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Mística y fútbol: contra Jorge Bustos y la cucaracha resentida

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La polémica me pierde, me arrastra magnéticamente allí donde aparece. Hoy quiero zanjar una polémica nacida en Democresía y tal vez, con algo de suerte, generar otra. Los actores de esta lucha de titanes incluyen a un reputado guionista cinematográfico (he visto todas sus películas), un encumbrado periodista gestado en las cumbres de la filología (fue introducido en la polémica a pesar suyo y sin saberlo) y un personaje en proceso de devenir bicho. Además, tres lectores han querido intervenir con mayor o menor arrojo ¿Qué ha ocurrido?

Previo a la disputa por el título europeo entre el Real Madrid y el Atlético, el consejo editorial de Democresía publicó dos artículos sobre ambos equipos, siendo uno de ellos concebido con el propósito maquiavélico de incendiar los corazones. Este artículo lo firmaba un tal Gregorio Samsa, digo artículo aunque no pasa de ser una especie de escupitajo. Hay toda una soteriología explícita en él, donde el aficionado de un equipo vendría a ser el laico comprometido que salva o condena su alma en función de su adherencia a un equipo de fútbol X.

Los aficionados al Madrid, según el autor, estarían irremisiblemente condenados por falta de pathos. En definitiva, el artículo es lo que anuncia el pseudónimo del propio autor: un mal bicho. Un lector lo llama resentido. Y tiene toda la razón, pues la proclama anti-madridista exhala un fétido olor a envidia y lo que es peor, una especie de superioridad moral.

 

 

Otra reacción a las heces samsanianas apareció en Twitter. Allí, con cierto regocijo, se respondía a Samsa citando el impecable artículo de Jorge Bustos, Las odiosas Once. En dicho artículo Bustos despacha todo intento atlético de confundir planos, contraponiendo la austeridad y sensatez del madridismo: funcionarios de la victoria, dejan de lado la trascendencia, la redención copiosa y la pretensión moralizante, y se dedican a jugar al fútbol… y a ganar títulos. No se le pide al Madrid más que eso: hacer lo que tiene que hacer. Ya se buscará la redención y el sentido de la vida fuera del campo de juego.

¡Qué razón tiene Bustos! Lástima su ingenuidad. Todo acto humano implica un acto moral. Incluso el ser aficionado de un equipo como el Madrid. Claro que no en el sentido en el que habla la resentida cucaracha. No hay que confundir la elección de un equipo de fútbol con la elección de una ética. Pero sí hay una opción moral en la forma de vivir-se del aficionado, en el hecho mismo de cantar las victorias, sufrir las derrotas o celebrar un trofeo. Se puede ser aficionado de una manera desquiciada o de una manera justa; esta segunda manera se alcanza implicándose en las reglas de juego del ser aficionado desde la sana distancia de quien reconoce donde está. Cuando vives el triunfo o la derrota de tal manera que se te va la vida en ello… ¿Por qué se enfadan tanto los aficionados cuando alguien de fuera critica su equipo? ¿Por qué alguien puede indignarse ante una estupidez como la que escribe Gregorio Samsa? Porque hoy se vive desquiciada, religiosamente, el fútbol. Atacar mi equipo es atacarme a mí, poner en duda mi sistema ético, mi santo culto divino.

La ingenuidad de Bustos es pretender que el madridismo esté más allá del pecado idolátrico, que el aficionado madridista esté más allá o supere la tentación de la mistificación. Que haya gente sensata en el Madrid como él, no lo pongo en duda. Pero el realismo antropológico me impide creer que en la España de los toros y el flamenco, el 38% de la población sea atea e ilustrada en su vivencia del deporte más universal.

El único actor de esta polémica con el que puedo estar de acuerdo es un articulista recurrente de este medio: Javier Rubio Hípola. Es el único que reaccionó ante Samsa con sentido del humor. Un sentido del humor que, como enseña un filósofo jorobado, es capaz de traspasar las fronteras de la ética y conectar con una dimensión humana donde sí tiene sentido tomarse la vida –las victorias y las derrotas – con toda seriedad.

 

FOTO: Ramón Masats. Seminaristas jugando a fútbol (1959)

Nací en una cloaca de convento del Siglo XVI. Así como el nauseabundo pescado despertó un olfato hiper-sensibilizado en Jean-Baptiste Grenouille, la relajación en la vivencia de la Regla de aquellos monjes despertó en mí una brutal intolerancia por las variadas formas del alma moderna. Reaccionario implacable, soy seguidor del cardenal Cayetano y Donoso Cortés. Me enloquecen las salchipapas, símbolo del imperio Español, y me pierde mi devoción por Mourinho.

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