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Cuero - page 2

Historias de fútbol, de cuero, césped, sudor, banderas y lágrimas para quienes creen ver en el deporte rey la batalla por el hombre. Superación, negocios, identidad, historia, gloria, victorias y derrotas y, en ocasiones, violencia, corrupción, política y tensiones... El fútbol está lleno de elementos ajenos al balón que dan como para reflexionar. Y eso, amigos, es lo que humildemente pretendemos hacer desde aquí.

La piedra desechada de la Eurocopa

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Nos produce un gozo celestial, casi lo mismo que una buena rascada de barriga, ver al humilde vencer. Aunque sea sólo una vez al año. Claro que esto se cumple exclusivamente en el fútbol y con nuestro círculo de amistades más cercano. El resto de los días, cargado de matices y salivazos sucios, somos más de la hornada de los Karamazov de Dostoievski; donde el Starets Zosima anunciaba con acierto “que los hombres se alegran de la caída del justo y  de su deshonor”.  En lo cotidiano, por norma general, nos sale un topo negro y feo de las entrañas que se ocupa de hablar por nosotros. Sigue leyendo

La ilusión de un niño. La confianza de un hombre

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La historia de Fernando Torres podría ser la típica historia de un deportista de élite con final feliz. La del aventurero que sale de casa para aliviar la economía familiar y que, años más tarde, vuelve cargado de experiencia para conducir a la familia hacia su época dorada. La historia también podría ser la de aquel héroe que jamás encontrará la ansiada gloria en su casa, sino que tendrá que cruzar mares y montañas para firmar las estocadas que ponen fin a las más épicas batallas. Sigue leyendo

Mística y fútbol: contra Jorge Bustos y la cucaracha resentida

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La polémica me pierde, me arrastra magnéticamente allí donde aparece. Hoy quiero zanjar una polémica nacida en Democresía y tal vez, con algo de suerte, generar otra. Los actores de esta lucha de titanes incluyen a un reputado guionista cinematográfico (he visto todas sus películas), un encumbrado periodista gestado en las cumbres de la filología (fue introducido en la polémica a pesar suyo y sin saberlo) y un personaje en proceso de devenir bicho. Además, tres lectores han querido intervenir con mayor o menor arrojo ¿Qué ha ocurrido? Sigue leyendo

El Cholo y los sapos

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La madrugada del jueves sonaba en el “Partido de las 12”  un histórico del balón. Paulo Futre, el “Hijo del viento”, uno de los cuatro magníficos de la historia del Atlético de Madrid. Todo Futre, según recogió el vídeo de COPE, era un caldo de nervios.  Sacaba con gusto y movimientos pendulares, como un chisporroteo de madera húmeda, sus dejes portugueses, sus secretos e inquietudes sobre lo que se avecina esta noche para el equipo colchonero. Larrañaga lo había traído para que contrastase la historia de Simeone y su tropa cholista con su propia aventura con el Oporto, cuando conquistó la primera Copa de Europa allá por 1987 frente al Bayern de Múnich. Aquella noche fue insólita si comparamos a los dos equipos. El equipo del Duero era ostensiblemente menor al rodillo alemán de Matthäus, Flick o el pequeño de los Rummenigge, que venían de golear al otro finalista de Milán, al Real Madrid de Butragueño, Sanchís, Hugo Sánchez y el sempiterno vacile para cualquier banquillo; Michel. Sigue leyendo

La absurda levedad del ser (madridista)

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El Real Madrid es una trampa mortal para el hombre, un veneno para la inteligencia y una muerte para el espíritu. Conozco media docena de personas con buenas dotes intelectuales que comulgan con la estupidez y sinrazón cuando se trata de justificar su afiliación al Real Madrid. Uno de ellos hasta me ha querido convencer, a partir de una deducción bíblica, que el mismísimo Dios es forofo del Madrid.

Como conozco un poco la Sagrada Escritura, me di el lujo de rasgarme las vestiduras y relatarle el pasaje de David y Goliat. ¿El Madrid es el débil de la historia o el gigante y seboso capitalista afanoso por estamparlo todo con su pie de oro?

Recuerdo todavía mi experiencia burguesa en el Bernabéu. Un madridista me invitó a presenciar la repugnante farsa de las gradas piperas. Sentaditos en nuestros blandos culos, escupiendo cáscaras de pipas mal escarbadas, “contemplamos”. ¿Quién en su sano juicio va a “contemplar” a un estadio de fútbol? El único elemento propio del escenario futbolístico eran los insultos. Pero ¡ojo! No se trataba de insultos al árbitro, ni al rival, ni a los jugadores del equipo contrario. Se trataba de escupir hacia arriba para que nos caiga en toda la cara. Insultar a los propios, pedir la expulsión del técnico o los jugadores. Qué decir si el equipo va perdiendo… Uno se levanta de la silla y se marcha amargado aún cuando quedan diez o quince minutos de juego.

Ser del Real Madrid contradice todo el sentido del concepto “aficionado”. Y lo peor son las victorias. ¿De qué se alegra un madridista? ¿De que su equipo tiene pasta? Porque lo que es alegrarse de un surgimiento heroico de las cenizas, o de una victoria esforzada en contra de todas las predicciones… eso el madridista jamás lo conocerá. No conocerá la proeza davídica del equipo pequeño, ni la fidelidad inamovible del aficionado auténtico.

Necesito un madridista que me explique, si esto es posible, por qué carajo es del Madrid.

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