Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Felipe Manuel Montt-Rettig

De profesión: inquieto. Aspirante a ciudadano romano, gusta de caminar por algún templo con Sagrario habitado. Sobre pentagramas arroja manchas de sonidos que nadie ha escuchado. Después de haber buscado en la filosofía el sentido de las cosas, ahora se distrae unas cuarenta horas semanales buscando sentido a la filosofía. Come lo que le den y duerme donde lo reciban.

Felipe Manuel Montt-Rettig tiene 5 artículos publicados

Roma capoccia

En Mundo por

Roma, domingo ocho de marzo de 2020, por la noche, vísperas del decreto de cuarentena. El miedo ya ha empezado a apoderarse de la gente. Camino por los alrededores de Castel Sant’Angelo que, desde hace quién sabe cuántos años y hasta hace pocos días —o quizás horas— eran un continuo hervidero de turistas. Ahora lo encuentro vacío. Bueno, casi: uno de los guitarristas del puente —el que siempre toca y canta canciones italianas— sigue fiel a su compromiso de tocar y cantar, aunque no hubiera quién le diese una moneda. Tocaba para la ciudad que se iba a dormir por casi dos meses, para Roma capoccia.

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El mito de Chile (III): El escándalo de la santidad

En Mundo/Religión por

Pido un santo. Sí. Un santo. Como ese que se preguntó “¿Es Chile un país católico?” y los conservadores lo llamaron “rojo”, aunque estuvo alistado en sus filas. Y con su pregunta recibía los azotes, según la ley de acción y reacción. Claro que los que él daba no eran sino diagnóstico de su presente y del nuestro. Así son los profetas (porque todo santo es profeta, lúcido hermeneuta de la realidad). Eran tiempos en los cuales había políticos que se dejaban guiar por santos. Los que no, perdieron el apellido (“Católicos” se decían) por conservar sus privilegios. Los que sí, lo perdieron también, en algún momento entre democracia y democracia (cristiana y ya no más).

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El mito de Chile (II): La ilusión de los cambios

En Mundo por

Un acontecimiento con luces coloridas de ventana de templo gótico, una fiesta sin igual para la Iglesia católica, que abrazaba también a los hermanos separados e irradiaba para el entero mundo. Todo era prometedor, primaveral y fresco. Perfume de optimismo. Esta era la sensación que se tenía al final del último concilio ecuménico. Sobre lo que ha ocurrido después, aquí basta con señalar —o recordar— que los precedentes anuncios de cálidos celestes futuros quizás exageraban un poco

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El mito de Chile (I): Sueño de inmigrantes

En Mundo por

“Seremos chilenos honrados y laboriosos como el que más lo fuere, defenderemos a nuestro país adoptivo uniéndonos a las filas de nuestros nuevos compatriotas, contra toda opresión extranjera y con la decisión y firmeza del hombre que defiende a su patria, a su familia y a sus intereses. Nunca tendrá el país que nos adopta por hijos, motivos de arrepentirse de su proceder ilustrado, humano y generoso”. Timbres de trompetas, como románticos, pronunciados por los colonos alemanes a través de Carlos Anwandter, el 18 de noviembre de 1851. No muy distintas fueron las palabras de otro romántico: Maximiliano, de la casa de Habsburgo, que llegó a México en plan de mexicano y de emperador. Era un modo, una actitud, de partir y de llegar, construir donde no había, adoptar a quienes los adoptaban.

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Carmina burana: una advertencia

En Música por

No fueron las Lamentaciones del profeta Jeremías en la versión de Palestrina o de Lasso que, aunque son propias de la Semana Santa, parecen ajustarse más que otras obras a un repertorio cuaresmal. No la Krönungsmesse de Mozart, ni la Missa somenis de Beethoven, ni una obra del repertorio sacro de Bruckner o de Messiaen. En realidad no fue una obra sacra de ningún tipo, sino Carmina burana, de Carl Orff la que estuvo presentando hace algunos días el Pontificio Instituto de Música Sacra de Roma. El título completo de la obra es: Carmina burana: cantiones profanae cantoribus et choris cantandae comitantibus instrumentis atque imaginibus magicis. Sí, el principal bastión de la música sacra católica a nivel mundial presenta, durante la Cuaresma, cantiones profanae… imaginibus magicis. ¿Por qué?

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