Despertar

En El astigmatismo de Chesterton por

¿Quién nos garantiza que despertaremos de la siesta?

Esos micro sueños, esas ausencias, me resultan inquietantes cuando las pienso detenidamente.

Desconectarte, como si estuviéramos en un fumadero de opio, por espacio de 30 minutos.

Cerrar los ojos sin soñar.

No sentir.

Solamente respirar.

Y ver que volvemos a estar vivos.

Las primeras bocanadas son como las del niño que estrena el mundo, en la impenetrable quietud del seno materno. En el silencio de un latido con gorgoteos.

Son como las muecas de un pez una vez que vuelve al agua.

No parece plausible la cotidianeidad. No parecen creíbles los ruidos de la lavadora. No parece posible que todo se haya quedado, en apariencia, como estaba antes de despedirte.

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Las sillas, la cama, la mesita de noche… Nadie parece haberte echado de menos, pero siguen ahí, mientras el mundo se va estremeciendo. Y tú solo piensas en que has vuelto.

Y lo has hecho para quedarte.  

Que te fuiste y has regresado, aunque no sepas para qué, sigues siendo convocado al día, a la vida.

Y subes la persiana y te desperezas. Y bebes agua.

Y piensas en lo que tienes que hacer y no lo que has hecho, que ha sido viajar sin pasaporte a la nada.

Pero sigue teniendo sentido. Sigue siendo plausible, como el crecimiento sonoro de los pinos, como el planeo del gavilán en una corriente de aire, como los personajes y noticias que se suceden en la televisión apagada, bajo el velo negro que se puede rasgar con un minúsculo gesto.

Del silencio al movimiento, nada nos es ajeno y sin embargo no sabemos explicarlo.

Pero joder, estamos vivos. ¿Cómo se nos ocurre no pensar en ello después de levantarnos de la muerte parcelada?

Pensemos en las alarmas como anclas y despertar será más llevadero.  

(@CroquetaXborda) Hasta la noche del 25 de septiembre de 2019, director de Democresía. Ahora dirección provisional a la espera de elecciones a la asociación que va a salir, por fin, en las próximas fechas. Padre, marido y persona que se siente amada. No es poco el percal. Cuando me pongo travieso, publico con seudónimo: Espinosa Martínez.