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La primera impresión: frases que inauguran las grandes obras literarias

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Tiempo de lectura: 4 minutos

La primera impresión no tiene por qué ser definitiva, pero es muy importante, porque orienta los siguientes pasos; y lo cierto es que hay una primera impresión en casi todos los órdenes de la vida: la primera impresión que recibimos -o que damos- al conocer a otra persona, al empezar un nuevo año, al encontrarnos con un libro e, incluso, al iniciarnos en el mundo de la lectura.

Acerca del buen leer hay demasiados mitos y muchos de ellos son culpables de la desafección por la lectura de demasiadas personas. Cuando repaso con mis alumnos los consejos que dan los grandes lectores, se quedan estupefactos. «Hay que leer poco», es siempre el primero. El segundo consejo rompe otro gran mito: «Hay que saber escoger los libros y en los libros». Es decir, que como debemos leer poco, no sólo conviene evitar muchísimas lecturas, sino que además tampoco es conveniente leer siempre libros enteros.


Muchos grandes libros, que atesoran párrafos memorables, también conservan capítulos intrascendentes. En todo caso, y al margen del valor de la obra en sí, hay momentos en que una lectura nos llama, nos interpela o, incluso nos aguarda, mientras que otras nos esconde caprichosamente sus tesoros. Por eso no es mal criterio interrogar constantemente a los grandes libros, tanto a los aún desconocidos como a los que en su momento abandonamos. Quizá hoy, al contrario que ayer, quieran revelarnos sus secretos.

Hay quien nos recomienda abrir los libros al azar y leer algunas líneas, otros nos animan a dejarnos guiar por el autor o el título. A mí me gusta interrogar al primer párrafo de cada libro, pues allí está la primera impresión que en pureza elabora el autor para nosotros -al margen del título y la portada, que pueden responder a otros intereses-. No es un criterio infalible pero, normalmente, el que es capaz de escribir un buen puñado de páginas geniales no suele desperdiciar la primera frase de su obra. Quiero compartir contigo algunas primeras impresiones de la gran literatura. La lista es algo caprichosa y me duele dejar muchas obras maestras fuera, pero en mi silencio hay también una invitación para que ampliemos juntos la lista en los comentarios a esta nota.

«Todas las familias dichosas se parecen; las desgraciadas, sin embargo, lo son cada una a su manera».

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Si tienes el valor de abrir la voluminosa novela de Tolstoi Ana Karenina por la primera página, te encontrarás con esta frase. Quizá no puedas soltar el volumen hasta comprobar la veracidad o falsedad de tan sugerente afirmación y afrontarás la lectura, seguro, con el criterio de que conviene saber escoger «en los libros», pues Tolstoi es de esos que nos regala páginas imborrables mezcladas con otras totalmente prescindibles.

«Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona».

Así arranca El Túnel, de Ernesto Sábato, con las primeras palabras de lo que ocupará todo el relato: la fría confesión de un pintor y asesino que confundió las leyes del amor con las del egoísmo posesivo, como los protagonistas de la crudamente real violencia doméstica.

«La sesión celebrada por la Real Sociedad Geográfica de Londres, en su local de la Plaza de Waterloo, 3, el día 14 de enero de 1862, fue concurridísima».

Quizá nos llame la atención el motivo de aquella inusitada concurrencia en tan aburrida sede. Pero lo verdaderamente sorprendente es la credibilidad con que arranca la novela de un maestro de lo imposible (o no tanto), como es Julio Verne cuando relata Cinco semanas en globo.

«Para colmo, el mal tiempo».

Un pensamiento recurrente en tantos de nosotros… que revela además el vínculo entre el clima meteorológico y el del corazón. No deja de ser una provocación de Hemingway al situarla como primera frase de una obra cuyo título reza París era una fiesta.

«Al despertar Gregor Samsa una mañana, después de un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto».

La construcción de la frase y lo cotidiano de toda la situación hasta el final de la misma contrasta con el descubrimiento de quien acaba de despertar. Un despertar a un tiempo biológico y simbólico, que enlaza fábula y realismo hasta el final de este cuento de Frank Kafka titulado La Metamorfosis. Quizá hemos leído ya ese relato, pero: ¿Por qué es un despertar, una iluminación, que el bueno de Gregor se descubra a sí mismo como un mero insecto? Si no tenemos la respuesta, es que la obra no nos reveló su secreto.

«En mis primeros y más vulnerables años, mi padre me dio un consejo que no ha cesado desde entonces de darme vueltas por la cabeza».

El consejo, evidentemente, es memorable. Pero aún más lo es tratar de descubrir algo sobre el pasado misterioso de El gran Gatsby, ese millonario solitario retratado por Scott Fizgerald que parece tener la cabeza en otro tiempo, a pesar de vivir en la era del jazz, los felices años 20 en EE UU.

«Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar».

Así comienza Ficciones, de Jorge Luis Borges. Una frase que nos introduce en el universo entre fantástico y científico, escéptico y matemático, realista y metafórico del propio Borges.

«Doblegado ante la autoridad y la tradición de mis mayores por una ciega credulidad habitual en mí y aceptando supersticiosamente una historia que no puede verificar en su momento mediante experimento ni juicio personal, estoy firmemente convencido de que nací el 29 de mayo de 1874, en Campden Hill, Kensington, y de que me bautizaron según el rito de la Iglesia anglicana en la pequeña iglesia de St. George, situada frente a la gran Torre de las Aguas que dominaba aquella colina».

Así comienza el inclasificable G.K. Chesterton su Autobiografía, una deliciosa disertación de este autor sobre su propia vida. Lo de menos en esta obra es su vida. Lo esencial es lo que este autor hizo con su vida y con esta obra: defender el valor de la tradición y la fe con una alegría, una solvencia intelectual y una agudeza inigualables. No importa que no te interese la vida de este tipo: si tienes sentido común y del humor, te encantará.

¿Alguna de esas primeras frases te ha llamando? Si es así, adelante. Si no, sigue buscando. Lo que puedo prometerte es que si interrogas constantemente a los grandes libros sufrirás poderosas primeras impresiones, seguidas de una pregunta interior -«¿Tú también?»- que te abrirá mundos posibles, preguntas y posibilidades donde la vida se ensancha.

PD: Cuando escribí esta nota en LaSemana.es un buen puñado de amigos-lectores me escribió y me obligó a acrecentar mi lista de lecturas pendientes. Según los leía, me animé a recomendar dichas obras, provocando a otros amigos son sus geniales primeros párrafos. Sigamos intercambiando lecturas que nos han cambiado la vida. Ese compartir desinteresado de los grandes descubrimientos personales es una oportunidad como pocas de edificar entre nosotros ese lugar donde la vida se ensancha.

 

  • Este artículo, publicado originariamente en Dialogical Creativity,  es reproducido aquí con permiso del autor.

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