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Master of none: El imperio de la banalidad

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Master Of None, creada y distribuida por la gigante Netflix, es una serie enfocada para un público preferentemente adulto que trata diversos temas ético-sociales actuales (desde el racismo hasta la amistad) almibarados con un sentido del humor original y una ironía sagaz y bien pulida.

Aunque se trate de una comedia, sus argumentos morales y sociales son tratados de una manera tan cercana que abre las puertas a la realidad con la que todos nos sentimos identificados. Y esta realidad que pretende retratar Master Of None es una en la que el marco ético-social se ve ensombrecido por la malinterpretación y confusión de ciertos valores dogmáticos arcaicos, alimentando así a una bestia temible y hambrienta: una comunidad ignorante, pagana y perdida, un imperio de la banalidad.

(A partir de aquí puede haber spoilers.)

La trama gira en torno a Dev (caracterizado por el famoso comediante Aziz Ansari), un muchacho hindú que vive en la atestada Nueva York junto a sus amigos y familiares. Se encuentra en una situación en la que no sabe discernir cuál es su lugar en el mundo, una incertidumbre que le hará correr en círculos y que le llevará a cuestionarse su presente y su futuro.

De esta manera, cada capítulo representa una idea lanzada a debate por un tribunal presidido por él mismo y por la gente que le rodea, representado generalmente mediante conversaciones coprotagonizadas por su grupo de amigos que, de un modo u otro, están pasando por lo mismo que Dev sin siquiera ser conscientes de ello.

Se nos pretende dibujar una generación de jóvenes sumergidos en un mar de decisiones y que rehúyen de ellas, de sus responsabilidades, de sí mismos, de sus sueños y de sus ideales.

1. Racismo

El racismo es uno de los pinceles más recurrentes a la hora de trazar el lienzo que supone la serie, reproducido de forma auténtica, dejando a la vista la cruda situación social en la que se encuentran no solo el propio Dev y su familia, sino la gran mayoría de los inmigrantes y las personas de color en general.

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Aunque el protagonista muestre cierta apatía hacia las situaciones raciales tan despiadadas que han experimentado, el contexto social que retrata Asiz Ansari es uno que niega los designios de desaparición de una xenofobia que, según la sociedad, no existe y que, por ende, no comprende ni denota las atrocidades que se cometen a diario.

La serie brinda claros ejemplos a medida que va avanzando. Varios de los más sugestivos los encontramos en el episodio segundo, Parents, cuando los padres de Dev son rechazados en una cena de trabajo por el simple hecho de ser de origen hindú, o cuando los padres de Bryan (un muchacho oriental amigo de Dev) no son bienvenidos en un restaurante medio vacío: “Creo que no nos quieren atender porque somos asiáticos.”

 

 

2. La vejez

La vejez también es un tema muy trabajado en esta adaptación. Master of None presenta una forma de vida en la que las personas trabajan duramente a lo largo de su carrera exclusivamente para alimentar a los comensales familiares, mientras los hijos inconscientes, desagradecidos y pervertidos ignoran todo el proceso, llegando a la edad adulta sin siquiera conocer la vida de los que han hecho posible su subsistencia, y sin interesarse lo más mínimo por ellos. En cambio, las nuevas generaciones los “encierran” en asilos cuando llegan a la vejez; tristes, olvidados y repudiados.

En los episodios Parents (mencionado con anterioridad) y Old People, es el propio protagonista quien arroja la idea por medio de varios artilugios en forma de ardides ingeniosos, minuciosos y con una pequeña dosis de sugestión que invita al propio espectador a debatir y reflexionar:

Dev. – ¡Es alucinante! Nosotros, hijos de la primera generación, tenemos unas vidas increíbles. Y todo gracias a los sacrificios de nuestros padres. ¡Y nunca les damos las gracias! No hacemos nada por ellos. ¿No deberíamos hacer algo? (Parents, 13:47).

O bien:

Dev. –[…] Aunque mi abuela viviese aquí, creo que no iría a visitarla, ¿sabes? Porque eso hace todo el mundo, dejamos que las personas mayores estén a su rollo. Hasta que luego se mueren. (Old People, 07:14).

