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Los hombres libres de Jones

En Cine/Democultura por
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Dijo uno que el racismo se cura viajando. Pero no a los Estados Unidos de América.

El 16 de septiembre llega a la gran pantalla Los hombres libres de Jones(“The Free State of Jones” es el título original), un relato basado en hechos reales, sumergido en la contienda que iba a enfrentar en 1861 a los Estados de la Unión con los Confederados del sur.

La película, sita en el acontecimiento histórico –y fiel a la leyenda postrera–, es un canto bélico a la igualdad de los hombres en las dimensiones económica y racial. Una resistencia, en primer lugar, a las exenciones militares que se establecían en las levas del bando confederado a favor de la clase alta, y una brava polémica contra la esclavitud y la discriminación racial.

Newton Knight, representado por Matthew McConaughey, deserta del ejército sureño y se instala en un territorio de difícil acceso junto con otros hombres fugitivos. Desde el fortín natural, la nueva célula proclama el Estado Libre de Jones, fundamentado en una simpática Constitución de cuatro artículos, referentes a la libertad, la igualdad y la justicia. Y desde este nuevo estatuto social, la lucha de “Newt” se extenderá a los expolios que realizaba el ejército en las familias de las clases media y baja, a fin de sustentar las necesidades de las filas.

La narración es un hervidero. La nueva ciudad liberal crece a la medida de los atropellos de la autoridad marcial. Los hombres –y una mujer– se levantan contra la injusticia y las ilegitimidades del legítimo poder establecido. No cabe toda intromisión bajo el amparo de la Ley. Resuena a lo largo de toda la producción el eco de los iusnaturalistas que establecieron los fundamentos de los Estados Unidos de América en 1776 en Virginia o en 1787 en Filadelfia, o que abanderaron la reforma europea en 1789: hay límites dictados por la naturaleza del ser humano que ningún enunciado consensuado en una Cámara puede franquear.

Ni la propiedad ni la igualdad. Era una quijotada alzarse contra la gran mole que combatía a la Unión en defensa de un adarme de familias o un puñado de negros. Pero la virtud de la justicia no entiende de transacciones ni de números. Ni de colores. La más nimia gota de sangre es vengada en el relato de Gary Ross, y toda lucha se encamina a atribuir a cada uno lo que es suyo.

Con la victoria del Norte en el 65 llega la segunda gran reclamación del grupo que lidera Newton: los derechos de los negros (cuyos avatares dejamos al espectador que descubra por sí mismo). Por un momento, la desharrapada y egregia figura del desertor eclipsa la afamada de John Brown, empuñando en la escopeta la dignidad afroamericana, y el director acierta atrayendo a los labios de la comitiva contradictora, en la escena más emotiva de la película, el himno compuesto en su memoria: “John Brown’s body lies a mould´ring in the grave. His truth is marching on“. Esa oda elocuente en que se basaría Julia Ward Howe para componer la marcha militar de la República.

Gary Ross recuerda los logros consecuentes a la solución de la Guerra y plasmados en sendas enmiendas a la Constitución, la XIII de 1865 (“Ni esclavitud ni trabajo forzado (…) existirá dentro de los Estados Unidos ni en ningún lugar sujeto a su jurisdicción“) y la XV de 1870 (“El derecho de los ciudadanos de los Estados Unidos al voto no será negado o menoscabado por los Estados Unidos, ni por ningún Estado, por motivos de raza, color o anterior condición de esclavitud“). Y holgando hipocresía, a continuación de la victoria formal, la derrota y la complacencia materiales: la desidia unionista iba a posibilitar el florecimiento, tan solo 18 días después de la proclamación de la primera de las enmiendas referidas, del KKK —Ku Klux Klan–, la mayor lacra en la historia de los Estados Unidos de América, país de libertades.

Una cita imprescindible con la gran pantalla.

(@ChemaMedRiv) (Chema en Facebook) Grados en Filosofía y en Derecho; a un año de acabar el grado en Teología. Muy aficionado a la buena literatura (esa que se escribe con mayúscula). Me encanta escribir. Culé incorregible. Español.

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