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Cine, superhéroes y democracia (I): El mito

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Este artículo inaugura una serie de reflexiones en torno al lugar de la democracia en el cine de superhéroes: Cine, superhéroes y democracia. Quiero mostrar de qué manera el ideal democrático informa los rasgos fundamentales de estas narrativas cinematográficas.

Los capítulos de esta serie son breves y veloces. Confío en que el lector sepa perdonar los inconvenientes de una escritura tan urgente y telegráfica. En esta ocasión prefiero ofrecer garabatos intelectuales que puedan ser leídos y asimilados con cierta rapidez.

Si leemos en paralelo los estudios sobre mitología arcaica de Mircela Eliade, las reflexiones de Alexis de Tocqueville acerca de la democracia en América, los relatos cinematográficos de la conquista del Oeste americano y, a la vez, analizamos el cine de superhéroes, veremos con claridad de qué manera el relato del superhéroe es una mitología que tiene a la democracia en el centro de su propuesta de humanismo.

 

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Fotograma del comienzo de X-Men 2 (Bryan Singer, 2003) en el que aparece en primer término una imagen que evoca a los conquistadores del Oeste y en segundo término a su descendiente directo, el presidente de los Estados Unidos.

 

En primer lugar, el superhéroe es alumbrado en una sociedad democrática. Una mentalidad totalitaria o feudal, por ejemplo, no tiene ni los mecanismos ni la necesidad de inventar esta posibilidad. El superhéroe es la propuesta de humanidad de una sociedad democrática con poco pasado: la de los Estados Unidos de América. Los estadounidenses no tienen un pasado mítico pero sí una historia “reciente” que han mitologizado: la conquista del Oeste.

 

El superhéroe es una mutación del justiciero polvoriento que lleva las formas democráticas donde se han perdido.

 

Los superhéroes son una mutación del justiciero polvoriento que lleva las formas democráticas donde no las hay o donde se han perdido. Dicho de otra forma: a Bruce Wayne/Batman sólo le falta el tabaco de mascar; no se diferencia mucho del Bill Munny de Sin perdón (Clint Eastwood, 1992), por ejemplo. La justicia se manifiesta a través de las manos de hombres (héroes del Oeste o superhéroes) que actúan más allá del sheriff y de la ley.

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Fotogramas de Sin perdón (Clint Eastwood, 1992) y Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (Zack Snyder, 2016).

 

Como todo mito, el superhéroe fílmico explica nuestra realidad a través de un relato de ficción. Los mitos nos cuentan la verdad aunque los sucesos de los que dan noticia nunca hayan ocurrido físicamente. Bruce Banner/Hulk nos revela una parte de nuestro ser a pesar de que sus huellas no tengan entidad física en las avenidas neoyorkinas. Lo que buscamos en la Ilíada de Homero o en Los Increíbles de Brad Bird no son datos fidedignos desde el punto de vista de la historiografía, sino la verdad de la condición humana. ¿Seguro que los dioses (Los Vengadores) no combatieron junto a los hombres en la playa (las avenidas) de Troya (Nueva York)?

 

El mito señala el límite del espacio sagrado: para los estadounidenses, el nuevo espacio sagrado es la democracia.

 

Los antiguos señalaron los límites del espacio sagrado y del espacio profano en sus mitos. Para los estadounidenses el nuevo espacio sagrado es la ciudad democrática. Todo lo demás es espacio profano: indigenismo, comunismo, anarquismo, nazismo, etceterismo. El héroe es el que convierte el espacio profano (Hells Kitchen o los bajos fondos de Gotham, entre otros lugares donde han hecho morada diversos modos de injusticia y esclavitud) en espacio sagrado, es decir, en espacio democrático: esta es su acción fundamental.

Según el cine de superhéroes, la ciudad democrática es el único lugar donde lo humano puede desarrollarse plenamente. Los ideales democráticos de la libertad y la justicia (entendidos desde el racionalismo americano) garantizan una forma superior de ser persona. Hemos de notar que la democracia actual no está terminada. El ideal que proyectaron los padres fundadores necesita de agentes poderosos que lo lleven a la realidad. A través de la saga X-Men, especialmente las dos primeras entregas, Bryan Singer ha mostrado como ningún otro director esta idea de democracia.

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Fotogramas de X-Men 2 (Bryan Singer, 2003) y Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (Zack Snyder, 2016).
Fotogramas de X-Men 2 (Bryan Singer, 2003) y Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (Zack Snyder, 2016).

 

Los impedimentos para que los valores democráticos se encarnen completamente cada vez son mayores. Por ello los héroes democratizadores han de superar las capacidades normales del justiciero del siglo XIX, pues en los siglos posteriores todo es súper, también las amenazas antidemocráticas.

En resumen: la democracia, desde su limitada forma actual, suscita la aparición de superhéroes que luchan por mantener y mejorar este sistema.

Hasta aquí el repaso sumario del mundo democrático del superhéroe. Ahora sería interesante enumerar algunos aspectos de la relación entre la subjetividad del superhéroe y la democracia. Este asunto lo trataremos en el siguiente artículo: La fe del superhéroe.

 

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Responsable del Área Audiovisual y ejecutivo de cuentas en Apóstrofe Comunicación desde 2011. Profesor en los grados de Comunicación Audiovisual y Creación y Narración de videojuegos. Cursó estudios de Humanidades, Comunicación, Cine y Matrimonio y Familia. Coautor de "El antifaz transparente. Antropología en el cine de superhéroes" (Ediciones Encuentro, 2016).

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