los valores morales ni las realidades culturales de sus clientes (por ahora), es un socio económico confiable (sin muchas preguntas) y un proveedor masivo (con menos preguntas), y defiende su modelo político-social (lógicamente) sin cuestionar el de otros (como es lógico). Su propaganda crea, así, esa imagen necesaria con la que legitimarse internamente y justificarse externamente. Y para ello despliega ,medios y recursos propagandísticos que se han convertido, por tanto, en instrumento esencial de la política del régimen (como la de cualquiera, pero en registros evidentemente diferentes) y que debían estar a la altura de la empresa de la “Gran China”. Los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008 fueron ese escenario mundial adecuado para enseñar a propios y extraños esa imagen actual: el poder y la modernidad de la nueva China. Una inversión faraónica, una puesta en escena brillante, y una victoria final y necesaria en el medallero deportivo (por primera vez en la Historia), para la que se fabricaron campeones con ingentes horas y gastos. Y propaganda oficial y masiva que, entre ayuda a países africanos y obras majestuosas (como la increíble presa de las Tres Gargantas del rio Yangtse, el larguísimo Gran Puente de Danyang-Kunshan, la nueva y casi fantasma ciudad de Kangbashi en la lejana Mongolia interior, o el impresionante Aeropuerto Internacional Beijing Daxing), culminó con la publicidad de su éxito frente a la misma crisis del Coronavirus.

Como enseñó el sabio chino Kung Fu Tzu (Confucio), “por tres métodos podemos adquirir la sabiduría: primero por la reflexión, la más noble; segundo, por la imaginación, la más sencilla; y tercero por la experiencia, la más amarga”.

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