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La miseria que revela tu miedo al “spoiler” en Juego de Tronos

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Si tu serie favorita no resiste un spoiler, entonces no merece la pena. Digámoslo claramente: quítala del top 10, del top 100 incluso. Sé que no es fácil de digerir esta noticia, y tal vez este artículo te caerá pesado, hará que te cojas fuertemente la tripa y digas: ¡No se te ocurra spoilearme la vida!

Si ya has asociado el título del artículo con esta noticia que acabo de darte y empiezas a sentir que se despiertan los síntomas de una pesada e hirviente digestión, deja de leer esto ahora mismo y evítate este manjar.

No tengo nada contra Juego de Tronos, de verdad (¡es HBO, amigos!), pero sospecho de ella cuando un fan amenaza con el asesinato o el suicidio si alguien, algo, el destino, la mala suerte o lo que sea le pone cerca de un spoiler. Empecé a ver la serie y admito que el asunto no prosperó mucho más allá de la primera temporada. Era previsible cuando lo mismo me había ocurrido con los libros -creo que duré mil y pico páginas-. No pongo en duda que en ambos casos hay maestría en el relato, y que la trama es fantástica, repleta de giros, sorpresas, cruces de historias, etc. etc. Trama repleta de trama, y más trama(s). Pero es que en ello consiste el problema. Si todo el peso de una historia recae en la trama, todo acaba en consumismo, en llenarse la boca de novedades y sutilezas de trama. Pero el espíritu permanece dormido, la reflexión bosteza, las profundidades del alma no reciben luz alguna.

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Ojo, que Juego de Tronos también cuenta con una magnífica producción, grandes actuaciones, personajes sólidos, pero creo que le falta sangre, e incluso tetas. Con sangre me refiero a vida, a estudio profundo del alma y las relaciones humanas –y la traición, el deseo de venganza, la ambigüedad moral que no faltan en Juego de Tronos es a lo sumo un diagnóstico sociológico (y pesimista) del presente, pero no penetra los secretos del alma. Que le falta tetas es una forma de decir que le falta o no desarrolla suficientemente el tema del amor y lo erótico (hay más erótica en un silencio y una mirada de Mr. Darcy que en todas las escenas de “amor y sexo” de Juego de Tronos).

Pero no pretendía hablar aquí de Juego de Tronos, sino de lo que el miedo al spoiler nos revela de una serie, una película o de nosotros mismos. Una buena historia no se reduce a una secuencia de hechos, por muy sorpresivos e interesantes que sean. Necesita de acontecimientos capaces de alumbrar el sentido de la historia. Por otro lado las mejores historias se dan en el interior de los personajes, no tanto en lo que sucede (guerras, terremotos, muertes, etc.) sino que se manifiestan en el personaje, en cómo el personaje crece o decrece frente al realidad que se le pone delante.

La trama y todo el resto de lo que compone el universo del relato tiene que estar al servicio de las personas, los actores de la historia –y por reflejo, los espectadores activos de la historia. Sí, tú querido amigo, tú eres por reflejo, el protagonista de Juego de Tronos. A mí por ejemplo, no deja de sorprenderme ver a Atticus Finch (vamos a poner por caso, a Gregory Peck) hacer de sí mismo, elegir lo que elige, manifestar la grandeza humana en los actos más sencillos y cotidianos de esa historia con mucho menos trama que Juego de Tronos llamada Matar a un ruiseñor. Puedo ver la película cien veces y no cansarme. Ni cansarme de ver la lucha interior de Lawrence de Arabia, o el encuentro milagroso del amor entre el mago Howl y la empequeñecida Sophie en El Castillo Ambulante.

¿Qué más me da la trama, si lo que realmente me enriquece es profundizar en los abismos de mi alma a través de una gran historia, contada o iluminada por el genio artístico que la sostiene? Verme a través de la mirada de un gran guionista, un gran director. Esa es mi definición de la grandeza de una obra, un libro, una serie o una película. Quien reposa absolutamente en la trama –y su enemigo máximo es el spoiler –ese tiene su corazón puesto en lo interesante, y por ello permanece esclavo de la novedad, de la ansiedad de consumir más y más, en una carrera desesperada por huir del aburrimiento, del tedio… Porque el aburrimiento para el esclavo de la trama es el más amenazante de los espejos.

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Por cierto: para los amantes de Juego de Tronos, dejo en suspenso mi juicio final sobre la historia, pues admito que me faltó paciencia con la serie y no puedo opinar. Si estoy equivocado, entonces os pido a todos los fans que dejéis de poner el grito en el cielo ante la inminencia de un spoiler.

Nací en una cloaca de convento del Siglo XVI. Así como el nauseabundo pescado despertó un olfato hiper-sensibilizado en Jean-Baptiste Grenouille, la relajación en la vivencia de la Regla de aquellos monjes despertó en mí una brutal intolerancia por las variadas formas del alma moderna. Reaccionario implacable, soy seguidor del cardenal Cayetano y Donoso Cortés. Me enloquecen las salchipapas, símbolo del imperio Español, y me pierde mi devoción por Mourinho.

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