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¿Firefly o Battlestar? Aventura y epopeya más allá del firmamento

En Democultura/Series por
Tiempo de lectura: 6 minutos

Firefly y Battlestar Galáctica son dos series de TV, ¿o son dos naves espaciales? Firefly (Serenity) es una nave de carga, usada principalmente para el noble arte del contrabando. Galáctica es un crucero militar, una estrella de combate, el último bastión de una civilización acorralada y a punto de extinguirse. Ambas huyen. Ambas surcan el espacio infinito. Ambas explotan lo mejor de su género: la aventura y la epopeya.

[A partir de aquí, spoilers]

Firefly (2002)

 

 

Esta serie de aventuras cancelada al finalizar su primera temporada por escaso rating, ha sabido con el tiempo ganarse el apoyo incondicional de sus fans que la han elevado a la categoría de serie de culto. Y esto, a pesar de sus constantes locuras anacrónicas y su aroma de “esto me suena”… pues la serie es un cúmulo de plagios: Stagecoach de Ford, el Halcón milenario y ese carismático contrabandista llamado Han Solo, El fuera de la Ley, donde Eastwood hace de renegado que sigue su camino después de perder la guerra, mientras una comunidad va tomando forma a su alrededor y a pesar suyo. Sin embargo, resulta tan original la combinación de este explosivo cóctel llamado Firefly que a nadie se le ocurre mirarla con recelo.

Un western espacial donde tan pronto somos testigos de un duelo renacentista a capa y espada, como se nos enseña la génesis de un movimiento obrero, o presenciamos un trapicheo en los bajos fondos londinenses de los 90. Pero todo esto da igual. La serie va de otra cosa. Va de una pequeña comunidad de contrabandistas-aventureros que adquieren identidad y consistencia a medida que transcurre la aventura. La clave de la serie nos la da el piloto, cuando Kaylee, la mecánica de la nave, invita al espectador –disfrazado del reverendo Derrial Book –a sumarse a la aventura de surcar el océano de estrellas junto al resto del equipo. Y a la pregunta que ésta le hace, ¿hacia dónde te diriges?, el reverendo responde: me da igual:

Kaylee: So, uh, how come you don´t care where you are going?

Reverend: Because how you get there is the worthier part

 

Kaylee, mecánica de la nave en Firefly.

 

La meta da igual cuando la meta es el camino. Esta es la esencia de la aventura. El fin puede que sea la mera supervivencia, el sostener esa pequeña y frágil comunidad siempre amenazada por la Alianza, la pobreza o la venganza de mafiosos traicionados. Pero lo fundamental, sea cual sea la meta, es el cómo: cómo se vive la aventura, cómo se opta por el bien moral a pesar de la dificultad, cómo se supedita el egoísmo al bien común y las necesidades de la comunidad. En el camino los personajes se van transformando, y, a pesar de todo, aún cuando esa posibilidad siempre presente de la disgregación se realizase, cada uno de los miembros de Serenity podría decir sin reparo: ha valido la pena.

 

 

Con este principio, la aventura vuela ligera y el entretenimiento está asegurado.

 

Battlestar Galáctica (2003/4)

 

 

Reimaginada a partir de una serie de 1978 con el mismo nombre, Battlestar Galáctica es harina de otro costal. No es que sea mejor que Firefly, simplemente juega en otra liga y tiene una pretensión distinta. Para empezar no es una serie de aventuras. Es una epopeya: la historia mítica de un pueblo a través de sus héroes, en los albores de su nacimiento. Una serie coral que explora dimensiones y niveles diversos de un todo social, yendo a las raíces, a la construcción de una identidad colectiva.

El comienzo de la serie es insuperable. El conflicto estalla literalmente, y el destino de la humanidad depende de una nave espacial a punto de ser desmantelada, un comandante pre-jubilado y una ministra de educación moribunda que asume la presidencia de los restos supervivientes del mayor genocidio de la historia: no de una raza en concreto sino de toda la especie humana.

La serie explora el funcionamiento de una sociedad, nos introduce en los resortes de una comunidad política a gran escala, enfrentada a amenazas demasiado familiares al espectador norteamericano y también europeo: terrorismo, pánico social, fanatismo religioso devenido en proyecto político y arte de la guerra. Espionaje, wikileaks, Guantánamo, cuarto poder. Y también tópicos de actualidad: ciencia-religión, inteligencia artificial, transhumanismo, liderazgo, tecno-distopías.

