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#Venezuela: Cuando la esperanza no es lo último que se pierde

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Hoy, 6 de diciembre de 2015, la antigua “Venezuela Saudita”, marca un antes y un después dentro de su historia reciente. Muchos dirán que estas elecciones supondrán el fin de una revolución/dictadura socialista que durante 17 años se ha ido sepultando en vida con el espectro de Chávez, que a través de pajarillos y carteles que le aferran a la vida, va recitando las suertes del país a Maduro .  Muchos otros  dirán que estas elecciones reafirmarán el proceso revolucionario y sueño del “comandante supremo y eterno” en un mundo confundido, destrozado por “las garras del capitalismo”. Y es que, aunque los medios internacionales den a entender que los segundos parecieran ser menos cada vez y que poco a poco abren los ojos del corazón para reconocer la realidad por delante de la demagogia socialista, siguen siendo prácticamente la mitad del país y sea cual sea el resultado de hoy,

grande será la tarea del próximo presidente de crear un proyecto común. 

Entre tanto, mientras el mundo se disputa con opiniones y artículos a los actores principales de Venezuela, por las calles de Caracas, Valencia, Maracaibo, Los Teques…Pareciera que todo está acabado en los bolsillos de los Venezolanos y ya no queda con qué comer, con qué medicarse o con qué solucionar las necesidades de los hogares. Los anaqueles de los supermercados tienen contados productos y se repiten a lo largo de un pasillo como si de un comercial de una marca se tratase. ¡Y todo esto en uno de los países más felices del mundo!

Este “hecho” particular poco se parece a los indicadores de su radiografía actual, en donde la inflación se ubica alrededor del 160%, la tasa de pobreza es de casi 50%, la tasa de homicidio en el país supera el 75% (% por cada 100.000 habitantes) en los últimos años, según el Observatorio Nacional de la Violencia y donde cerca del 80% de los venezolanos no es capaz de sobrevivir con su salario en condiciones normales durante el mes.

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Solo un ejemplo: el día de ayer 3 caraqueños se sentaban a comer 4 empanadas y 3 cafés y el resultado en la factura era de 4.000 BsF (Bolívares Fuertes). Un empleado graduado en Venezuela gana  al mes entre 20.000 y 40.000 BsF.

Pero esto es Venezuela. Y poniendo ambos a Dios por testigo, chavistas y opositores, ondean la única bandera que parece que ambos tienen y quieren tener en común: la esperanza.

El panorama de esta jornada electoral, para el pueblo de Venezuela y su democracia, tiene los tintes de un gran domingo de resurrección. Los venezolanos en este momento cambian las largas colas de los mercados, habituales para la higiene íntima y para el pan, por la papeleta multicolor, con la duda de si podrán ponerse de acuerdo y reconstruir un país basándose en los fundamentos del corazón de quienes aman a su país y quieren lo mejor para él.

 

Alejandro Cubillán Díaz – Caraqueño. 27 años. Publicista y Comunicólogo afincado en Madrid.

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