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DiCaprio, no te mereces el Oscar

En Cine/Democultura por
Tiempo de lectura: 4 minutos

Los medios de comunicación o la prensa oficial, como diría Hilaire Belloc, han conseguido que el lector inconformista dude, por sistema, de todas las afirmaciones rotundas que éstos hagan sobre cualquier tema.

Sucede con política, donde determinadas cabeceras televisivas han trasladado -ante la inoperancia actual del Parlamento- a diputados de todos los colores al plató de televisión y ya les vemos legislando;  a golpe de encuestas a pie de pantalla y de hashtags traviesos.

Sucede con los temas de migración, donde toda verdad qué conocemos sobre los centenares de miles de personas que andan deambulando por Europa ahora, en este momento; con las manos destrozadas de tanta verja, se debe a la cámara  caprichosa de la agencia de comunicación que ande peinando la zona.

Y como no podía ser menos, sucede con la cultura.

El último fenómeno ha sido la presión mediática española que se ha instalado en el prime time para que Leonardo DiCaprio gane el Oscar esta noche por su interpretación en “The Revenant”.  Un ejercicio de paroxismo febril y de utilidad relativa, salvo que sea para llenar un domingo de portadas y paellas. Nada de todo este ruido va a llegar esta noche al antiguo Teatro Kodak porque la decisión está ya tomada. Así que podemos relajarnos y adentrarnos en  las preguntas esquivadas por los críticos de cartelera.

Aquí va mi rosario de porqués.  ¿Por qué DiCaprio tiene que ganar este Oscar en concreto? ¿Es su actuación sublime, creíble, plausible y capaz de generar un vínculo empático con la historia y su protagonista? ¿Evoca a las experiencias primeras, nos conduce a la catarsis o a su soma de bolsillo; al entretenimiento total? Por otro lado ¿Qué son los Premios Oscar? ¿En qué categoría participa DiCaprio? ¿En la honorífica o en la de mejor actor de interpretación 2016? ¿Ha llegado el momento de cambiar el significado de este premio para hacer un reconocimiento explícito a los actores que sufren mucho en la pantalla? ¿Por qué el hecho de que se haya quedado cuatro veces a las puertas le convierte en un candidato irreprochable para esta edición? ¿Es por descarte? ¿No convence el chico/a Danés/a? ¿No vale la boca echa agua  de forma anticipada desde EEUU con la actuación de Cranston en Trumbo?


Empecemos por exponer las observaciones por la que la película y luego DiCaprio, no deberían ser premiados hoy si se aplican criterios cualitativos y no comparativos con lo que ha sido nominado en la presente edición de los Oscar.

La película es una iñarritada. Esto viene a ser: perseguir mostrar el mundo de cero, como el primer ojo que contempla la tierra y en ese pseudo-misticismo; terminar pasándose 25 minutos de rodaje.

Creo que casi todos nos removimos -incómodos- en el butacón ante la última persecución india, en la caída al vacío de equino y protagonista y cuando el inmortal  Hugh Glass (DiCaprio 3.0) tiene que rememorar a Luke Skywalker o al mismo Bear Grylls al refugiarse en las entrañas de un caballo. Una espectacular sobrada.

Ese tiempo extra e innecesario es la piedra angular de sus producciones. Casi a la par de las experiencias oníricas, seguramente lo más destacable de su propuesta  cinematográfica (véase el encuentro padre e hijo en la iglesia en “El Renacido” o el juego de manos entre Bardem y su hija en Biutiful). Le pasó con Babel, la mencionada Biutiful, Birdman y con The Revenant. Es un director que  parte de una intuición genial, de una propuesta de plano secuencia sublime, de una imagen de belleza solo reservada para Malick (bueno. Es fácil. Es su mismo director de fotografía, dirán las afiladas lenguas democresianas) . Crea composiciones y cuadros narrativos y audiovisuales conmovedores, que llaman al asombro  al más puro estilo de Tarkovsky (Quizás demasiado puro estilo).


La cosa es que cuando el mexicano se ha aburrido de jugar con perspectivas, luces y sombras, le encarga a su equipo que se estruje la cabeza para sacar dos horas más de película. De ahí los atropellos narrativos.  Y por ello, a mí modo ver, todavía se le resiste el círculo perfecto que le podría igualar  esta noche -¡ojo al dato!- a John Ford.

DiCaprio llega a tener momentos donde no apetece acompañarle ni un minuto más.

Estar con sus amaneceres helados y su mirada siempre mordida, se hace cuesta arriba antes de llegar al cuarto de película. Lo impactante del oso y los excesos de la soberbia actuación de Hardy hace que nos sintamos más inclinados a seguir el hilo del antagonista y su historia personal.

Antes de las pedradas inmisericordes de los incondicionales, decir que me gusta DiCaprio y me entretuvo “The Revenant”.  Creo que DiCaprio es un magnífico actor con una variedad de registros notable y la película tiene un buen puñado de perlas luminosas que rumiar en casa.

Dicho lo cual, para encajar el resultado de esta noche, sea cual sea, solo diré: “estamos en Hollywood, man”. Un lugar donde Michelle Obama da la enhorabuena al jurado de una academia de cine por premiar Argo y La noche más oscura…  Todo es posible en esta tierra calvinista; amante de las meritocracias y del primer plano de lágrimas de alegría o de tristeza. La bandera americana puede que vuelva a hondear con orgullo al haber cumplido con la Justicia Poética tan arraigada en esa tierra de perritos y hamburguesas. Porque puede que en unas horas  a DiCaprio, al fin, por fin, de una vez, le den un Oscar súper merecido y súper currado.

– Como todos los anteriores. Pero este, pues bueno… Mucho más y mejor ¿no?.

 

Imagen extraída de: http://www.foxmovies.com

(@RMoralesJimenez) Aventurero en chanclas. Periodista por empeño. Felizmente casado, felizmente padre. Director de Democresía. Cuando me pongo meloso o bruto, escribo por Espinosa Martínez.

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