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3. El amor

 

El amor es el tercero de los cuatro jinetes del Apocalipsis, caracterizado a priori como algo banal y facilón, como una búsqueda insaciable de “sexo estacionario sin compromiso”, representando la tragedia del olvido de algo hermoso sustituido por un falso concepto contemporáneo, que se reduce a algo insustancial y meramente materialista.

En bastantes capítulos de la serie, los personajes principales protagonizan cruzadas en busca de un placer físico al que denominan ‘hacer el amor’, llegando a la frontera de la trivialidad moderna y alcanzando temas como el matrimonio y sus diferentes enfoques, adquiriendo un punto de vista respetuoso embadurnado con un fuerte sentido del humor y poniéndose serio cuando tiene que ponerse.

El episodio quinto (The Other Man) abraza uno de esos enfoques y lo va transformando para una completa difusión. En él, los oscuros pilares del divorcio son afianzados con los típicos clichés del cine, tales como fuertes discusiones o la infidelidad conyugal: los primeros veinte minutos aceptan la misión de esclarecer una sociedad en la que los divorcios son algo cotidiano, que los matrimonios fallan a punta pala y consolida la versión más ególatra y rencorosa de la unión conyugal; y los cinco últimos se encargan de demoler esta fría visión con la escena ulterior al adulterio ejercido por Nina (con ayuda de Dev) hacia su marido Mark, cuando el matrimonio se reencuentra con Dev un tiempo después:

Mark. –Verás. Es feo lo que hiciste. Y también fue feo que nos pusiéramos los cuernos el uno al otro. Y no digo que ser infiel sea bueno, pero un matrimonio es algo precioso que se hace entre dos. Y tiene muchas partes, una de ellas es la monogamia, pero para nosotros no se va todo al garete porque una parte se rompa, se intenta arreglar esa parte. Si se hubiera roto una de las patas de la mesa que hice no la iba a tirar, arreglaría la pata. (The Other Man, 27:20).

4. La fugacidad de la vida

Por último, la fugacidad de la vida y la ambición de los sueños, temas especialmente abordados en los últimos episodios.

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Los personajes de Rachel y Dev se ven inmersos en una maraña de decisiones mal tomadas, ya sea por ataduras sociales o miedo: se quedan en la estación aguardando la llegada de su tren, y cuando este llega, no saben reconocerlo y se quedan en el andén. Quizá Rachel es la que encarna con maestría esta concepción: odia su trabajo, pero permanece paciente y optimista, pues puede que ese sea la llave que le abra la puerta que está anhelando. Dicen que la paciencia es la madre de toda ciencia, pero el tiempo corre sin importar lo paciente que uno sea. Y Aziz Ansari piensa lo mismo:

Rachel. –Pensaba que todo iba bien. Y luego empecé a pensar en lo que dijiste sobre nuestro camino y tienes mucha razón. Y luego pensé en mi hermana y que siempre quiso vivir en París, y ahora jamás lo hará. Y si no lo hago ahora nunca lo haré. […] Quiero hacer esto, es importante para mí, no quiero despertar un día y preguntarme “¿Qué habría pasado si hubiera ido a Japón?” Siempre voy a lo seguro y ya no aguanto más. El tiempo para hacerlo se nos está acabando y no quiero despertar un día y ver que las ventanas ya están cerradas. (Finale, 22:06).

 

 

Así, al final de la serie, Dev se da cuenta de que está solo, de que ha estado viviendo con una venda sobre los ojos, de que ha vivido una mentira, de que había abandonado sus sueños, de que se había convertido en alguien que no era él, pero… ¿Y si alguien soñara con convertirse en algo distinto de lo que la sociedad tenía previsto para él? ¿Y si alguien aspirara a algo más?

Estudiante profesional de Ingeniería de Telecomunicaciones en la Universidad Politécnica de Madrid y profundo admirador de la literatura, aunque ella no me admire a mí. Los que son mis amigos y han sobrevivido para contarlo saben que poseo un gusto alarmante por el cine y todos los beneficios que conlleva.

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