“Todavía tengo un sueño”

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Cada cierto tiempo asistimos a hechos que, sin ser realmente conscientes de ellos, sentimos que marcarán un antes y un después en la historia. Probablemente no lo supiera Andrés Fernández de Andrada cuando escribió la Epístola moral a Fabio, que inaugura la literatura barroca en España y consigue condensar todo el espíritu humanístico de la época. En esta carta, Andrada invita a su amigo Alonso Tello de Guzmán a que, en medio de un clima tan convulso como es la Europa de principios del siglo XVII, encuentre en la sencillez y en la tranquilidad, la verdadera felicidad, siguiendo los preceptos estoicos que sustentan la filosofía de la escuela de Sevilla, a la que Andrada pertenecía.

Sucede de manera parecida cuando Walt Whitman, en 1855, publica su famoso poemario Hojas de hierba. Whitman proclama la libertad total de los hombres, la libertad radical del “Yo”. Un libro que nace del amor que profesaba el poeta a la figura de Abraham Lincoln, que encarnaba, para él, el ideal del nuevo héroe del pueblo. En el poema “La última vez que florecieron las lilas en el jardín” (1965), Whitman compone esta elegía dedicada al presidente tras su muerte, recordando los “cadáveres de la batalla”, durante la Guerra de Secesión, y cantando hacia la “lila, estrella y pájaro entrelazados”, que simbolizan la figura de Lincoln, quien hondeará en la memoria de todo aquel que ame la libertad e igualdad.

Un siglo después fue Martin Luther King, quien se erigió como el nuevo pastor de los Estados Unidos, quien lucharía por la igualdad racial y por la justicia. En la “Carta desde la cárcel de Birmingham”, Luther King escribe, tras ser detenido después de una protesta pacífica en contra de la segregación racial en 1963, un nuevo canto hacia la lucha, desde la calle, en favor de los derechos civiles de los afroamericanos. Esta carta culminó con la marcha sobre Washington en ese mismo año, donde pronunció el famoso discurso del “I have a dream”, defendiendo la armonía racial. Este discurso, inspirado en la figura del presidente Lincoln y en la poesía de Whitman, refleja la máxima aspiración del pastor de Atlanta: conocer una América fraternal.

Ha pasado algo más de medio siglo de esa manifestación, y vemos como en estos días, de enorme agitación social y emocional, a lo largo y ancho de Estados Unidos, se repiten estas mismas manifestaciones, esta vez para honrar la memoria del joven afroamericano George Floyd, que fue asesinado por un policía el pasado 25 de mayo en Minneapolis. Este asesinato, junto al de Trayvon Martin, asesinado en 2013 y que inició el movimiento Black Lives Matter, ha despertado una ira colectiva entre la población afroamericana que sigue luchando por esa frase que pronunció en 1963 Luther King: “tengo un sueño, es un sueño simplemente arraigado en el sueño americano; que algún día, esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: consideramos evidentes por sí mismas las siguientes verdades: todos los hombres han sido creados iguales; el creador les ha concedido ciertos derechos inalienables”, refiriéndose al fragmento redactado por Thomas Jefferson en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América, (1776). Martin Luther King cierra su discurso frente al Monumento a Lincoln recordando aquellos versos recogidos por Whitman en el poema “Canto a mí mismo”: “Me inclino ante el esclavo de los algodonales (…) Escucho y veo a Dios en cada objeto, en cada persona”.

De este 2020, que ya resuena en la historia por los acontecimientos vividos, debemos recordar aquellas personas que marcaron este camino que hoy, millones de afroamericanos, continúan, siguiendo la estela que dejaron Jefferson, Lincoln, Whitman y Martin Luther King. Este último, siempre abogó por la lucha pacífica, incluso durante sus últimas horas de vida de aquel fatídico 4 de abril de 1968, cuando pidiera a su amigo Ben Branch que tocara por última vez “Precious Lord, Take My Hand”, tras ser disparado por un segregacionista blanco:

When the darkness appears and the night draws near
And the day is past and gone
At the river I stand
Guide my feet, hold my hand
Take my hand precious Lord, lead me home

26 años; Benijófar (Alicante). Desde que viera con tres años cómo el proyector de una sala de cine antigua reflejaba en la pantalla la cinta Salvar al soldado Ryan, he vivido enamorado del cine. Y mi vida ha girado en torno a ese amor: estudiando Filología Hispánica en la UA, en el que me centré en profundizar sobre las relaciones entre cine y literatura en la obra de Kurosawa y John Ford. También me especialicé en literatura hispanoamericana realizando mi trabajo de fin de grado sobre los cuentos del escritor peruano José María Arguedas. Actualmente, trabajo como Agente de Desarrollo Local e intento reflejar en mi trabajo la pasión que siento hacia las Humanidades.