Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Ricardo Morales Jiménez

(@CroquetaXborda) Hasta la noche del 25 de septiembre de 2019, director de Democresía. Ahora dirección provisional a la espera de elecciones a la asociación que va a salir, por fin, en las próximas fechas. Padre, marido y persona que se siente amada. No es poco el percal. Cuando me pongo travieso, publico con seudónimo: Espinosa Martínez.

Ricardo Morales Jiménez tiene 133 artículos publicados

El éxtasis del ser

En Religión por

Recuerdo que hace unos cuantos años, en casa de un amigo mío, en su despacho, encima de una pila de libros, había una oración del Cardenal Merry del Val.

Eran las letanías de la Humildad.

Jesús manso y humilde de Corazón, -Óyeme.

(Después de cada frase decir: Líbrame Jesús)

Del deseo de ser lisonjeado,

Del deseo de ser alabado,

Del deseo de ser honrado,

Del deseo de ser aplaudido,

Del deseo de ser preferido a otros,

Del deseo de ser consultado,

Del deseo de ser aceptado,

Del temor de ser humillado,

Del temor de ser despreciado,

Del temor de ser reprendido,

Del temor de ser calumniado,

Del temor de ser olvidado,

Del temor de ser puesto en ridículo,

Del temor de ser injuriado,

Del temor de ser juzgado con malicia

(Después de cada frase decir: Jesús dame la gracia de desearlo)

Que otros sean más amados que yo,

Que otros sean más estimados que yo,

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse,

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso,

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil,

Que otros sean preferidos a mí en todo,

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda,

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo.

Amén.

El ostracismo es el último bastión de los humildes. El último reducto desde el que proferir a Dios un reclamo, el único que tal vez merezca la pena: Señor, hazme manso como tú.

Por eso hoy, 20 de octubre de 2020, festividad de santa Irene de Tancor, me encomiendo a ser feliz.

Independientemente de mis circunstancias, de mis vicios, de mis penas. Hoy abrazo mi estar en el mundo arrodillándome a secarle el pelo a las niñas, a prepararles triángulos de jamón con queso, besando a mi mujer antes de irme a dormir.

Hoy me declaro ciudadano libre del mundo y sus tejemanejes. De ahora en adelante vivo con la convicción de que cada paso que doy es genuinamente mío.

Y eso lleva parejo el amor. Que no es otra cosa que estar abierto a lo misterioso de la existencia en lo más prosaico y anodino de la misma.

Me encubro pues como rey de reyes, CEO de CEOs, sultán de sultanes con nada más que un batón de harapos.

Hoy, sin más caracoleos, soy libre de acogerme como lo que soy ante el silencio de mis iguales: hijo de Dios.

Y me regocijo en ello.

Llamados a la subversión

En Distopía por

Estamos llamados a la subversión, a poner el grito en el cielo.

Hoy he recibido una llamada de mi padre donde recomendaba que, de ahora en adelante, usásemos mascarilla para vernos.Mis hijas y mi madre eran potenciales exponentes del virus y a partir de ahora había que extremar las precauciones.

¿Hasta dónde vamos a llegar? El bozal puesto ante la sopa. El bozal puesto hasta para dormir.

Tenemos que ponerle un cerco al virus partiendo de la base de que no nos va a doblegar.

Si seguimos permitiendo que se vayan cumpliendo el vaticinio de las distopías culturales, a las que nos hemos visto acribillados durante los últimos años, permitiremos que el estado de psicosis colectiva se vaya fortaleciendo.  Y cada paso que demos en esa dirección será más difícil de deshacer después.

Mis sueños ya van con mascarilla. No recuerdo las sonrisas de las personas con las que fantaseo mientras duermo.

El hit de un verano de pandemia

En Distopía/El astigmatismo de Chesterton por

Ahora que todos estamos preparando la maleta con los libros que vamos a leer este verano, se hace más necesaria que nunca una biblia entre el tubo de la pasta de dientes y las cangrejeras.

Leer Apocalipsis al calor del telediario es ponerle subtítulos a las noticias. Y con esto, más que nunca si cabe, alguien tiene que llamar a la alegría en tiempos de mascarillas.

Cuando el día va mal suelo ponerme, el éxito de KC & The Sunshine Band.

Esta versión remasterizada es un deleite para los tobillos.

Cojen rápido el compás y se arrastran por el parqué volviendo a Forrest Gump, a tu padre con Barón Dandy, a tu madre y sus Ducados.

Si hubiese que pelearse con alguien en un bar por elegir el mejor tema de la noche, esta canción bien merecería un palazo en las costillas.

Vecinos chivatos

En Cuarentena/El astigmatismo de Chesterton por

Esta cuarentena nos ha traído una nueva subespecie urbana. Se trata de los vecinos chivatos.

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Saúl Ñiguez, el hombre que creció despacio

En Cuero por

Ocurrió en ‘Radiogaceta de los deportes’ el pasado lunes por la noche.

Chema Abad dio las gracias al personaje antes de despedirse por ser capaz de contestarle a las preguntas como si fuera un humano y no una suerte de metro ochenta de carne estilizada programada para el monosílabo ante la prensa.

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Héroes just for one day

En Amor y sexualidad/Música/Religión por

Creo que si Dios pudiera gozar de una genitalidad definida, tuvo que venirse arriba cuando David Bowie pergeñó “Heroes”.

Himno del Berlín occidental y el de la resistencia oriental años antes de la caída del Muro, es la historia, tal y como la cuenta David Granda en Vanity Fair, de dos alcohólicos amantes, artista él y artista ella, cuyo amor, visto desde una ventana por el propio Bowie, era una oda al eterno y divino momento del ahora.  

Creo que si estamos en disposición de aceptar la posibilidad de un orden creador, por no hablar de apellidos con credos y suras, es relativamente fácil concluir que la vida está hilvanada de momentos y circunstancias hechas para que alguien se maraville con el crecimiento de la hierba, el cantar de los gorriones comunes en el alfeizar de una venta de Carabanchel o el rumor de un vespino que te lleva al callejón donde ocurrió tu primer beso de verano.

Imágenes extraídas de Pixabay. Dona al autor aquí

La vida se desenvuelve sin permiso. Quizá nosotros tengamos que aplicar algo de esa canallesca para sacarle hasta la última gota; a navajazos si es preciso con tal de que salga el arrabal que llevamos dentro.

Seguro que la pillería terminará por merecer la pena cuando la muerte, ya sea de cáncer, en un choque estúpido con el coche o sentado en el único trono que conoce todas nuestras miserias, nos de el jaque mate.

En fin. Salgan del coche y miren al cielo. Ya que no las pueden ver, imagínense los alfilerazos blancos que permiten que transpiremos en un infinito sin demostrar. Tal vez así merezca la pena decir con un suspiro de alivio, mientras suena un riff en el aire tras un punteo invisible, “que podríamos ser héroes sólo por un día”.

Eso estaría bien.