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Zweig y el misterio de la creación artística

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De todos los misterios del universo, ninguno más profundo que el de la creación”.

Así se dirige a su público Stefan Zweig el 29 de octubre de 1940 en Buenos Aires. En su conferencia el escritor austriaco se propone reflexionar sobre cuál es el fundamento de la creación artística, o más bien qué podemos conocer y qué no de lo que no duda en considerar un milagro: “Cada vez que surge algo que antes no había existido nos vence la sensación de que ha acontecido algo sobrenatural, de que ha estado obrando una fuerza sobrehumana, divina. No es cosa perecedera. Este milagro lo vemos en el arte”. El artista consigue poner en comunión a sus contemporáneos y las generaciones futuras con uno de los mayores interrogantes: el de la creación. “Porque cuando un artista crea, lo creado se vuelve más indestructible e imperecedero que el artista mismo.”

Pero Zweig no es un ingenuo. Sabe que será difícil agotar la explicación de la creación artística. Por eso se refiere a ella como un “misterio”. Gabriel Marcel distinguía problema de misterio porque mientras el primero tiene una solución a nuestro entendimiento, el segundo no. El problema es algo ajeno a nosotros, el misterio nos envuelve. Así, el acto de creación artística es “un acto sobrenatural” dentro de una “esfera espiritual que se sustrae de toda observación”. Y es de agradecer que Zweig no convierta en problema el misterio porque, ciertamente, no lo es. Somos nosotros quienes lo volvemos problemático.

Preguntemos al artista, como el juez al reo, cómo perpetró una obra. Pero éste, como el autor de un crimen pasional, será incapaz de contestarnos con lucidez. El artista, nos dice Zweig, no está presente en el momento de la creación. O mejor dicho, sí lo está, pero en otro lugar: en el mundo de la propia obra. “El artista no tiene tiempo ni lugar de observarse a sí mismo mientras se halla en el estado apasionado de la creación. El artista no es capaz de observar su propia mentalidad mientras trabaja, como no es capaz de mirarse por encima de su propio hombro mientras escribe”. Por eso no podemos preguntarle a Shakespeare cómo inventó a Otelo sobre 1603, porque en ese momento no estaba en Londres, sino en la Venecia de un siglo antes. El reo ni sabe ni contesta. Y nuestra mente, científica y escrutadora, sospecha que ha ocurrido algo que no vamos a poder explicar.

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¡Ah! Pero toda creación debe convertirse en materia para ser comprensible. Aquí encuentra Zweig una oportunidad para conocer más de cerca el proceso de la creación artística: ese instante breve de la transición, cuando la idea pasa a la realización. Nuestra lupa de criminólogo solo puede observar el momento empírico de la creación. El primer estadio visible del proceso creativo. Cuando el músico escribe en una partitura unas notas, o cuando el pintor coge el pincel, lo empapa en pintura y la unta en el lienzo, o cuando el escritor reúne palabras. Aquí podremos ver una constante que se repita en todo acto creativo y que nos permita explicar sus causas de forma airosa. Y nos encontraremos, una vez más, desilusionados: no existe tal constante, ni patrón, ni protocolo.

Mozart componía con una facilidad milagrosa. Beethoven se las había de ver con cientos de dudas, tachones y borradores hasta quedar satisfecho. La Marsellesa fue concebida de forma apasionada, mientras que Poe construyó El cuervo con la meticulosidad de un ingeniero. Inspiración y trabajosidad se enredan de tal forma que nuestro criminólogo no es capaz de separarlos y analizar dónde termina una y dónde empieza la otra.

Y mientras el acusado, el artista, se va de rositas, nosotros nos quedamos sin poder dar razón de la creación artística.

“Cuanto más nos esforzamos por profundizar en los misterios del arte y del espíritu, tanto más los admiramos por su inconmensurabilidad”, concluye Zweig. No es de extrañar su optimismo a pesar de haber fracasado en el intento de desentrañar este misterio, porque le bastaba con participar de él. Y nosotros guardemos la lupa para otros asuntos y acerquémonos a los que coquetean con las musas. O, como escuché hace poco a un sabio, con el Padre de éstas.

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‘El misterio de la creación artística’ está editado en Sequitur. Recoge la conferencia impartida en Buenos Aires y otros escritos de Stefan Zweig.

Imagen extraída de www.trotalibros.com

(@Inigourquia) Mientras algunos buscan "El Dorado" de la objetividad en los medios de comunicación, juguemos a analizar qué horizontes de sentido nos presentan sus titulares y mensajes.

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