Y luego está esa referencia de base al relato teológico del pueblo hebreo, sus doce tribus y sus cuarenta años en el desierto, pisándole los talones el faraón y sus carros. Esto, más la constante lectura culpable del pasado nos abren la puerta al ensayo de teología política que es Battlestar Galáctica.

Dos discursos del comandante Adama nos dan la clave para embarcarnos en la serie sin perdernos en los hilos de este complejo relato entretejido de múltiples sub-tramas. El primer discurso que no hay que perder de vista, es el que da en la ceremonia de desmantelamiento de Galáctica, al comienzo del primer capítulo (piloto/mini-serie):

El comandante Adama, en Battlestar galáctica

“Sometimes it’s too high. You know… we fought the Cylons to save ourselves from extinction, but we never answered the question… why? Why are we as a people worth saving? Look at us. We tell ourselves we’re noble, intelligent creatures. Children of the Lords of Kobol. But we’ll still let people go to bed hungry because it costs too much to feed the poor… we still commit murder for greed or spite or jealousy… … and we visit all of our sins upon our children. We refuse to take responsibility for what we’ve done.

Like we did with the Cylons. We decided to play god. Create life. And when that life turned against us, we comforted ourselves in the knowledge that it wasn’t really our fault, not really. It was the Cylons that were flawed. But the truth is… we’re the flawed creation. We’re the ones that tried to manufacture life and make it serve us. But you don’t play God and then wipe your hands of what you’ve created. Sooner or later… the day comes when you can’t hide from what you’ve done anymore. A day of reckoning.”

Nuestros actos tienen consecuencias. Y siempre acaban pasando factura. Hay un complejo de culpa omnipresente en la relación entre Cylons y humanos. Y al mismo tiempo una extraña vinculación paterno-filial entre los pueblos enfrentados. No se puede perder de vista esta relación cargada de historia entre dos espejos.

El otro discurso, hacia el final del piloto/mini-serie (II parte), es el de un consolidado líder ante una masa angustiada y temerosa, baja de moral y dispuesta a ceder su libertad –sumisión voluntaria –con tal de ganar la ilusión de seguridad y esperanza que les permita proyectar un futuro. En el servicio fúnebre por los caídos, Adama inteligentemente se apropia del discurso religioso del pueblo para encumbrarse como líder, y con el consentimiento tácito de la otra columna política, la gran madre, la presidenta Roslin, lanza la gran mentira constituyente:

–Adama: Are they the lucky ones? That’s what you’re thinking, isn’t it? We’re a long way from home. We’ve jumped way beyond the Red Line, into uncharted space. Limited supplies, limited fuel. No allies, and now, no hope? Maybe it would have been better for us to have died quickly, back on the Colonies with our families, instead of dying out here slowly, in the emptiness of dark space. Where shall we go? What shall we do? Life here began out there. Those are the first words of the sacred scrolls, and they were told to us by the Lords of Kobol, many countless centuries ago. And they made it perfectly clear that we are not alone in this universe. Elosha, there’s a 13th colony of humankind, is there not?

–Elosha: Yes. The scrolls tell us a 13th tribe left Kobol in the early days. They travelled far and made their home upon a planet called Earth, which circled a distant and unknown star.

–Adama: It’s not unknown. I know where it is! Earth. The most guarded secret we have. The location was only known by the senior commanders of the fleet, and we dare not share it with the public. Not while there was a Cylon threat upon us. For now we have a refuge to go to. A refuge the Cylons know nothing about. It won’t be an easy journey. It’ll be long, and arduous. But I promise you one thing: on the memory of those lying here before you, we shall find it, and Earth shall become our new home. So say we all!

La gran mentira –que sólo Roslin y Adama conocen –funda un nuevo pueblo, reunido en torno a un proyecto, un futuro compartido, bajo un liderazgo paternalista de dos cabezas, poder militar y poder político. Claro que estamos ante una crisis que amenaza con la aniquilación de una especie, y la duda que queda en el aire es si esta mentira y este tipo de liderazgo no estarán justificados. Esta consolidación de un pueblo y esta alianza de poderes será el otro momento clave al que retornaremos cada vez que la frágil estabilidad del pacto social se vea amenazada.

 

Firefly y Battlestar Galáctica, dos propuestas diferentes pero interesantes dentro de su género, son dos billetes rumbo a las estrellas que haríamos bien en comprar.

Santiago Huvelle es doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Sus interesen abarcan la fenomenología y el pensamiento de S. A. Kierkegaard. Padre de familia. Fumador de pipa.

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