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Una misiva a los cuervos de las tecnológicas

En El astigmatismo de Chesterton por
Tiempo de lectura: 3 minutos

17 de septiembre de 2015. 20:40.

Desafortunado Vodafone.

Me presento; soy el número de incidencia I 6045 6448.

Digo de partida que la medalla del género masculino se debe a que la historia atribuye a este sexo los principales generadores de mal de la humanidad.

Mientras suena una perversión de ‘Don´t worry, be happy’ del maestro Bobby McFerrin trato, apresuradamente, de poner en orden los puntos de mi reclamación, que acabará seguramente en la Oficina Contra el Uso Incorrecto de Artefactos Muggles, en algún sótano de la memoria de J.K. Rowling.

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En primer lugar he de decir que estas palabras jamás habrían tenido hueco si no fuera por la belleza de la amistad. Por la valentía de un amigo, que ante los abusos del pseudo-gremio feudal del automóvil (se lanzaron a su cuenta corriente como auténticas alimañas cuando él quería simplemente una revisión rutinaria), decidió dar una voltereta amorosa para acallar el instinto primitivo de destrozar cráneos.

En su afanosa búsqueda de la verdad, de la luz que le arreglaron sin su consentimiento para mostrar las sombras esperpénticas de sus cuerpos, estaba ante dos posibles escenarios. Apuntarse al cuarteto de ‘La naranja mecánica‘ y dejar el taller hecho unos zorros o escribir una carta electrónica.

Yo, por no poner rostro a vuestras fagocitaciones tecnológicas, vuelco la podredumbre de mí ser y lo extraordinario del mismo para deciros con palabras:

¿Quién soy yo? ¿Qué hago en vuestra compañía? Me consumís la vida.

Salí de los azules con el febril deseo de terminar con mi éxodo. Llegar a la tarifa prometida. Y resulta que el color pasión de vuestra marca, la primera menstruación del becerro de oro, lo ha impregnado todo. Lo más sacro. El tiempo que me ha sido concedido por el cosmos y por la naturaleza para hacer lo que me venga en gana.

He dedicado horas preciosas de mi existencia a charlar con Quito y Zaragoza. A repetir, a reiterar que no deseo más gigas en mi móvil, a pediros por favor que me rediman de mis faltas y sean misericordiosos con los dos megas de conexión que recibo (tengo contratada fibra óptica) y que a duras penas da para mandar este grito fuerte. He explicado hasta la saciedad que yo no vivo en la calle Poeta Villegas 16, que se han confundido, que para cuando el ansiado terminal para la suegra…

Pero desierto de tentaciones y serpientes me habéis metido en la boca. Nada del perdón de Oseas.

Me habéis privado de besos fuertes, de goles cutrones, de tacos picantes, de un sorbo de Nordés, de una siesta con el Tour, de una fumada de pipa chestertoniana, de contemplar las arrugas de mi abuelo, de carcajadas fatuas viendo a un hámster rodar y rodar en su propia rueda en YouTube. Me habéis privado de mil maneras deliciosas de morir, de derrochar mi tiempo, pero ¡ay la vuestra! Os juro que el peor de los círculos infernales os han sido reservados.

Vuestro mastodóntico cuerpo os ha hecho ignorantes, se os han abierto los ojos y en vuestra osadía os habéis atrevido a decir en el último ruido del último módem: “Yo Soy”.

Jamás culparé a esos “pobres diablos”, a las amables voces que corren por las lianas cibernéticas para llevar mis recados. Igual de estúpido sería culpar a los soldados que iban a la cola del faraón en el Mar Rojo. O a los individuos sin rostros, solo puro casco y metal, que machacan cuerpos en fronteras ajenas y que nada sabemos de sus familias y quimeras.

¿Cuándo me resolverán esto? ¿Tendrán ocasión mis hijos de verlo? Denme una salida sin permanencia.

Señores de esta chirriante máquina burocrática. Disponen de una facturación anual superior al PIB de la mayoría de los países africanos. Tienen ciudades entre sus murallas de cristal y acero. Disponen de un lenguaje propio, promociones y descuentos únicos, reconocido y hablado en todo el mundo. Y son incapaces de velar por la fidelidad y confort de sus clientes.

Si Weber estuviese hoy aquí, a mi lado, sin duda su punto de mira se alejaría de las administraciones públicas e iría directamente contra estos abortos de la revolución industrial que como en el peor de los sueños de ‘Black Mirror‘, el día de mañana nos tendrán dando pedales a una bici para ensanchar la banda.

Sin embargo, amigos todos. No todo está perdido. Unámonos. Atiborremos atención al cliente de odas al amor. Digamos con la rotundidad que nos dan las cadenas de nuestros ancestros que aunque no se lo crean jamás, seguimos sonriendo al ver una mariquita en nuestra piel.

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(@RMoralesJimenez) Aventurero en chanclas. Periodista por empeño. Felizmente casado, felizmente padre. Director de Democresía. Cuando me pongo meloso o bruto, escribo por Espinosa Martínez.

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