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“Los gatos no quieren comer las ratas de Lagos”

En África desde dentro/Diario compartido por
Tiempo de lectura: 4 minutos

Desde que estoy aquí (Lagos, Nigeria), observo los movimientos sospechosos y rápidos cerca de la cocina. Antes, pensé que se trataba de un error óptico de mi parte o que me imaginaba algo inexistente. Pero luego vi con mis propios ojos que los movimientos en cuestión son de las ratas.

Una vez que me di cuenta del asunto con claridad, cogí mi cámara de fotos. Quería, absolutamente, inmortalizar esos bichos en una foto. Sin embargo, después de unos días intentándolo, no conseguí nada. Las ratas de mi casa son tan rápidas y tan asustas que no se dejan sorprender. Pasan a veces a mi lado corriendo tanto que no hay manera de sacarles una foto.

Nunca van juntas. Siempre que pasa una, corre sola al lado de la pared y tiene memorizado el lugar de tal manera que no se deja al descubierto durante mucho tiempo.  Cuando sale de debajo del sofá, entra debajo del armario y cuando sale, se introduce debajo de la puerta para entrar en otra habitación o ir fuera y desaparece por la alcantarilla que conduce agua. Ni siquiera sé si se trata de muchas ratas o de una rata. Este asunto me vuelve loco.

Cuando pregunté a un trabajador de la parroquia dónde estoy hospedado si no había manera de comprar un gato que acabase con ellas, me dijo una cosa muy sorprendente: “los gatos no quieren comer las ratas de Lagos”.

Nunca había oído tal cosa en mi vida. Siempre he entendido que el gato lleva en su ADN el odio al ratón y que lo mata siempre que lo ve incluso sin tener hambre. En otros lugares, he podido comprobar cómo cuando el gato captura un ratón sin hambre, pasa el día torturándolo y acaba comiéndoselo después de horas de lo que parece un juego para él.

Si en Lagos los gatos no comen ratas, debe ser un caso de estudio para los científicos. ¿El problema está en los gatos de Lagos o en las ratas? Pues, el trabajador estaba convencido que las ratas de Lagos deben comer cosas raras que producen una repulsa por parte del gato. Y añadió que es por esta razón que los habitantes de lagos temen también comerlas. Me dijo sonriendo: “¿Tú crees que estas ratas circularían tan alegremente delante de nosotros si fueran comestibles?”. 

 

De momento no puedo hablar de Lagos en su conjunto. Es una ciudad tan enorme que sería muy atrevido decir que, en una semana, uno tiene idea de cómo es. Además, desde la periferia dónde vivo, todavía no puedo decir nada del centro porque no lo he visto. Lagos es una ciudad de más de 15 millones de habitantes. Algunos hablan de 18. La verdad es que es una ciudad de grandes dimensiones en todos los sentidos pero también una ciudad de grandes contrastes.

Hoy en día cuando hablas de Nigeria, la gente piensa en Boko Haram.

Cuando preparaba el viaje para Nigeria, todo el mundo me pedía que tuviera mucho cuidado, pensando directamente en Boko Haram. Este grupo extremista musulmán lleva años matando a todos los que no comulgan con su idea del islam radical en el norte de Nigeria pero también en Niger, Camerún y Chad. Matan a niños, mujeres, ancianos y hacen tantas barbaridades que su reputación está más que conocida en el mundo. Tanto es así que hoy en día cuando hablas de Nigeria, la gente piensa en Boko Haram. Pues, tengo que decir que aquí, el Lagos, lo único de lo que no se habla es Boko Haram. Si no tocas el tema expresamente, no sale en la conversación. Este país es tan grande y tan complejo que lo que pasa en el norte tiene poca repercusión en el sur.

Tampoco se ven indicios de tensión entre los cristianos y los musulmanes en esta mega ciudad dónde las iglesias de todo tipo alternan con las mezquitas en cada rincón y la gente con cruz está en los mismos atascos que los que llevan djellaba.

La otra impresión que uno tiene es justamente el número de personas que andan por las calles de la ciudad. Hay verdaderos atascos de personas que van y vienen en los mismos carriles que los coches, las motos. Todo se mueve. Hay vida. No se puede hablar de exceso de velocidad porque los coches van en cadena uno tras otros y las personas van pasando  a veces cruzando las calles corriendo dónde no hay paso de cebra.  Todavía no he visto un solo semáforo en la pequeña parte que he visitado. Los coches y las personas se cruzan aplicando la lógica del más rápido. Conducir aquí es una verdadera hazaña. La pregunta que uno se hace al ver este espectáculo es: ¿por qué no hay accidentes cada día? No podría asegurar que no los haya pero diría que si los hay, son pocos con respecto a lo que uno podría esperar.

En todos los barrios, se ven los tendidos eléctricos. Todo hace creer que la corriente llega a todas partes en esta zona de la periferia. Sin embargo, también se oyen ruidos de los grupos electrógenos por todas partes. La explicación es sencilla: la luz pública está cortada casi siempre y nunca nadie sabe cuando llega y cuando se va. Los que tienen aparatos que necesitan electricidad en casa se ven obligados a comprar grupos electrógenos y a instalar moduladores de corriente para evitar las sobrecargas cuando viene la corriente pública. Al lado de mi habitación, hay un grupo que me entretiene con su ruido ensordecedor desde la mañana hasta tarde la noche. Si hubiera aparatos de medir la contaminación, Lagos podría ocupar un buen puesto en el ranking mundial. Sin embargo, nadie parece preocuparse por este problema. La gente tiene otras preocupaciones.

 

A ambos lados de cada calle, existen canales para evacuar agua. Se nota que en algún momento de la historia, ha habido grandes obras para mejorar la vida de los barrios. El problema es que ahora, por algún problema, los canales están llenos de agua verdosa estancada. En otros muchos lugares, están repletos de botellitas de plástico vacías mezclados con las bolsas de plástico negras. Evidentemente, el ambiente es propicio para la proliferación de los mosquitos y un caldo de cultivo de diversas enfermedades. Se ve que los beneficios del petróleo extraído en este país en grandes cantidades (primer productor africano), no están llegando todavía a todos.

A pesar de todo esto, el pueblo nigeriano es extremadamente respetuoso hacia los sacerdotes y amables con visitantes extranjeros. Estoy sorprendido por los gestos de cariño recibido a lo largo del día y todos los días. No sé si lo hacen por mí por ser sacerdote o es una actitud general hacía cualquier extranjero que llega. Me costaría pensar que no sea así.

¡Este país me está encantando!

 

Este artículo, publicado originariamente en el blog de Gaetan Kabasha,  es reproducido aquí con permiso del autor.

 

Gaétan Kabasha es licenciado en filosofía y en ciencias eclesiásticas. Ruandés de nacimiento. Vive en España. Tuvo que huir por el genocidio y se refugió en la República Centroafricana. Actualmente está realizando su tesis doctoral en filosofía sobre violencias y conflictos, desde la perspectiva de Girard, mientras ejerce como capellán del hospital Clínico San Carlos de Madrid. Es autor de la página http://afroanalisis.blogspot.com.es/ donde comenta la actualidad de África. Es autor invitado en El País. Su preocupación es elevar el nivel cultural y espiritual de Africa, y dar a conocer la verdad del continente. Además colabora en un proyecto dedicado a conseguir becas para los universitarios de Ruanda .

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